Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Vornex: Temporada 1 - Capítulo 140

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Vornex: Temporada 1
  4. Capítulo 140 - Capítulo 140: Capítulo 140: El consejo improvisado
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 140: Capítulo 140: El consejo improvisado

El grupo avanzó hacia el reino sin prisas, pero tampoco con ligereza.

Nadie hablaba demasiado; todos sabían que lo que se iba a discutir no era menor.

En la sala principal, una mesa larga de piedra ocupaba el centro.

Uno a uno fueron tomando asiento:

Alis, Nyrek, Bertel, Lujius, Eiden, Karl, Azerion, Liam, Marla, Ravel, Marc y Warquer.

No era un consejo formal…

pero se sentía como uno.

Nyrek fue el primero en hablar.

—Cristel no es un enemigo común —dijo con firmeza—. Si actuamos mal, Velthar cae.

El silencio se asentó.

Alis apoyó las manos sobre la mesa.

—Tenemos que elegir bien. No habrá segunda oportunidad.

Lujius cerró los ojos unos segundos, como analizando cada posible futuro.

—Entonces hagámoslo como debe ser —dijo—. Opción por opción.

—

Primera opción: Ataque directo

Bertel tomó la palabra.

—Usar la fuerza total. Atacarlo antes de que se prepare por completo.

Liam colocó sobre la mesa un pequeño frasco.

—Aquí entrarían las pociones de debilidad. No lo derrotarían…

pero podrían romper su ritmo, limitar su poder durante un tiempo corto.

Karl frunció el ceño.

—El problema es claro —dijo—. Si falla, quedamos expuestos.

Azerion asintió.

—Y Cristel no perdona errores.

La opción era clara:

rápida, arriesgada… y brutal.

Nadie la descartó.

Pero nadie parecía convencido del todo.

—

Segunda opción: Contención y desgaste

Eiden habló esta vez.

—Atraerlo a un terreno preparado. No enfrentarlo de frente al inicio.

Lujius abrió los ojos.

—Sellos, barreras, desgaste constante —añadió—. Obligarle a gastar poder antes del combate real.

Marla cruzó los brazos.

—Eso nos da ventaja… pero requiere tiempo.

Y Cristel no va a esperar tranquilamente.

Nyrek golpeó la mesa suavemente.

—Si llega a Velthar mientras hacemos esto, perdemos.

Era una opción inteligente, calculada…

pero peligrosa si algo salía mal.

—

Tercera opción: La apuesta final

El ambiente cambió.

Alis fue la que habló, más seria que nunca.

—Usar todo lo que tenemos… pero solo una vez.

Lujius entendió al instante.

—Una combinación —dijo—.

Pociones, terreno preparado… y un golpe decisivo.

Karl apretó los puños.

—Eso significa que alguien va a cargar con el mayor riesgo.

Nadie preguntó quién.

Todos lo sabían.

El silencio volvió a caer, más pesado que antes.

Bertel se reclinó en su asiento.

—Esta opción no permite errores —dijo—.

Pero si funciona… Cristel no vuelve a levantarse.

—

Nyrek se levantó.

—No decidiremos ahora —dijo—.

Pero una cosa es segura: ya no estamos huyendo.

Las miradas se cruzaron alrededor de la mesa.

La decisión estaba cerca.

Y cuando llegara… no habría marcha atrás.

—

La reunión terminó lentamente.

Uno a uno, los integrantes del consejo se levantaron de la mesa, con miradas serias, pero ya conscientes de lo que debían hacer.

Nyrek y Bertel se despidieron de todos y se dirigieron a sus respectivas habitaciones en el castillo.

Lujius y Azerion caminaron juntos hacia los suyos, sin hablar demasiado; ambos meditaban en silencio sobre lo que vendría.

El grupo de los rebeldes, encabezado por Marc y Warquer, retomó el camino a sus hogares recién asignados, con la sensación de que la calma antes de la tormenta era solo un respiro breve.

El grupo de Suli, mientras tanto, regresó a su guarida entre los bandidos, donde también descansarían para enfrentar lo que se avecinaba.

Alis, sin embargo, se quedó atrás. Se acomodó con Eiden, Karl y Liam, quienes se sentaron en un rincón más apartado de la sala.

No había necesidad de más personas, ni de ruido. Solo ellos y la sensación de estar juntos otra vez, aunque las sombras de lo que estaba por venir ya rondaban en sus mentes.

—Mañana será el día decisivo —dijo Alis con voz baja—. No sé ustedes, pero yo siento que todo cambiará después de eso.

Eiden la miró, pensativo, mientras su mente repasaba los últimos entrenamientos, cada movimiento que habían aprendido, cada estrategia que podrían usar… y más que nada, la fuerza que había crecido en él y sus amigos desde aquel primer día en el santuario.

—Sí —respondió—. Tenemos que estar listos. No solo físicamente, sino mentalmente también.

Karl se recostó un poco contra la pared, todavía sintiendo el poder del cristal de Ankaris fluyendo en su cuerpo.

