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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 154

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Capítulo 154: Capítulo 154: Donde nace el control

Liam mantuvo los ojos cerrados, respirando con calma, intentando replicar la sensación de antes.

Silencio.

El Santuario parecía contener la respiración junto a él.

Durante unos segundos… nada ocurrió.

—No fuerces nada —dijo Teneb con voz tranquila—. Si intentas obligarla a salir, solo conseguirás lo contrario.

Liam asintió levemente, aunque Teneb sabía que ya estaba demasiado concentrado como para responder.

Entonces…

Una pequeña chispa apareció.

La energía comenzó a reunirse en su pecho, débil al principio… pero diferente. Más inestable.

—Eso es… —murmuró Teneb—. Pero mantén el control…

La chispa creció.

Y creció.

Y creció.

Demasiado rápido.

—Liam… —advirtió Teneb, cambiando el tono—. Detente.

Pero ya era tarde.

La energía explotó alrededor de Liam como una onda expansiva. El suelo del Santuario vibró, las runas se encendieron y el aire se volvió caótico.

La marca de la V apareció de golpe en su pecho, brillando con una intensidad mucho mayor que antes.

Liam abrió los ojos, alterado.

—¡No… no puedo—!

La energía se descontroló por completo.

Columnas de luz azul chocaban contra las paredes, los vitrales temblaban, y una grieta comenzó a formarse en el suelo bajo sus pies.

—¡Liam, mírame! —ordenó Teneb con firmeza.

Pero Liam no escuchaba.

Respiraba agitado, con los ojos abiertos de par en par, completamente sobrepasado.

—¡No sé cómo parar esto! —gritó.

La presión aumentó aún más.

Por un instante…

Pareció que todo el Santuario iba a ceder.

Teneb lo vio.

Y se quedó completamente en silencio.

No por miedo…

Sino por sorpresa.

—…Esto… —susurró—

Había visto poder. Había sentido energía descontrolada antes.

Pero no así.

No de esa forma.

No a ese nivel.

—Estuvo a punto de… —no terminó la frase.

No hacía falta.

Reaccionó al instante.

Se movió rápido, colocándose frente a Liam, y extendió ambas manos, liberando su propia energía, pero esta vez no para atacar… sino para contener.

—¡Escúchame, Liam! —dijo con firmeza—. ¡No intentes detenerla a la fuerza! ¡Eso solo la hará crecer más!

Liam lo miró, desesperado.

—¡Entonces qué hago!

—¡Respira! —ordenó Teneb—. ¡Haz lo mismo que antes! ¡Siente la energía, no luches contra ella!

La energía seguía expandiéndose, pero comenzó a vacilar levemente.

—¡No eres el único que pasó por esto! —continuó Teneb—. Yo también estuve ahí.

Liam parpadeó, confundido en medio del caos.

—No sabía controlar mi poder… —dijo Teneb, manteniendo la presión—. Perdía el control, me superaba… igual que a ti ahora.

La energía empezó a disminuir ligeramente.

—Pero no estuve solo —añadió—. Suli… y mis compañeros… me ayudaron a dominarlo.

Dio un paso más cerca, sin apartar la mirada.

—Y ahora… yo voy a hacer lo mismo contigo.

El tono de su voz cambió.

Ya no era solo firme.

Era… seguro.

—No estás solo en esto, Liam.

El silencio comenzó a abrirse paso entre el caos.

Liam cerró los ojos con fuerza, respirando como podía.

Una vez.

Otra.

Otra más.

Poco a poco… la energía comenzó a retroceder.

Las luces disminuyeron.

Las grietas dejaron de expandirse.

Y finalmente…

Todo se detuvo.

El Santuario volvió a la calma.

La marca de la V se desvaneció lentamente del pecho de Liam.

Liam cayó de rodillas, agotado, respirando con dificultad.

Teneb permaneció de pie frente a él, observándolo en silencio durante unos segundos.

Luego… sonrió levemente.

—Nada mal… para ser la primera vez.

Liam soltó una pequeña risa entrecortada, todavía temblando.

—Casi destruyo todo…

Teneb miró alrededor. Las paredes seguían en pie… por poco.

—Sí… —admitió—. Por poco.

Hizo una pausa, volviendo a mirarlo.

—Pero también… estuviste a punto de controlarlo.

