Vornex: Temporada 1 - Capítulo 148
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Capítulo 148: Capítulo 148: El precio del limite
El aire alrededor del campo de batalla se volvió pesado, casi irrespirable.
Akram estaba de pie, con el cuerpo aún cubierto de grietas de energía mal contenida. Su respiración era profunda, forzada. Había cruzado un límite que pocos se atrevían siquiera a rozar… y lo sabía. Pero aun así, sonreía.
Frente a él, Suli dio un paso atrás.
No por miedo.
Por cálculo.
Kenzun seguía activo… pero ya no era lo mismo.
El ritual bajo sus pies parpadeaba, las líneas espirituales que antes fluían con claridad ahora se distorsionaban, como si la realidad misma se negara a seguir el patrón. Cada vez que Akram liberaba esa energía bruta, caótica y peligrosa, la habilidad temblaba.
Suli esquivó un golpe por centímetros. Sintió el viento romperle la piel.
-Tsk… -chistó Akram-. ¿Lo notas, verdad? Ya no puedes leerme como antes.
No estaba presumiendo.
Estaba describiendo un hecho.
Akram atacó de nuevo. No con técnica refinada, no con precisión perfecta… sino con voluntad pura, con golpes que no buscaban ser bellos, solo devastadores. Cada impacto fallido destrozaba el terreno, levantando columnas de tierra y rocas.
Suli apenas lograba reaccionar.
Su cuerpo se movía solo, por instinto, por años de entrenamiento… pero ya no con la ventaja absoluta de antes. Kenzun intentaba anticipar, pero el flujo errático de Akram lo volvía impredecible.
Un puñetazo la alcanzó de lleno en el costado.
Suli salió despedida varios metros, rodando por el suelo hasta detenerse de rodillas. Tosió. Un hilo de sangre cayó al polvo.
Desde Grimolt, nadie respiraba.
-Se está… quedando atrás -murmuró alguien.
Leguer apretó los dientes.
El alcalde no dijo nada, pero sus manos temblaban.
Akram avanzó despacio, como un depredador herido… pero aún mortal.
-Te lo dije -dijo con voz grave-. Rompí tu ritmo. Rompí tu lectura. Y aun así… -la miró con seriedad- sigues de pie.
Suli levantó la mirada.
En su mente, una sola idea se repetía una y otra vez.
Si sigo así… pierdo.
Kenzun, en su estado actual, ya no era suficiente.
Ella lo sabía desde el principio. Lerian se lo había advertido.
“Kenzun no es invencible, Suli. Es una danza con el flujo del enemigo. Si él rompe la música… tendrás que tocar más fuerte.”
Suli apoyó una mano en el suelo. El ritual volvió a brillar… pero esta vez, algo cambió.
-Akram… -dijo, con voz firme pese al cansancio-. Si continúo así, moriré.
Akram frunció el ceño.
-Entonces pelea.
Suli cerró los ojos.
Y tomó la decisión que no quería tomar.
Su energía comenzó a elevarse.
No fue explosiva.
No fue caótica.
Fue profunda.
Como si algo dormido en su interior despertara lentamente, expandiéndose con control absoluto. El aire vibró. Las piedras a su alrededor comenzaron a levitar. El ritual de Kenzun se reescribió solo, ampliándose, volviéndose más complejo.
Desde Grimolt, todos lo sintieron.
-¿Esa… energía…? -susurró Leguer.
El alcalde abrió los ojos con asombro.
-Esto es… su máximo.
Akram se detuvo.
Por primera vez desde que había liberado su límite… retrocedió un paso.
-Así que… este era el poder que te guardabas -dijo, con una mezcla de sorpresa y respeto-. Increíble…
Suli abrió los ojos.
Sus pupilas brillaban con una intensidad distinta. Su presencia había cambiado. No era solo más fuerte… era más clara, más firme.
Kenzun seguía activo.
Pero ahora, alimentado por su poder máximo.
Akram atacó.
Esta vez, Suli no esquivó por reflejo.
Lo hizo antes.
Su cuerpo se movió como si el tiempo se hubiera ralentizado solo para ella. Cada golpe de Akram pasaba a centímetros. Cada descarga era leída, interpretada, desviada.
El campo de batalla se llenó de destellos.
-¡¿Qué…?! -Akram apretó los dientes.
Suli apareció a su costado y lo golpeó en el abdomen. Akram salió despedido, arrastrándose por el suelo hasta detenerse de rodillas.
Tosió. Sangre.
Levantó la mirada… y sonrió.
-Hah… -rió entre jadeos-. Así que… incluso en mi límite… me superaste.
El silencio cayó sobre Grimolt.
Suli respiraba con dificultad, pero seguía firme.
Había cruzado su propio límite.
Y todos lo sabían.
