Vornex: Temporada 1 - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 La prueba del valor y la batalla
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18: Capítulo 18: La prueba del valor y la batalla 18: Capítulo 18: La prueba del valor y la batalla La cabaña de Alis, por la mañana: El sol apenas comenzaba a asomarse en el horizonte, iluminando la pequeña cabaña donde se encontraban Hilson, Paul, Alis y ahora Zero, quien había llegado a través de un portal directo desde su mundo.
Zero saludó a todos con una sonrisa tranquila.
—¡Hola, Hilson!
¡Paul!
¡Alis!
Me alegra verlos.
—Zero, qué bueno que hayas llegado —dijo Hilson mientras estrechaba su mano—.
Ya estamos listos para ir a Beinever, pero antes, tenemos algo que discutir.
Zero miró a Hilson con una expresión seria.
—Lo sé, Hilson.
Estoy aquí con mi ejército.
Mis tropas están listas, solo necesito que me digas cuándo atacamos.
Cuando me den la señal, liberarás a todos desde los portales.
Paul, pensando en voz alta, interrumpió en ese momento.
—¿Por qué no vamos directamente a Beinever con tu portal, Zero?
Así nos ahorramos el largo viaje.
Hilson, después de pensarlo unos segundos, asintió.
—Tienes razón, Paul.
Es mucho más rápido y directo.
Vamos allá de inmediato.
Alis, con una sonrisa, les deseó suerte mientras se despedían.
—Mucho cuidado, chicos.
Les deseo todo lo mejor en esta misión.
Que la suerte esté de su lado.
— Dentro del portal de Zero: Los chicos entraron al portal, y rápidamente se encontraron en el mundo de Zero.
Era un lugar increíblemente avanzado, lleno de tecnología futurista que no podían haber imaginado.
En el centro, podían ver a un ejército de soldados, completamente preparados y alineados, esperando órdenes.
Zero se acercó a su ejército y les explicó brevemente lo que sucedía.
—Chicos, el momento ha llegado.
El objetivo es claro: debemos ayudar a Hilson a recuperar a sus chicos que están protegidos por el Rey Gimson II.
Con los soldados preparados, Zero abrió otro portal, esta vez hacia Beinever.
No estaban tan lejos, pero el portal les ahorraba el largo viaje, dejándolos justo fuera de las murallas de la ciudad.
— El encuentro con la batalla: Al salir del portal, vieron una escena tensa a lo lejos.
La batalla entre los magos y las tropas del Rey estaba en su punto álgido.
Podían ver cómo unos magos luchaban con valentía contra las tropas del Rey que venían en oleadas.
Sin perder tiempo, Hilson, Zero y los demás se apresuraron a unirse a la lucha.
—¡Vamos, no perdamos más tiempo!
—gritó Hilson mientras se lanzaba al combate.
— El Rey y la poción de fuerza: Mientras tanto, en el castillo del Rey Gimson II, la situación se volvía cada vez más desesperada.
Sus tropas, bien entrenadas, caían una tras otra bajo los poderosos hechizos de los magos.
Los soldados parecían ser superados, y el Rey no podía permitir que su ejército fuera derrotado tan fácilmente.
Consciente de que la batalla estaba tomando un giro peligroso, el Rey Gimson II llamó a su fiel ayudante Jim.
—Jim, mis tropas no están resistiendo.
Necesito que hagas algo.
El Rey tomó una botella de cristal con un líquido brillante en su interior.
—Esta es una poción de fuerza.
Dásela a Bolenvert, nuestro guardia más fuerte.
Es el único que puede cambiar el curso de la batalla ahora.
Jim asintió y salió rápidamente en dirección al campo de batalla, sabiendo lo que estaba en juego.
Encontró a Bolenvert, quien ya estaba luchando contra varios magos, pero claramente cansado y herido.
—Bolenvert —dijo Jim—, el Rey te ha enviado esto.
Tómalo, necesitas todo el poder que puedas reunir.
Bolenvert, sin perder tiempo, bebió la poción.
En un instante, su cuerpo comenzó a brillar con una energía renovada.
Su tamaño creció y sus heridas comenzaron a sanar, mientras su fuerza aumentaba exponencialmente.
Ahora más imponente que nunca, se lanzó al ataque con una nueva ferocidad.
