Vornex: Temporada 1 - Capítulo 150
- Inicio
- Todas las novelas
- Vornex: Temporada 1
- Capítulo 150 - Capítulo 150: Capítulo 150: El sendero de las luces y la prueba de poder
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 150: Capítulo 150: El sendero de las luces y la prueba de poder
El sol apenas se alzaba sobre el pequeño pueblo vecino Derboran, iluminando las calles empedradas con una luz cálida. Roger, Selindra y Yercal estaban reunidos en la plaza central, junto a una mesa improvisada con mapas y pergaminos esparcidos por todas partes. La brisa matutina no lograba calmar la tensión que flotaba entre ellos.
-Hoy es el día -dijo Selindra, con la voz firme y segura, señalando un punto en el mapa-. Tenemos que asegurarnos de que todo esté listo antes de salir hacia Beinever. No hay margen de error.
Roger se pasó una mano por el cabello, incómodo, pero manteniendo su postura altiva.
-No es que quiera ir, pero supongo que no tengo otra opción -dijo, con un deje de orgullo-. Ya hablamos, Selindra, acepté ir… así que dejemos de repetirlo.
Selindra lo miró, suspirando, pero asintió.
-Está bien, lo sé -respondió-. Pero necesitamos tu concentración total, Roger. Cada paso cuenta.
Yercal, con su característica calma, se inclinó sobre los mapas y señaló varias rutas.
-Yo iré marcando los puntos críticos. Beinever no es fácil de encontrar si te pierdes -dijo-. Este camino es directo, pero hay zonas donde cualquiera podría tender emboscadas.
Roger frunció el ceño.
-Emboscadas, sorpresas… eso suena como un montón de problemas que podríamos evitar si alguien más fuera.
Selindra le lanzó una mirada que dejaba en claro que no había discusión posible.
-Nadie más sabe la ruta, Roger. Si no vamos nosotros, no habrá forma de que lleguemos a tiempo. Yercal es el único que sabe cómo llegar.
-Ya lo sé -dijo Roger, resignado-. Entonces vamos a hacerlo bien.
Mientras Selindra revisaba suministros y armas, Yercal repasaba mentalmente el trayecto, asegurándose de que cada punto de referencia y cada ruta alternativa estuviera marcado en los pergaminos. La tensión era evidente: cualquiera de ellos sabía que un error podría ser fatal, pero también que confiaban el uno en el otro para que todo saliera bien.
-Todo listo -dijo finalmente Selindra-. Cada uno sabe su papel. Roger, tú serás nuestro avance y defensa principal. Yercal, guía y vigilancia. Yo cubriré la coordinación y la logística.
Roger asintió, guardando su orgullo por el momento.
-Bien, si algo sale mal, no digan que no lo advertí -musitó, pero su tono ya era más serio y comprometido.
Poco después, salieron del pueblo, avanzando por el camino que Yercal había señalado como el más seguro, pero también el más rápido. Cada paso estaba cargado de propósito, y aunque la marcha era lenta para mantener la vigilancia, se sentía la urgencia de llegar a Beinever sin contratiempos.
-Recuerden -dijo Selindra mientras caminaban-, no podemos confiarnos. Yercal, mantente alerta; Roger, controla tu orgullo y no tomes riesgos innecesarios.
-Siempre lo hago -respondió Roger, con un dejo de arrogancia, pero atento-. No estoy aquí para perder.
Yercal, concentrado en el trayecto, murmuró:
-Si llegamos a Beinever, todo este esfuerzo habrá valido la pena. Pero cualquier error nos costará caro.
El sol se elevaba más alto, y mientras avanzaban, cada uno de ellos sentía que la misión no solo pondría a prueba sus habilidades físicas, sino también su capacidad de confiar, coordinarse y mantener la calma bajo presión.
—
El camino hacia Beinever seguía tranquilo, pero no por eso dejaba de ser vigilado. Roger caminaba al frente, con una expresión confiada y los brazos cruzados. Aunque Selindra le había insistido varias veces sobre los peligros, él apenas prestaba atención: se sentía lo suficientemente fuerte como para enfrentar cualquier problema que surgiera.
