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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 143

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Capítulo 143: Capítulo 143: Desesperación y Planificación

Los Rulpens no entraron a Grimolt como una horda descontrolada.

No al principio.

Primero fueron los guardias de la entrada.

Un choque breve, violento y silencioso. Algunos intentaron dar la alarma, otros apenas lograron levantar sus armas antes de ser lanzados contra las paredes por descargas de energía mágica. No hubo gritos prolongados. Solo impactos secos… y cuerpos cayendo.

Cuando el acceso quedó libre, Akram no dio la orden de destruir.

Todavía no.

Los bandidos comenzaron a avanzar por las calles, caminando despacio, dejando que la gente los viera. Algunos encendían pequeñas llamas en sus manos, otros hacían vibrar el aire a su alrededor, mostrando su poder sin usarlo del todo.

No atacaban… intimidaban.

Puertas cerrándose de golpe.

Niños llorando.

Personas corriendo sin rumbo, sin entender qué estaba pasando.

El miedo se expandía más rápido que cualquier incendio.

Desde un callejón, Leguer observaba con el corazón golpeándole el pecho.

Reconocía esa forma de actuar: no querían saquear rápido, querían romper el espíritu del pueblo primero.

—Vinieron por venganza… —pensó, apretando los dientes.

Miró a su alrededor. Grimolt no tenía cómo defenderse de esto.

Su mente fue directo a una sola persona.

Suli.

Pero también supo la verdad al instante:

seguramente seguía en Zelaryn.

Lejos. Demasiado lejos.

Tragó saliva. Tenía miedo, sí. Mucho.

Pero quedarse quieto no era una opción.

Con cuidado, usando los momentos en los que los bandidos se entretenían asustando a la gente, Leguer comenzó a moverse entre sombras, pegado a las paredes, esquivando miradas. Cada paso era un riesgo.

Su objetivo era claro: la salida trasera del pueblo.

Si lograba salir… tal vez podría ir por ayuda. Tal vez podría llegar hasta Suli.

Cada sonido lo hacía estremecerse.

Cuando ya veía la salida a pocos metros, cuando su respiración empezaba a acelerarse por la esperanza…

—¿Y tú a dónde creés que vas?

Leguer se quedó helado.

Un bandido bloqueaba el camino, apoyado con despreocupación contra un poste roto. Sonreía, divertido, como si hubiera estado esperando ese momento.

—¿Pensabas escapar? —rió—. No hay salida, chico.

—Este pueblo ya está muerto.

Leguer retrocedió un paso, el miedo clavándosele en el pecho como una daga.

Antes de que pudiera reaccionar, más guardias de Grimolt aparecieron para intentar defender la zona. Fue inútil.

Los Rulpens los superaban en número, en fuerza y en experiencia. Uno a uno, los guardias cayeron, vencidos por golpes de energía mágica, fuego y ráfagas de poder que no daban margen a la resistencia.

Entonces…

el ambiente cambió.

Un silencio extraño se extendió cuando una figura avanzó desde la entrada principal.

Akram había llegado.

Caminaba con calma, sin apuro, como si todo estuviera exactamente como lo había planeado. Su sola presencia hacía que los demás bandidos se enderezaran.

Levantó una mano.

Ese simple gesto fue suficiente.

—Ahora sí.

Los Rulpens se dispersaron de inmediato.

Ventanas estallaron.

Puertas fueron arrancadas de cuajo.

El fuego comenzó a prender en los techos, lento, controlado, cruel.

Todo ardía poco a poco.

Akram avanzó unos pasos más y habló con voz firme, sin necesidad de gritar:

—Que salga el alcalde.

La mirada de Akram se clavó en el edificio principal.

—Sé que está escondido en su despacho —continuó—.

—Si no sale… voy a matarlo ahí mismo.

No hubo necesidad de repetirlo.

Al final, el alcalde Jubbyner apareció. Pálido. Temblando.

Akram sonrió al verlo.

—Buenas tardes —dijo con una falsa cortesía—.

—Vengo por una chica.

Se acercó un poco más.

—Derrotó a mis hombres —continuó—. Quiero saber dónde está.

—Quiero verla… y matarla.

—Y de paso, enseñarles a todos por qué no deben rebelarse.

Sus ojos brillaron con algo más que rabia.

—Además… quiero comprobar qué tan fuerte es de verdad.

—Porque mis hombres también entrenaron.

Desde su escondite ya descubierto, Leguer apretaba los puños con desesperación.

En su mente solo había un pensamiento:

Ojalá Suli llegue…

Ojalá no sea demasiado tarde…

—

Perfecto 😈

Vamos a exprimir el sufrimiento del pueblo, desarrollar bien la reacción del alcalde y mostrar el primer movimiento real de Akram, sin adelantar soluciones ni la llegada de Suli.

—

El alcalde Jubbyner estaba frente a Akram, con las piernas rígidas y la garganta seca.

Nunca había sentido un miedo así.

Akram lo observó en silencio durante unos segundos. Sus ojos recorrieron el rostro del alcalde, leyendo cada gota de sudor, cada temblor involuntario.

—Así que… —dijo al fin— no está aquí.

No era una pregunta.

Jubbyner abrió la boca, pero no salió ningún sonido. Su mente era un caos.

Akram soltó una pequeña risa, baja, peligrosa.

—Déjame adivinar —continuó—.

—La chica se asustó. Huyó. O se escondió como una rata.

Hizo un gesto con la mano, y detrás de él, una casa cercana estalló en llamas. No fue una explosión violenta, sino un fuego que comenzó a devorar la madera con lentitud, como si el incendio mismo estuviera saboreando el momento.

