Vornex: Temporada 1 - Capítulo 142
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Capítulo 142: Capítulo 142: El amanecer de la determinación
…
A la mañana siguiente…
La luz del amanecer apenas rozaba Estrellum.
No era una luz cálida. Era pálida, filtrada por nubes espesas que parecían no moverse jamás. El campamento estaba en silencio, un silencio extraño para un lugar lleno de bandidos.
No porque durmieran.
Sino porque obedecían.
El líder estaba de pie frente a un mapa extendido sobre una mesa de piedra. No llevaba el casco. Su mirada recorría cada trazo, cada marca hecha la noche anterior. Grimolt estaba allí, señalado con precisión.
No había rabia en su expresión.
Solo decisión.
A su alrededor, varios de sus hombres más fuertes se preparaban en silencio. Ajustaban armaduras reforzadas, probaban armas imbuidas con energía, revisaban frascos y sellos grabados con símbolos que no todos entendían.
-No iremos como bandidos -dijo finalmente el líder, sin levantar la voz-.
-Iremos como una fuerza de aniquilación.
Uno de los hombres asintió.
-¿Cuándo partimos?
El líder cerró el mapa con calma.
-Cuando todo esté listo -respondió-.
-Grimolt no caerá por sorpresa. Caerá porque no podrá resistir.
Caminó entre ellos, observando cada detalle: posturas, respiración, concentración. Se detuvo frente a uno que estaba tensando demasiado los hombros.
-Relájate -le dijo-. La fuerza sin control solo sirve para morir rápido.
El bandido obedeció de inmediato.
-Esa chica… -continuó el líder, como si pensara en voz alta- no fue una casualidad.
-Si apareció alguien capaz de proteger Grimolt, significa que ese lugar ya no es irrelevante.
Se giró hacia los demás.
-Por eso no dejaremos testigos.
-Ni estructuras.
-Ni símbolos.
Un murmullo recorrió el grupo, pero nadie protestó.
-Hoy no atacamos -añadió-.
-Hoy nos preparamos.
Señaló a varios.
-Ustedes entrenarán resistencia y coordinación.
-Ustedes, control de energía.
-Y ustedes… -miró a los más fuertes- aprenderán a matar sin perder la cabeza.
Se hizo una pausa.
-Yo me encargaré de la chica.
El viento sopló con más fuerza, haciendo flamear capas y antorchas.
-Grimolt cree que sobrevivió -dijo el líder, con una calma inquietante-.
-Que disfruten esa ilusión.
Se dio la vuelta y se alejó, mientras detrás de él el campamento comenzaba a moverse con una disciplina inquietante.
No era un ataque inmediato.
Era algo peor.
Una amenaza que avanzaba sin prisa…
porque estaba segura de su final.
—
Suli deja Zelaryn
El aire aún estaba frío y silencioso en Zelaryn, apenas iluminado por la luz suave de los faroles del camino.
Suli se encontraba frente a Percuson, respirando con calma tras su largo entrenamiento.
—Has trabajado más de lo que muchos podrían soportar —dijo Percuson, con una leve sonrisa—. Estoy seguro de que tu padre estaría orgulloso.
Suli lo miró y sonrió también, pero sus ojos brillaban con determinación y emoción.
—Gracias, Percuson. Todo esto… me hizo darme cuenta de lo que puedo lograr si realmente me esfuerzo —respondió ella—. Pero aún quiero saber de qué está hecha Zelaryn. Quiero sentirlo todo antes de irme.
Percuson asintió, aunque en su rostro se notaba un leve nerviosismo.
—Está bien… pero debo pedirte algo. Que seas cuidadosa al salir. Pido al guardia que apague las luces para que el camino no te presione demasiado.
Suli negó con la cabeza, firme.
—No, no quiero que las apaguen. Quiero enfrentar el camino como lo hice la primera vez, solo que ahora… estoy lista —dijo, dando un paso adelante.
Percuson observó cómo se preparaba y suspiró, dejando que hiciera su elección.
—Entonces… que así sea —murmuró, sonriendo mientras el guardia miraba sorprendido.
Suli tomó impulso y comenzó a correr.
Sus pies apenas tocaban el suelo, y la velocidad que adquirió era asombrosa. Las luces que antes habían hecho que su cuerpo se sintiera aplastado, que la presionaran hasta casi dejarla caer, ahora no eran más que un decorado luminoso que atravesaba sin esfuerzo.
Corría con precisión, esquivando cada obstáculo, cada destello de luz que trataba de frenarla. Su respiración era constante, controlada, y cada zancada la hacía sentir más viva, más fuerte.
Percuson la observaba mientras avanzaba, la expresión de orgullo en su rostro aumentando a cada segundo.
—Ahí va… la hija del gran guerrero místic —dijo, casi en un susurro, pero con la voz llena de orgullo—. Nunca pensé que alguien pudiera superar Zelaryn así.