Esta pelea…
ya no era solo de fuerza.
Era de voluntad, control y propósito.
—
Akram se incorporó lentamente, apoyando una mano en el suelo.
Su respiración era irregular. Su energía seguía desbordándose, pero ya no con la misma estabilidad. Había forzado su cuerpo más allá de lo seguro… y aun así, frente a él, Suli seguía dominando el ritmo.
Cada vez que intentaba atacarla, ella ya no estaba ahí.
No era solo velocidad.
Era anticipación absoluta.
-Maldita sea… -murmuró Akram, apretando los dientes.
Atacó de nuevo, esta vez liberando una oleada de energía frontal, amplia, brutal, sin precisión. El suelo se partió, los árboles cercanos se pulverizaron.
Suli cruzó el ataque como si hubiera visto el futuro. Apareció detrás de él y lo golpeó con el codo en la espalda, obligándolo a avanzar varios pasos.
Akram cayó de rodillas.
Desde Grimolt, un murmullo recorrió a los pueblerinos.
-Lo está… dominando.
Leguer tragó saliva.
-Suli…
Akram golpeó el suelo con el puño.
-¡No… no todavía!
Su energía volvió a elevarse de golpe, de forma peligrosa. Sus músculos se tensaron al límite. Su cuerpo crujió, literalmente.
Suli lo vio.
Y por primera vez desde que activó su máximo… dudó.
-No lo hagas -pensó-. Si sigues así… te vas a matar.
Pero Akram ya no escuchaba.
-¡SI VOY A CAER… NO SERÁ SOLO! -rugió.
Se lanzó con todo lo que le quedaba.
—
Suli esquivó.
Luego otro ataque.
Y otro más.
Pero algo empezó a fallar.
Su respiración se volvió pesada.
Sus músculos ardían.
Su visión se nubló por un instante.
El ritual de Kenzun seguía activo… pero ahora le exigía demasiado.
-No… ahora no… -pensó.
Lerian lo había dicho.
“Tu máximo poder no es solo energía, Suli. Es una carga. Si no lo dominas… te consumirá antes de que ganes.”
Ella apretó los dientes.
Un paso en falso.
Akram lo notó.
-Ah… -sonrió, con sangre en la comisura de los labios-. Así que… aquí está el precio.
Atacó.
Suli logró bloquear, pero el impacto la hizo retroceder. Su cuerpo no respondió como antes. La energía que fluía por ella comenzó a desordenarse.
Kenzun parpadeó.
Desde Grimolt, el alcalde frunció el ceño.
-No… -susurró-. Ya entendí.
Leguer lo miró.
-¿Qué pasa?
-Ella no usó su máximo antes porque… no lo controla del todo. Lo está forzando.
Suli cayó de rodillas por un segundo.
Ese segundo fue suficiente.
—
Akram apareció frente a ella y le dio una patada directa al torso.
Suli salió despedida, rodando por el suelo hasta detenerse cerca del bosque destruido. Intentó levantarse… pero sus piernas temblaron.
Akram avanzó, jadeando, pero con los ojos encendidos.
-¡AHÍ ESTÁS! -gritó-. Tan fuerte… y tan frágil al mismo tiempo.
Suli intentó activar Kenzun de nuevo.
Nada.
El ritual se rompió bajo sus pies.
-Maldición… -susurró.
Akram alzó el puño, concentrando toda la energía que aún le quedaba. Su cuerpo gritaba de dolor, pero ya no le importaba.
-Esta es tu derrota, Suli.
Desde Grimolt, nadie respiraba.
Leguer dio un paso adelante.
-¡No…!
Suli levantó la mirada.
Su cuerpo estaba al límite.
Su energía, inestable.
Su visión, borrosa.
Había tenido la victoria en las manos.
Y ahora…
Estaba contra las cuerdas.
Pero aun así…
No bajó la cabeza.
Apretó el puño.
-Todavía… -pensó- …no he terminado.
—
Akram avanzaba.
Cada paso era pesado, pero firme. Su energía ya no explotaba como antes, ahora estaba comprimida, densa, peligrosa. Había aprendido a estabilizarse lo justo para no caer antes de terminar.
Suli apenas lograba mantenerse consciente.
Intentó incorporarse una vez más… sus brazos temblaron… y volvió a caer de rodillas. El suelo estaba frío. Su respiración era superficial, entrecortada.
-Así que… -dijo Akram, deteniéndose frente a ella- aquí termina todo.
Suli levantó la mirada con esfuerzo. Su visión se duplicaba. El mundo parecía inclinarse.
No tenía energía.
No tenía fuerza.
No tenía margen.
Aun así, sus ojos no mostraban miedo.
Akram frunció el ceño por un instante.
