Vornex: Temporada 1 - Capítulo 141
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Capítulo 141: Capítulo 141: Una gran mejora
(Actualidad…)
El séptimo día comenzó distinto a los anteriores.
No hubo bromas. No hubo palabras de ánimo innecesarias. Solo silencio… y determinación.
El santuario estaba envuelto en una calma extraña, como si incluso el lugar supiera que ese día marcaría un antes y un después. Lujius observaba a los tres desde la entrada, con los brazos cruzados, mientras Azerion permanecía de pie, atento a cada pequeño movimiento de energía a su alrededor.
—Hoy no aprenderán nada nuevo —dijo Lujius al fin—.
Hoy van a corregir lo que aún los limita.
Los tres asintieron.
Eiden y el cristal de Ankaris
Eiden fue el primero en avanzar.
El cristal de Ankaris flotó frente a él, girando lentamente, emitiendo un brillo más intenso que en los días anteriores. Apenas lo tocó, una oleada de energía recorrió su cuerpo… pero esta vez no fue estable.
Su respiración se volvió irregular. Sus músculos se tensaron. El suelo bajo sus pies se agrietó levemente.
—No lo fuerces —advirtió Azerion—. El cristal no responde a la fuerza, sino al control.
Eiden apretó los dientes.
Lo intentó de nuevo.
La energía volvió a expandirse… demasiado rápido.
Su cuerpo fue empujado hacia atrás y cayó de rodillas. El dolor fue real, profundo. No físico solamente, sino interno, como si su propio poder lo rechazara.
—Maldita sea… —murmuró.
Lujius se acercó despacio. —Karl ya lo dominó porque su cuerpo estaba listo. Tú no debes copiarlo.
—Entonces… ¿qué hago? —preguntó Eiden, respirando con dificultad.
—Escúchalo —respondió Lujius—. No lo uses. Déjate usar por él.
Eiden cerró los ojos.
Recordó todo su entrenamiento. La meditación. El control. Los errores.
Volvió a intentarlo… pero esta vez no empujó la energía hacia afuera. La dejó fluir.
El cristal reaccionó distinto.
La presión seguía ahí, brutal, pero ahora Eiden no era arrastrado por ella. Su energía comenzó a estabilizarse poco a poco. El aumento era enorme, abrumador, pero su cuerpo ya no colapsaba.
Sudor recorría su rostro. Sus piernas temblaban. Pero seguía de pie.
—Eso es… —susurró Azerion.
No fue perfecto. No fue inmediato. Pero por primera vez, Eiden logró mantener el poder del cristal sin perderse en él.
Karl y la agilidad
Mientras Eiden continuaba, Karl se desplazó hacia el otro extremo del santuario.
—Tu fuerza ya no es el problema —le dijo Lujius—.
—Lo sé —respondió Karl—. Si me alcanzan… gano. El problema es cuando no.
El entrenamiento cambió.
Trampas de energía. Proyecciones rápidas. Ataques desde ángulos imposibles.
Karl falló varias veces.
Su cuerpo reaccionaba tarde. Sus movimientos eran fuertes… pero rígidos.
Cayó más de una vez. Rodó por el suelo. Se levantó sin quejarse.
Poco a poco comenzó a anticipar en lugar de reaccionar. Reducir movimientos. Usar la fuerza solo cuando era necesaria.
Cuando finalmente logró esquivar una secuencia completa sin recibir un solo impacto, se detuvo, respirando agitado… y sonrió.
—Ahora sí —dijo—. Me siento completo.
Azerion y la defensa
Azerion, por su parte, permanecía inmóvil.
Demasiado inmóvil.
—Tu problema no es la falta de poder —dijo Lujius—.
—Es que confías demasiado en esquivar.
Lujius creó una presión constante alrededor de él. Ataques que no podían evitarse solo moviéndose.
Azerion recibió el primero. Luego el segundo. El tercero lo obligó a retroceder.
Frunció el ceño.
—No basta con moverte —dijo Lujius—. A veces debes resistir.
Azerion cerró los ojos y expandió su energía, no como ataque, sino como barrera. Al principio fue inestable, se rompía, vibraba… pero con cada intento se volvía más sólida.
Cuando Lujius lanzó un golpe directo y la barrera resistió, el impacto resonó en todo el santuario.
Azerion abrió los ojos, sorprendido.
—Así se siente… defender de verdad.
