Vornex: Temporada 1 - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 El deber llama
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27: Capítulo 27: El deber llama 27: Capítulo 27: El deber llama El sol apenas se alzaba sobre el horizonte cuando Hilson dio la señal de que era hora de partir.
La brisa de la mañana acariciaba los rostros de Liam, Eiden y Karl mientras recogían sus cosas en silencio.
Habían pasado semanas entrenando juntos y por separado, forjando habilidades que antes ni imaginaban… pero en sus miradas aún quedaban rastros de duda, nervios, y una tensión que no se podía esconder.
—¿De verdad estamos listos?
—preguntó Karl, ajustándose los guantes con algo de torpeza—.
Digo… mejoramos mucho, pero no sé si “listos” sea la palabra.
—No lo estamos del todo —dijo Eiden sin rodeos, mientras lanzaba al aire una pequeña chispa de energía que se desvanecía antes de formarse por completo—.
Pero si esperamos estarlo al cien por ciento, nunca vamos a salir.
—Hilson dijo que parte del aprendizaje era enfrentar lo desconocido —comentó Liam, mirando hacia el cielo con una mezcla de inquietud y determinación—.
No se trata solo de estar preparados, sino de tener el coraje para avanzar incluso cuando no lo estamos.
Hilson, que los había estado escuchando desde unos pasos atrás, se acercó con una media sonrisa en el rostro.
—Esas palabras ya demuestran que aprendieron algo —dijo, cruzando los brazos—.
Nunca estarán completamente listos, chicos.
Ni siquiera los más poderosos lo están.
Pero lo importante es que ahora, cuando caigan, sabrán cómo levantarse más rápido.
Comenzaron la caminata de regreso a Beinever.
El camino, que alguna vez recorrieron como jóvenes confundidos, ahora lo recorrían como guerreros en formación.
No perfectos, pero determinados.
Eiden tropezó con una piedra mientras hablaban.
—¡Ah!
¡Maldita sea!
—refunfuñó, sobándose el pie—.
¿Ves?
Definitivamente no estoy listo… —Oye, al menos no activaste una explosión sin querer esta vez —se burló Karl, provocando una risa general.
Hilson negó con la cabeza, divertido.
—Y aún así, tienen el corazón en el lugar correcto —murmuró.
Al llegar a Beinever, las cicatrices de la batalla aún eran visibles.
Los edificios medio reconstruidos, el polvo en el aire, los obreros que cargaban materiales mientras niños jugaban entre ruinas… la ciudad estaba viva, pero luchando por renacer.
Los ciudadanos miraban con respeto a los chicos mientras pasaban.
Algunos incluso les sonreían.
No sabían todo lo que habían hecho, pero sentían que su presencia era importante.
Hilson los guiaba entre la gente, y algunos los reconocían y saludaban.
No con idolatría, sino con respeto.
Ya frente al trono, el Rey Gimson II los observó de arriba abajo.
Su mirada era firme, como siempre… pero esta vez había un brillo distinto en sus ojos.
—Se nota que entrenaron.
Se los ve más centrados… y más decididos.
—Hizo una breve pausa, pero al ver mejor sus ropas, alzó una ceja—.
Aunque también se los ve…
bastante sucios.
Los tres bajaron la mirada.
Las prendas que Paul les había dado después de la batalla estaban deshilachadas, manchadas de barro, polvo y hasta con rasgaduras mal cosidas.
—Entrenamiento rudo, majestad —bromeó Eiden.
—Entonces antes de que se larguen otra vez a una misión, tómense un descanso.
Y por favor…
—chasqueó los dedos y unos sirvientes aparecieron—.
Llévenlos a los baños.
Y tráiganles las nuevas prendas que ordené preparar.
—¿Nuevas prendas?
—preguntó Karl, curioso.
—Han demostrado ser dignos.
Merecen algo más acorde a su rol.
No solo como guerreros, sino como símbolos.
— Los baños del castillo eran un lujo oculto en piedra y vapor.
Grandes salas circulares con paredes de roca pulida, donde el agua brotaba gracias a sistemas de tubos encantados.
Las duchas eran chorros mágicos impulsados por piedras térmicas y runas grabadas en las paredes.
Las piletas estaban llenas de agua tibia, perfumadas con esencias de plantas del bosque.
—Esto es otra cosa —suspiró Liam mientras se dejaba caer bajo un chorro que le golpeaba los hombros con agua caliente.
—Podría vivir acá —dijo Karl mientras se sumergía en la pileta.
—No hables muy fuerte que te escuchan y te nombran guardia del baño —soltó Eiden, con una risa relajada.
Ese pequeño descanso les recordaba que también eran humanos, que el cuerpo necesita calma para no romperse.
— Al salir, los sirvientes les entregaron tres conjuntos de ropa nuevos, diseñados con elegancia y estilo de combate.
Cada atuendo tenía una camiseta negra de tela resistente, pantalones reforzados para el movimiento, unas botas negras con detalles metálicos, y un chaleco ajustado de cuero encantado con protecciones ligeras.
Además, llevaban guantes oscuros con inscripciones mágicas para aumentar la sensibilidad del poder, y una capa larga, con bordes marcados según su energía interior: la de Liam tenía un brillo azul tenue, la de Karl destellos grises y dorados, y la de Eiden un rojo apagado con detalles carmesí.
—Parecen protagonistas de una profecía ahora sí —dijo Hilson, cruzado de brazos.
—¿Acaso no lo somos?
—respondió Liam con una sonrisa, ajustando sus guantes nuevos.
— El rey les permitió quedarse una noche más en el castillo.
Esa noche durmieron como nunca.
No por agotamiento, sino por la sensación de que algo estaba cambiando en su interior.
A la mañana siguiente, cuando el sol apenas tocaba los muros de Beinever, Hilson se acercó mientras desayunaban.
—Es hora.
El rey ya les asignó su misión: irán a las montañas del norte.
Hay criaturas que quedaron atrás después del paso de Dark… monstruos descontrolados, abandonados por su creador.
Quieren que se encarguen de ellos.
—¿Solos?
—preguntó Eiden.
—Ya no son los mismos de antes.
Además… recuerden lo que aprendieron.
Hilson se despidió de cada uno con una mano en el hombro y una mirada de orgullo.
—Esta vez no los acompañaré.
Pero los estaré esperando.
Y quiero verlos regresar… mejores de lo que ya son.
Los tres asintieron.
Aún con dudas, aún con errores… pero con la voluntad intacta.
Así comenzó su camino hacia las montañas.
—
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