Vornex: Temporada 1 - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 El camino del guerrero
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26: Capítulo 26: El camino del guerrero 26: Capítulo 26: El camino del guerrero El aire en el claro era más denso, cargado de una tensión que no era amenaza, sino transformación.
El bosque donde se encontraban ahora no tenía el verde reconfortante del lugar donde entrenaron antes.
Este espacio parecía suspendido en un estado de vigilia constante: sin pájaros, sin viento.
Solo el crujir de la tierra y los pasos firmes de Hilson marcaban el ritmo del nuevo desafío.
—Han progresado —dijo Hilson con un tono seco pero con orgullo en sus ojos—.
Pero aún no es suficiente.
Los tres se miraron entre sí.
Ya no eran los mismos.
Algo en sus miradas había cambiado.
Menos duda, más fuego.
Una determinación silenciosa nacía en ellos.
—Hasta ahora han entrenado habilidades útiles, control, cooperación…
Pero eso solo es la superficie.
Lo que viene ahora los llevará más allá.
No será fácil —advirtió, mientras caminaba en círculos alrededor de ellos—.
El verdadero guerrero no se forja solo con fuerza o técnica.
Se forja cuando mente, cuerpo y espíritu se enfrentan a su límite…
y lo rompen.
Los llevó entonces a través de un sendero oculto.
El suelo era de roca negra, y cada paso resonaba como si pisaran el silencio del mundo.
Finalmente llegaron: un campo salvaje, rodeado de riscos, sin señal de vida…
un lugar olvidado por el tiempo.
—Aquí comienza el verdadero entrenamiento.
Dividiremos este proceso en etapas, cada una más difícil que la anterior.
Y no pararé hasta que logren despertar ese algo que aún duerme dentro de ustedes.
Liam apretó los puños, Eiden asintió con serenidad y Karl sonrió con un toque de picardía.
Estaban listos para seguir.
Hilson alzó la voz: —Primera etapa: “Dominio del cuerpo”.
— Hilson se detuvo en medio del campo rocoso.
Con un leve movimiento de mano, hizo emerger tres plataformas de piedra, una para cada uno.
—Cada uno de ustedes entrenará por separado a partir de ahora —anunció con tono firme—.
Ya aprendieron a luchar en equipo, pero en un combate real pueden verse solos, sin nadie que los respalde.
Un verdadero guerrero debe ser su propio escudo, su propia lanza.
Los tres asintieron sin discutir.
Sabían que esto no era castigo, era preparación.
Entonces Hilson comenzó.
Liam fue llevado a una zona rodeada por pilares afilados.
Hilson le enseñó una técnica llamada “Impacto Rítmico”, basada en canalizar su energía interior en oleadas que se intensifican con cada golpe consecutivo.
Cada vez que su puño impacta, la energía se acumula y duplica el siguiente.
Pero si pierde el ritmo, la técnica se desvanece.
Liam comenzó a entrenar, sudando, fallando, repitiendo.
Pronto sus golpes comenzaron a sonar como un tambor de guerra, cada uno más fuerte que el anterior.
Karl fue conducido a una caverna, oscura y húmeda.
Allí debía aprender “Sombras Cortantes”, una técnica que requería usar su velocidad y percepción para moverse entre puntos ciegos y atacar desde el ángulo más inesperado.
Hilson lo cegó con una venda y colocó obstáculos móviles.
Al principio, Karl chocaba, caía, maldecía…
pero con el tiempo, comenzó a moverse como una sombra viviente, rápido y letal.
Eiden, por su parte, fue entrenado en un valle desierto, donde el viento era tan fuerte que costaba mantenerse en pie.
Su nueva técnica se llamó “Guardia del Vacío”.
Era un estilo defensivo avanzado, en el que debía absorber el impulso de los ataques enemigos y devolverlos con el doble de fuerza.
Un muro invisible, flexible pero letal.
Aprendió a sentir el flujo del enemigo más allá de la vista, a moverse en silencio, a dejar que la energía fluya como un río entre sus manos.
Una semana entera pasó.
Dura, exigente, agotadora.
Pero sus cuerpos se adaptaban, sus mentes se fortalecían.
Una noche, mientras descansaban por separado, Hilson los observó desde lo alto de una roca.
—Ahora sí…
sus cuerpos comienzan a entender.
Mañana empieza la segunda etapa: “El dominio del alma”.
— Segunda etapa: “Dominio del alma”.
A la mañana siguiente, el cielo estaba cubierto por una bruma espesa, como si la tierra misma entendiera la seriedad de lo que se avecinaba.
Hilson reunió a los tres frente a una antigua formación circular de piedras talladas, conocidas por los sabios como el Anillo Interior.
