Vornex: Temporada 1 - Capítulo 137
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Capítulo 137: Capítulo 137: Venganza en marcha
(Entrenamientos de Suli después…, días 4 y 5)
Al día siguiente…(El quinto día)
Suli abrió los ojos antes del amanecer.
No por ansiedad.
No por nervios.
Sino porque su cuerpo estaba listo.
Se levantó, salió al exterior y vio algo que no estaba allí el día anterior: marcas en el suelo, estructuras de piedra parcialmente sumergidas y corrientes de agua moviéndose de forma antinatural.
Percuson ya la esperaba en el centro del área.
—Hoy —dijo sin rodeos— empieza tu entrenamiento clave.
Suli tragó saliva.
—¿En qué sentido?
Percuson señaló el campo frente a ellos.
—Hoy aprenderás a moverte, pensar y pelear sin perder el control que ganaste ayer.
Si fallas… tu energía se desbordará.
Si lo logras…
Hizo una pausa.
—Darás el primer paso para convertirte en alguien realmente peligrosa.
El agua comenzó a moverse por sí sola.
Suli apretó los puños, dio un paso al frente y respiró hondo.
Sabía que ese día no solo definiría su entrenamiento…
sino quién sería a partir de ahora.
—
El agua respondió a su respiración.
No de inmediato.
No con obediencia total.
Primero tembló.
Las corrientes se movieron apenas, como si dudaran, como si el entorno aún no confiara del todo en ella. Suli lo notó. Ya no era una observadora pasiva: ahora sentía cuando algo no encajaba.
Percuson caminaba alrededor del campo con paso lento, midiendo cada reacción. No llevaba armas, no hacía gestos exagerados. Su sola presencia bastaba.
—Hasta ahora —dijo— aprendiste a sentir tu energía, a concentrarte y a no dejar que se desborde.
Hoy vas a comprobar si ese control se mantiene… cuando todo se mueve.
El terreno frente a Suli no era el mismo que el día anterior.
Había estructuras de piedra semisumergidas, marcas profundas en el suelo y corrientes que no seguían un patrón natural. El agua fluía en direcciones imposibles, subía y bajaba sin motivo aparente.
—No es una prueba de fuerza —continuó Percuson—.
Es una prueba de estabilidad.
Se detuvo frente a ella.
—Quiero que cruces hasta el otro lado del campo. Nada más.
Pero cada decisión que tomes alterará el entorno.
Suli asintió lentamente.
Dio el primer paso.
El suelo vibró bajo su pie. Una corriente de agua emergió frente a ella, baja, pero firme, como una advertencia.
No atacó.
No retrocedió.
Solo bloqueó.
Suli respiró hondo. Recordó el ritmo que había practicado durante los días anteriores. No intentó forzar el paso. Ajustó la postura, relajó la tensión en los hombros… y dio un segundo paso, más lento, más consciente.
La corriente descendió apenas lo suficiente para dejarla pasar.
Percuson observó con atención, sin comentar.
Avanzó un poco más.
El agua comenzó a reaccionar con mayor intensidad. Las corrientes laterales se aceleraron, las estructuras de piedra se desplazaron unos centímetros, y el suelo dejó de sentirse firme.
Cada paso exigía atención total.
En un momento, Suli dudó.
Fue apenas un instante, pero bastó.
Una corriente lateral chocó contra su pierna, desestabilizándola. Trató de corregir el equilibrio… y falló.
Cayó de rodillas.
El impacto no fue fuerte, pero la reacción del entorno sí.
El agua se agitó de golpe. Las corrientes se elevaron, rodeándola, girando con violencia contenida. Suli sintió cómo su energía comenzaba a desordenarse, como si algo dentro de ella quisiera responder con fuerza.
Su respiración se aceleró.
El corazón golpeaba con fuerza.
—No te levantes todavía —dijo Percuson con voz firme—.
Piensa primero.
Suli apretó los dientes.
Estoy perdiendo el control, pensó.
Y ese pensamiento casi lo empeoró todo.
El agua respondió a su tensión, elevándose aún más. Las corrientes comenzaron a cerrarse, reduciendo su espacio.
Por un momento real… estuvo a punto de fallar.
Entonces recordó algo simple.
No un ejercicio.
No una técnica.
Una sensación.
Cerró los ojos.
Respiró.