-Vamos, ¿cuánto puede complicarse? -dijo Roger en voz baja, más para sí mismo que para los demás.
Selindra frunció el ceño, caminando junto a Yercal, quien avanzaba ligeramente delante.
-No lo subestimes -comentó Selindra-. Este terreno puede esconder muchas sorpresas.
Yercal asintió con un gesto serio, observando cada sombra, cada arbusto moviéndose con el viento.
-No es momento para confiarse. Aunque él se sienta fuerte, hay cosas que no podemos prever. Manténganse atentos.
Roger soltó un bufido, pero no dijo nada más. Confiaba en sus habilidades y su poder, así que prefería avanzar con rapidez. Selindra, por su parte, se mantenía alerta, lista para actuar ante cualquier imprevisto. Yercal observaba cada detalle del camino, asegurándose de que el grupo no cayera en ninguna trampa natural ni fuera detectado por posibles enemigos.
El bosque que marcaba el límite de su ruta estaba a la vista. Sus sombras se alargaban con la luz del sol de la mañana, y el aire fresco traía consigo el aroma de la tierra húmeda y la vegetación. Selindra ajustó la mochila y se preparó, mientras Roger seguía confiado, avanzando sin preocuparse demasiado.
-Recuerden mantenerse juntos -dijo Yercal en voz baja-. La entrada al bosque puede ser un lugar donde cualquiera pueda atacarnos, aunque ahora parezca tranquilo.
Roger sonrió con confianza, sin sentirse amenazado.
-Dejen de preocuparse. Puedo con lo que venga.
Selindra suspiró, pero no insistió. Sabía que tarde o temprano Roger entendería que la fuerza no lo cubre todo, y que Beinver podría presentar desafíos que ni él había enfrentado antes. Por ahora, solo debían avanzar con cuidado y mantener la vigilancia.
—
El camino hacia Beinever estaba tranquilo, pero tenso. La llanura frente al pueblo vecino se extendía por kilómetros, y aunque parecía segura, Selindra y Yercal sabían que cualquier error podía ser fatal.
Roger luego de un momento caminaba un poco detrás, relajado, con la seguridad que le daba su fuerza.
-No sé por qué tanta cautela -dijo, mirando los arbustos y rocas-. No creo que alguien nos pueda alcanzar.
Selindra lo miró de reojo, con una mezcla de frustración y paciencia.
-No se trata solo de fuerza, Roger. Se trata de estrategia y precaución. Si alguien nos embosca, tu fuerza no será suficiente para salvarnos a todos.
Roger encogió de hombros.
-Si llegara alguien, tampoco me preocupo. Podría con eso y más.
Yercal, adelante, frunció el ceño.
-No subestimes el camino. La magia oscura y las trampas están por todas partes. Mi trabajo es guiarlos, y el suyo es seguir instrucciones.
Roger bufó, pero no dijo más. Confiaba en sí mismo, sí, pero comenzaba a notar que la seriedad de Selindra y Yercal no era para tomarla a la ligera.
A medida que se acercaban a la entrada del bosque que marcaba la ruta directa a Beinever, la luz cambiaba, filtrándose entre las hojas, creando sombras que se movían con el viento. Selindra ajustó su mochila y revisó sus armas, mientras Roger mantenía una postura relajada pero alerta.
-Mantengámonos juntos -ordenó Selindra-. Roger, retaguardia. Yercal, adelante. Yo cubriré los lados.
-Sí, sí -dijo Roger con una sonrisa confiada-. Vamos, no creo que esto sea gran cosa.
Un crujido rompió la tranquilidad. Los tres se detuvieron. Yercal alzó la mano.
-Silencio. Alguien está cerca.
Roger frunció el ceño, pero no perdió su seguridad.
-Bien, que aparezca. No tengo miedo.
Selindra respiró hondo, calmando su propio nerviosismo y el del grupo.
-Cada paso cuenta. Con cuidado podremos superar esto.
