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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 Un nuevo mundo
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3: Capítulo 3: Un nuevo mundo 3: Capítulo 3: Un nuevo mundo Los tres dieron un paso hacia el portal sin saber qué los esperaba al otro lado.

Un torbellino de luces los envolvió y, en cuestión de segundos, fueron lanzados al suelo con fuerza.

El portal se cerró tras ellos con un sonido sordo, dejando solo un silencio profundo.

Eiden fue el primero en levantarse.

Sus ojos se abrieron de par en par al ver el paisaje frente a él: el cielo era de un verde agua brillante, y el césped rosado se extendía como una alfombra viva bajo sus pies.

A los costados, un bosque con árboles altísimos bordeaba el horizonte.

—¡Liam!

¡Karl!

—gritó.

Los otros dos se incorporaron lentamente, frotándose la cabeza, hasta que también quedaron boquiabiertos ante lo que veían.

—¿Qué…

es este lugar?

—susurró Liam.

El aire olía a miel y a tierra fresca.

Rocas grises estaban esparcidas por el campo, pero lo extraño era que algunas brillaban con tonos rojizos, azules oscuros y amarillos intensos.

Las mariposas que revoloteaban eran violetas, y cada vez que batían sus alas soltaban brillantina que flotaba en el aire.

—¿Tienen…

dos lunas?

—dijo Karl, mirando el cielo donde un sol resplandecía acompañado por dos lunas visibles a lo lejos.

—Por primera vez en mi vida me sorprendo de un lugar como este.

—¿Y ahora qué hacemos?

—preguntó Liam, sin dejar de observar el entorno.

Eiden miró a su alrededor y luego bajó la cabeza.

—Tenemos que intentar volver a casa.

—¿No lo ves?

—interrumpió Karl—.

El portal se cerró.

No podremos volver así de fácil.

Se hizo un silencio.

Eiden apretó los puños.

—Entonces caminaremos.

Alguna salida debe haber.

Sin más opción, comenzaron a caminar sin rumbo claro.

El paisaje era cada vez más extraño: pequeños insectos con alas de cristal, lagartijas de colores neón, ranas con ojos dobles, y entre los arbustos se asomaban unos puercoespines azul verdoso, aunque su forma seguía siendo parecida a los de su mundo.

Más adelante vieron cerditos de hocico largo y cuernos curvos, y vacas con dos colas que parecían moverlas como látigos suaves.

Todo parecía pacífico…

hasta que un rugido los hizo girar.

Un enorme animal se alzaba sobre una colina.

Parecía un toro, pero tenía el doble de cuernos, colmillos como los de un jabalí y dos colas gruesas que golpeaban el suelo.

—¡Corran!

—gritó Liam.

El monstruo los vio y embistió con fuerza.

El suelo temblaba a cada paso de la bestia.

Corrieron sin mirar atrás, zigzagueando entre árboles y piedras hasta que lograron perderlo al llegar a la orilla de un gran río.

El agua era verde cristalina, tan clara que se veían las piedras en el fondo.

—Parece agua de alcantarilla —dijo Karl con una mueca.

—¿Qué?

¡Es hermosa!

—replicó Liam.

Karl se acercó al borde y, justo cuando iba a meter un pie, unos peces enormes saltaron del agua.

De repente, un cocodrilo gigantesco emergió y devoró uno de los peces de un bocado.

Karl retrocedió aterrado.

—¡Ni loco cruzo por ahí!

Eiden, observando el horizonte, señaló algo entre los árboles.

—Allá, ¡un puente!

Corrieron hasta él y lo cruzaron con cuidado.

Ya en el otro lado, notaron un sendero que parecía llevar a algún lugar.

Lo siguieron sin pensarlo dos veces.

A mitad del camino, vieron una carroza rota a un costado.

Una rueda estaba rota, y un hombre de mediana edad intentaba repararla con frustración.

Al verlos, pidió ayuda.

Eiden se acercó sin dudar, y entre los tres lograron reparar la rueda.

El hombre, agradecido, les ofreció llevarlos hasta su destino.

—¿A dónde va?

—preguntó Liam.

—A Beinever —respondió el hombre con una sonrisa.

—¿Beinever?

¿Qué es eso?

—Un pueblo.

Bastante grande.

¿No son de por aquí, verdad?

—Es una…

larga historia —dijo Eiden, rascándose la nuca.

Subieron a la carroza y, mientras el paisaje pasaba, contemplaban la belleza del nuevo mundo.

Montañas lejanas, valles llenos de flores que cambiaban de color con el viento…

Era como un sueño.

Al llegar, descubrieron un pueblo enorme, lleno de vida.