—Lo físico es solo una parte de su poder —dijo Hilson con voz profunda—.
Ahora entrenarán el alma.
Aquí descubrirán quiénes son realmente…
o se perderán en sí mismos.
Los condujo al centro del círculo.
Una runa en el suelo comenzó a brillar, y al instante, cada uno fue transportado a un plano mental diferente.
Enfrentarían sus miedos más profundos, sus dudas…
y el verdadero origen de su fuerza.
Liam despertó en un mundo gris, rodeado por miles de espejos.
En cada uno, veía un reflejo distinto de sí mismo: uno débil, otro furioso, otro completamente perdido.
El entrenamiento consistía en aceptar todas esas versiones como parte de él, sin negarlas, sin temerlas.
Solo cuando abrazó su miedo al fracaso, su alma comenzó a brillar, y una energía blanca surgió desde su pecho.
Había alcanzado el estado conocido como “Esencia Clara”, un poder que le permitía sincronizar cuerpo y alma, mejorando todas sus técnicas sin desperdiciar energía.
Karl apareció en un campo de batalla silencioso, con cuerpos caídos por doquier.
De pronto, una figura idéntica a él surgió entre la niebla: fría, cruel, violenta.
Era su reflejo distorsionado por la ira.
Karl debía vencerlo, no con golpes, sino con claridad mental.
Al enfrentarlo, recordó las veces que peleó solo por pelear, por rabia o dolor.
Y entendió que su fuerza debía ser guiada.
Al perdonar esa parte de sí mismo, dominó la técnica del “Corazón Sólido”, que le daba control absoluto sobre su velocidad, sin dejarse llevar por la emoción.
Eiden se halló en un bosque seco, donde cada árbol representaba una persona que perdió o que falló en proteger.
Culpas y voces lo rodeaban.
Su reto era aprender que cargar con todo no lo hacía más fuerte, sino más vulnerable.
Solo cuando aceptó que no podía salvar a todos, que su deber era darlo todo sin cargar el mundo, logró la habilidad llamada “Voluntad Serena”.
Esta habilidad le permite canalizar su energía defensiva en escudos que se fortalecen cuando protege a otros, alimentados por su determinación.
Cuando despertaron del trance, el sol ya se ponía.
Hilson los miró, cruzado de brazos, con una media sonrisa.
—Ahora sí…
sus almas están limpias.
Ya no pelean por miedo, ni por ego.
Ahora pelean porque saben quiénes son.
— La Prueba Final del Entrenamiento: “Convergencia final” La brisa era suave, pero el ambiente estaba cargado de tensión.
Hilson los llevó a un claro rodeado por formaciones rocosas, un lugar utilizado hace generaciones para poner a prueba a los discípulos más prometedores.
—Han aprendido a pelear en equipo —dijo con firmeza—.
Y también aprendieron a sostenerse por sí solos.
Ahora…
veamos si pueden enfrentarse a quienes más conocen: ustedes mismos.
Liam, Eiden y Karl se posicionaron en los extremos del círculo.
No había odio en sus miradas, sino respeto.
Sabían que esta no era una pelea común: era la culminación de semanas de esfuerzo, sufrimiento y revelación.
—No se contengan —dijo Hilson, elevando la voz—.
Sean libres.
Peleen como si fuera su última batalla.
¡Comiencen!
La batalla inició.
Karl fue el primero en moverse.
Rápido como un rayo, usó su técnica del Impacto Expansivo, lanzando una onda de choque que hizo temblar el suelo.
Eiden la bloqueó con su Voluntad Serena, protegiendo a Liam y a sí mismo.
Pero no era solo defensa: Eiden giró sobre sí mismo, generando un contraataque de energía comprimida que obligó a Karl a retroceder.
Liam activó su Esencia Clara.
Se movía con fluidez perfecta, como si el campo de batalla fuera una danza.
Golpeó a Eiden con un puño cargado de energía blanca, sin dañarlo gravemente, pero lo suficiente para ponerlo a prueba.
Karl lo interceptó con una patada giratoria, que Liam apenas logró esquivar gracias a su control energético.
Era un verdadero caos ordenado: tres guerreros con estilos únicos, poderes recién dominados y una sincronía impresionante, aún en la competencia.
El combate duró más de lo esperado.
Cuando finalmente se detuvieron, sudorosos y jadeantes, Hilson sonrió satisfecho.
—No ganaron…
ninguno de ustedes ganó.
Pero tampoco perdieron.
Lo que han demostrado hoy es que están preparados para lo que viene.
Los tres se miraron entre ellos.
No hacía falta hablar.
Se entendían sin palabras.
No eran los mismos chicos que llegaron a esa casa.
Ahora eran guerreros.
—
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