Mientras avanzaban lentamente, la coordinación del grupo se volvía evidente. Roger confiaba en su fuerza, Selindra protegía y coordinaba, y Yercal guiaba, atento a cualquier peligro. Aunque Roger aún no sabía todo lo que le esperaba, ese viaje comenzaba a enseñarle que fuerza no era lo único necesario.
—
El grupo avanzaba con cautela entre los árboles del bosque. La luz apenas llegaba al suelo, y cada sombra parecía moverse con vida propia. Yercal se detuvo de repente, levantando la mano.
-Hay algo adelante -susurró-. No es natural.
Roger frunció el ceño.
-¿Un animal? No parece nada que no pueda manejar.
Selindra lo miró con severidad.
-No es un animal. Estén atentos.
A unos metros, el suelo comenzó a temblar levemente. De repente, varias raíces y ramas se levantaron como si fueran serpientes, bloqueando el camino y balanceándose con velocidad.
-¡Trampa! -alertó Yercal-. Esto es magia oscura, diseñada para atrapar a cualquiera que pase sin cuidado.
Roger se preparó para embestirlas.
-Déjenme a mí, me encargaré de eso.
Antes de que pudiera reaccionar, Selindra lo sujetó del brazo.
-¡Espera! No puedes simplemente usar fuerza bruta. Si golpeas las raíces, podrían activarse más trampas o dañar el camino.
Roger se apartó, algo frustrado, mientras Yercal avanzaba y estudiaba el patrón de movimiento de las raíces.
-Tenemos que movernos sincronizados -explicó-. Si lo hacemos con precisión y agilidad, podremos pasar sin activar más trampas.
Selindra señaló a Roger.
-Tú te mueves al centro, yo cubro los lados, Yercal guía el ritmo.
Roger resopló, pero obedeció. Mientras avanzaban, cada paso era calculado. Roger pronto se dio cuenta de que aunque era fuerte, si se apresuraba, podría quedar atrapado o herido. La coordinación, la observación y la técnica de Selindra y Yercal eran igual de importantes que su propia fuerza.
Después de varios minutos de pasos precisos y silenciosos, lograron pasar las raíces sin activar ninguna trampa adicional. Roger respiró hondo, sorprendiendo incluso a sí mismo.
-Nunca pensé que… -empezó a decir, pero Selindra lo interrumpió-. Esto es solo el comienzo. Recuerda, fuerza no lo es todo.
Roger asintió, más consciente de que este viaje no sería tan simple como creía. Aun confiado en su poder, empezaba a entender que la combinación de estrategia, observación y habilidades de los demás era lo que realmente mantenía al grupo a salvo.
-Bien -dijo Yercal-. Continuemos. El camino hacia Beinever aún no termina, y cada paso nos acercará más a lo que buscamos.
—
El sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas cuando los tres viajeros siguieron su marcha. El aire del bosque se volvió más denso, y un silencio inquietante los rodeó.
Yercal se detuvo de golpe.
-Esperen… -susurró, agachándose para revisar unas huellas frescas en el suelo-. Esto no es de humanos.
Roger se adelantó, mirando con curiosidad.
-¿Qué? ¿Lobos? ¿Osos?
Yercal negó lentamente.
-Tigres dorados. Criaturas de este bosque. Son territoriales y no toleran intrusos.
Apenas terminó de decirlo, un rugido poderoso resonó entre los árboles. De la maleza surgieron tres enormes tigres, de pelaje dorado y garras plateadas que brillaban bajo la luz del sol filtrada entre las ramas. Sus ojos eran afilados, casi metálicos, y su respiración pesada hacía vibrar el aire.
Selindra retrocedió un paso, tensando el arco que llevaba a la espalda.
-¡Nos rodearon!
Yercal retrocedió también, pero Roger se mantuvo firme, sin mostrar miedo.
-Tranquilos… déjenme esto a mí.
Los tigres comenzaron a acercarse con pasos pesados. Uno de ellos rugió, lanzándose directo hacia Roger. Pero el golpe nunca llegó. Roger lo esquivó con un giro rápido y le propinó un puñetazo seco en el costado, mandándolo al suelo con un gruñido ahogado.