Liam levantó la vista, sorprendido.

Teneb asintió.

—Y eso… es lo importante.

Se dio la vuelta, caminando unos pasos mientras cruzaba los brazos.

—Ahora ya lo sabes —continuó—. Esto no será fácil. Tu poder no es normal… y tampoco lo será tu entrenamiento.

Se detuvo.

—Pero si logras controlarlo…

Giró ligeramente la cabeza.

—No habrá nadie que pueda detenerte.

El silencio volvió al Santuario.

Pero esta vez… no era pesado.

Era el silencio de algo que acababa de comenzar de verdad.

—

El silencio en el Santuario ya no era tenso… pero tampoco era ligero.

Era un silencio de esos que aparecen después de algo importante.

Liam seguía de rodillas, con la respiración aún agitada. Sus manos temblaban levemente, no solo por el esfuerzo… sino por lo que había sentido.

Ese poder.

Esa pérdida de control.

Ese momento en el que, por un instante… no supo qué podía pasar.

—…Lo sentí —murmuró, casi para sí mismo.

Teneb, que estaba a unos pasos de distancia, lo escuchó.

—¿El qué?

Liam tardó en responder.

—Como si… no fuera yo el que lo controlaba —dijo finalmente—. Era como si algo más… tirara de esa energía.

Teneb no respondió de inmediato. No parecía sorprendido… pero tampoco tranquilo.

—Eso es exactamente lo que tenemos que evitar —dijo con calma—.

Se acercó y se apoyó contra una de las columnas, sin perder de vista a Liam.

—Cuando el poder te supera, deja de ser una herramienta… y se convierte en un peligro. No solo para los demás… también para ti.

Liam bajó la mirada.

—Entonces… ¿qué hago? —preguntó, más sincero que antes—. Porque… no sé por dónde empezar.

Teneb esbozó una leve sonrisa.

—Por eso estás aquí.

Se enderezó y dio un par de pasos, adoptando de nuevo esa presencia firme de maestro.

—No vamos a entrenar tu poder directamente… todavía —explicó—. Primero vamos a entrenarte a ti.

Liam frunció el ceño, confundido.

—¿A mí?

—Sí —asintió Teneb—. Tu cuerpo, tu mente… tu control. Si eso falla, tu poder también fallará.

Señaló el suelo del Santuario, donde aún quedaban marcas de la energía liberada.

—Lo que pasó antes no fue porque tu poder sea demasiado grande… fue porque tú aún no estás preparado para sostenerlo.

Liam apretó los puños, pero no discutió. Sabía que tenía razón.

—El entrenamiento tendrá fases —continuó Teneb—. Y no vamos a saltarnos ninguna.

Levantó un dedo.

—Primera fase: estabilidad. Controlar tu respiración, tu concentración… y mantener tu energía sin que se dispare.

Otro dedo.

—Segunda fase: canalización. Aprenderás a dirigir esa energía a donde tú quieras… sin perder el control.

Un tercero.

—Y la última… —hizo una breve pausa—. Liberación. Ahí es donde realmente usarás ese poder.

Liam levantó la mirada.

—¿Y cuánto tiempo tomará?

Teneb soltó una leve risa.

—Eso depende de ti.

Se cruzó de brazos.

—Algunos tardan años. Otros meses. Pero tú… —lo miró fijamente— no tienes ese lujo.

El ambiente volvió a volverse serio.

—Tenemos amenazas ahí fuera que no van a esperar a que estés listo. Así que vamos a avanzar lo más rápido posible… sin perder el control.

Liam respiró hondo.

Ya no estaba temblando.

—Entonces… empezamos ahora.

Teneb sonrió, esta vez con aprobación.

—Esa es la actitud.

Se dio la vuelta y caminó hacia el centro del Santuario.

—Levántate. Vamos a repetir el ejercicio… pero esta vez no quiero ver ni una chispa fuera de control.

Liam se puso de pie, aún cansado… pero diferente.

Más centrado.

Más consciente.

Cerró los ojos.

Respiró.

Y esta vez… no pensó en el poder.

Pensó en controlarlo.

El aire volvió a vibrar levemente…

Pero esta vez… no había caos.

Solo el inicio de algo mucho más sólido.

Y Teneb, observando en silencio, lo supo.

Este camino sería difícil…

Pero Liam…

Ya había dado el primer paso de verdad.

