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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 Cuando el valor supera el acero
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32: Capítulo 32: Cuando el valor supera el acero 32: Capítulo 32: Cuando el valor supera el acero Aún sacudiéndose el miedo del cuerpo, los tres continuaron por el sendero principal.

El aire era más denso.

A cada paso, la niebla se volvía más oscura.

Pero en medio del silencio, escucharon una voz.

—¿Hola…?

¿Hay alguien?

Los tres se miraron.

Eiden fue el primero en hablar.

—¿Quién anda ahí?

Una figura emergió desde la niebla.

Era un joven de cabello desordenado, con una túnica gris, sucia por el barro.

Tenía el rostro pálido y los ojos cansados, pero no parecía hostil.

—¿Ustedes también…

escaparon?

—¿Escapamos de qué?

—preguntó Karl, levantando la guardia.

El joven levantó las manos, temblando.

—Me llamo Relm.

Era parte de un grupo de cinco.

Vinimos aquí…

hace semanas, buscando al monstruo que asolaba los pueblos del norte.

Pero… nos encontró primero.

Liam dio un paso adelante.

Su mirada fue sincera.

—¿Qué pasó con tu grupo?

Relm bajó la cabeza.

—Uno fue devorado…

otro perdió la cabeza, literalmente, al mirarlo.

Los demás…

no sé si siguen vivos o si…

se convirtieron en otra cosa.

Solo corrí.

Como un cobarde.

—No eres un cobarde si aún estás de pie —dijo Eiden con firmeza—.

¿Puedes pelear?

Relm tragó saliva.

—Sé curar.

Y conozco un poco los caminos de aquí.

Eso les puede servir.

Karl soltó un suspiro y asintió.

—Está bien, quédate cerca.

Pero si vemos que eres una trampa, te vas de cara contra un árbol.

Relm sonrió, débilmente.

—Trato justo.

— Horas después, la niebla cedió ante un claro iluminado por una luz grisácea.

Allí, en medio del espacio, una figura descansaba sobre un montón de huesos.

Una criatura enorme, de al menos tres metros.

Su piel era gris verdosa, cubierta de cicatrices y símbolos tribales antiguos.

Tenía un rostro sin boca, pero con cinco ojos rojos que se movían por separado.

Estaba dormido… pero no por mucho.

—Ese es uno de ellos —susurró Relm, agachado tras unas rocas—.

Lo llaman “El Recolector”.

—¿Recolector de qué?

—murmuró Karl.

—Almas.

O eso dicen.

—Qué simpático —ironizó Eiden.

Entonces, sin previo aviso, una rama crujió.

Relm giró y vio a una niña, de no más de diez años, con una flor azul en la mano.

—¡Lía!

—gritó, y salió corriendo.

La niña lo miró con terror.

El monstruo abrió los ojos.

Todo pasó en segundos.

El Recolector lanzó un zarpazo.

Relm se lanzó sobre la niña y la protegió con su cuerpo.

La criatura gruñó, su piel vibrando con poder oscuro.

Eiden y Liam corrieron.

Karl gritó: —¡Sin armas, pero con agallas!

Liam usó su energía para lanzar una onda de choque que distrajo al monstruo.

Eiden sacó un cuchillo de emergencia que apenas servía para abrir frutas, pero lo usó igual, buscando un punto débil en las articulaciones del bicho.

Karl fue directo al rostro, golpeando con los puños envueltos en su aura.

La batalla no fue limpia.

Fue desesperada.

Relm, con el cuerpo ensangrentado, protegía a Lía, que sollozaba.

—Te prometí…

que no estarías sola —susurró él, sonriendo débilmente.

Eiden cayó de rodillas, jadeando.

—¡Este monstruo no cae!

Entonces Lía gritó con una voz distinta…

más antigua.

—¡Suficiente!

Sus ojos brillaron de azul profundo, y una onda se expandió.

El Recolector se tambaleó.

No comprendían qué pasaba…

hasta que Relm, entre susurros, explicó: —Lía…

no es solo una niña.

Es el recipiente de un alma ancestral.

Por eso la protegí.

El Recolector, debilitado, intentó huir.

Pero Karl, con el último aliento de energía que le quedaba, dio un salto y lo aplastó con una explosión de fuerza contenida.

Silencio.

El monstruo quedó inerte.

Liam miró a Relm, que apenas respiraba.

—¿Aguantarás?

—Aguantaré…

mientras ella esté a salvo.

Eiden se agachó y puso una mano en su hombro.

—Tú no corriste.

Salvaste una vida.

Eres más valiente que muchos soldados.

Lía tomó la mano de Relm.

Su poder ya estaba volviendo a dormir.

Los tres miraron a esos dos, tan rotos…

y tan humanos.

Y por primera vez desde que llegaron, entendieron que en esa tierra no estaban solos.

Había gente que luchaba, que perdía, que sufría…

y aún así, no se rendía.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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