Incluso el guardia encargado de las luces se quedó boquiabierto. No podía creer la velocidad, la fuerza y el control que Suli mostraba. Recordaba claramente la primera vez que la vio llegar, exhausta y desvaneciéndose por la presión del camino. Ahora, parecía que Zelaryn mismo le estaba rindiendo homenaje.
Suli no solo corría; parecía volar. Cada paso estaba lleno de confianza, cada movimiento era preciso, cada salto y giro parecía coreografiado con la energía del propio lugar. El suelo temblaba apenas bajo su peso, y aun así, avanzaba sin fatiga, disfrutando del desafío que antes la había detenido.
Cuando finalmente llegó al final del camino, se detuvo un instante, respirando profundo, con el corazón latiendo con fuerza, pero con una sonrisa amplia en su rostro.
Había superado el mismo camino que la había hecho caer al primer día, y ahora lo atravesaba como si nada la detuviera.
Percuson la miró una última vez mientras la sombra de Suli desaparecía en la distancia.
—Ese es el espíritu de un verdadero guerrero… —dijo con orgullo—. Erec Farcker estaría orgulloso de ti.
Y mientras Suli se alejaba corriendo hacia el mundo más allá de Zelaryn, dejando atrás las luces, la presión y las piedras del santuario, una certeza quedó en el aire: ya no había obstáculos que pudieran detenerla.
—
Grimolt antes de la tormenta
El sol se elevaba lentamente sobre Grimolt, bañando las casas de madera y piedra en una luz cálida y tranquila. Las calles comenzaban a llenarse de vida: comerciantes abrían sus puestos, los niños corrían entre los callejones y los granjeros llevaban sus productos al mercado central. Todo parecía en calma, como si el mundo se hubiera detenido en un momento de paz.
Sin embargo, entre esa aparente tranquilidad, algunos habitantes notaban señales de alerta.
—¿Escucharon eso? —dijo un joven mientras ajustaba su carreta de frutas—. Como si alguien hubiera pasado por el bosque… pero no hay camino abierto por allí.
Los más viejos del pueblo intercambiaban miradas preocupadas, recordando viejas historias de ataques que habían asolado Grimolt décadas atrás. Pero nadie esperaba que algo realmente ocurriera hoy.
En la plaza central, un grupo de guardias practicaba movimientos de vigilancia, sin ser demasiado insistentes. Sabían que el pueblo estaba relativamente seguro desde que habían reforzado las murallas y entrenado a algunos jóvenes en defensa básica. Pero aún así, la sensación de que algo se avecinaba no se podía ignorar.
En una de las casas más altas, un anciano observaba con su telescopio la entrada al bosque. Frunció el ceño al notar un movimiento extraño entre los árboles, una sombra que se desplazaba con precisión y organización.
—No es un animal… —murmuró—. Prepárense, Grimolt… algo se acerca.
Mientras tanto, los habitantes continuaban su rutina diaria, ajenos al peligro que se acercaba. La brisa suave traía el aroma de pan recién horneado y de tierra húmeda, pero también llevaba un presagio de tensión que solo algunos podían sentir.
En lo alto de las colinas, un cuervo graznaba repetidamente, alertando a sus compañeros de que algo estaba cambiando. La naturaleza parecía intuir que el equilibrio del lugar estaba a punto de romperse.
Y al otro lado del bosque, los Rulpens avanzaban con disciplina, liderados por Akram, calculador y metódico. Su objetivo estaba claro: Grimolt sería destruido. Pero todavía no habían llegado, y la calma del pueblo parecía casi irreal, como si el tiempo mismo se contuviera antes de la tormenta.
—
El despacho del alcalde Jubbyner se llenó de prisa cuando varios guardias irrumpieron, jadeando y con el rostro serio.
—¡Alcalde! —exclamó uno de ellos—. Algo se acerca… algo grande.
Jubbyner se levantó de su silla, frunciendo el ceño.
—¡Preparen a todos los guardias del pueblo! —ordenó con voz firme—. Nadie sale ni entra sin mi permiso.
Mientras tanto, la gente en las calles no entendía lo que ocurría. Algunos se detenían confundidos, otros murmuraban entre sí, notando la tensión que se expandía rápidamente. Entre ellos, Leguer, que pasaba cerca del mercado, frunció el ceño al ver a los guardias correr hacia el despacho del alcalde. Una preocupación creciente se instaló en su pecho.
Los guardias patrullaban las calles y vigilaban cada rincón del pueblo, atentos a cualquier movimiento sospechoso. La calma de Grimolt se desmoronaba lentamente.
De repente, sin previo aviso, varios guardias fueron lanzados por los aires como si un viento invisible los hubiera atrapado. Sus gritos resonaron por las callejuelas mientras caían al suelo, aturdidos y heridos.
Y entonces, emergiendo de entre los árboles y sombras del bosque, los Rulpens irrumpieron en Grimolt. Armados, organizados y liderados por Akram, avanzaban con precisión, listos para sembrar caos y destrucción.
El pueblo, que hasta hace unos instantes parecía tranquilo, se convirtió en un escenario de alarma y confusión.