Una vez.
Otra.
No intentó detener el agua. No intentó imponer su voluntad. Solo ordenó lo que estaba dentro de ella.
Poco a poco, el caos externo empezó a ceder.
Las corrientes bajaron su velocidad. El espacio a su alrededor se estabilizó lo suficiente.
Percuson asintió, casi imperceptiblemente.
—Eso —dijo—. Recuperar el control no es inmediato. Es una decisión constante.
Suli se levantó con cuidado. Esta vez no se apresuró. Ajustó el ritmo, sintiendo el suelo antes de avanzar.
Continuó.
A mitad del campo, Percuson cambió la dinámica.
Golpeó el suelo con el pie.
El agua reaccionó al instante.
Varias corrientes se elevaron alrededor de Suli, girando como espirales cerradas. El terreno vibró con más fuerza que antes.
—Ahora no basta con avanzar —ordenó—.
Ahora piensa mientras te mueves.
Suli sintió la presión aumentar. Cada intento de avanzar de frente hacía que las espirales se cerraran más.
Probó avanzar directo.
Error.
Una corriente la empujó hacia atrás, haciéndola retroceder dos pasos. Su respiración volvió a desordenarse por un segundo.
Así no, pensó.
Se detuvo.
Observó el flujo del agua. No era caótico, solo reactivo. Respondía a cómo distribuía su energía.
Entonces cambió el enfoque.
En lugar de proyectar su energía hacia adelante, la llevó hacia abajo. Como si se anclara al suelo. Como si su centro de gravedad se volviera más pesado.
Las espirales perdieron fuerza.
No desaparecieron, pero se volvieron manejables.
Aprovechó ese momento. Avanzó en diagonal, usando una estructura de piedra como punto de apoyo. El agua rugió, reaccionó… pero no la rechazó.
Paso a paso, llegó al último tramo.
Ahí ocurrió lo más difícil.
El campo entero reaccionó a la vez. Corrientes frontales, laterales y desde abajo. Por un instante, Suli sintió que todo iba a desbordarse otra vez.
Tembló.
Pero no se rompió.
Ajustó la respiración una última vez, dio el paso final… y cruzó.
El agua se detuvo.
Las corrientes descendieron lentamente hasta quedar inmóviles.
Silencio.
Suli permaneció de pie, respirando con dificultad, pero firme. El cansancio era profundo, pero distinto. No era agotamiento vacío, era desgaste con aprendizaje.
Percuson se acercó.
—Hoy no lo hiciste perfecto —dijo—.
Y eso es exactamente lo que necesitabas.
Suli lo miró, aún recuperando el aliento.
—Casi pierdo el control…
—Y lo recuperaste —respondió—. Eso es lo importante.
Percuson la observó con seriedad.
—Este entrenamiento no era para que ganaras rápido.
Era para que entendieras qué hacer cuando fallas.
El viento movió el agua suavemente.
—Mañana —añadió— no entrenaremos tu técnica.
Entrenaremos tu límite real.
Suli cerró los ojos un instante.
No sintió miedo.
Sintió preparación.
Sabía que este día no la había vuelto invencible…
pero sí más difícil de romper.
Y eso, en el mundo al que se dirigía, lo cambiaba todo.
—
Luego de un momento.
Silencio.
Suli respiraba agitada, pero firme. No había agotamiento extremo, solo una presión profunda, como si su cuerpo hubiera aprendido algo nuevo.
Nuevamente Percuson se acercó lentamente.
—Hoy no aprendiste una técnica —dijo—.
Aprendiste cómo actuar bajo presión sin perderte a ti misma.
Suli levantó la mirada.
—Sentí que… si me apresuraba, todo empeoraba.
—Exacto —respondió—. El verdadero poder no responde a la prisa, responde al dominio.
Percuson la observó con seriedad.
—Este fue tu quinto día. Y voy a ser claro contigo, Suli.
Hizo una pausa breve.
—Estás avanzando más rápido de lo normal.
No porque seas más fuerte… sino porque piensas mientras entrenas.
Suli bajó la cabeza un poco, no por vergüenza, sino por respeto.
—Mañana —continuó Percuson— no entrenaremos el cuerpo.
Entrenaremos tu límite.
El viento movió el agua suavemente.
Suli sintió un escalofrío, pero no de miedo.