-Debo admitirlo -continuó-. Si no hubiera forzado mi límite… esta pelea habría sido distinta. -Una pausa-. Fuiste la rival más peligrosa que he enfrentado.
Alzó el brazo.
La energía comenzó a concentrarse en su mano, girando como una espiral violenta. El aire vibró. El suelo bajo sus pies se agrietó.
Desde Grimolt, el silencio era absoluto.
Leguer dio un paso al frente, con la voz rota.
-No…
El alcalde cerró los ojos.
Akram descendió el golpe.
Y entonces-
Su brazo se detuvo en seco.
Un espasmo recorrió su cuerpo. Sus ojos se abrieron de par en par.
-¿…qué…?
Su energía colapsó de golpe.
No explotó.
No estalló.
Simplemente se apagó.
Akram cayó de rodillas, respirando con dificultad. Tosió con fuerza… sangre cayó al suelo.
-Gah… -gruñó, llevándose una mano al pecho.
Intentó levantarse.
Sus piernas no respondieron.
-No… ahora no… -susurró.
Su cuerpo tembló una última vez… y cayó de costado, completamente inmóvil.
El impacto resonó seco.
Por unos segundos, nadie entendió lo que había pasado.
Luego, el alcalde abrió los ojos.
-…Su cuerpo.
Leguer lo miró.
-¿Qué?
-No aguantó. -dijo, con voz baja-. Liberó demasiado poder. Lo forzó… y ahora le pasó factura.
Suli respiraba con dificultad, aún de rodillas.
Con el último hilo de conciencia que le quedaba, levantó la mirada.
Akram estaba tendido frente a ella. Vivo… pero incapaz de moverse.
Había ganado.
Ella lo sabía.
Él también.
Akram esbozó una sonrisa débil, apenas visible.
-Heh… -murmuró-. Al final… yo caí primero.
Suli no respondió.
Ya no podía.
Su cuerpo finalmente cedió… y cayó hacia adelante, inconsciente.
Dos guerreros en el suelo.
Dos voluntades llevadas al límite.
Y un pueblo entero que acababa de sobrevivir…
por el precio más alto posible.
—
El silencio cayó sobre Grimolt como algo extraño… casi antinatural.
No hubo gritos de victoria.
No hubo celebraciones.
Ni siquiera alivio inmediato.
Solo el crujir de alguna madera aún ardiendo y el viento moviendo el polvo entre las calles destruidas.
Suli yacía en el suelo, inconsciente, respirando débilmente. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, quemaduras leves, marcas del esfuerzo extremo. Aun así, su expresión era serena, como si al fin hubiera soltado una carga demasiado pesada.
Akram seguía tendido a unos metros de ella.
No se movía.
Su pecho subía y bajaba con dificultad, cada respiración parecía costarle un mundo. El líder de los Rulpens, aquel hombre frío y calculador, ahora no era más que un cuerpo vencido por sus propias decisiones.
Los primeros en acercarse fueron los pueblerinos.
Con miedo.
Con cautela.
Con incredulidad.
Leguer fue el primero en llegar hasta Suli. Se arrodilló a su lado, tragando saliva.
-…Lo logró -susurró-. De verdad lo logró.
El alcalde llegó después, apoyándose en un bastón improvisado. Observó la escena con atención, como si quisiera grabarla en su memoria para no olvidarla nunca.
-No ganó como todos esperaban… -dijo-. Pero ganó como solo ella podía hacerlo.
Algunos guardias rodearon a Akram, apuntándole con armas temblorosas. Nadie se atrevía a tocarlo todavía.
-¿Lo… lo matamos? -preguntó uno, con voz insegura.
El alcalde negó lentamente.
-No. -Miró a Suli-. Ya hubo suficiente hoy.
El viento sopló con más fuerza.
Las llamas que quedaban comenzaron a apagarse solas, como si incluso el fuego entendiera que era momento de detenerse.
Una mujer mayor se acercó, cubriéndose el rostro con las manos.
-Pensé que… que este era el fin.
-Yo también -respondió otro-. Y aun así… seguimos aquí.
Todos miraban a Suli.
No como a una heroína intocable.
No como a una salvadora perfecta.
La miraban como a alguien que dio todo lo que tenía, incluso sabiendo que podía perder.
El alcalde se permitió cerrar los ojos por un segundo.
-No fue la más fuerte… -murmuró-. Fue la que mejor entendió cuándo arriesgar… y cuándo resistir.
A lo lejos, el cielo comenzaba a cambiar de color.
El día seguía.
Grimolt estaba herida.
Las casas dañadas.
La gente, marcada.
Pero seguía en pie.
Y en las afueras de todo…
una chica inconsciente, respirando con dificultad, que sin buscarlo había cambiado el destino de todos.
El silencio ya no pesaba tanto.
Ahora…
era respeto.
—
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