Vornex: Temporada 1 - Capítulo 24
- Inicio
- Todas las novelas
- Vornex: Temporada 1
- Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Preparativos antes del destino
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: Capítulo 24: Preparativos antes del destino 24: Capítulo 24: Preparativos antes del destino (Anteriormente…) La batalla por la supervivencia nunca fue fácil, pero los protagonistas enfrentaron lo impensable.
En un intento por escapar de las garras de un destino oscuro, se vieron atrapados en una dimensión desconocida, cada uno llevando consigo el peso de un pasado que aún los persigue.
El Rey Gimson I, conocido por su valentía y sabiduría, fue el primero en unir las dimensiones para enfrentar a un enemigo cuyo poder podía deshacer la realidad misma.
En ese momento, la Espada Mentally, la Armadura Dorada y el Escudo Eterno emergieron como los últimos vestigios de esperanza.
Sin embargo, el sello de la dimensión peligrosa, creada por el Rey Gimson II, comenzó a resquebrajarse.
Los secretos, las alianzas rotas y la traición acechan en cada rincón.
Con el reloj corriendo y el peligro más cerca que nunca, el guerrero definitivo, según la antigua profecía, podría ser la única esperanza para detener el caos.
Pero antes de avanzar…
debemos recordar lo que nos ha traído hasta aquí.
Luego del caos, finalmente…
la calma.
…
Paul condujo a los chicos de regreso a casa.
Las heridas sanaban, los cuerpos descansaban, pero algo en ellos había cambiado.
La historia de la profecía seguía retumbando en sus mentes, como un eco que no desaparecía.
—Deben fortalecerse —dijo Paul con mirada seria—.
No solo para cruzar el portal de regreso a su mundo…
sino para detener lo que pronto despertará.
Aquel ser, sellado hace generaciones, no permanecería encerrado para siempre.
Y cuando lo hiciera, no solo su mundo estaría en peligro, sino todos los que ese portal conectaba.
Aún había tiempo…
pero no mucho.
La cuenta regresiva ya había comenzado, aunque no pudieran oírla.
Y así, comenzó una nueva etapa.
La preparación.
El entrenamiento.
El despertar de habilidades que ni ellos sabían que tenían.
Porque si querían volver a casa, primero tendrían que salvarla.
La casa de Paul se convirtió en un remanso de paz después del caos.
Afuera, los días pasaban tranquilos.
Adentro, el ambiente se llenaba de conversaciones, risas suaves y momentos de reflexión.
—Sigo sin entender del todo quién era ese tal Dark —dijo Eiden mientras tomaba una taza caliente de lo que parecía ser té de hierbas.
Paul se sentó frente a ellos, cruzando los brazos con calma.
—Dark fue una creación, no una criatura espontánea.
Fue creado por un antiguo ser…
cuyo nombre se perdió con el tiempo —dijo con un dejo de sombra en la voz—.
Su poder creció más de lo esperado, y se volvió una amenaza para todas las dimensiones.
Karl frunció el ceño.
—¿Y cómo lo detuvieron?
—No con armas…
al menos no al principio.
—Paul bajó la voz—.
El rey Gimson I reunió a todos los aliados de las dimensiones y juntos crearon una poderosa magia de sellado.
Encerraron a Dark en un portal inhabitable…
un lugar al que nadie se atreve a ir.
Un rincón olvidado de la existencia.
Liam escuchaba en silencio.
El aire parecía pesar más con cada palabra.
—Después de eso, —continuó Paul— Gimson I creó algo más: “La Trinidad”, tres pilares que representarían esperanza en caso de que el mal despertara otra vez.
Llamó a los tres mejores herreros de su tiempo y juntos forjaron la Espada Mentally, la Armadura Dorada y el Escudo Sagrado.
—¿Y eso fue todo?
—preguntó Eiden, curioso.
—No del todo.
En secreto, crearon un cuarto objeto…
la Gema Sagrada.
No se colocó junto a los demás.
Fue ocultada en un lugar desconocido, reservada para el momento más crítico, cuando todo lo demás fallara.
Silencio.
Liam respiró hondo.
—Entonces…
la profecía.
¿Es real?
Paul lo miró con una mezcla de seriedad y orgullo.
—Sí.
Fue escrita por el mismo Gimson I.
Habla del guerrero definitivo.
De ti, Liam.
Pero no tienes que cargar con eso solo.
Eiden puso una mano firme en su hombro.
—Vamos a pelear juntos.
No estás solo.
Nunca lo estarás.
Una semana pasó entre conversaciones, risas, recuerdos, y cicatrices sanando.
Todos comenzaron a entender mejor quiénes eran… y lo que tenían que hacer.
Ahora, renovados, no solo estaban listos para aprender… estaban listos para cambiar su destino.
Una semana había pasado desde que Paul les contó todo.
El ambiente en la casa se había vuelto ligero, casi como si el tiempo se hubiera detenido para permitirles sanar… pero todos sabían que esa calma no duraría para siempre.
Una mañana, mientras los chicos desayunaban, un golpe seco sonó en la puerta.
—¿Esperás a alguien?
—preguntó Eiden, con la boca llena.
Paul se levantó sin decir palabra.
Al abrir, una figura alta, con el rostro cubierto por una bufanda y mirada severa, los observó desde el umbral.
—Hilson —dijo Paul, asintiendo con respeto.