Los gritos del pueblo se intensificaron.

—No te preocupes —dijo Akram con calma—.

—No tengo prisa.

Se acercó un paso más al alcalde.

—Voy a destruir Grimolt poco a poco.

—Casa por casa. Calle por calle.

Jubbyner tragó saliva.

—Y si la chica aparece… —añadió Akram—, detendré esto.

—Si no… cuando no la encuentre…

Miró a su alrededor, observando las primeras columnas de humo.

—Este lugar no será más que cenizas.

El alcalde sintió que el mundo se le venía encima.

Akram levantó una mano.

—Tienes una opción —dijo—.

—Tú mismo me la traés.

El silencio fue absoluto.

—O…

Bajó la mano lentamente.

—Empiezo a contar.

El corazón de Jubbyner golpeaba tan fuerte que le dolía el pecho.

¿Qué hago…?

Si decía la verdad —que no sabía dónde estaba—, Akram no dudaría. Grimolt desaparecería antes del anochecer.

Si decía que iría a buscarla… lo seguirían.

Y cuando descubrieran que mentía y no sabía dónde estaba… el resultado sería el mismo.

Pero al menos… ganaría tiempo.

Aunque en el fondo lo sabía.

Todos lo sabían.

Suli seguramente seguía en Zelaryn y nadie sabia dónde era…solo Leguer…

Akram comenzó a caminar lentamente frente al alcalde.

—Uno…

Un bandido lanzó a una familia fuera de su casa. Las llamas la envolvieron segundos después.

—Dos…

Un poste se partió en dos por una descarga de energía. La calle quedó bloqueada.

—Tres…

El sudor corría por la frente del alcalde. Sus manos temblaban sin control.

No hay salida…

Si decía que Suli estaba lejos, destruirían Grimolt y luego irían por ella.

Si mentía, lo usarían… y luego lo matarían.

Akram se detuvo.

—Cuatro…

Sus ojos se clavaron en Jubbyner, esperando.

El pueblo contenía el aliento.

El tiempo se estiraba, cruel, insoportable.

—

Suli corría.

No sentía el cansancio.

No sentía el peso del camino.

Solo el latido acelerado de su corazón y el viento golpeándole el rostro.

Cada paso era más rápido que el anterior. El terreno irregular que antes la habría hecho tropezar ahora apenas la frenaba. Saltaba rocas, cruzaba desniveles, se impulsaba con naturalidad. Su cuerpo respondía sin pensarlo.

Pero su mente… estaba en alerta total.

Entonces lo vio.

A lo lejos, una columna de humo elevándose al cielo.

El corazón le dio un vuelco.

—No… —susurró.

Apretó los dientes y forzó aún más su velocidad. En pocos segundos llegó a una pequeña elevación, una especie de colina rocosa que dominaba el camino final hacia Grimolt. Se detuvo allí, respirando hondo, y subió hasta lo más alto.

Desde arriba… lo vio todo.

El pueblo estaba envuelto en caos.

Casas con puertas destrozadas, ventanas rotas, fuego extendiéndose poco a poco. Gente corriendo sin rumbo, gritos, llantos. Guardias heridos en el suelo. Algunos bandidos caminaban tranquilos, como si aquello fuera un juego, usando energía mágica para destruir sin esfuerzo.

Y entonces… lo sintió.

Una presencia distinta.

Fuerte. Pesada. Dominante.

Sus ojos se fijaron en la entrada principal del pueblo.

Ahí estaba él.

Akram.

No necesitó que nadie se lo dijera. Su energía era clara, directa, controlada. No era un bruto que destruía sin pensar. Estaba de pie, observando, con los brazos relajados, como alguien que sabe que todo está bajo su control.

—Así que… eres tú —pensó Suli, sin darse cuenta de que había hablado en voz baja.

Tragó saliva.

Era fuerte.

Tan fuerte como ella… o quizás más.

Y eso la heló por dentro.

Por un instante, el miedo intentó colarse. Una sensación breve, pero real. No por ella… sino por Grimolt. Por la gente. Por Leguer. Por el alcalde. Por todos los que no podían defenderse.

Cerró los ojos.

Respiró.

Recordó a Percuson.

Recordó a su padre.

Recordó cada caída, cada error, cada día de entrenamiento.

—No puedo entrar sin pensar —se dijo—. Si me lanzo de frente… perderé.

Abrió los ojos de nuevo y observó con atención.

Contó a los bandidos.

Analizó sus posiciones.

Vio cómo Akram daba órdenes con simples gestos.

Notó que aún no estaba destruyendo todo… lo estaba haciendo de a poco.

Eso significaba una cosa.

Estaba esperando.

—Me está buscando… —comprendió—. Quiere que aparezca.

Apretó el puño.

Si entraba de golpe, Akram la sentiría al instante. Si usaba sensire para moverse rápido… aparecería justo al lado del mayor peligro. Demasiado arriesgado.

Tenía que hacerlo como siempre.

Pensar.

Prevenir.

Contraatacar.

—Primero —murmuró—, tengo que sacar a la gente del medio.

Se agachó lentamente, ocultando su energía lo mejor que pudo. Reguló su respiración, tal como había aprendido. No debía llamar la atención aún.

Su mente trabajaba a toda velocidad.

Crear una distracción.

Separar a los bandidos.

Obligar a Akram a moverse.

Y solo entonces… enfrentarlo.

Miró una última vez el pueblo desde lo alto.

—Aguanten un poco más —pensó—. Ya estoy aquí.

Y sin perder más tiempo, comenzó a moverse, descendiendo por la colina con cuidado, lista para dar su primer paso.

El verdadero combate estaba a punto de empezar.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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