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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 151

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Capítulo 151: Capítulo 151: Bajo una calma frágil

La mañana llegó sin prisas.

No hubo alarmas, ni gritos, ni entrenamientos tempranos. Solo el sonido suave del viento entrando por las ventanas abiertas y la luz colándose poco a poco entre las paredes del lugar donde se hospedaban.

Liam fue el primero en abrir los ojos.

Se quedó unos segundos mirando el techo, inmóvil, como si su cuerpo ya estuviera despierto pero su mente todavía no quisiera levantarse del todo. Afuera, el día parecía tranquilo. Demasiado tranquilo, incluso.

—Otro día más… —murmuró para sí, casi sin voz.

Se sentó al borde de la cama y respiró hondo. Todo estaba en calma, pero esa calma no lo tranquilizaba. Era como si estuviera parada sobre algo frágil, algo que podía romperse en cualquier momento.

Unos pasos se acercaron.

—¿Ya despierto? —dijo Eiden desde la puerta, con su tono habitual, tranquilo pero firme.

—Sí… —respondió Liam, forzando una pequeña sonrisa—. ¿Y ustedes?

Karl apareció detrás de Eiden, estirándose mientras bostezaba.

—Hace rato. Pensábamos salir un poco, aprovechar que hoy no hay nada planeado.

Nada planeado.

Esa frase le quedó dando vueltas a Liam.

—Suena bien —dijo, levantándose—. Necesitaba aire.

Salieron juntos. El clima era agradable, el cielo despejado, y por un momento todo parecía… normal. Como si no estuvieran en otro mundo, como si no hubiera amenazas esperando más adelante.

Caminaron sin rumbo fijo, dejando que el sendero los guiara.

—¿Alguna vez pensaron en qué van a hacer cuando todo esto termine? —preguntó Eiden de pronto, rompiendo el silencio.

Liam parpadeó, sorprendido.

—¿A qué te refieres?

—Cuando volvamos —aclaró—. A casa.

Karl asintió, cruzando los brazos detrás de la cabeza.

—Sí. Volver a lo de antes… o intentar hacerlo, al menos.

Liam bajó un poco la mirada.

—Supongo que… seguir estudiando —dijo—. Terminar todo lo que dejamos a medias.

—Yo también —respondió Karl—. No quiero quedarme estancado.

Eiden miró al frente antes de hablar.

—Yo quiero ir más lejos. No sé cómo explicarlo, pero… después de todo esto, no creo poder conformarme con menos.

No hubo tensión en sus palabras, pero Liam la sintió igual.

No porque fueran duras.

Sino porque eran claras.

Siguieron caminando un rato más, hasta que Eiden propuso:

—¿Salimos un poco más? Hay una zona abierta cerca. Aire libre de verdad.

—Vamos —dijo Karl sin pensarlo.

Liam dudó apenas un segundo… y luego asintió.

Mientras avanzaban, Liam los observaba de reojo.

Eiden caminaba con seguridad. Karl hablaba con naturalidad, como si todo fuera parte de un plan invisible que ya estaba en marcha.

Y él…

Él solo caminaba.

No era que se sintiera excluido. Nadie lo apartaba. Nadie lo miraba raro.

Pero aun así, había algo que no encajaba.

Eiden y Karl lo sabían.

No lo decían, pero lo sabían.

Liam no estaba preparado.

No como ellos.

No para lo que venía.

No porque fuera débil.

Sino porque nunca había querido pelear.

Y eso… en el fondo, era lo que más pesaba.

Liam sonrió de nuevo, como si nada pasara.

Por fuera, todo estaba bien.

Por dentro, algo empezaba a resquebrajarse.

Y todavía nadie lo decía en voz alta.

—

El camino hacia la zona abierta no era largo, pero tampoco estaban apurados.

Beinever despertaba con tranquilidad. Algunos guerreros cruzaban los senderos con paso firme, otros conversaban cerca de los edificios principales, y a lo lejos se escuchaba el sonido de metal chocando suavemente, señal de que algunos ya habían empezado a entrenar.

Pero ninguno de los tres se dirigía hacia allí.

—Por aquí —dijo Eiden, desviándose por un sendero menos transitado.

El camino terminaba en una pequeña colina cubierta de hierba. Desde allí se podía ver gran parte de los alrededores de Beinever: el bosque extendiéndose hacia el horizonte, algunas montañas a lo lejos y el cielo completamente despejado.

Karl se dejó caer sobre la hierba sin pensarlo demasiado.

—Esto sí que se necesitaba —dijo, mirando el cielo—. Después de todo lo que ha pasado, un día tranquilo no viene mal.

Eiden permaneció de pie un momento más antes de sentarse también.

Liam se quedó observando el paisaje.

Era extraño.

Todo se veía tan normal que casi parecía que nada de lo que habían vivido hubiera ocurrido.

—Cuando volvamos… —dijo Karl de repente—, dudo que podamos volver a ver las cosas igual.

Eiden asintió.

