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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 147

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Capítulo 147: Capítulo 147: Cuando la estrategia desafía a la fuerza bruta

Akram retrocedió medio paso, no por miedo, sino por cálculo. El terreno ya no le pertenecía por completo, y ambos lo sabían.

El aire vibraba de una forma extraña, como si algo invisible estuviera siendo presionado desde dentro. No era una explosión repentina, ni un estallido de energía. Era una presencia que comenzaba a filtrarse.

—¿Cuánto tiempo más vas a seguir sin usar tu máximo poder? —preguntó Akram, con una sonrisa ladeada—. Ya me estás cediendo terreno.

No hubo respuesta inmediata.

Solo entonces ocurrió el primer cambio.

Las sombras alrededor dejaron de comportarse como simples ausencias de luz. Se alargaron, se tensaron, como si escucharan una orden que aún no terminaba de pronunciarse. El suelo crujió bajo una presión irregular, no pesada, sino dirigida.

Akram frunció el ceño.

No era un aumento bruto de fuerza.

Era control.

Un pulso recorrió el espacio entre ambos, casi imperceptible. No empujó, no cortó, no quemó. Pero Akram sintió que algo había sido medido. Como si su posición, su respiración y su siguiente movimiento ya hubieran sido evaluados.

—Así que es eso… —murmuró—. No estás liberando poder. Lo estás dejando escapar por partes.

La energía volvió a retraerse, como una marea que solo muestra la espuma antes de regresar. Pero el mensaje estaba claro.

Esto no era ni siquiera la mitad.

Akram apretó los dientes, ajustando su postura. Por primera vez desde que comenzó el combate, entendió que no estaba presionando a un enemigo acorralado…

sino despertando algo que había decidido no mostrarse todavía.

—

Akram avanzó un paso más, confiado. Cada golpe suyo empujaba a Suli hacia atrás, marcando el terreno, quebrando raíces, partiendo la tierra bajo sus pies. Desde fuera, para cualquiera que mirara, la escena era clara: él la estaba superando.

—Te lo voy a preguntar una vez más… ¿Cuánto tiempo más vas a seguir así? —dijo, sin detenerse—. Ya estoy usando mi máximo… ¿o es que no puedes responder?

Suli no contestó de inmediato. Bloqueó el siguiente ataque con dificultad, el impacto le recorrió los brazos como un temblor seco. Retrocedió dos pasos, clavando los talones en la tierra húmeda del bosque.

Pero entonces ocurrió algo extraño.

Akram frunció el ceño.

El golpe había sido limpio. Demasiado limpio. Sin embargo, no había avanzado lo que esperaba. El espacio entre ambos seguía siendo casi el mismo. Como si, a pesar de estar ganando terreno, algo se lo estuviera negando.

—Tch…

Volvió a atacar, más rápido. Suli esquivó por poco, giró sobre sí misma y respondió con un golpe corto al torso. No llevaba energía, no llevaba fuego ni electricidad. Aun así, Akram sintió el impacto más profundo de lo que debería.

No fue dolor.

Fue presión.

Como si su propio cuerpo hubiera recibido la orden de frenar un instante.

Desde Grimolt, Leguer apretó los dientes.

—No es normal… —murmuró.

El alcalde observaba en silencio, con los ojos entrecerrados.

—Está cambiando el ritmo —dijo al fin—. No el suyo… el de la pelea.

Otro choque. Otro intercambio breve. Akram forzó a Suli a retroceder, pero cada vez que lo hacía, su respiración se desajustaba. No estaba cansado… y sin embargo, sentía que algo le pesaba más de lo debido.

—¿Qué estás haciendo…? —gruñó.

Suli levantó la mirada. Por primera vez desde que empezó el combate, sonrió apenas.

—Nada especial —respondió—. Solo dejar que uses todo.

Akram atacó con más violencia. El suelo se resquebrajó bajo su impulso, los árboles cercanos crujieron. Suli bloqueó, fue empujada, pero no cayó. Cada movimiento suyo era preciso, calculado, como si supiera exactamente cuánto podía ceder sin romperse.

El alcalde asintió lentamente.

—Ya lo veo… —dijo—. No se está guardando poder por miedo.

Leguer lo miró.

—Entonces ¿por qué?

—Porque su habilidad… —el alcalde apretó el bastón— necesita que el enemigo se exponga primero.

En el bosque, Akram dio un paso atrás por primera vez.

No porque Suli lo hubiera obligado.

Sino porque, sin saber cómo, sentía que algo de la pelea ya no estaba bajo su control.

—

Suli retrocedió un paso más… y luego se detuvo.