—Es hora —respondió el hombre con voz firme, mirando a los chicos.
Liam se puso de pie.
Karl apretó los puños.
Eiden tragó con fuerza.
—Vengo a entrenarlos.
Un mes entero, lejos de distracciones, lejos del miedo.
Van a aprender a dominar su poder, a canalizarlo.
Van a aprender a luchar de verdad.
Paul miró a los chicos uno a uno.
—No se preocupen, estarán bien.
Hilson fue el mentor de muchos grandes guerreros.
Confíen en él… y confíen en ustedes.
Después de prepararse y despedirse de Paul con un fuerte abrazo, los tres siguieron a Hilson, caminando hasta llegar a una zona deshabitada, justo al borde del pueblo.
El aire allí se sentía diferente.
Más denso, más puro.
Un lugar perfecto para entrenar sin interrupciones.
—Este lugar fue elegido por el Rey Gimson I hace mucho —explicó Hilson—.
Aquí, la energía fluye sin límites.
Aquí van a empezar a entender quiénes son realmente.
El primer día fue más mental que físico.
Hilson no los puso a correr ni a pelear.
En lugar de eso, les enseñó a “sentir” su energía, a respirar correctamente, a liberar tensión.
Les habló de equilibrio, de enfoque, de cómo cada técnica poderosa solo podía surgir de un espíritu claro.
—Canalizar su poder no es simplemente gritar y lanzar luz por las manos —dijo Hilson con dureza—.
Es saber cuándo usarlo, cómo, y por qué.
Si no dominan eso… su poder los dominará a ustedes.
Los días siguientes vendrían con técnicas nuevas, desafíos únicos y revelaciones importantes.
Y aunque todavía no lo sabían, ese mes cambiaría sus vidas para siempre.
Los días comenzaron a tener otro ritmo.
En lugar de agotarse corriendo o luchando, los chicos pasaban horas sentados en silencio, con los ojos cerrados, mientras Hilson caminaba alrededor de ellos, corrigiendo posturas, exigiendo concentración, desafiando su paciencia.
—La mente es el origen del poder —decía Hilson, una y otra vez—.
Si su mente está débil, su fuerza será inútil.
El primer en romper fue Eiden.
Al segundo día, se levantó de golpe, frustrado.
—¡Esto es perder el tiempo!
¡Quiero pelear, moverme, hacer algo!
Hilson lo observó sin moverse, tranquilo como una roca.
—¿Quieres pelear sin conocer lo que eres?
Eres como un pájaro que intenta volar sin saber usar sus alas.
Si no aprendes a silenciar tu mente… te caerás.
Liam, por el contrario, parecía adaptarse.
No hablaba mucho, pero cada día su respiración era más estable, su expresión más centrada.
Hilson lo notó.
—Tú ya lo estás empezando a entender.
Pero aún dudas de ti mismo.
Y hasta que no aceptes quién eres, no podrás avanzar.
Karl tenía otro problema: sus emociones.
No podía controlar lo que sentía.
Culpas del pasado, miedo a perder, enojo acumulado… todo lo interrumpía.
En uno de los ejercicios, su energía se desbordó sin querer, lanzando una onda que hizo temblar el suelo.
—¿Viste eso?
—dijo agitado—.
No lo controlo, simplemente…
pasa.
Hilson se acercó, colocó su mano en el pecho de Karl y le dijo: —Tu poder no es el problema.
Lo que llevas dentro sí lo es.
Vamos a trabajarlo.
Ese día, Hilson les habló de lo que realmente significaba la fuerza interior.
—No se trata de quién grita más fuerte ni de quién tiene más poder.
Se trata de quién puede tomar una decisión en medio del caos.
Quiero que cada uno de ustedes entre en su propio mundo mental.
Quiero que enfrenten lo que hay ahí.
Así comenzó el ejercicio más difícil de todos: el viaje interno.
Durante horas, los tres permanecieron en silencio, conectados consigo mismos.
Vieron recuerdos, dolores, esperanzas.
Eiden enfrentó su miedo al abandono.
Karl, el enojo por lo que no pudo cambiar.
Liam… su incertidumbre sobre ser el “elegido”.
Pero cuando abrieron los ojos al final de ese día… algo había cambiado.
Ya no eran los mismos.
Al amanecer del octavo día, los tres se levantaron sin que Hilson los llamara.
Ya no se quejaban, ya no dudaban.
Se sentían más livianos, como si una carga invisible se hubiese disipado.
Por primera vez en mucho tiempo, sus pensamientos no eran un laberinto, sino un camino claro.
Hilson los observó con satisfacción.
Los tres estaban de pie frente a él, en completo silencio, esperando instrucciones.
—Ahora sí… —dijo con firmeza, cruzándose de brazos—.
Sus mentes ya están despejadas y concentradas.
Han superado la primera barrera: ustedes mismos.
Karl respiró profundo, con una calma que no conocía.
Eiden sonrió levemente, pero esta vez no con arrogancia, sino con determinación.
Liam mantenía la mirada fija, sin miedo, sin negación.
Ahora aceptaba algo que antes le pesaba: ser el guerrero definitivo.
Hilson asintió.
—A partir de hoy, comenzamos a transformar su poder.
Pero recuerden esto: una mente fuerte es la base de un guerrero verdadero.
Sin eso, todo lo demás se derrumba.
Los chicos asintieron.
El verdadero entrenamiento apenas comenzaba.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com