—Seguro que no.

Liam se sentó finalmente cerca de ellos.

—Tal vez sea mejor así —respondió—. Si todo esto no cambia algo… entonces habría sido inútil.

Karl soltó una pequeña risa.

—Mira quién se puso filosófico.

Liam sonrió apenas.

Pero Eiden no se rió.

Su mirada estaba fija en el horizonte, pensativa.

—No todos cambian de la misma manera —dijo al cabo de unos segundos.

El comentario fue tranquilo, casi casual. Pero Karl entendió lo que quería decir.

Hubo un breve silencio.

No incómodo… pero sí pesado.

Karl rompió la pausa estirándose un poco.

—De todos modos, todavía queda mucho por delante. Esto apenas empieza.

Eiden miró a Liam un instante.

No fue una mirada dura.

Ni de reproche.

Pero sí de evaluación.

Como si estuviera intentando entender algo.

Liam lo notó.

Desvió la mirada hacia el paisaje otra vez.

Sabía lo que pensaban.

No necesitaba que se lo dijeran.

Eiden y Karl estaban cambiando. Mejorando. Adaptándose a todo lo que habían vivido.

Y él…

Él todavía intentaba convencerse de que todo estaba bajo control.

—Oigan —dijo Liam de repente, intentando aligerar el ambiente—. Cuando volvamos, podríamos reunirnos de vez en cuando. No desaparecer cada uno por su lado.

Karl levantó una ceja.

—¿Una especie de reunión anual?

—Algo así —respondió Liam—. Sería raro que después de todo esto… simplemente cada uno siguiera su camino.

Karl sonrió.

—Bueno, eso sí sería raro.

Eiden no respondió enseguida.

—Dependerá de lo que pase antes —dijo finalmente.

Otra frase simple.

Pero otra vez, Liam sintió que pesaba más de lo que parecía.

El viento movía suavemente la hierba de la colina.

El día seguía siendo tranquilo.

Pero bajo esa calma, algo estaba cambiando entre los tres.

Algo pequeño.

Algo que ninguno quería señalar.

Pero que todos empezaban a notar.

—

El viento corría suave sobre la colina.

La hierba se movía lentamente bajo la luz del sol, y desde allí arriba Beinever parecía todavía más tranquila de lo que ya era. A lo lejos, algunas figuras entrenaban, pero el sonido apenas llegaba hasta donde estaban ellos.

Liam se levantó primero.

—Voy a caminar un poco —dijo, señalando hacia un lado de la colina—. Desde allá se ve mejor el bosque.

—No te vayas muy lejos —respondió Karl con una media sonrisa.

—Tranquilo.

Liam se alejó unos metros, dejando a Eiden y Karl sentados en la hierba.

Durante un momento ninguno de los dos habló.

El silencio no era incómodo, pero sí pensativo.

Karl fue el primero en romperlo.

—Lo notaste, ¿verdad?

Eiden no respondió enseguida. Seguía mirando hacia el horizonte.

—Sí.

Karl suspiró y se dejó caer hacia atrás, apoyando los brazos en el suelo.

—No me gusta pensar así.

—A mí tampoco —dijo Eiden finalmente.

Karl giró un poco la cabeza para mirarlo.

—Pero es verdad.

Eiden asintió apenas.

—Liam… no está preparado.

Las palabras no fueron duras.

Fueron simplemente honestas.

Karl apretó los labios.

—Y nosotros tampoco estamos seguros de estarlo.

—No —admitió Eiden—. Pero hay una diferencia.

Karl sabía cuál era antes incluso de que la dijera.

—Nosotros pelearíamos aunque no estuviéramos listos.

Eiden asintió.

—Daríamos todo.

Karl miró hacia donde estaba Liam caminando.

—Él no.

La frase quedó flotando en el aire.

No había desprecio en ella.

Ni enfado.

Solo preocupación.

—Liam nunca ha sido así —continuó Karl—. Nunca le gustaron las peleas. Ni los enfrentamientos. Siempre fue el que intentaba calmar las cosas.

—Lo sé —respondió Eiden.

El viento sopló un poco más fuerte por un momento.

—Aunque tenga poder… —dijo Karl, pensativo—, no significa que pueda usarlo cuando realmente importe.

Eiden cerró un momento los ojos.

—Eso es lo que me preocupa.

Karl guardó silencio.

—No quiero perderlo —añadió Eiden en voz más baja.

Karl lo miró.

—Ni yo.

Ambos volvieron a mirar hacia donde estaba Liam.

Él estaba de pie cerca del borde de la colina, observando el paisaje.

Parecía tranquilo.

Pero no lo estaba.

No había escuchado toda la conversación.

Solo algunas palabras sueltas que el viento arrastró hasta donde estaba.

“…no está preparado…”

“…cuando realmente importe…”

“…Liam nunca ha sido así…”

Eso fue suficiente.

Liam bajó la mirada lentamente.

No estaba enfadado.

En realidad… sabía que tenían razón.

