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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 144

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Capítulo 144: Capítulo 144: Bajo el juicio del enemigo, la prueba de fuego

Akram terminó de contar.

-Un minuto. -dijo con calma, como si hablara del clima-. Ya pasó.

El silencio que siguió fue peor que los gritos anteriores.

El fuego crepitaba entre las ruinas, algunas casas aún se derrumbaban poco a poco, y el humo hacía arder los ojos. Nadie se atrevía a hablar.

Akram miró a su alrededor, decepcionado.

-Qué pena… -suspiró-. Pensé que aparecería.

Se giró hacia sus hombres.

-Pero no pasa nada. Les dije que podía esperar todo el tiempo del mundo. -sonrió-. Y cuando me aburra… esto se acaba.

Luego, con una tranquilidad enfermiza, caminó hasta una piedra grande en medio de la plaza, se sentó y apoyó el codo sobre la rodilla.

-No se preocupen -añadió-. Pronto todo esto terminará. Ya no sufrirán más.

Esa frase fue como una sentencia de muerte.

El alcalde lo observaba sin parpadear.

No entendía cómo alguien capaz de destruir un pueblo entero podía sentarse a esperar como si nada. Sus manos temblaban, el sudor le recorría la espalda, y su mente daba vueltas sin encontrar salida.

Cada segundo que Akram permanecía sentado era una burla… y una amenaza.

Los aldeanos, en cambio, no podían sostener la mirada. Algunos lloraban en silencio, otros abrazaban a sus hijos, otros simplemente se habían rendido por dentro.

Entonces ocurrió.

-¡Eh, miren ese! -se burló uno de los bandidos.

Leguer.

Lo habían agarrado del brazo cuando intentó ayudar a una anciana atrapada entre los restos de una casa. Sin esfuerzo, lo lanzaron contra un puesto de madera ya medio destruido. El golpe fue seco, brutal. La madera crujió al romperse.

Leguer cayó al suelo, tosiendo, con sangre en la boca.

Intentó incorporarse apoyándose en una rodilla, pero el dolor lo hizo gemir. Aun así, apretó los dientes y volvió a intentarlo.

Las risas de los bandidos resonaron por la plaza.

-Míralo, todavía quiere levantarse. -Dejalo, quiero ver cuánto aguanta.

Uno de ellos le dio una patada en las costillas y Leguer volvió a caer. Nadie se movió. Nadie podía hacerlo.

En Grimolt, en ese momento, no existía un solo lugar seguro.

Akram observó la escena sin levantarse.

-Déjenlo -dijo con desinterés-. Todavía no estoy aburrido.

El alcalde cerró los ojos un instante.

Cada segundo era una eternidad.

Cada respiración, una cuenta regresiva.

Y sin que nadie en el pueblo lo supiera…

desde lo alto, alguien los estaba mirando y planeando todo.

Suli.

—

Luego de un momento Suli planeaba una estrategia para acabar con la mayoría de los bandidos antes de enfrentarse a Akram, hasta que luego ya estaba decidida a ir.

Suli ya no dudaba.

Entro a Grimolt.

Su cuerpo se movía solo, preciso, decidido. Se desplazaba entre las sombras de Grimolt como si el pueblo mismo la guiara, usando callejones, restos de casas dañadas y puestos volcados para ocultarse. Cada movimiento tenía un propósito: desestabilizar, confundir, debilitar.

Dos bandidos custodiaban una esquina, distraídos, riéndose mientras hacían temblar a una familia escondida tras una puerta medio rota. No llegaron a entender qué ocurrió. Un golpe limpio, rápido, controlado. Uno cayó al instante; el otro intentó reaccionar, pero una descarga de energía lo lanzó contra el suelo, dejándolo inconsciente.

Suli no perdió tiempo. Avanzó.

A lo lejos, un grupo de bandidos empezó a notar la ausencia de los suyos.

-¿Dónde están los de la entrada lateral? -preguntó uno, frunciendo el ceño.

-Seguro se fueron a divertirse -respondió otro, aunque su tono ya no era tan confiado.

Un grito interrumpió la conversación.

Uno de los bandidos había salido volando contra una pared, dejando una grieta profunda en la madera. El impacto resonó por la calle.

El caos empezó a formarse.

-¡¿Qué fue eso?!

-¡Alguien está atacando!

Las miradas se cruzaron, nerviosas. Ya no era solo miedo en el pueblo… ahora también comenzaba a surgir entre los Rulpens.