—
Al final quearon exhaustos pero faltaba mucho tiempo para que el día terminará hoy…
Eiden apenas podía mantenerse en pie, pero el cristal de Ankaris flotaba a su lado, estable. No lo dominaba al cien por ciento… pero ya no lo rechazaba.
Karl se movía con una ligereza que antes no tenía. Azerion permanecía firme, con una presencia defensiva clara y sólida.
Lujius los observó en silencio.
—No son perfectos —dijo—.
—Pero ahora están listos.
El sol comenzaba a bajar cuando el entrenamiento terminó.
No hubo celebraciones. No hubo gritos de victoria.
Solo tres guerreros, respirando profundo, conscientes de que lo que venía sería mucho más duro…
pero también de que ya no eran los mismos que habían llegado al santuario.
Y, por primera vez, Cristel ya no parecía una amenaza imposible.
—
Perfecto, tomo todo lo que dijiste y reconstruyo el final, manteniendo la importancia del día, el cansancio real, la progresión y ese cierre que no es un “fin”, sino un punto de quiebre. Aquí va el nuevo final del capítulo, bien trabajado y natural:
—
El día aún no terminaba.
Afuera del santuario, el sol comenzaba a inclinarse lentamente, tiñendo el cielo con tonos cálidos. Alis permanecía de pie, con los brazos cruzados, mirando fijamente las enormes puertas cerradas. A su lado estaban Teneb, Varka, Marla y Ravel, todos en silencio, compartiendo la misma inquietud.
—Han tardado mucho… —murmuró Marla.
—Eso no es malo —respondió Teneb sin apartar la mirada—. Si siguen ahí dentro, es porque todavía están puliendo lo que les queda.
Alis respiró hondo. —Solo espero que hayan mejorado lo suficiente… Cristel no es alguien común. Y lo que venga después… tampoco.
Nadie respondió, pero todos pensaban lo mismo.
Dentro del santuario, la realidad era muy distinta.
Eiden, Karl y Azerion estaban exhaustos. El sudor empapaba sus ropas, sus respiraciones eran pesadas y sus cuerpos pedían descanso a gritos. Habían entrenado durante horas, corrigiendo errores, repitiendo movimientos, controlando energía… sentían que ya habían llegado a su límite.
—Creo que… ya es suficiente por hoy —dijo Karl, apoyando una mano en su rodilla.
—Sí… —añadió Eiden—. No creo que podamos sacar mucho más de esto ahora mismo.
Azerion asintió en silencio.
Fue entonces cuando Lujius habló.
—No.
Los tres levantaron la mirada al mismo tiempo.
—¿Cómo que no…? —preguntó Karl, incrédulo.
Lujius los observó con seriedad. —Se quedarán tres horas más.
El silencio cayó como un peso.
—¿Tres… horas? —repitió Eiden.
—Quiero que estén a mi nivel —continuó Lujius—. Y ya casi lo logran.
Hizo una pausa.
—Más aún… quiero que lo superen.
Eso los dejó sin palabras.
—Antes de continuar —añadió—, activen Sensire. Sientan su propia energía.
Los tres obedecieron.
Lo que percibieron los dejó inmóviles.
Su energía era densa, estable, poderosa. Muy distinta a la de días atrás. No solo había crecido… se había ordenado.
—Es… enorme —susurró Eiden.
—Ahora —dijo Lujius—, sientan la mía.
Los tres enfocaron su percepción… y se sorprendieron aún más.
La energía de Lujius era casi equivalente a la de ellos.
—Entonces… —dijo Eiden— si tienes este nivel… significa que pasaste por algo parecido.
Lujius asintió. —Sí. Pero mi entrenamiento fue distinto. Yo ya tenía una base. Ustedes no.
—Por eso tuvieron que pasar por todo esto para llegar aquí.
Tras un breve descanso, Lujius no les dio más tiempo.
—Arriba. Continuamos.
Las siguientes tres horas fueron brutales.
No hubo grandes técnicas nuevas. Fue pura perfección: postura, respiración, fluidez, control absoluto.
Eiden volvió a enfrentarse al cristal de Ankaris una última vez.
Esta vez no hubo rechazo. No hubo colapso. La energía fluyó… y se estabilizó por completo.
El cristal brilló con fuerza… y luego, lentamente, se apagó.
Había llegado a su límite con ese usuario.
—Cien por ciento… —murmuró Eiden, sintiendo su cuerpo ligero, fuerte, completo.
Karl y Azerion también lo notaron. Los tres estaban en su mejor estado hasta ahora.
Lujius los observó con una leve sonrisa.