—

Liam cerró los ojos nuevamente.

Esta vez no había prisa.

No había desesperación.

Solo respiración.

Inhaló…

Exhaló…

Intentó repetir lo que había sentido antes, pero sin forzarlo. Sin empujar la energía.

Durante unos segundos… todo parecía estable.

El aire a su alrededor apenas vibraba. Nada se rompía, nada explotaba.

Teneb lo observaba en silencio, sin intervenir.

—Bien… —murmuró—. Así está mejor.

Liam, al escuchar eso, sintió una pequeña seguridad crecer dentro de él.

Lo estoy haciendo bien…

Y fue justo ahí…

Cuando todo empezó a fallar.

Una pequeña chispa apareció en su mano derecha.

Tan leve… que parecía inofensiva.

Liam no se dio cuenta.

Pero Teneb sí.

—No te confíes —dijo de inmediato.

Liam abrió un poco los ojos, desconcentrándose por un instante.

—¿Qué—?

La chispa creció apenas un poco más.

Nada grave.

Nada como antes.

Pero suficiente.

Teneb dio un paso al frente y, con un movimiento rápido, desvió la energía con su propia mano, disipándola en el aire como si nunca hubiera existido.

El Santuario volvió a quedar en calma.

Liam lo miró, confundido.

—Pero… si estaba bien…

Teneb negó lentamente.

—Eso es lo que crees.

Se acercó y lo miró directamente.

—Ese es el problema, Liam. No estás perdiendo el control de forma explosiva ahora… pero tampoco lo estás controlando.

Señaló su mano.

—Esa chispa no la creaste tú. Se escapó.

El silencio cayó de nuevo.

Liam bajó la mirada, entendiendo poco a poco.

—Controlar el poder no es solo evitar que explote —continuó Teneb—. Es no permitir que haga absolutamente nada que tú no decidas. Ni una chispa. Ni un movimiento. Nada.

Liam apretó los puños.

—Entonces… ¿lo estaba haciendo mal?

Teneb lo miró unos segundos… y luego negó con calma.

—No.

Eso hizo que Liam levantara la vista.

—Lo estabas haciendo mejor —aclaró—. Pero no es suficiente.

Se cruzó de brazos.

—Este es el tipo de error que mata a los guerreros en combate. No el gran fallo… sino el pequeño que no ves venir.

Las palabras se quedaron en el aire.

Liam tragó saliva.

—Otra vez —dijo Teneb.

Liam asintió.

Volvió a cerrar los ojos.

Respiró.

Intentó concentrarse aún más.

Más profundo.

Más preciso.

Pero esta vez…

No pasó nada.

Ni chispa.

Ni energía.

Nada.

El silencio se volvió incómodo.

Liam abrió un ojo.

—Ahora… no sale nada.

Teneb soltó una leve risa.

—Bienvenido al entrenamiento real.

Se acercó un poco más.

—O te descontrolas… o no puedes hacer nada. Ese es el punto en el que estás ahora.

Liam suspiró, frustrado.

—Genial…

—Y completamente normal —añadió Teneb—.

Se giró, caminando lentamente alrededor de él.

—Tu cuerpo todavía no entiende ese poder. A veces se adelanta… y otras veces lo bloquea. Hasta que no lo equilibres… no habrá control real.

Liam bajó la cabeza unos segundos…

Pero luego volvió a levantarla.

—Entonces sigo.

Teneb sonrió levemente.

—Exacto.

Se detuvo frente a él.

—Y te aviso desde ya… esto no va a ser rápido.

Su tono se volvió más serio.

—Vas a fallar muchas veces. Te vas a frustrar. Vas a sentir que no avanzas…

Hizo una breve pausa.

—Pero si no te rindes… vas a dominarlo.

Liam respiró hondo una vez más.

Cerró los ojos.

Y lo intentó otra vez.

Sin prisa.

Sin expectativas.

Solo… paso a paso.

Y Teneb, observando en silencio, lo tenía claro.

Esto ya no era una cuestión de poder.

Era una cuestión de constancia.

Y ese…

Era el verdadero comienzo del entrenamiento.

—

El tiempo empezó a pasar…

Sin que ninguno de los dos lo notara realmente.

Intento tras intento.

Respirar… concentrarse… fallar.

Otra vez.

Y otra.