No fue una retirada desesperada. Fue una decisión.

Akram avanzó de inmediato, la lanza vibrando con una presión brutal que hacía crujir el aire a su alrededor.

—¿Hasta aquí llegaste? —dijo, con una sonrisa torcida—. Pensé que durarías un poco más.

Suli no respondió.

Bajó la mirada… y apoyó ambos pies con firmeza en el suelo.

Entonces ocurrió.

Bajo ella, el terreno comenzó a marcarse.

No fue una explosión de luz ni un estallido de energía. Al contrario: líneas finas, precisas, casi silenciosas, se trazaron formando un círculo perfecto. Símbolos antiguos se conectaron unos con otros como si siempre hubieran estado ahí, esperando.

Un ritual.

Akram frunció el ceño y detuvo su avance por primera vez.

—¿Un ritual ahora? —gruñó—. ¿De verdad crees que te daré tiempo?

Suli alzó la cabeza, con los ojos tranquilos… demasiado tranquilos para alguien que estaba perdiendo terreno.

—No necesito tiempo —respondió—. Solo el momento adecuado.

El círculo se cerró.

Y algo cambió.

No en el aire. No en la energía.

En la sensación.

Akram dio un paso adelante y atacó, descargando un golpe directo, rápido, preciso. Era un ataque que debía impactar.

No lo hizo.

Suli se movió.

No más rápido. No más fuerte.

Simplemente… antes.

El golpe pasó a centímetros de su rostro. Akram encadenó otro, luego otro más, aumentando la presión, empujando con todo su poder, usando la lanza como una extensión de su cuerpo.

Nada.

Cada ataque encontraba vacío.

Cada intento era leído, desviado, evitado por el margen más mínimo posible.

—¿Qué estás haciendo…? —murmuró Akram, con el ceño cada vez más tenso.

Suli sentía el peso de cada segundo.

Kenzun no perdona errores, pensó.

Si fallo una sola vez…

Cerró los puños.

Kenzun.

El nombre resonó en su mente, y con él—

—

Flashback

—No vuelvas a levantarte así —dijo Lerian, golpeando suavemente el suelo con su bastón—. Te estás regalando.

Suli, mucho más joven, respiraba con dificultad, arrodillada frente a él.

—¡Pero él es más fuerte que yo! —protestó—. Si no ataco con todo, me aplasta.

Lerian la observó en silencio unos segundos.

Luego trazó un símbolo en el suelo con la punta del bastón.

—Ese es el error que todos cometen —dijo—. Creer que la pelea se gana con fuerza.

—¿Entonces?

—Con lectura.

Lerian caminó alrededor del símbolo.

—Kenzun no te hará más poderosa —continuó—. No aumentará tu energía ni tu velocidad.

Te obligará a entender al enemigo: su intención, su ritmo, su próxima decisión.

Suli frunció el ceño.

—¿Es como ver el futuro?

Lerian negó con una leve sonrisa.

—No. Es mejor.

Es entender tanto la pelea que el futuro se vuelve obvio.

—¿Y si el enemigo cambia de repente?

La mirada de Lerian se volvió seria.

—Entonces Kenzun se rompe.

Suli abrió los ojos.

—¿Eso no lo hace inútil?

—No —respondió—. Lo hace peligroso.

Porque quien libera su poder de forma caótica o brusca se expone a dañarse a sí mismo.

Kenzun castiga a ambos por igual: al que lo usa mal… y al que intenta romperlo sin control.

Lerian apoyó el bastón frente a ella.

—Recuerda esto, Suli: el poder sin control es ruido.

Kenzun solo escucha la intención.

—

Presente

Akram atacaba una y otra vez.

Cada golpe era correcto. Cada movimiento tenía sentido.

Y aun así, Suli estaba siempre un paso fuera.

Ella giraba, bajaba el cuerpo, se deslizaba entre la lanza y el suelo, golpeaba puntos clave sin fuerza excesiva, solo lo justo para romper el ritmo de Akram.

Desde Grimolt, los pueblerinos observaban en silencio absoluto.

—No puede tocarla… —susurró alguien.

—Es como si supiera lo que va a hacer…

El alcalde apretó los dientes.

—Ya lo entiendo —dijo en voz baja.

Leguer lo miró.

—¿Qué es eso?

—Una técnica de lectura total —respondió—. No depende de poder… depende de técnica y control.

Akram retrocedió finalmente, respirando con más fuerza de lo que quería admitir.

—Así que esto es —dijo—. Estás usando algo para leerme.

Suli no respondió.

Porque sabía la verdad.

