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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 Capítulo 31 El valle de las pesadillas
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31: Capítulo 31: El valle de las pesadillas 31: Capítulo 31: El valle de las pesadillas El aire se volvía más frío a cada paso.

Las montañas se alzaban frente a ellos como colosos antiguos, con sus cimas ocultas tras densas nubes de tormenta.

Allí, en lo más alto, dormían —o eso decían las leyendas— las criaturas que Dark había creado, utilizado…

y luego dejado atrás como errores, abominaciones sin nombre.

—¿Cuánto falta?

—preguntó Karl, con la mirada clavada en la pendiente escarpada.

—Un día…

quizá menos si tomamos el atajo por el acantilado —respondió Nyrek con voz baja—.

Pero si lo hacemos, las probabilidades de enfrentamientos son del 100%.

—Perfecto —dijo Liam, con los ojos ardiendo de determinación—.

Vinimos a luchar.

No a esquivar lo inevitable.

Las montañas no solo representaban un desafío físico.

Algo en el aire era diferente.

Más pesado.

Como si cada piedra, cada roca, guardara recuerdos de gritos, batallas perdidas, rugidos lejanos.

A lo lejos, se oía el eco de criaturas que no deberían existir.

Cuando llegaron al primer descanso del camino, vieron lo que quedaba de un antiguo puesto de vigilancia.

Solo ruinas, pero aún quedaba un estandarte rasgado con un símbolo: un ojo cerrado.

Era la señal de que uno de los primeros monstruos estaba cerca.

Era una advertencia.

—Aquí es donde empieza la verdadera cacería —dijo Eiden, ajustándose el amuleto de la Suerte que Quor le dio.

El suelo tembló ligeramente bajo sus pies.

Algo ya los había olido.

— El aire se volvió más denso.

El silencio fue reemplazado por crujidos sutiles entre los árboles resecos que bordeaban la ladera.

Cada sonido, cada hoja movida por el viento, parecía tener intenciones ocultas.

—¿Lo sienten?

—murmuró Liam, cerrando los puños con tensión.

—Sí…

algo nos está observando —añadió Eiden, su cuerpo en alerta máxima.

El suelo no temblaba esta vez.

No había pasos.

Solo…

presencia.

Algo se deslizaba entre las sombras, esquivando cada mirada, cada intento de ubicarlo.

El primer monstruo no era una bestia de fuerza bruta.

Era un cazador.

Uno que sabía jugar con el miedo.

—Manténganse juntos —dijo Karl, con la voz baja pero decidida.

Un chirrido agudo cortó el aire.

Luego, silencio.

El siguiente segundo lo cambió todo.

Un grito.

Un zarpazo.

Un cuerpo derribado.

Eiden fue lanzado al suelo por una figura cubierta de una oscuridad viva, un amasijo de patas torcidas y ojos brillantes que parecían absorber la luz misma.

—¡POR DIOS, QUÉ BICHO MÁS FEO!

¡¡AY, QUÍTAMELO!!

—gritó Eiden forcejeando con la criatura, que chillaba con un sonido que parecía una mezcla entre rugido y risa enfermiza.

Liam y Karl no lo pensaron.

Corrieron.

—¡Estoy yendo, estoy yendo!

¡Pero no prometo que no me dé un infarto en el camino!

—gritó Karl, lanzándose con un grito de guerra más torpe que heroico.

—¡Creo que no sirvió de nada ese entrenamiento mental porque al ver esa cosa me da miedo igual!

—añadió, mientras sus manos se cubrían de energía inestable, producto del impulso emocional.

Liam, aunque pálido, respiró hondo y dejó que su energía fluyera.

—¡Bájate de él, sombra asquerosa!

En un impulso coordinado, entre los tres canalizaron su poder.

No eran ataques limpios, ni habilidades refinadas.

Pero el miedo, la rabia y la voluntad se combinaron en una explosión de energía que empujó a la criatura varios metros atrás.

El monstruo se replegó con un chillido y se desvaneció entre los árboles, como si la misma oscuridad lo absorbiera.

Eiden se incorporó sacudiéndose como si tuviera cenizas encima.

—Dios…

¿vieron esa cosa?

Ni los horrores mentales eran tan feos como eso.

Karl lo ayudó a levantarse.

—Te juro que por un segundo pensé en rendirme y volver con Lujius a meditar hasta convertirme en piedra.

Liam soltó una carcajada nerviosa.

—Bueno, al menos sabemos que sí sentimos miedo…

y que seguimos avanzando a pesar de él.

—Eso…

también es valentía, ¿no?

—dijo Eiden, respirando agitado.

Los tres se miraron.

Sabían que no sería el único encuentro.

Pero también sabían que, mientras pudieran sentir miedo y aún así seguir adelante, no estaban perdidos.

Un nuevo crujido se oyó más adelante.

—¿Listos para el segundo intento?

—preguntó Liam.

—No —dijo Karl—.

Pero vamos igual.

