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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 La Carga y la esperanza
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36: Capítulo 36: La Carga y la esperanza 36: Capítulo 36: La Carga y la esperanza El viento era suave, pero cargaba con una sensación extraña, como si el mundo mismo se hubiese detenido a escuchar lo que vendría.

Tras atravesar todo aquel desafío emocional y dimensional, los tres chicos caminaban en silencio, aún con las palabras resonando en sus cabezas.

Entonces, un sonido inesperado los detuvo.

Aplausos.

Lentos, firmes, retumbando en la distancia.

—¿Qué… es eso?

—preguntó Karl, girando lentamente la cabeza.

A unos metros frente a ellos, entre una ligera neblina que comenzaba a formarse, se erguía una figura conocida.

Su silueta era inconfundible, y su expresión era cálida, casi orgullosa.

Era Hilson.

—Lo lograron —dijo él mientras se acercaba lentamente, con la voz clara y una ligera sonrisa en los labios—.

Sin intervención, sin atajos.

Lo enfrentaron todo… y salieron de pie.

Eiden frunció el ceño, aún algo sorprendido.

—¿Nos estuviste observando todo este tiempo?

—Desde el momento en que cruzaron el umbral —respondió Hilson, deteniéndose frente a ellos—.

No se trataba solo de superar pruebas… se trataba de descubrir su propósito.

Y ahora lo saben: detener a Dark… y algo más que aún no comprenden del todo.

Los tres chicos se miraron entre sí.

Ya no eran los mismos de antes.

Sus ojos, sus posturas, incluso la forma en que respiraban… todo había cambiado.

— Hilson los miró detenidamente, con ese brillo sereno en los ojos que sólo alguien sabio puede tener.

Luego habló con una calma que atravesaba cualquier duda: —Ustedes son la única esperanza… Lo sé, es una carga demasiado grande para tres jóvenes.

Lo es para cualquier ser vivo.

Pero no están solos: están juntos.

Y mientras estén juntos, tendrán el poder de seguir avanzando.

Eiden bajó la cabeza por un instante, sintiendo el peso de esas palabras como si fueran una losa en sus hombros.

—Jamás pensamos que esto iba a ser así… —dijo, en voz baja—.

Solo veníamos de un portal.

Huíamos… no sabíamos lo que nos esperaba.

—Y ahora tenemos que enfrentar a una amenaza que ni siquiera este mundo pudo detener —agregó Karl con los brazos cruzados, mirando al suelo con frustración contenida.

Liam, que hasta ese momento había estado en silencio, levantó la vista con determinación: —Pero si estamos aquí… es por algo.

¿No?

Algo… nos trajo hasta esto.

Hilson asintió con lentitud.

—No subestimen nunca el “algo”.

Hay fuerzas que mueven el destino sin pedir permiso.

Pero también están las decisiones.

Y ustedes ya tomaron la suya: seguir adelante.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue profundo.

Como si todos estuvieran meditando lo que eso significaba.

— Karl rompió el silencio con una pregunta que parecía más para él mismo que para los demás.

—¿Y si fallamos?

Hilson alzó una ceja, caminando lentamente entre ellos.

Sus pasos no hacían ruido, como si el suelo mismo respetara su presencia.

—¿Y si no lo hacen?

—respondió con voz tranquila—.

La duda es parte del camino.

El miedo también.

Pero lo que los define no es eso… es lo que hacen a pesar de ello.

—Yo…

aún no me siento preparado —confesó Liam, bajando la mirada—.

Hay momentos en los que siento que no tengo el poder necesario.

Que en cualquier momento… me romperé.

Hilson colocó una mano sobre su hombro, firme, pero reconfortante.

—El poder que necesitan no siempre se manifiesta con fuerza.

A veces, se oculta en la voluntad de seguir caminando.

Y esa…

ustedes la tienen.

Eiden respiró hondo.

Miró a sus compañeros, y por primera vez, sintió que ya no eran solo compañeros de viaje… Eran hermanos.

Hermanos de destino.

—Tenemos que avisarle al Rey Gimson I —dijo con firmeza, dando un paso al frente—.

Ya no hay vuelta atrás.

Si todo esto es real, si Dark está más cerca de despertar, necesitamos que las dimensiones estén preparadas.