Y otra más.

A veces una chispa se escapaba.

Otras veces no ocurría absolutamente nada.

Y en medio de todo eso… frustración.

Liam apretó los dientes en uno de los intentos, bajando la cabeza.

—No está funcionando…

Teneb no respondió de inmediato.

Simplemente lo observó.

—Sí está funcionando —dijo finalmente.

Liam levantó la mirada, cansado.

—¿Dónde?

Teneb dio un paso al frente.

—Antes perdías el control en segundos. Ahora puedes mantenerte estable más tiempo. Antes explotabas… ahora fallas en silencio.

Hizo una pausa.

—Eso también es progreso.

Liam no parecía convencido… pero tampoco discutió.

Cerró los ojos una vez más.

Respiró.

Esta vez más lento.

Más profundo.

Sin pensar en hacerlo bien…

Sin pensar en fallar.

Solo… hacerlo.

El Santuario quedó en completo silencio.

Y entonces…

Apareció.

Una pequeña chispa de energía.

Pero esta vez…

No creció.

No se descontroló.

No escapó.

Se mantuvo ahí.

Estable.

Suspendida sobre la palma de su mano.

Liam abrió los ojos lentamente…

Y la vio.

No dijo nada.

Ni siquiera respiró más fuerte.

Solo… la mantuvo.

Teneb no se movió.

Pero su expresión cambió.

—…Eso es —murmuró, casi en voz baja.

Pasaron unos segundos más.

La chispa seguía ahí.

Quieta.

Controlada.

Y entonces…

Liam cerró lentamente la mano.

Y la energía desapareció.

Sin explosión.

Sin caos.

Solo… se fue.

El silencio que quedó fue distinto a todos los anteriores.

Liam bajó la mirada hacia su mano, como si no terminara de creerlo.

—…Lo hice.

Teneb sonrió levemente.

—Sí.

Se cruzó de brazos, satisfecho.

—Eso… es control.

Liam soltó el aire poco a poco, sintiendo por primera vez algo diferente.

No miedo.

No presión.

Sino… claridad.

—Pero no te emociones demasiado —añadió Teneb enseguida—. Esto es lo más básico que puedes hacer.

Liam soltó una pequeña risa cansada.

—Ya me parecía…

—A partir de ahora —continuó Teneb— vamos a repetir esto hasta que no puedas fallar. Luego pasaremos al siguiente nivel.

Se giró ligeramente.

—Y ahí… las cosas se pondrán más difíciles.

Liam asintió.

Pero esta vez… no dudó.

Porque ahora ya sabía que podía hacerlo.

Aunque fuera poco.

Aunque fuera lento.

Era real.

Y eso… lo cambiaba todo.

—

El camino era silencioso.

Alis caminaba al frente, con paso firme, mientras Marla la seguía unos metros atrás, observando el entorno con atención. No era un lugar cualquiera.

Ese sitio… tenía historia.

—Hace tiempo que no venimos por aquí… —murmuró Marla, mirando los árboles altos que los rodeaban.

Alis asintió levemente.

—Sí… pero si alguien puede estar aquí, es él.

El viento movía suavemente las hojas, y la luz se filtraba entre las ramas, creando sombras que parecían moverse por sí solas.

Llegaron finalmente al claro donde, tiempo atrás, habían entrenado.

El lugar seguía igual.

Las marcas en el suelo.

Los troncos dañados.

La energía… aún presente.

Pero él no estaba.

Marla frunció el ceño.

—No está…

Alis recorrió el lugar con la mirada, sin apresurarse.

—Es raro…

Dio unos pasos más, avanzando más allá del claro.

—Sigamos un poco más. No creo que esté lejos.

Ambas continuaron caminando, adentrándose un poco más en el bosque.

El ambiente cambió levemente.

Más silencioso.

Más… atento.

Y entonces—

—¿Qué buscan?

La voz apareció de repente.

Clara.

Serena.

Pero firme.

Ambas se detuvieron al instante.

Se giraron.

Y ahí estaba.

Orión.

Sentado sobre una rama gruesa, en lo alto de un árbol, con los ojos entrecerrados y una postura completamente relajada. Como si hubiera estado ahí todo el tiempo… observándolas.

Marla sonrió levemente.

—Sabía que estarías cerca.

Orión abrió los ojos lentamente, mirándolas desde arriba.