Los otros dos atacaron al mismo tiempo. Roger dio un salto hacia atrás, apoyó una mano en el suelo y lanzó una descarga eléctrica que recorrió la tierra. Uno de los tigres cayó paralizado, el otro retrocedió aturdido, con el pelaje erizado por la electricidad.
-No se preocupen -dijo Roger con una sonrisa confiada, bajando los puños-. Solo los dormiré un rato. No los mataré.
Selindra lo observó sorprendida, mientras Yercal no podía evitar una pequeña sonrisa.
-Supongo que a veces tener a alguien impulsivo tiene sus ventajas…
-Lo ves -respondió Roger, con un tono entre orgulloso y burlón-, también se necesita un poco de poder en este grupo.
Cuando los tigres cayeron inconscientes, el bosque volvió al silencio. Los tres siguieron caminando, adentrándose en una zona más densa. A medida que avanzaban, la luz natural comenzó a desvanecerse, reemplazada por un brillo suave que emanaba de miles de pequeñas luces flotando entre los árboles.
-¿Qué… es esto? -preguntó Selindra maravillada.
-Luciérnagas místicas -explicó Yercal en voz baja-. Emiten polvo mágico que afecta la mente. No se acerquen demasiado o escucharán cosas que no deberían.
Aun así, las pequeñas luces se acercaron a ellos, iluminando suavemente el camino. Las voces comenzaron a susurrar entre las hojas:
“Beinever… el destino los espera… caminen… y descubrirán lo que buscan…”
Yercal se estremeció.
-Nos están guiando. Dicen que en Beinever encontraremos lo que buscamos… y que debemos seguir.
Roger arqueó una ceja, mirando hacia arriba.
-¿Guiándonos? O hipnotizándonos. Esas cosas parecen más entrometidas que sabias.
Selindra sonrió, sin apartar la vista del espectáculo luminoso.
-Sea lo que sea, es hermoso… y creo que nos quieren ayudar.
El polvo mágico desapareció cuando salieron del bosque, y por primera vez en horas, sintieron el aire libre y cálido. Sin embargo, la calma no duró.
Yercal levantó la mano, deteniéndolos de nuevo.
-Esperen. Miren eso.
A unos metros había un campamento improvisado, con carpas rotas y hogueras recién apagadas. Había señales de movimiento reciente.
-Esto está muy fresco… -dijo Yercal con tono bajo-. Hace unas horas, como mucho.
Roger no parecía preocupado.
-Bah, seguro es de algún grupo de cazadores.
Pero entonces, una voz ronca los interrumpió:
-¿Y ustedes qué hacen en nuestro campamento?
De entre los árboles salieron varios hombres armados, con tatuajes y armaduras gastadas. Eran bandidos. Uno de ellos se adelantó con una sonrisa burlona.
-Si no quieren morir aquí, entreguen todo lo que tengan.
Selindra tensó su arco. Yercal dio un paso atrás, preparando un hechizo. Pero Roger simplemente se adelantó, con una sonrisa fría.
-Tienen tres segundos para quitarse del camino.
Los bandidos rieron.
-¿Y qué vas a hacer, mocoso?
Roger no contestó. Solo desapareció un instante. El bandido que había hablado salió volando varios metros, cayendo inconsciente entre los matorrales.
Roger se giró hacia los demás.
-¿Alguien más quiere probar suerte?
El silencio se apoderó del lugar. Los bandidos se miraron entre ellos, aterrados, y comenzaron a retroceder lentamente.
-E-está bien… nos vamos…
Selindra suspiró.
-A veces me olvido de lo intimidante que puedes ser.
Roger sonrió.
-Ya te acostumbrarás.
Yercal señaló hacia el horizonte, donde las montañas se abrían en un valle.
-Beinever está más allá de ese paso. Si seguimos el camino, llegaremos en menos de una hora.
-Perfecto -respondió Roger, ajustando su guantelete-. Cuanto antes lleguemos, antes terminamos con esto.
Y así, el grupo se puso nuevamente en marcha, sin saber que el verdadero desafío aún los esperaba en el corazón de Beinever.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com