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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 Puertas que solo la mente abre
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30: Capítulo 30: Puertas que solo la mente abre 30: Capítulo 30: Puertas que solo la mente abre Uno por uno, los chicos comenzaron a salir de entre la niebla ilusoria.

Sus rostros estaban pálidos, pero sus miradas brillaban con una intensidad renovada.

Habían enfrentado sus propios miedos, sus recuerdos, sus culpas… y ahora, algo dentro de ellos había cambiado para siempre.

Nyrek los esperaba en silencio frente a la gran puerta que se había abierto al final de la sala.

Al verlos emerger, solo asintió.

Habían pasado la primera prueba… pero aún no era el final.

Tras cruzar el umbral, los recibió una extraña sala iluminada por una suave luz celeste.

En el centro, un hombre de unos treinta años permanecía inmóvil, sentado en posición de loto, con los ojos cerrados.

Su vestimenta era similar a la de ellos, pero más desgastada por el tiempo.

Había una serenidad en su presencia que imponía respeto.

—Felicitaciones por haber llegado hasta aquí —dijo sin abrir los ojos—.

Superar los miedos internos es más difícil que cualquier batalla.

Eiden frunció el ceño.

—¿Quién eres?

El hombre finalmente abrió los ojos.

Tenía una mirada sabia y penetrante.

—Alguien como ustedes.

Un guerrero.

Solo que hace más tiempo en este camino.

Señaló con la cabeza una puerta al fondo de la sala, bloqueada por una barrera translúcida.

—Esa es la salida.

Pero no podrán abrirla con fuerza, ni con poderes.

Solo con mente y control.

—¿Cómo funciona eso?

—preguntó Liam, intrigado.

—Concentración.

Unión.

Dominio mental.

Yo podría abrirla por ustedes —dijo, sonriendo levemente—.

Pero no lo haré.

Porque deben lograrlo por sí mismos si quieren avanzar en su verdadero potencial.

Este hechizo lo creé para probar mi mente.

Ahora es su turno.

Los tres se miraron y asintieron.

Se sentaron a su alrededor, formando un círculo con él hombre en el centro, como un eje de equilibrio entre ellos.

—Antes de empezar —preguntó Karl, con la voz apenas un susurro—.

¿Cuál es tu nombre?

El hombre abrió los ojos por un momento y sonrió con serenidad.

—Si de verdad quieren saberlo…

búsquenlo en mi mente.

—No sabemos leer mentes —gruñó Karl, cruzando los brazos.

—Pero pueden aprender —dijo él con tranquilidad—.

Si conectan cuerpo, mente y energía, podrán hacerlo.

Intenten.

Cerraron los ojos.

El aire en la sala pareció volverse más denso, cargado de una energía antigua pero acogedora.

Respiraron al unísono, guiados solo por el ritmo de su interior.

Poco a poco, el sonido del mundo exterior desapareció… solo quedaba el latido compartido de tres mentes intentando fundirse en una sola.

Liam fue el primero en dejarse llevar.

Sintió cómo una presencia suave, ajena pero cercana, tocaba los bordes de su conciencia.

Era Karl.

No con palabras, sino con emociones crudas, sensaciones no dichas.

Karl, por su parte, notó imágenes que no recordaba haber vivido: los miedos de Eiden, las dudas de Liam, sus propias heridas, reflejadas como espejos enfrentados.

El tiempo perdió sentido.

No sabían si habían pasado minutos o una eternidad, pero algo hizo clic.

De pronto, una palabra clara y poderosa brotó en sus pensamientos sincronizados, como una chispa encendiendo una antorcha: “Lujius”.

En ese instante, su voz resonó en sus cabezas, serena pero firme: —Lo lograron.

Mi nombre es Lujius.

Y están listos.

Frente a ellos, la gran puerta que había bloqueado su camino comenzó a emitir un resplandor pálido.

No se abrió con estruendo, no se rompió.

Simplemente… desapareció.

Como si nunca hubiera estado allí.

La barrera, hecha de pura voluntad y concentración, había sido vencida por lo mismo.

Lujius se puso de pie con elegancia, como si llevara siglos esperando ese momento.

—Gracias por no rendirse —dijo, mirando a cada uno con una mezcla de orgullo y paz—.

Vayan.

Aún les queda mucho por descubrir.

Los tres se inclinaron en señal de respeto.

No solo por lo que acababan de vivir, sino por lo que acababan de comprender: la mente, bien entrenada, podía ser la puerta más poderosa de todas.

Nyrek los siguió con paso tranquilo, como si hubiera sabido desde el principio que ese era el camino.

Detrás de ellos, el espacio comenzó a desvanecerse… o quizá solo estaba allí para quien realmente estuviera preparado para verlo.

— Una vez fuera, la luz del sol los cegó por un momento.

El aire fresco parecía más limpio, más real.

Y ahí, parado junto al sendero, como si los hubiera estado esperando todo el tiempo, estaba él.

—Ahora entienden por qué sabía de ustedes, ¿no?

—dijo con una sonrisa suave.

Liam lo reconoció de inmediato: era el misterioso guía del bosque.

—Vos también entraste a ese lugar, ¿verdad?

El hombre asintió.

—Hace mucho tiempo.

Y aprendí cosas que cambiaron mi camino.

Como Lujius.

Como otros.

Algunos nunca volvieron…

otros, decidimos compartir lo aprendido.

Eiden, curioso, preguntó: —¿Cuál es tu nombre?

El hombre los miró con una expresión amable y respondió: —Me llaman Quor, el guía de exploradores perdidos.

Pero pueden decirme solo Quor.

Entonces sacó de su túnica tres collares hechos de pequeñas flores y piedras.

—Estos son amuletos de la suerte.

Bendecidos por la energía mental que ustedes mismos invocaron.

Les darán claridad… y protección.

Ténganlos siempre cerca.

Uno a uno los aceptaron.

No sabían si funcionaban o no, pero algo en el gesto se sentía profundamente auténtico.

—Y cuidado con lo que viene —agregó Quor, serio ahora—.

Las criaturas que Dark abandonó no son solo salvajes… muchas fueron torturadas.

Algunas aún piensan que están sirviendo a su amo.

No tendrán piedad.

—Tampoco la esperen de nosotros —dijo Eiden, firme, ajustando su collar.

Se despidieron de Quor con un apretón de manos y un agradecimiento silencioso.

Luego retomaron el camino.

Ya no eran los mismos.

Sus mentes eran más fuertes.

Sus lazos más profundos.

Y la batalla que los esperaba… más cercana que nunca.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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