En el centro, Akram seguía sentado, pero su postura había cambiado. Ya no estaba completamente relajado. Sus dedos golpeaban lentamente el apoyabrazos improvisado, uno… dos… uno… dos… Su mirada recorría el pueblo con atención clínica.

-Interesante… -dijo en voz baja-. Así que sí estabas aquí.

El alcalde tragó saliva. No entendía qué pasaba, pero por primera vez desde que todo comenzó, algo había cambiado. El aire ya no era solo desesperación.

Cerca de un puesto destruido, Leguer logró incorporarse con dificultad. Le dolía todo el cuerpo, pero escuchó los gritos, el desorden, los pasos apresurados de los bandidos.

-No puede ser… -murmuró-. ¿Suli…?

Otro bandido cayó frente a él, arrastrado por una fuerza invisible, estrellándose contra el suelo a pocos metros. Los bandidos que lo acompañaban retrocedieron instintivamente.

-¡Es una sola persona! -gritó uno- ¡Rodéenla!

Desde las sombras, Suli observaba cómo el pueblo empezaba a reaccionar. Algunos aldeanos corrían para esconderse mejor, otros ayudaban a levantar a los heridos aprovechando la confusión.

No era suficiente.

Todavía no.

Akram se levantó finalmente.

El simple gesto hizo que varios bandidos se callaran de golpe. Caminó despacio, con las manos a los lados, pisando restos de madera y vidrio como si nada.

-No se precipiten -ordenó con calma-. Esto es justo lo que quiere.

Alzó la mirada, sabiendo exactamente hacia dónde hablar.

-Sal, chica -dijo con una sonrisa peligrosa-. O seguiré rompiendo este lugar… pero ahora con intención.

Suli apretó los puños desde su escondite.

El tiempo se acababa.

Su plan estaba funcionando… pero ahora venía la parte más peligrosa.

Y Akram, por fin, había decidido jugar en serio.

—

Luego de un momento…

Leguer la vio con claridad ahora, entre el humo y el fuego, su sonrisa se encendió poco a poco.

-Al fin llegaste, Suli… -pensó, con un nudo en la garganta.

No fue el único. El alcalde Jubbyner también dirigió su atención hacia ella, olvidándose por un instante del miedo que lo paralizaba. Uno a uno, los habitantes de Grimolt levantaron la vista. En medio del caos, todas las miradas convergieron en la misma figura.

Suli estaba allí.

Akram la observó de arriba abajo con calma absoluta. Luego dejó escapar una risa baja, casi divertida.

-¿Así que tú eres la chica de la que todos hablan? -dijo, cruzando los brazos-. Esperaba algo… distinto.

Negó levemente con la cabeza.

-No pareces tener un gran nivel.

Sus palabras resonaron en el silencio tenso del pueblo.

Con un simple gesto de su mano, dio la orden.

-Vayan.

Un semicírculo se cerró de golpe.

Los Rulpens atacaron todos a la vez, usando magia, armas y pura fuerza bruta. Pero Suli ya se estaba moviendo. Su cuerpo reaccionaba antes que su mente; sus reflejos eran precisos, afilados. Desaparecía de un punto y aparecía en otro. Un golpe aquí, una patada allá. Varios bandidos cayeron antes siquiera de entender qué había pasado.

El suelo se llenó de cuerpos.

Entonces Suli habló.

-¡Déjen este pueblo en paz! -su voz fue firme, clara-. Lárguense ahora… si no quieren terminar igual que ellos.

Por fuera parecía segura. Por dentro, no tanto.

Una gota de sudor recorrió su frente. No era cansancio. Era miedo.

Miedo a lo desconocido.

Akram seguía ahí, inmóvil.

Suli no sabía qué tan fuerte era realmente.

Akram aplaudió despacio, una, dos veces.

-Interesante -dijo-. Muy ágil. Has derrotado a la mayoría de mis hombres… y eso que entrenaron.

Su sonrisa se torció apenas.

-Pero sé que no estás usando todo tu poder. Y eso me molesta.

Su mirada se endureció.

-Lo que más me molesta… es que ellos no hayan podido detenerte.

En ese instante, Suli lo sintió.

Demasiado tarde.

Un bandido apareció detrás de ella, saliendo de entre las sombras, con la intención de atacarla por la espalda.

-¡Atrás tuyo, Suli! -gritó Leguer con desesperación.

Pero cuando el golpe debía caer…

Suli desapareció.