De anticipación.
Sabía que ese entrenamiento no solo la estaba preparando para pelear…
la estaba preparando para no romperse cuando todo se complique.
Y por primera vez desde que comenzó, entendió algo con claridad:
No se estaba adelantando a los demás.
Simplemente estaba llegando al punto que necesitaba…
antes de que fuera demasiado tarde.
—
Quinto día (continuación) — Ecos fuera de Zelaryn
El sol ya había descendido por completo sobre Zelaryn.
El campo de entrenamiento estaba en calma, las aguas quietas y las estructuras de piedra inmóviles, como si guardaran respeto por lo que había sucedido ese día.
Suli descansaba sentada al borde del estanque, los brazos sobre las rodillas, mirando su reflejo distorsionado en el agua. Aún podía sentir el leve temblor en las manos; no de miedo, sino de esfuerzo.
A lo lejos, el eco de las olas se mezclaba con la brisa que descendía por las montañas.
Percuson se acercó despacio.
—Hoy lo hiciste bien —dijo, sin levantar mucho la voz.
—No lo parecía cuando casi pierdo el control —respondió Suli, con media sonrisa cansada.
—No confundas el “casi” con el “fallar” —contestó él, cruzándose de brazos—. Los que nunca se equivocan no aprenden nada. Los que se caen y se levantan… son los que sobreviven.
Suli asintió, en silencio.
Percuson la miró un momento más, y luego se marchó hacia el interior del fuerte, dejándola sola.
El viento sopló un poco más fuerte, moviendo el agua. Suli respiró hondo, y por primera vez en mucho tiempo, se permitió sentirse en paz.
Pero fuera de Zelaryn, la calma era un lujo que pocos podían darse.
—
A cientos de kilómetros, el sol se ocultaba tras un horizonte seco y rojizo. En un campamento improvisado, un grupo de bandidos se reunía alrededor de una hoguera encendida. Las sombras danzaban en los rostros sucios, en los ojos cansados y en las manos que aún temblaban del miedo.
—Te lo juro, jefe… —dijo uno de ellos, con voz temblorosa—. Era solo una chica, pero se movía como si hubiera peleado toda su vida. Nos ganó a todos… sin dudar.
El líder no respondió al instante.
Estaba sentado en una gran roca, de espaldas al fuego, observando el horizonte. Su silueta era imponente, ancha, con una capa oscura que apenas dejaba ver su rostro.
Solo una cicatriz cruzando el cuello brillaba bajo la luz del fuego.
—¿Y el pueblo? —preguntó al fin, con voz grave, baja, casi ronca.
—Protegido… —respondió otro—. Ya no pudimos volver a entrar. Los aldeanos cerraron las rutas, armaron barricadas… y esa chica… se quedó ahí.
—Nos quitó todo —añadió el primero, con frustración—. Y encima, ahora el nombre de Grimolt corre por todas partes. Dicen que ya nadie se atreve a tocarlo.
El silencio se hizo pesado.
El líder bajó la mirada un instante… y sonrió.
—Entonces será divertido.
Los bandidos se miraron entre sí, sin entender.
—No se preocupen —continuó el líder, poniéndose de pie.
Su sombra se proyectó enorme sobre el fuego—. Si esa chica los derrotó, no es porque ustedes sean débiles… sino porque ella aún no ha enfrentado algo real.
Hizo una pausa.
El viento sopló fuerte, haciendo parpadear las llamas.
—Pronto iré yo mismo —dijo finalmente—.
Y cuando llegue, ese pueblo caerá.
Con mis propias manos.
Sus hombres no respondieron.
Sabían que cuando él decía algo… lo cumplía.
El fuego crepitó, reflejándose en los ojos del líder.
No era rabia lo que había allí.
Era emoción.
Mientras tanto, en Zelaryn, Suli alzó la vista hacia el cielo, sin saber por qué sentía un nudo en el pecho.
Una sensación rara, como un presentimiento.
Tal vez fue solo el cansancio.
O tal vez, sin darse cuenta, su instinto había captado algo que su mente aún no comprendía.
El viento cambió de dirección.
El mismo aire que agitaba las montañas de Zelaryn cruzaba los desiertos donde los bandidos preparaban su venganza.
Dos fuerzas creciendo en silencio.
Dos caminos destinados a encontrarse.
—
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