—Lo bueno es que ya podemos confiar en nosotros mismos. Todo el entrenamiento… cada caída, cada fallo… nos trajo hasta aquí.

Liam asintió, y agregó:

—Y no podemos olvidar que no estamos solos. Todos los que se han reunido hoy, de una forma u otra, van a hacer lo mismo: prepararse, protegerse… y ayudarnos si es necesario.

El grupo guardó un silencio, reflexionando. La noche afuera era tranquila, pero para ellos, la calma no significaba seguridad.

Sabían que lo que vendría pondría a prueba todo lo que habían aprendido y más.

—Bueno —dijo Alis finalmente, con una sonrisa débil pero decidida—, entonces vamos a dormir. Mañana… tomaremos nuestra decisión.

Y así, uno a uno, fueron dejando la sala.

Eiden, Karl y Liam se acomodaron para descansar mientras Alis se quedó vigilando, sin dormir del todo, con la mente ocupada en estrategias y planes, repasando las posibles rutas, ataques y defensas.

La luna brillaba en lo alto, bañando la sala y las torres del castillo con su luz plateada.

Todo estaba tranquilo… pero cada uno sabía que esa tranquilidad era solo el preludio de lo que vendría.

El último pensamiento de Eiden antes de cerrar los ojos fue claro: “Todo lo que hemos aprendido, todo lo que hemos entrenado… será lo que nos defina mañana.”

Y así, mientras el reino se sumía en el silencio, cada uno de ellos se preparaba para la decisión que cambiaría todo.

—

Sexto día de entrenamiento – Beinever

El sol apenas se asomaba sobre el santuario cuando Eiden, Karl y Azerion ya estaban de pie, listos para un nuevo día de entrenamiento. El aire fresco llenaba el lugar y las marcas en el suelo, restos de los días anteriores, parecían indicar que cada rincón del santuario tenía memoria de su esfuerzo.

—Hoy no hay excusas —dijo Lujius, su voz firme resonando entre las columnas de piedra—. Cada uno de ustedes debe ir un paso más allá. No para agotarse, sino para aprender a controlar todo lo que hemos trabajado hasta ahora.

Karl estaba listo. Tras días de práctica intensa, ahora dominaba el cristal de Ankaris al 100%. Cada movimiento suyo estaba amplificado cien veces, su fuerza, velocidad y resistencia fluían como si el cristal fuera parte de su propio cuerpo. Sentía cómo cada golpe, cada esquiva, se sincronizaba con su energía, y la conexión lo llenaba de una seguridad que nunca antes había sentido.

—Es… increíble —murmuró Karl, observando cómo la energía del cristal recorría cada fibra de su cuerpo—. Puedo sentir todo… cada movimiento, cada vibración.

Eiden, por su parte, estaba a punto de enfrentar un desafío completamente distinto: usar el cristal de Ankaris por primera vez. El cristal vibraba en sus manos, con energía inestable que amenazaba con desbordarse a cada instante. Con cuidado, respiró profundamente, intentando canalizar su energía hacia el cristal.

—No es fuerza bruta —le recordó Lujius—. Controla, siente. No te dejes dominar por el cristal.

Eiden inhaló y exhaló lentamente, concentrando cada célula de su cuerpo. Al principio, la energía temblaba, casi lo desbordaba. Algunos ataques que intentó realizar se desviaron, y tuvo que retroceder varios pasos para recomponerse. La sensación de perder el control le dio un escalofrío, pero no se rindió.

—Poco a poco —le dijo Azerion desde un lado—. Lo importante es sentir cómo responde a tu energía. No intentes forzarla, deja que fluya contigo.

Con cada intento, Eiden comenzó a encontrar estabilidad. Logró mantener el cristal cargado unos segundos, controlando parcialmente la energía que emanaba de él. Era un progreso tangible, aunque todavía lejos de la perfección. Cada chispa que surgía de sus manos era un recordatorio de que dominarlo requeriría paciencia y concentración.

Mientras tanto, Azerion se enfocaba en meditación activa, combinando control de energía y respiración, afinando sus sentidos para anticipar movimientos y detectar cualquier cambio en el entorno. Cada instante de concentración lo acercaba a un nivel más avanzado de percepción y control.

—No se trata solo de fuerza —recordó Lujius mientras observaba—. Se trata de control, anticipación y adaptación.

El entrenamiento continuó durante horas. Karl, dominando el cristal, practicaba ataques y combinaciones, enseñando indirectamente a Eiden a sentir cómo la energía podía fluir. Azerion entrenaba su concentración y resistencia, mientras Eiden probaba, fallaba y volvía a probar. Cada error era una lección, cada acierto un pequeño avance.

Al final de la tarde, Lujius reunió a los tres:

—Eso es suficiente por hoy —dijo—. Han progresado mucho. Karl, descansa un momento; Eiden, has hecho un buen trabajo iniciando con el cristal; Azerion, tu meditación y control avanzan a pasos agigantados.