—No respondiste a mi pregunta —dijo sin cambiar el tono.

Alis dio un paso al frente.

—Te estábamos buscando.

Orión inclinó ligeramente la cabeza.

—Eso es evidente. ¿Para qué?

—¿Quieres que vuelva a entrenarte?

El ambiente se volvió más serio.

Alis no dudó.

—No, estamos formando un equipo.

Orión no reaccionó de inmediato.

Marla continuó:

—Uno real.

Alis asintió.

—Va en serio.

Hubo un breve silencio.

El viento volvió a soplar entre las hojas.

—¿Para qué? —preguntó Orión, aunque ya sabía el porqué.

Alis lo miró directamente.

—Para lo que viene.

Otra pausa.

—Dark… no es la única amenaza —añadió—. Y lo sabes.

La mirada de Orión cambió apenas.

No sorpresa…

Sino interés.

Marla dio un paso más.

—Hay gente que ya se está preparando. Los chicos, Suli y otros llamados Teneb, Lujius.

—¿Lujius? —repitió Orión, esta vez con un leve cambio en el tono y en vos baja.

Alis asintió.

—Y otro llamado Azerion también.

El silencio volvió a caer.

Pero esta vez… era distinto.

Orión bajó la mirada unos segundos, como si evaluara algo más allá de lo que estaban diciendo.

—Así que por fin decidieron moverse… —murmuró.

Luego levantó la vista.

—¿Y por qué yo?

Marla sonrió un poco.

—¿En serio tienes que preguntar eso?

Alis fue directa:

—Porque eres fuerte. Porque sabes entrenar. Y porque ya conoces a varios de los que estarán en el equipo.

Orión no respondió.

Simplemente las observó.

Analizando.

Midiendo.

—No necesito un equipo —dijo finalmente.

Marla cruzó los brazos.

—Tal vez no. Pero el mundo sí.

El silencio volvió a tensarse por un instante.

Alis dio el último paso.

—No te estamos obligando. Solo te estamos dando la opción de estar del lado correcto cuando todo empiece.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Orión cerró los ojos lentamente.

El viento sopló una vez más.

Pasaron unos segundos.

Y entonces—

—Lo pensaré.

Ambas se miraron entre sí.

No era un “sí”…

Pero tampoco era un “no”.

Y con Orión… eso ya era mucho.

Marla sonrió levemente.

—Sabía que dirías eso.

Orión no respondió.

Solo volvió a su postura de meditación, como si la conversación hubiera terminado.

Alis lo observó unos segundos más…

Y luego se giró.

—Vámonos.

Marla asintió.

Ambas comenzaron a alejarse, dejando atrás el árbol…

Pero con la sensación clara de que algo había cambiado.

Arriba, entre las ramas, Orión permanecía inmóvil.

Pero su mente… ya no estaba en calma.

El nombre de ese equipo…

Y lo que se acercaba…

No podía ignorarlo.

—

El ambiente en Beinever era muy distinto al del Santuario.

Aquí no había energía descontrolada ni presión en el aire…

Pero sí había algo más silencioso.

Más incómodo.

Eiden estaba sentado en el borde de una pequeña estructura de piedra, mirando al horizonte sin decir nada.

Karl estaba de pie, apoyado contra una pared cercana, con los brazos cruzados.

Frente a ellos, Lujius permanecía tranquilo, como siempre, mientras Azerion jugueteaba con una pequeña chispa de energía en la punta de sus dedos, completamente relajado.

Parecía un momento de descanso.

Pero no lo era del todo.

—…Está tardando —dijo Karl finalmente.

Eiden no respondió de inmediato.

—Está entrenando con Teneb —contestó al cabo de unos segundos—. Es normal.

Karl asintió… pero no parecía convencido.

El silencio volvió.

Azerion levantó la mirada, notando la tensión.

—No parece que estén preocupados por el tiempo —comentó—. Parece otra cosa.

Lujius también los observó, sin intervenir todavía.

Eiden suspiró levemente.

—No es eso…

Karl lo miró de reojo.

—Sabes perfectamente qué es —dijo.

Eiden no lo negó.

Hubo unos segundos de silencio antes de que finalmente hablara.

—Liam…

Solo decir su nombre fue suficiente.

Azerion dejó de jugar con la energía.

Lujius prestó más atención.

Karl se enderezó un poco.

—No está listo —dijo, directo.

Eiden cerró los ojos un instante.

—Lo sé.

El silencio se volvió más pesado.

—Y no es solo eso —continuó Karl—. Aunque tenga ese poder…

No terminó la frase, pero no hacía falta.

Azerion frunció ligeramente el ceño.

—¿Dudan de él?

Eiden negó con la cabeza de inmediato.

—No.

Luego hizo una pequeña pausa.

—Dudamos de si podrá usarlo cuando realmente importe.

Eso cambió el tono de todo.

Lujius habló por primera vez:

—Eso es más importante que el poder en sí.

Ambos lo miraron.

—Muchos tienen poder —continuó con calma—. Pocos saben usarlo bajo presión.

Karl asintió.

—Exacto.

Azerion cruzó los brazos.

—Pero ustedes dijeron que lo vieron pelear… que superó a Suli por un momento.

Eiden bajó la mirada.

—Sí… —murmuró—. Pero no fue él.

Azerion arqueó una ceja.

—¿Cómo que no fue él?

Karl respondió esta vez:

—Fue su poder… no él.

El silencio volvió a caer.

—Liam no es alguien a quien le guste pelear —añadió Eiden—. Nunca lo fue. Siempre evitaba los conflictos…

Apretó levemente los puños.

—Y ahora… tiene que estar en el centro de todo esto.

Azerion dejó escapar una pequeña exhalación.

—Eso es… complicado.

Lujius asintió levemente.

—No es un problema de fuerza. Es un problema interno.

Karl miró hacia el suelo.

—Y eso es lo más difícil de cambiar.

Eiden no dijo nada.

Pero en su mirada… había algo más.

Preocupación.

No por el equipo.

No por la misión.

Sino por su amigo.

—Aun así… —dijo finalmente— va a intentarlo.

Karl lo miró.

—Sí.

Ambos sabían que eso era cierto.

Y también sabían… que tal vez no sería suficiente.

El silencio volvió una vez más.

Pero esta vez, Azerion habló:

—Entonces asegúrense de que no esté solo.

Los tres lo miraron.

—Si realmente creen que no está listo… —continuó— entonces lo peor que pueden hacer es dejar que cargue con eso solo.

Lujius sonrió levemente.

—Buen punto.

Eiden bajó la mirada unos segundos…

Y luego asintió.

—Sí…

Karl también lo hizo, aunque más serio.

—Cuando vuelva… hablaremos con él.

Pero en el fondo…

Sabían que no sería tan fácil.

Porque Liam…

No era alguien que hablara de lo que sentía.

Y eso…

Podía convertirse en su mayor debilidad.

—

(Unas horas después)

El Santuario del Poder seguía en calma.

La luz atravesaba los vitrales, dibujando figuras en el suelo de piedra, mientras el aire permanecía quieto… casi respetuoso.

Liam estaba de pie en el centro, con los ojos cerrados.

Respiraba.

Lento.

Constante.

Frente a él, Teneb lo observaba sin interrumpir.

Ya no hablaba tanto como antes.

Ahora… solo miraba.

Porque este punto del entrenamiento no necesitaba palabras.

Necesitaba repetición.

Intento tras intento.

Error tras error.

Y, de vez en cuando… algo bien hecho.

Una pequeña chispa apareció nuevamente en la mano de Liam.

Estable.

Controlada.

Durante unos segundos…

Nada falló.

Teneb asintió levemente.

Pero Liam no sonrió.

No se relajó.

No hizo nada.

Solo… la mantuvo.

Y luego la deshizo.

Silencio.

—Otra vez —dijo Teneb.

Liam obedeció.

Otra respiración.

Otra concentración.

Otra chispa.

Otra vez controlada.

Y otra vez… desapareció.

—Bien —dijo Teneb—. Ya no es casualidad.

Pero Liam no respondió.

Algo en su expresión había cambiado.

Teneb lo notó.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Liam dudó unos segundos.

—…Nada.

Teneb lo miró fijamente.

—No es verdad.

Silencio.

Liam bajó la mirada.

—Es solo que… —hizo una pausa— esto no es suficiente.

Teneb no respondió de inmediato.

—Esto… —continuó Liam, mirando su mano— no es lo que salió en la prisión. No es lo que… necesito.

Ahí estaba.

La presión.

No venía de Teneb.

Ni del entrenamiento.

Venía de él mismo.

Teneb caminó lentamente hacia él.

—Y no tiene que serlo todavía —dijo con calma—.

Liam apretó los puños.

—Pero los demás ya están listos.

Teneb se detuvo frente a él.

—No.

La respuesta fue directa.

—Nadie está listo.

Liam levantó la mirada.

—La diferencia —continuó Teneb— es que algunos saben ocultarlo mejor que otros.

El silencio se suavizó un poco.

—Eiden, Karl… incluso yo —añadió—. Todos tenemos cosas que aún no dominamos.

Hizo una breve pausa.

—Pero tú… estás empezando desde cero con algo que supera todo eso.

Liam no dijo nada.

Pero escuchaba.

—No compares tu progreso con el de los demás —dijo Teneb—. Porque tu punto de partida… no es el mismo.

El aire volvió a sentirse más ligero.

—Lo que hiciste antes —señaló—. Eso pequeño… eso controlado…

Lo miró directamente.

—Eso es lo que te va a permitir llegar a lo otro.

Liam respiró hondo.

Lentamente.

Como si por fin entendiera.

No era cuestión de llegar rápido.

Era cuestión de llegar bien.

Cerró los ojos otra vez.

Pero esta vez…

Sin pensar en superar a nadie.

Sin pensar en la prisión.

Sin pensar en expectativas.

Solo… en hacerlo correctamente.

Una chispa volvió a aparecer.

Pequeña.

Precisa.

Estable.

Teneb sonrió apenas.

—Así es como empieza de verdad.

El Santuario permaneció en silencio…

Pero ese silencio ya no era duda.

Era progreso.

Lento.

Pero real.

Y mientras Liam avanzaba paso a paso…

Sin darse cuenta…

Ya estaba cambiando.

—

Mientras Liam se concentraba en controlar su energía bajo la atenta mirada de Teneb, muy lejos de allí, en su planeta, el Mago Cristel estaba en completa soledad, dentro de su cueva.

Su entorno estaba silencioso, apenas roto por el crujido de la tierra bajo sus pies. La luz del sol que entraba por los huecos iluminaba su rostro mientras sus manos se movían con precisión, dibujando símbolos en el aire, activando su magia, probando combinaciones, perfeccionando cada movimiento.

Cada hechizo que lanzaba era más potente que el anterior, cada patrón de energía más fluido, más eficiente. La magia que emanaba de su cuerpo comenzaba a vibrar con intensidad. Su aura se expandía a su alrededor, como si el mismo planeta lo reconociera y respondiera a su poder creciente.

Cristel sabía exactamente lo que hacía. Cada día de entrenamiento lo acercaba a su límite máximo, el punto en el que su magia y su energía alcanzarían su potencial absoluto. Lo que antes solo podía imaginar, ahora se volvía real: su cuerpo y su mente se adaptaban, haciéndolo más rápido, más fuerte, más preciso.

Se detuvo un momento, cerrando los ojos, y pudo sentirlo. Su energía estaba casi completa. Aún le faltaba un pequeño margen, la última fracción que lo separaba de su máximo. Lo notó en la vibración de sus manos, en la densidad de su aura. Estaba a punto de superar todos los límites que antes lo habían contenido.

—Pronto… —murmuró con voz baja, apenas un susurro—. Muy pronto estaré listo.

Y cuando ese momento llegara, Velthar no tendría escapatoria. Su ataque sería absoluto, y no habría nadie que pudiera detenerlo.

Cristel abrió los ojos y alzó los brazos. La magia giraba a su alrededor como un remolino, iluminando todo el planeta. Cada chispa de energía, cada destello de poder, era un recordatorio de lo cerca que estaba de su meta.

El universo parecía contener la respiración mientras él avanzaba hacia la perfección de su poder. Y cuando llegara al máximo, cuando su energía estuviera completa… el siguiente paso sería inevitable: volver a Velthar y desatar todo su poder sobre el mundo que había escapado de su control.

Mientras tanto, a años luz de distancia, Liam continuaba entrenando en el Santuario del Poder, sin saber que cada chispa de su propia energía y cada destello de progreso tendría que enfrentarse a esa amenaza que crecía en silencio, paciente y mortal.

La cuenta regresiva había comenzado.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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