— La batalla: La batalla parecía interminable.
Los magos, aunque poderosos, estaban claramente agotados.
Los golpes de Bolenvert se sentían como los de una montaña, y su resistencia parecía inquebrantable.
Cada vez que uno de los magos lo atacaba, Bolenvert respondía con una precisión mortal, haciéndolos retroceder con su fuerza descomunal.
Makima, con el sudor cayendo de su frente, miraba a sus compañeros.
La preocupación se reflejaba en su rostro, cada vez más cansado.
—Si derrotamos a este monstruo, estaremos demasiado agotados para enfrentarnos a la pandilla de Suli —dijo con voz entrecortada—.
Ya no podemos seguir luchando.
Es mejor rendirse ahora, antes de que sea demasiado tarde.
Lener, quien estaba al borde de su resistencia, miró a sus compañeros, sus ojos llenos de determinación.
El eco de las palabras de Makima resonaba en su mente, pero algo dentro de él le decía que no podía rendirse ahora.
Su voz salió firme, casi desafiante.
—No, no me rendiré.
Si voy a caer, será luchando.
Hemos llegado demasiado lejos para dar marcha atrás ahora.
¡Tenemos que salvar a esos chicos!
Mientras Lener decía esas palabras, su cuerpo parecía cargar con una nueva energía, una fuerza alimentada por la esperanza, el arrepentimiento y la necesidad de hacer las cosas bien.
Recordó a Hilson y la promesa de redención que quería cumplir.
—No puedo fallar ahora —pensó, mientras sentía cómo la adrenalina recorría sus venas.
En ese momento, Suli, riendo desde la distancia, vio cómo los magos seguían luchando.
—¡Al final su planecito de querer salvarlos no funcionó después de todo, jajaja!
—gritó con sarcasmo, observando cómo los magos caían uno por uno bajo el poder de Bolenvert—.
¡Pero si logran derrotarlo, tal vez…
les prometemos que lucharán contra nosotros, si es que pueden hacerlo, jajaja!
Lener no dejó que las palabras de Suli lo afectaran.
Su mente solo estaba en una cosa: salvar a los chicos, ayudar a sus amigos y demostrar que aún podían ganar.
Sin dudarlo, dio un paso al frente, su voz retumbando en el aire.
—¡Nosotros no nos rendimos!
¡Vamos a derrotar a Bolenvert, y luego lucharemos contra ustedes si es necesario!
Makima, agotada y con un brillo de preocupación en sus ojos, miró a los demás.
Sus compañeros ya no podían seguir mucho más, pero Lener estaba decidido.
No quedaba otra opción.
—¡Vamos!
¡Si vamos a caer, lo haremos luchando!
Con ese grito de guerra, Lener se lanzó hacia Bolenvert.
Sin pensarlo, desató todo su poder restante, usando cada hechizo y cada golpe con una fuerza renovada.
Lo siguieron sus compañeros: Kim, Sertel y Makima, todos luchando con lo último que les quedaba.
Juntos atacaron al guardia más fuerte del reino, Bolenvert.
— El combate fue brutal.
Bolenvert, aunque ya cansado, continuaba resistiendo con la fuerza de su entrenamiento y su determinación.
Cada golpe que recibía de los magos lo hacía tambalear, pero su resistencia parecía no tener fin.
Sin embargo, los magos no estaban dispuestos a rendirse.
Los hechizos de Lener brillaban con intensidad, mientras Kim y Makima aprovechaban cada oportunidad para atacar con rapidez.
Aunque fatigados, cada uno de ellos daba lo mejor de sí mismos, luchando con la fuerza de quienes no tienen más que perder.
El aire se llenaba de magia y de golpes feroces, pero Lener seguía adelante, recordando su propósito.
—No puedo fallar.
No ahora —pensaba.
Cada vez que Bolenvert le lanzaba un ataque brutal, Lener se levantaba, decidido a seguir luchando, con la esperanza de que podrían vencer.
La batalla contra Bolenvert continuaba, pero la determinación de los magos no flaqueaba.
Sabían que después de esta lucha, aún tendrían que enfrentar algo aún más grande.
Pero no les importaba.
Lo único que les importaba era seguir adelante…
y nunca rendirse.
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