Los tres se miraron, exhaustos pero satisfechos. Cada músculo, cada pensamiento y cada habilidad había sido llevado al límite, y el entrenamiento de hoy los acercaba un paso más a lo que necesitarían para lo que vendrá.

—Mañana será el séptimo día —dijo Lujius—. Allí repasaremos todo lo aprendido y Eiden terminará de dominar el cristal. Este es el momento en que todo lo que entrenaron empezará a unirse.

El santuario quedó tranquilo, con el sol bajando lentamente, mientras cada uno de ellos reflexionaba sobre lo aprendido y el desafío que los esperaba.

—

El sol aún estaba alto cuando Alis caminaba por los pasillos del reino, repasando mentalmente todo lo que habían hecho hasta ahora. Su mirada se perdía entre los arcos y columnas, pero su mente estaba completamente concentrada.

—Si todo sale como planeo —pensó—, los que realmente podrán enfrentarlo serán los más fuertes… los que han demostrado su poder, su control y su rapidez.

Se detuvo unos instantes, tomando aire y visualizando cada movimiento de los chicos. Eiden y Karl habían progresado a pasos agigantados, Azerion mantenía su concentración como nadie más, Lujius era el mentor perfecto que los guiaba, y Teneb… Teneb había demostrado ser sólido, estratégico y confiable.

—Sí —susurró para sí misma—. Ellos cinco son los que deberían ir.

Mientras terminaba de ajustar mentalmente el plan, giró en un pasillo y casi choca con alguien. Era su padre, Gimson. Su porte estaba rígido, los hombros ligeramente tensos, y algo en su mirada hacía que Alis sintiera que algo no estaba bien.

—Padre —dijo con suavidad—. ¿Está todo bien?

Gimson respiró hondo y la miró, intentando poner una sonrisa tranquilizadora.

—Alis… todo está bien —respondió con firmeza, pero sin poder ocultar cierta preocupación—. No tienes por qué preocuparte.

Alis estudió su rostro, notando el leve temblor en su mano y la forma en que evitaba mirarla directamente. Por un instante sintió que quería insistir, preguntar qué pasaba, pero algo le dijo que no debía presionar.

—Está bien, padre —dijo finalmente, forzando una sonrisa—. Entonces me voy a reunir con los chicos.

Gimson asintió y la vio alejarse, sus ojos reflejando preocupación y determinación al mismo tiempo. Quería protegerla, mantenerla a salvo, pero sabía que debía confiar en ella… aunque no podía compartir todo lo que sabía.

Alis continuó su camino hasta el santuario, donde Eiden, Karl y Azerion habían terminado su sexto día de entrenamiento. Sus rostros mostraban cansancio, pero también satisfacción; la mejora era evidente, y la energía que emanaban era más fuerte que nunca.

—Muy bien, todos —dijo Alis, con firmeza—. Reúnanse aquí. Necesito hablar con ustedes.

Los chicos se agruparon alrededor, mientras Alis sacaba las pociones de debilidad que habían preparado días atrás. Las observó un momento, su mirada firme, y luego comenzó a hablar.

—He estado analizando todo lo que han logrado hasta ahora… y también lo que puede venir —empezó—. He llegado a la conclusión de que los que irán a enfrentar a Cristel debemos ser los más fuertes: ustedes cinco. Eiden, Karl, Azerion, Lujius y Teneb.

Los chicos intercambiaron miradas, entendiendo la seriedad de lo que decía. Alis continuó:

—Estas pociones —dijo, levantando los frascos— les darán una ventaja temporal para poder enfrentarlo. No es magia que los haga invencibles, sino un apoyo para aumentar sus posibilidades de éxito. Deben combinar sus habilidades, trabajar juntos y confiar en lo que han aprendido.

Mientras todos asentían y discutían la estrategia, Liam se mantuvo un poco apartado, observando. Pensaba en cómo Eiden y Karl habían mejorado enormemente en apenas unas semanas. Su fuerza, su control, su velocidad… y él, en cambio, sentía que estaba estancado.

—No puedo quedarme atrás —se dijo a sí mismo—. Si esto es lo que significa ser parte del grupo que defenderá Velthar… si esto es lo que podría ayudar a que se cumpla la profecía y que un guerrero definitivo acabe con Dark… debo entrenar más. Debo mejorar, aunque no me guste pelear tanto… debo hacerlo.

La determinación llenó a Liam. Mientras los demás discutían estrategias, él ya estaba mentalmente planeando cómo aprovechar sus habilidades, cómo mejorar su cuerpo y su mente para no convertirse en un obstáculo. Sabía que no podía depender solo del talento de los demás; tenía que ponerse al día y encontrar su propio lugar en esta lucha que apenas empezaba.

Alis, viendo la concentración y la determinación de cada uno, respiró hondo. Sabía que el momento que se acercaba sería decisivo, pero confiaba en ellos. Con los frascos listos y los planes trazados, solo quedaba prepararse para el próximo día, cuando empezarían a llevar todo su entrenamiento al límite y darían los primeros pasos hacia la batalla que definiría el destino de Velthar.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo