Vornex: Temporada 1 - Capítulo 35
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- Capítulo 35 - 35 Capítulo 35 Portadores del cambio
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35: Capítulo 35: Portadores del cambio 35: Capítulo 35: Portadores del cambio Anteriormente en Vornex… Las sombras no existen para ocultarte, sino para enseñarte a ver en la oscuridad quién eres realmente.
Mucho antes de que Lujius alzara su espada, antes de que Azerion se perdiera en su propia oscuridad, hubo caminos distintos, vidas marcadas por la pérdida, la culpa y la búsqueda desesperada de sentido.
Karl, Eiden, Lía, Relm… cada uno llegó a esta cueva cargando sus propios fantasmas.
La travesía no ha sido solo por sobrevivir, sino por descubrir.
Descubrir que el verdadero enemigo no siempre es externo.
A veces, vive dentro, oculto tras decisiones, heridas o renuncias.
Los clones de pesadilla fueron más que un obstáculo: fueron reflejos.
Ecos de lo que podrían convertirse si dejaban que el miedo tomara el control.
Y sobrevivir a ellos no fue una victoria física… fue una declaración.
Y cuando la batalla parecía terminar, la oscuridad mostró su verdadero rostro.
Un enemigo no sediento de destrucción, sino devorado por el abandono.
Un ser sin nombre que se convirtió en sombra para no tener que recordar quién fue.
Pero alguien apareció.
No para derrotar, sino para recordar.
Lujius.
Y en ese encuentro, no chocaron solo acero y sombras… sino verdades.
Y la más poderosa fue esta: La luz no nace de negarla, sino de atravesarla.
Ahora, el tiempo se detiene.
Las cenizas aún flotan.
Pero el fuego del alma sigue encendido.
— El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de un naranja profundo.
Mientras el resto del grupo tomaba el sendero de regreso a Beinever, Lujius y Azerion caminaban por una ruta distinta, una más estrecha y silenciosa, rodeada por árboles antiguos y sombras largas.
Azerion, con los ojos aún cargados de dudas, rompe el silencio.
Azerion: —¿Por qué me ayudaste…?
Después de todo lo que hice… ¿por qué no me detuviste para siempre?
Lujius (sin mirar hacia él, caminando con paso firme): —Porque pude ver lo que había en tu interior.
No eras malo por naturaleza, Azerion.
Estabas…
roto.
Destrozado por dentro por todo lo que viviste.
Y no, eso no justifica el daño… pero sí explica algo más importante: Que puedes cambiar.
Azerion frena un segundo.
Baja la mirada.
Las palabras de Lujius no eran un consuelo…
eran una verdad que dolía, pero sanaba al mismo tiempo.
Lujius (volteando finalmente): —Cuando me enfrento a un enemigo, no pienso primero en derrotarlo.
Pienso si puede ser salvado.
Muchos no entienden eso… creen que dudar es debilidad.
Pero yo lo veo diferente: No hay mayor fuerza que ver luz donde otros solo ven oscuridad.
Y tú… tú aún tenías una chispa.
Una que elegí no apagar.
Azerion aprieta los puños, pero esta vez no de furia, sino de emoción contenida.
Sus ojos, por primera vez en mucho tiempo, tiemblan no por rabia, sino por algo nuevo… algo que apenas recordaba: afecto.
Azerion: —…Gracias.
Nunca tuve a nadie.
Nadie que me cuidara, que me acompañara…
Siempre estuve solo.
Pensé que así era mi destino.
Pero ahora… ahora sé que no lo estoy.
Que hay alguien que ve en mí… algo más que mi sombra.
Lujius sonríe, apenas, pero suficiente para ser sincero.
Su expresión se suaviza.
Camina unos pasos más, luego se detiene y mira hacia el bosque que se abre frente a ellos.
Lujius: —Es hora de irnos.
Te voy a entrenar, Azerion.