Y siguieron avanzando.

— El bosque comenzó a cambiar conforme avanzaban.

Los árboles se volvían más retorcidos, con troncos que parecían doblarse como si observaran.

El suelo crujía, pero no sabían si era por sus pasos…

o por algo más.

El viento era apenas un susurro, uno que traía consigo una sensación de ser constantemente vigilados.

—¿Y si el siguiente es peor?

—murmuró Karl, mirando a todos lados.

—Lo será —respondió Liam sin rodeos—.

Pero ya no estamos tan ciegos como antes.

Eiden iba al frente, más atento que nunca.

Cada sombra, cada raíz mal puesta, lo hacía tensar los músculos.

Entonces, se detuvieron en seco.

Frente a ellos, el camino se dividía en tres senderos.

No había señales.

Solo una densa neblina cubriendo cada uno.

Parecían idénticos, pero la energía era distinta.

Uno estaba completamente en silencio, otro emitía un zumbido sutil, y el tercero…

tenía un eco de respiración pesada, como si alguien —o algo— estuviera esperando.

—No me gusta esto —susurró Eiden.

—Tampoco a mí —añadió Karl.

Liam dio un paso hacia el sendero del zumbido, pero algo invisible lo empujó hacia atrás.

Los tres cayeron al suelo.

Y ahí, frente a ellos, la niebla se levantó como una cortina, revelando al segundo monstruo.

Este no era solo feo.

Era como un rompecabezas viviente.

Su cuerpo parecía compuesto por trozos de otros seres: bocas en lugares donde no deberían ir, brazos alargados unidos por costuras, ojos girando en espiral y una piel que parecía brillar con una textura líquida.

—¿Qué es esto…?

—dijo Karl con la voz quebrada.

El monstruo no atacó de inmediato.

Se dividió…

literalmente.

Su cuerpo se quebró en tres figuras idénticas, cada una con una energía distinta, una destinada a cada uno de ellos.

—¡Nos está desafiando por separado!

—gritó Liam.

—¡Nos quiere dividir!

—añadió Eiden.

La criatura los obligó a retroceder, cada uno por un sendero distinto.

Gritaron los nombres de los otros, pero las voces se desvanecían como humo.

Ya no estaban juntos.

Cada uno tendría que enfrentar a una parte del monstruo…

solo.

** Karl se encontró en una zona en penumbra.

Su enemigo se movía rápido, pero lo que lo estaba afectando no era el monstruo en sí…

sino los susurros.

La criatura hablaba con su voz.

Le decía cosas que no quería oír: “Nunca serás tan fuerte como Eiden.” “Siempre estás un paso atrás.” “Eres el que más duda de sí mismo.” Karl cayó de rodillas.

Cerró los ojos.

Quiso taparse los oídos…

pero luego recordó algo: “La mente también se entrena en el campo.” Inspiró profundo.

En vez de resistir, escuchó.

—Tal vez esas voces existan…

pero yo decido si las creo.

Y con esa fuerza, su energía resurgió, y golpeó con su aura a la criatura, que gritó como si estuviera siendo desarmada desde adentro.

** Eiden, en su camino, fue atrapado en una ilusión: volvió a ver a su familia, a sus amigos.

Estaban ahí…

pero deformados, retorcidos.

Querían que se quedara, que no peleara más.

—No tiene sentido, Eiden…

ven con nosotros —decían, con voces suaves pero sin alma.

Eiden retrocedió.

Sabía que era mentira.

Pero dolía.

Hasta que gritó: —¡Si son ilusiones, entonces no pueden herirme!

¡Y si sí pueden…

al menos lucharé despierto!

Rompió la ilusión de un golpe al suelo, liberando una onda de energía que destruyó todo a su alrededor.

** Liam, por su parte, enfrentó el vacío.

No había criatura, solo una oscuridad absoluta.

Hasta que una voz resonó: “¿Y si no eres nada sin los otros?” “¿Qué eres tú, si no estás con ellos?” El miedo más profundo de Liam: ser irrelevante, ser olvidado.

Pero entonces pensó: “Siempre fui yo el que los ayudó a mantenerse firmes.

No necesito ser recordado.

Solo necesito estar aquí.

Ahora.” Esa certeza encendió su cuerpo como una estrella.

Su luz iluminó la oscuridad…

y destruyó la ilusión.

** Los tres monstruos cayeron al mismo tiempo.

La barrera entre los caminos se rompió.

Se reencontraron en el centro del cruce.

Estaban agotados.

Sudorosos.

Pero enteros.

—¿Están bien?

—preguntó Liam.

—Más o menos —dijo Karl—.

Creo que me rompió el orgullo, pero bueno…

—Fue como…

como si supiera todo de nosotros —añadió Eiden—.

Este lugar no solo quiere matarnos.

Quiere quebrarnos.

Se miraron.

Más que compañeros, eran reflejos de una misma batalla: la interna.

Y, por ahora, la habían ganado.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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