Gente comerciando, niños jugando, y hasta una pelea de gallos con alas dobles y picos afilados como dagas.

Todo era exótico, caótico…

y fascinante.

El hombre se despidió agradeciéndoles nuevamente, y los tres chicos quedaron en medio de la plaza.

—¿Dónde estamos?

—susurró Karl.

A lo lejos, se alzaba una torre altísima.

Imponente.

Parecía dominar todo el pueblo.

—Sea lo que sea…

deberíamos ir hacia allí —dijo Eiden—.

Tal vez encontremos la forma de volver a casa.

Liam y Karl asintieron, pero justo cuando iban a avanzar, una voz los detuvo.

—¡Alto ahí!

Un joven de capa gris apareció entre la gente.

Tenía el ceño fruncido, y sus ojos estaban fijos en ellos.

—¿De dónde vienen?…

Así fue como conocieron a Paul…

y así comenzó la siguiente parte de su viaje.

El joven de capa gris los miraba con desconfianza, pero había algo en sus ojos que no era simple hostilidad…

era alerta.

Como si supiera que ellos no pertenecían a ese lugar.

—¿De dónde vienen?

—repitió, esta vez más firme.

Eiden dio un paso al frente.

—No somos de aquí.

Venimos de otro lugar…

no por elección.

Paul frunció aún más el ceño.

Se acercó lentamente, sin bajar la guardia.

—¿Cayeron por un portal?

Los tres se miraron sorprendidos.

Liam fue el primero en hablar: —¿Tú también lo sabes?

—No todos los que llegan aquí lo hacen caminando —respondió Paul, bajando finalmente la capucha—.

Este mundo tiene grietas, portales, fallas…

y ustedes claramente no entienden lo que eso significa.

—¿Y tú sí?

—preguntó Karl, con tono desafiante.

Paul se giró, dándoles la espalda.

—Síganme.

Aquí no es seguro hablar de eso.

Dudaron por un segundo, pero Eiden asintió.

Caminaron tras él, cruzando calles bulliciosas hasta que entraron por un callejón estrecho que desembocaba en una pequeña puerta de madera vieja.

Paul la empujó y todos entraron.

Era una especie de escondite subterráneo.

Paredes de piedra, mapas clavados con alfileres, estanterías llenas de libros, y una lámpara que colgaba del techo iluminando con una luz tenue.

—¿Qué es este lugar?

—preguntó Liam, maravillado.

—Mi refugio.

Y el de otros que, como ustedes, llegaron desde mundos distintos.

—¿Entonces no somos los únicos?

—dijo Karl, abriendo mucho los ojos.

Paul negó con la cabeza mientras desenrollaba un mapa.

—Beinever es una de las pocas zonas estables de este mundo.

El resto está…

cambiando constantemente.

Es como si todo el lugar respirara y se reconfigurara cada tanto.

Señaló un punto del mapa.

—Ustedes cayeron cerca del Bosque de Lúmen.

No es casualidad.

Hay algo que atrae a los portales hacia esa zona…

y eso puede significar que algo grande se acerca.

Eiden se inclinó sobre el mapa.

—¿Y cómo salimos de aquí?

Paul lo miró serio.

—Nadie ha encontrado la forma exacta.

Pero hay una leyenda…

habla de la Torre del Vértice.

Dicen que está en el centro de todos los portales.

Que desde allí se puede ver cada mundo, cada camino…

incluso regresar al origen.

—¿Y dónde está esa torre?

—preguntó Karl.

Paul guardó silencio.

Luego señaló lentamente el punto más alejado del mapa, en el borde superior.

—Ahí.

Pero para llegar tendrán que cruzar muchos territorios.

Y ninguno es seguro.

Eiden se enderezó.

Sus ojos estaban decididos.

—Entonces iremos allí.

—¿Así de fácil?

—exclamó Paul con una mezcla de burla y admiración—.

¿No vas a pensarlo dos veces?

—No hay vuelta atrás.

No podemos quedarnos aquí para siempre.

Paul lo observó un momento.

Luego asintió con una leve sonrisa.

—Entonces prepárense.

Partimos al amanecer.

Esa noche durmieron en el refugio.

Paul les dio mantas y algo de comida seca.

Mientras los demás dormían, Eiden se quedó mirando el techo de piedra, pensando en lo que les esperaba.

Una nueva tierra, nuevas reglas…

y quizás, nuevos aliados.

Afuera, la noche avanzaba.

Las dos lunas cruzaban el cielo, y en el fondo, lejos de los ojos humanos, algo comenzaba a moverse entre las sombras de otros portales.

Porque los portales no solo dejaban entrar viajeros…

también cosas mucho más oscuras.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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