Kenzun no durará para siempre.

Y Akram…

ya había empezado a darse cuenta de cómo romperlo.

—

Akram retrocedió unos pasos, respirando con dificultad. Sus ojos ya no mostraban la calma calculadora de antes, sino una mezcla de sorpresa y concentración intensa. Cada ataque que Suli esquivaba parecía predecible… pero algo en la forma en que lo hacía no cuadraba.

—No entiendo… —gruñó para sí mismo—. ¿Cómo sabe lo que voy a hacer? ¿Cómo puede moverse así?

Desde el centro del pueblo, el alcalde Jubbyner, Leguer y los demás pueblerinos no podían apartar la mirada. Lo que veían los dejaba sin aliento.

—Es… es la habilidad Kenzun —susurró Jubbyner, con los ojos muy abiertos—. Solo alguien que ha entrenado a nivel de maestro podría siquiera intentarla.

—¿Kenzun? —preguntó Leguer, incrédulo.

—Sí —continuó el alcalde—. Permite leer los movimientos del enemigo, anticiparlos… pero no funciona contra energía caótica ni cambios bruscos en el poder. Es… extraordinaria. Y ella la está usando.

Leguer tragó saliva. No podía creer que Suli hubiera aprendido algo así y que ahora lo utilizara frente a Akram, antes de que él lo supiera. Todo parecía que Suli tenía la pelea controlada… al menos por ahora.

Mientras tanto, Akram comenzó a notar un patrón. Cada vez que atacaba con rapidez, Suli se movía justo en el lugar correcto, esquivando, contrarrestando, siempre un paso adelante.

—No… puede ser —murmuró Akram—. Esto… no es normal. Nadie más ha usado esa habilidad por años, es muy difícil de aprender, puede ser que esté utilizando…la habilidad Kenzun?…

La sorpresa dio paso a la irritación. Su sonrisa torcida desapareció. Aquel que hasta ahora había sido dueño de la situación empezaba a sentir que la pelea se le escapaba de las manos.

Para probarla, Akram comenzó a alterar su ritmo, cambiando la fuerza, la velocidad y el ángulo de sus ataques en formas impredecibles, mezclando golpes cuerpo a cuerpo con pequeñas ráfagas de energía elemental. Su intención era clara: hacer que Suli no pudiera reaccionar a tiempo, romper la concentración que mantenía la habilidad.

Suli sintió la presión. Su ritmo comenzó a vacilar un instante… suficiente para que Akram notara que podía forzarla.

—Así que… es Kenzun —dijo Akram en voz baja, con una mezcla de respeto y molestia—. Interesante. Nunca pensé que alguien usaría algo así contra mí…

El cambio de ritmo de Akram fue devastador. Ya no podía leer cada ataque con facilidad. Su habilidad la seguía protegiendo parcialmente, pero cada movimiento se volvía más riesgoso.

Finalmente, Akram optó por su jugada más peligrosa: liberar una cantidad masiva de energía concentrada de forma controlada, golpe tras golpe, mezclando ataques de fuerza bruta con explosiones de energía caótica. Lo que estaba haciendo era arriesgado incluso para él, pero era la única forma de romper la Kenzun.

El ritual de Suli se vio afectado. El círculo bajo sus pies brilló con intensidad y luego comenzó a desvanecerse… y ella sintió que su habilidad fallaba. Cada movimiento ahora requería esfuerzo extremo para esquivar, y Akram tomó la ventaja.

—¡Impresionante! —dijo Akram, con respiración pesada mientras se acercaba—. Nadie me había obligado a usar mi energía así… ni a acercarme tanto al límite… Suli, felicitaciones. Has puesto a prueba mi verdadero poder y casi me cuesta la vida.

Suli, jadeando, miró a Akram. Su habilidad había sido rota, y la presión de la energía que emanaba el enemigo la hacía retroceder lentamente.

—Ahora… —dijo Akram, sus ojos brillando con intensidad—. Ahora sí… voy a acabar contigo.

Los pueblerinos y Leguer contuvieron la respiración. La pelea ya no era un simple enfrentamiento de velocidad o técnica; era fuerza bruta contra estrategia, y la balanza ahora estaba del lado de Akram.

Suli apretó los dientes, recordando las palabras de Lerian, su maestro:

“Kenzun solo escucha la intención. Pero incluso la intención más clara puede fallar si el rival controla demasiado su poder. Entonces, usa todo lo que tengas… y lucha.”

Y con eso en mente, se preparó para responder… sabiendo que su próximo movimiento decidiría si podría mantenerse o si sería derrotada.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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