Sus manos se cerraron ligeramente.

Eiden y Karl estaban cambiando.

Habían aceptado el tipo de mundo en el que estaban ahora.

Él, en cambio, todavía intentaba actuar como si todo fuera temporal. Como si, en algún momento, simplemente fueran a despertar y volver a su vida normal.

—Tal vez… —murmuró para sí.

Se detuvo un segundo.

—Tal vez sí estoy un paso atrás.

El pensamiento le pesó más de lo que esperaba.

Pero en lugar de rechazarlo, lo dejó quedarse ahí.

Si quería seguir caminando junto a ellos…

tenía que cambiar algo.

Tenía que mejorar.

No para demostrarles nada.

Sino para no convertirse en una carga.

Respiró hondo y levantó la vista otra vez hacia el horizonte.

Por ahora, nadie tenía que saberlo.

Esto era algo que tenía que resolver él mismo.

Aunque… en el fondo, una parte de él sabía que no sería tan sencillo.

Porque había algo que todavía no quería admitir.

Miedo.

Un miedo profundo a no estar a la altura cuando realmente llegara el momento.

Pero por ahora…

—No pasa nada —se dijo en voz baja.

Y trató de convencerse de que era verdad.

A unos metros detrás de él, Eiden y Karl seguían sentados en la hierba.

El día continuaba tranquilo.

Pero algo entre los tres había cambiado.

Y ninguno de ellos sabía todavía cuánto iba a pesar ese cambio cuando todo empezara de verdad.

—

Liam se quedó unos momentos más mirando el paisaje antes de volver.

El bosque se extendía a lo lejos como un mar verde, moviéndose suavemente con el viento. Desde esa distancia, todo parecía simple. Como si el mundo fuera solo árboles, cielo y caminos abiertos.

Nada de amenazas.

Nada de decisiones difíciles.

Pero sabía que no era así.

Respiró hondo una vez más y se dio la vuelta, caminando de regreso hacia donde estaban Eiden y Karl.

Ellos seguían sentados en la hierba.

Karl estaba arrancando pequeñas hojas del suelo distraídamente, mientras Eiden observaba el horizonte con esa expresión pensativa que últimamente se había vuelto más común en él.

—¿Encontraste la vista perfecta? —preguntó Karl cuando Liam se acercó.

Liam sonrió un poco.

—No mucho más diferente de aquí.

—Entonces nos quedamos con este lugar —dijo Karl, levantándose.

Eiden también se puso de pie.

Por un momento, los tres simplemente se quedaron allí, sin decir nada más.

Luego comenzaron a caminar de regreso hacia Beinever.

El sendero descendía lentamente por la colina y los llevaba de vuelta hacia los edificios del lugar. A medida que se acercaban, el sonido de la actividad cotidiana volvía a hacerse más claro.

Algunos entrenaban en los campos abiertos.

Otros conversaban cerca de las estructuras de piedra.

La vida en Beinever seguía moviéndose.

—Tal vez deberíamos entrenar un poco más tarde —dijo Karl de repente—. Si vamos a quedarnos aquí un tiempo, no tiene sentido relajarse demasiado.

Eiden asintió.

—Sí. Pero sin exagerar.

Karl soltó una pequeña risa.

—Eso lo dices tú.

Liam caminaba unos pasos detrás de ellos, escuchando.

La conversación era normal. Natural. Como siempre.

Y aun así… algo se sentía distinto.

Las palabras no eran el problema.

Era lo que había entre ellas.

—¿Te apuntas? —preguntó Karl mirando hacia atrás.

Liam levantó la vista.

—Claro.

La respuesta salió rápida.

Tal vez demasiado rápida.

Pero ninguno de los otros dos comentó nada.

Continuaron caminando.

El camino de regreso no era largo, y pronto estaban otra vez entre los edificios de Beinever.

Mientras cruzaban el patio principal, Liam notó algo.

A cierta distancia, Yon y Teneb estaban hablando entre ellos.

No parecían estar discutiendo ni entrenando.

Solo conversaban… con una seriedad que no pasaba desapercibida.

Karl también los vio.

—Esos dos siempre parecen estar planeando algo —comentó en voz baja.

Eiden observó un momento más.

—Probablemente lo estén.

Yon levantó la mirada brevemente y los vio pasar.

No dijo nada.

Pero su mirada se detuvo un segundo más en ellos antes de volver a su conversación con Teneb.

Fue un gesto pequeño.

Casi imperceptible.

Pero suficiente para dejar claro algo.

Mientras algunos descansaban, pensaban en el futuro o simplemente trataban de entender lo que estaba pasando…

Otros ya estaban moviendo piezas.

El día seguía siendo tranquilo en Beinever.

Pero esa tranquilidad no iba a durar para siempre.

Y aunque los tres caminaban juntos, cada uno llevaba pensamientos muy distintos en la cabeza.

El verdadero camino que tenían por delante todavía no había comenzado.

Pero estaba cada vez más cerca.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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