Pero no para que alejes la oscuridad de ti… Sino para que aprendas a no temerle.
Azerion lo mira, impactado por esas palabras.
Y sin decir nada más… simplemente lo sigue.
Ambos se alejan, perdiéndose entre los árboles.
Dos figuras distintas, con pasados opuestos, pero un mismo camino por delante.
Un nuevo viaje comienza, no de redención, sino de transformación.
Porque a veces, el primer paso para sanar…
es que alguien crea en ti cuando tú ya no lo haces.
— El grupo caminaba de vuelta por el sendero que los había llevado a las sombras.
El aire era más liviano esta vez.
A lo lejos, entre los árboles con hojas que brillaban con la luz del atardecer, una figura conocida los esperaba: Quor, el hombre de los caminos, de mirada serena y sabiduría antigua, los observaba con una leve sonrisa.
Quor: —Vaya…
han vuelto.
Y no solo han vuelto, han cambiado.
Se nota en sus ojos…
ahora están preparados.
Mentalmente, espiritualmente.
Liam, Karl y Eiden intercambian miradas.
Sus cuerpos cargaban el cansancio, pero también una firmeza nueva.
La que solo llega después de haber enfrentado algo real.
Eiden (con una sonrisa sincera): —Gracias, Quor.
Sin tus palabras y sin tu guía, no estaríamos aquí ahora.
Quor asiente, pero luego observa a los nuevos acompañantes.
Lía, Nyrek y Relm se acercan con respeto.
Relm: —Un gusto conocerte.
Escuchamos cosas buenas de ti.
Lía: —Gracias por lo que hiciste por ellos.
Realmente se nota lo que pasaron.
Quor (mirándolos con esa expresión que parecía ver más allá de lo visible): —Bienvenidos.
Me alegra ver nuevas caras… con nuevas historias.
Aunque… ya veo que algunas flores han hablado.
Los chicos lo miran, sin entender del todo.
Karl, medio riéndose, toca su collar de flores.
Karl: —¿Te refieres a esto?
Bueno, capaz sí nos dieron suerte, ¿no?
Pero de pronto, Eiden y Liam bajan la mirada y revisan sus collares.
Las flores, antes vibrantes, ahora estaban marchitas, secas, opacas.
Karl hace lo mismo… y su collar también había perdido toda su vitalidad.
Un silencio los rodea.
Liam (sorprendido): —¿Qué significa esto…?
Eiden: —Quor… ¿estos collares…?
Quor (mirándolos con calma): —No eran decoraciones.
Eran reales.
Objetos de suerte verdadera.
Pequeñas bendiciones de este lugar… Pero sólo funcionan una vez.
Y ustedes las usaron bien.
Sin ellas, tal vez no habrían salido de esa oscuridad.
Los tres se miran.
La realidad cae sobre ellos: esos collares los protegieron… de algo más grande de lo que imaginaban.
Karl: —Entonces… gracias.
De verdad, gracias.
Sin esto, no lo habríamos logrado… Quor levanta una mano, negando con suavidad.
Quor: —No me malinterpreten.
Los collares les dieron un empujón… Pero no hicieron el trabajo por ustedes.
Fueron ustedes quienes enfrentaron a las sombras.
Quienes se levantaron cuando el miedo los quería romper.
Eso no lo hace un collar.
Eso lo hace la voluntad.
Nyrek, que había escuchado en silencio, asiente en voz baja.
Quor (con voz más firme): —Ustedes vienen de otro mundo.
Un mundo donde no se entrenan las mentes para resistir lo imposible.
Pero aquí… están cambiando.
Y si fueron capaces de salir de allí con la flor seca… Entonces pueden enfrentar cualquier oscuridad que venga.
No porque tengan suerte.
Sino porque están despertando.
El grupo guarda silencio.
No por incomodidad, sino por respeto.
Lo que acababan de oír no era un simple discurso.
Era una verdad que calaba en el alma.
Eiden (con una sonrisa): —Nos diste más de lo que pedimos.
Gracias, Quor… por confiar.
Quor: —El viaje no termina.
Pero ustedes ya no son los mismos que partieron.
Sigan caminando.
El Rey Gimson necesita esas noticias.
Y ustedes… ya están listos para darlas.
Los chicos se despiden.
Unos con palabras, otros con miradas.
Y se alejan entre los árboles, dejando atrás al hombre de los caminos, que simplemente se sienta en una roca, como si supiera que nuevos viajeros llegarán pronto.
El camino a Beinever comenzaba de nuevo.
Pero esta vez, no caminaban solos.
Caminaban con propósito.
Con poder.
Con la verdad de que ya no eran víctimas del destino, sino portadores del cambio.
— Mientras el grupo avanzaba hacia Beinever, el ambiente se sentía extraño.
No era el clima… era el silencio.
Había algo en el aire, como si todos cargaran una pregunta sin responder.
Hasta que Karl la soltó, mirando el camino como si ya no creyera en él.
Karl: —¿Saben…?
A veces me pregunto por qué seguimos haciendo esto.
Con toda la magia, portales, hechizos… ¿por qué no simplemente nos vamos a casa?
¿No es eso lo que queríamos desde el principio?
Los demás lo miraron en silencio.
No era una queja.
Era un pensamiento honesto.
Karl (insistiendo): —Podemos pedirle al Rey Gimson que reabra el portal.
Si lo selló, puede volver a abrirlo.
Podemos irnos.
Sin tener que cruzar más caminos oscuros ni enfrentarnos a cosas que no entendemos.
Eiden bajó la cabeza.
Liam cruzó los brazos, pensativo.
Tenía sentido.
Habían sobrevivido a tanto…
¿para qué seguir arriesgándose?
Pero antes de que alguno respondiera, Relm alzó una ceja, confundido.
Relm: —¿Irse?
¿Volver a casa?
Espera… ¿de dónde son ustedes?
Lía, también sorprendida, se detuvo de golpe.
Lía: —¿No son de aquí?
Liam: —No exactamente.
Somos de la Tercera Dimensión… Ambos retrocedieron un paso.
Sus rostros cambiaron de inmediato, entre sorpresa y… algo de temor.
Relm (casi susurrando): —Eso es… imposible.
El Rey Gimson odia a los de esa dimensión.
Fue él quien la selló.
Lía: —¿Cómo pueden estar aquí entonces?
¿Y con el Rey?
Entonces, Eiden dio un paso al frente.
Con firmeza y sinceridad.
Eiden: —Porque no somos solo de la Tercera Dimensión.
Somos mitad de allí…
y mitad de aquí.
Y… hubo una premonición.
Una profecía.
Se dice que vendrá una amenaza… y seremos nosotros quienes debamos enfrentarla.
No por elección… sino por destino.
Relm y Lía se miraron, aún confundidos, pero ahora comprendiendo el peso que llevaban estos viajeros.
De pronto, Nyrek se tambaleó.
Se llevó la mano a la cabeza y cayó de rodillas.
Lía: —¡¡Nyrek!!
Todos corrieron hacia él.
Tenía los ojos abiertos, pero su mirada estaba ida, como si viera algo más allá.
Nyrek (con voz temblorosa): —Ahora… lo recuerdo.
Liam: —¿Recordar qué?
Nyrek: —Fui enviado aquí.
Por un ángel.
Él fue quien me creó… De repente, una ráfaga de imágenes explotó en su mente.
Un recuerdo olvidado emergía con fuerza.
Vio a un ángel, alto, con alas doradas abiertas como un sol naciente.
Rodeado de otros seres de luz.
Ese ángel tenía un nombre: Lhiss.
Lhiss (en el recuerdo): —Te convertiré en una estatua de agua.
Dormirás, hasta que lleguen los elegidos.