Akram abrió los ojos un poco más de lo normal.

Leguer miró a todos lados, confundido. El bandido también, girando sobre sí mismo.

-¿Dónde…?

Sus ojos se clavaron en Leguer.

-Tú… -gruñó-. Tú fuiste el que gritó.

Avanzó hacia él con intención asesina. Leguer retrocedió, aterrorizado. Sabía que no podría defenderse.

Entonces-

¡Golpe seco.

El bandido cayó al suelo sin emitir un solo sonido.

Leguer se quedó paralizado.

Detrás del cuerpo, Suli apareció de nuevo, como si siempre hubiera estado ahí.

-¿Suli…? -dijo él, sin entender nada.

-Has mejorado muchísimo… -añadió con una sonrisa nerviosa-. Ya ni sé por dónde te movés.

-Gracias al entrenamiento -respondió ella-. Todo se amplió… mis sentidos, mi velocidad, mis reflejos.

Le tendió la mano y lo ayudó a levantarse.

Akram observaba en silencio.

Aunque nadie más lo notó… él sí la había visto desaparecer.

Había seguido su movimiento. Había entendido cómo se desplazó.

Y eso lo intrigó aún más.

-Moverse así… -pensó-. Y todavía con el poder al mínimo.

Sonrió.

Por primera vez desde que llegó a Grimolt, Akram sintió verdadero interés.

La chica no solo era rápida.

Era peligrosa.

—

Suli observaba a los bandidos mientras se acercaba, su respiración controlada, cada músculo preparado. Akram permanecía sentado en la entrada del pueblo, sus ojos fijos en ella, un leve gesto de sonrisa en su rostro.

-No la ataquen de cerca -ordenó Akram a sus hombres-. Solo presiónenla con sus habilidades… a distancia. Hagan que se mueva, que se equivoque. Veamos qué tan fuerte es realmente.

Los bandidos obedecieron de inmediato, abriendo sus palmas y canalizando energía elemental. El aire se llenó de fuego, agua y ráfagas de viento cortante. Lava surgía de algunos puntos del suelo, chispas de electricidad recorrían otros, y torrentes de agua se mezclaban con las ráfagas de viento, formando una especie de tormenta elemental que buscaba acorralarla.

Suli sintió cómo la energía del ataque la envolvía. Cada golpe era calculado, intentando obligarla a reaccionar mal. Un pequeño error y podría quedar atrapada o herir a un civil que aún corría desesperado.

Respiró hondo, y activó su Stinging Magical, concentrando su energía para transformar el caos elemental en su ventaja. Una lanza de energía mágica atravesó la lava que caía sobre una familia que huía; en otro instante, destruyó un remolino de viento que buscaba lanzarla contra un edificio. Su velocidad y reflejos, combinados con la precisión de la lanza, permitieron que ningún civil resultara herido.

-Interesante… -musitó Akram, arqueando una ceja mientras observaba cómo Suli controlaba el campo de batalla. Su ligera sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión de curiosidad y ligera molestia-. Muy ágil… demasiado… pero… ¿es esto todo lo que tienes?

Suli podía sentir la presión que emanaba de él, incluso a la distancia. Cada vez que bloqueaba un ataque, cada vez que deshacía una habilidad elemental lanzada contra ella, sabía que Akram no buscaba derrotarla de inmediato. Él quería más… quería que explotara su verdadero potencial.

-¿Qué… qué tan fuerte será realmente esta chica? -murmuró Akram para sí mismo, con un dejo de impaciencia-. Necesito ver su verdadero poder…

Mientras tanto, Suli analizaba la situación. Cada ataque elemental tenía un patrón, un tiempo de ejecución. Podía anticiparlos y destruirlos con precisión quirúrgica, pero comprendió que Akram la estaba forzando a ir más allá de lo que había practicado, a reaccionar bajo presión real. Su corazón latía más rápido, no por miedo, sino por la emoción de poner en práctica todo su entrenamiento y enfrentar un desafío que realmente exigía todo de ella.

-No voy a dejar que lastimen a nadie… -se dijo a sí misma, ajustando su posición-. No puedo fallar ahora.

La presión aumentaba. Akram observaba cada movimiento, evaluando, empujando a Suli a límites que apenas comenzaba a descubrir. Y Suli, con concentración absoluta, empezaba a comprender algo fundamental: esto no era solo combate físico, era un juego de estrategias, de anticipación, de control absoluto de su poder.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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