—Hoy entrenaron más de lo que creen —dijo—.
—A partir de ahora… ya no los entrenaré más.
Los tres lo miraron sorprendidos.
—Ya les enseñé todo lo que sé —continuó—. Lo que sigue… dependerá de ustedes.
Nuevas habilidades. Nuevos caminos. Nuevas formas de crecer.
Las puertas del santuario finalmente se abrieron.
La luz del exterior entró de golpe.
Alis, Teneb, Varka, Marla y Ravel se quedaron en silencio al verlos salir.
Algo había cambiado.
Teneb fue el primero en notarlo… pero no por su poder.
—La velocidad… —murmuró—.
—Alcanzaron ese nivel demasiado rápido…
—Increíble… —añadió Varka—. Mitad humanos… y aun así…
Los chicos rieron, cansados pero satisfechos.
—No vamos a confiarnos —dijo Eiden—. Pero ahora sí… estamos mucho más preparados para enfrentar a Cristel.
Lujius asintió. —Y recuerden algo —dijo—.
Mientras más puedan mejorar… háganlo. Nunca es suficiente.
El grupo comenzó a retirarse lentamente.
El día aún seguía. El mundo no se había detenido.
Pero algo era seguro:
Ese entrenamiento había terminado…
y lo que venía a partir de ahora ya no sería una simple preparación.
—
(Hace unos días atrás, luego de que Suli derrotará a los bandidos…)
…
Estrellum no dormía.
Bajo un cielo cubierto de nubes densas, donde las estrellas apenas lograban atravesar la oscuridad, se alzaba una fortaleza improvisada entre rocas negras y estructuras corroídas por el tiempo. No era un castillo. No era un reino.
Era un nido de violencia.
Antorchas encendidas iluminaban el patio central. Decenas de bandidos entrenaban sin descanso: choques de acero, gruñidos de dolor, órdenes gritadas con rabia. Ninguno hablaba por gusto. Todos sabían por qué estaban allí.
En lo alto de una plataforma de piedra, observándolos desde las sombras, estaba él.
El líder.
Su figura era imponente, no tanto por su tamaño, sino por la forma en que se mantenía erguido, inmóvil, como si nada de lo que ocurriera a su alrededor pudiera afectarlo. Llevaba una armadura oscura, marcada por cicatrices de batallas pasadas, y un abrigo largo que se movía lentamente con el viento.
A sus pies, arrodillados, estaban los mismos bandidos que días atrás habían regresado humillados de Grimolt.
—Repítanlo —dijo el líder, con voz grave y calmada—.
—Quiero escucharlo otra vez.
Uno de ellos tragó saliva.
—El… el pueblo está protegido ahora —dijo—. No pudimos robar nada.
—Una chica nos derrotó… sola.
El silencio que siguió fue peor que un grito.
El líder bajó lentamente de la plataforma. Cada paso resonaba con peso.
—¿Una chica? —repitió, sin alzar la voz.
—Sí… usaba energía. No era normal —añadió otro—. Nos superó en fuerza y control.
El líder se detuvo frente a ellos. Los observó uno por uno.
—Entonces —dijo finalmente—, no fracasaron porque fueran débiles.
—Fracasaron porque subestimaron.
Se dio la vuelta y caminó hacia una mesa de piedra donde había mapas, armas y frascos con símbolos grabados.
—Grimolt ya no es un pueblo indefenso —continuó—.
—Y eso… lo vuelve interesante.
Levantó la mano, y varios bandidos más se acercaron. Estos no eran como los anteriores: sus auras eran más densas, sus miradas más frías. Algunos tenían marcas de energía recorriendo sus brazos.
—Esta vez —dijo— no irán a improvisar.
—Entrenarán. Se fortalecerán. Y cuando vayamos… no quedará nada en pie.
Uno de los bandidos se atrevió a preguntar:
—¿Irá usted también…?
El líder sonrió.
—Claro que iré.
La sonrisa no tenía alegría. Era pura intención.
—Ese lugar se atrevió a resistirse.
—Y alguien allí cree que puede protegerlo.
Cerró el puño, y una energía oscura recorrió su brazo.
—Quiero ver cuánto dura eso… cuando yo llegue con todo.
A su alrededor, los bandidos comenzaron a prepararse con una intensidad distinta. Ya no era un simple saqueo.
Era una venganza organizada.
Y mientras en Grimolt creían haber ganado tiempo…
En Estrellum, el verdadero peligro apenas comenzaba a moverse.
—
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