Y cuando ellos lleguen… tu misión será advertirles sobre “Dark”.
El recuerdo se desvaneció de golpe.
Pero antes de irse, Nyrek alcanzó a ver algo más.
Una sombra… una energía tan oscura que ni siquiera Dark la podía contener.
Pero el nombre…
se le escapaba.
Nyrek (jadeando): —¡Dark no era la verdadera amenaza!
Solo era… el comienzo.
Había algo más.
Algo que hizo que los ángeles me crearan de prisa.
Pero…
¿por qué…?
Los seres divinos no deberían apresurarse.
Karl: —¿Estaban asustados?
Nyrek: —Tal vez.
Tal vez algo los obligó a crearme mal, incompleto.
Tal vez… sabían que no había tiempo.
El silencio volvió.
Pero esta vez, era un silencio cargado de revelación.
Eiden se levantó y extendió la mano a Nyrek.
Eiden: —Gracias por todo lo que has recordado, Nyrek.
Ahora lo sabemos.
Ya no estamos aquí para volver a casa.
Estamos aquí porque tenemos un propósito.
Liam: —Cada entrenamiento, cada caída… nos estaba preparando para esto.
Karl (ahora más seguro): —Ya no importa cuánto poder tengamos para escapar.
Porque ya no queremos huir.
Nyrek los miró con ojos renovados.
Ya no se sentía un error, ni una creación incompleta.
Era un mensaje viviente.
Una pieza esencial de lo que venía.
Relm: —Entonces… ¿van a quedarse para enfrentar a esa cosa…?
Eiden: —Vamos a quedarnos… para salvarlo todo.
Y con eso, el grupo volvió a caminar.
Ya no por obligación.
Sino con la certeza de que estaban exactamente donde debían estar.
— El viento soplaba con más fuerza ahora.
Pero no era un viento de tormenta… era como si el mismo mundo susurrara “ya lo entienden”.
Karl caminaba al frente, mirando el horizonte con una mirada distinta.
Más firme.
Más determinada.
Karl: —Puede que el Rey Gimson ya nos haya contado una parte de esto… Pero ahora lo vivimos.
Ya no es solo su historia… es nuestra realidad.
Liam (asintiendo): —Sí.
Aquella vez lo escuchamos como si fuera una leyenda.
Hoy, lo entendemos como una misión que nos pertenece.
Eiden: —No fue casualidad llegar aquí.
Cada paso, cada decisión, cada sacrificio… todo fue parte de un plan más grande.
Y ahora… sabemos cuál es nuestra parte en ese plan.
Lía, aún con la sorpresa fresca, los miraba con admiración.
Lía: —Siempre creí que ustedes eran diferentes… pero no imaginé que fueran tan importantes para el destino de todas las dimensiones.
Relm: —¿Y ahora qué van a hacer?
Karl: —Volver al Reino.
Al castillo de Beinever.
Tenemos que contarle al Rey todo lo que descubrimos.
Sobre Nyrek, sobre Dark… y sobre esa otra amenaza que se oculta detrás.
Nyrek (en voz baja, con los ojos aún algo turbios): —Lhiss me dio la vida para esto… No voy a fallar.
Eiden puso su mano en el hombro de Nyrek.
Eiden: —No lo harás.
No estamos solos en esto.
Y así, con una energía distinta en el cuerpo y una certeza ardiendo en el corazón, el grupo emprendió el camino de regreso al Reino de Beinever.
Ya no eran solo jóvenes atrapados en una dimensión desconocida.
Eran los elegidos… los fragmentos vivos de una verdad mayor, destinados a cambiar el curso de la historia.
Mientras el sol comenzaba a caer detrás de las montañas, proyectando largas sombras sobre el sendero, el cielo parecía abrirse un poco más.
Como si la dimensión misma reconociera que el momento se acerca.
El momento de enfrentar a Dark… y de descubrir qué se oculta más allá de la oscuridad.
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