—
Suli se sentó en la loma frente al camino que llevaba a Grimolt. La brisa fresca le golpeaba suavemente el rostro, y por un instante cerró los ojos, dejando que el aire acariciara su piel. Nunca se había sentido así en años. Todo el esfuerzo, las caídas, el dolor y la perseverancia habían cambiado algo dentro de ella. No era solo fuerza física, era también seguridad, control, conciencia de sí misma. Había evolucionado.
De su bolsillo sacó el collar de su padre, lo sostuvo entre sus manos y lo miró fijamente. Un leve suspiro escapó de sus labios. Luego, con delicadeza, le dio un beso y lo colocó sobre su pecho, sintiendo el calor metálico y la energía que parecía recorrer su cuerpo al contacto con él.
—Ahora sí… estoy lista —murmuró, con la voz firme pero cargada de emoción—. Y seguiré mejorando… siempre más.
Suli sabía que Grimolt estaba en peligro. Los rumores del alcalde y de los guardias se habían grabado en su mente: los Rulpens planeaban atacar el pueblo. Ella había derrotado a esos bandidos antes, pero sabía que no se detendrían; esta vez vendrían con más fuerza, más preparados, y probablemente con sed de venganza.
No quería llegar al pueblo a ciegas. Así que, tras unos segundos de contemplación, activó Sensire, concentrándose para sentir la energía de Leguer o de cualquier habitante de Grimolt. La habilidad le permitía percibir a los seres cercanos, y cada pulso de energía era como un latido que le daba pistas del entorno.
Al principio, sintió energías pequeñas, las de los habitantes que se movían con normalidad, los guardias patrullando y los comerciantes preparando sus puestos. Pero de repente, una energía intensa, agresiva, aterradora, golpeó su percepción. Su corazón se aceleró y sus sentidos se agudizaron. Nunca había sentido algo así. Era diferente de cualquier entrenamiento, de cualquier enemigo que había enfrentado.
Suli se quedó inmóvil, tratando de analizar la información que le daba su instinto. Su mente funcionaba rápido: esa fuerza era comparable a la suya. Podría ser uno de los Rulpens… o peor, su líder, Akram, quien había demostrado ser calculador, frío y fuerte. Pensó en las palabras del alcalde, en los guardias volando por los aires, y en el miedo que había sentido cuando el peligro golpeó Grimolt hace unos días.
—Si realmente es él… —susurró para sí misma—, este entrenamiento valió la pena. Todo lo que aprendí… todo lo que superé… era para enfrentar momentos como este.
Un escalofrío recorrió su espalda. El miedo también estaba ahí, sutil pero presente. Saber que alguien tenía un nivel comparable al suyo la ponía alerta. No podía simplemente teletransportarse junto a esa persona, no ahora; sería demasiado arriesgado. Podría encontrarse al lado de un enemigo que superara su preparación en ese instante. Sería una ventaja peligrosa para Akram y sus bandidos.
—Mejor ir con cuidado… —pensó—. Observar desde lejos, evaluar la situación y luego actuar. Necesito planear mis movimientos, usar lo que aprendí, anticiparme a ellos.
Suli respiró hondo y sintió cómo su energía respondía a la tensión. Su entrenamiento en Zelaryn había sido duro, pero le había dado el control que necesitaba. Sabía que podría moverse con velocidad, fuerza y precisión, pero también entendía la importancia de la paciencia y la estrategia.
—Si vienen con fuerza… —continuó sus pensamientos—, tengo que asegurarme de saber quién es quién, dónde están sus fuerzas y cómo enfrentarlos sin poner a los demás en peligro. Hoy no se trata solo de pelear… se trata de proteger.
Finalmente, Suli se puso de pie. Sus ojos brillaban con determinación mientras guardaba el collar de su padre cerca de su corazón.
—Está bien… —dijo con voz firme—. Vamos allá.
Con pasos veloces pero controlados, comenzó a recorrer el camino hacia Grimolt. Cada movimiento era calculado, consciente. Sentía la energía a su alrededor, evaluaba distancias y posibles rutas, y mantenía en mente todo lo que había aprendido: control, concentración y precaución.
Mientras corría, pensaba en los Rulpens y en Akram. Podía saber gracias al sensire que su líder podía ser calculador ya que no estaba atacando, que su grupo había crecido en fuerza y un eran un poco más y que esta vez no serían fáciles de enfrentar. Pero Suli también sabía que ella había cambiado, evolucionado. La fuerza, la habilidad y la confianza adquirida en Zelaryn no eran solo para pelear… eran para sobrevivir, anticiparse y proteger lo que amaba.
—No importa cuán fuertes sean… —murmuró para sí misma, con una mezcla de emoción y determinación—. Hoy, Grimolt no caerá.
Y así, con la brisa golpeándole el rostro y la energía del pueblo sintiéndose cada vez más cerca, Suli aceleró su paso hacia el lugar donde se aproximaba el peligro, lista para enfrentarlo con todo lo que había aprendido.
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