—Y necesitamos más respuestas —añadió Karl—.

Todavía hay muchas piezas que no encajan.

¿Qué es ese “algo más” que debemos enfrentar?

Hilson sonrió, como si esperara esa pregunta.

—Eso lo descubrirán cuando estén listos.

Recuerden esto: no todo lo que deben vencer está allá afuera…

Hay batallas dentro de ustedes que también deben ganar.

El destino no solo se conquista…

también se merece.

Los tres lo miraron con respeto.

Hilson había sido guía, mentor y ahora… algo más.

Un símbolo de lo que aún podían llegar a ser.

—Gracias por todo —dijo Liam con voz temblorosa, pero llena de gratitud—.

De verdad.

Hilson asintió, cruzando los brazos detrás de la espalda.

—Este camino ya no es mío.

Les pertenece a ustedes.

Yo solo encendí la primera chispa.

Ustedes… son quienes deben mantener viva la llama.

Los tres dieron un paso atrás y se inclinaron ligeramente en señal de respeto.

—Nos volveremos a ver —dijo Eiden.

—Tal vez —respondió Hilson con una sonrisa enigmática—.

Pero cuando lo hagan… serán muy distintos a quienes son ahora.

Y así, sin una palabra más, Hilson se dio la vuelta y se perdió entre la neblina, como si el mundo mismo lo despidiera.

Los chicos respiraron profundo.

—¿Listos?

—preguntó Eiden, ajustando su guante.

—No —respondió Karl, con una sonrisa cansada—.

Pero vamos igual.

Y juntos, retomaron el camino.

El viento ya no era tan suave… pero tampoco se sentía tan pesado.

Ahora sabían que su destino no era una condena.

Era una elección.

Y estaban decididos a enfrentarla.

— El trío comenzó a avanzar nuevamente, el paso ahora más lento, como si cada uno intentara absorber el peso de lo que acababan de escuchar.

El viento seguía acariciando sus rostros, pero la atmósfera parecía haberse cargado de una solemnidad única.

—¿Crees que realmente somos la única esperanza?

—preguntó Karl, con una voz cargada de incredulidad—.

A veces siento que todo esto es demasiado…

como si estuviéramos en una historia que no pedimos protagonizar.

Eiden apretó los puños, mirando al horizonte con determinación, aunque en sus ojos brillaba una chispa de duda.

—No podemos pensar así —dijo firme—.

Somos los que estamos aquí, ahora.

Y si Dark es la amenaza, nosotros somos quienes debemos enfrentarlo.

No podemos escondernos.

Liam, que caminaba un poco atrás, tomó la palabra con serenidad: —Cada uno carga con sus propios miedos.

Pero también con una fuerza que no siempre reconocemos.

Si algo nos trajo hasta aquí, también nos dará las herramientas para lo que viene.

Karl soltó una risa breve, casi irónica.

—¿Herramientas?

¿Como qué?

¿Más portales?

¿O quizás una varita mágica que nos saque de líos?

Los otros dos lo miraron, y Eiden le dio una palmada en la espalda.

—No es un chiste, Karl.

Esto no es un juego.

Pero tampoco significa que debamos perder la esperanza o el humor.

La charla siguió fluyendo mientras avanzaban, y poco a poco se fueron abriendo más.

—¿Y qué pasa si fallamos?

—preguntó Liam en un susurro—.

Si Dark es tan poderoso como dicen, ¿no es posible que no estemos a la altura?

—No podemos pensar así —respondió Karl—.

¿Qué clase de guerreros seríamos si dejamos que el miedo nos paralice?

Eiden añadió: —Más que guerreros, somos portadores del cambio.

Eso significa que el mundo no estará igual cuando terminemos esto.

Y aunque el camino sea incierto, cada paso que damos cuenta.

Hubo un silencio, esta vez lleno de significado.

Cada uno enfrentaba sus pensamientos, sus dudas y sus esperanzas.

Entonces, una pequeña luz comenzó a bailar a un lado del sendero.

Era una luciérnaga, seguida por otras, que se alzaban y descendían en el aire con un brillo cálido y casi hipnótico.

—¿Luciérnagas?

—murmuró Liam, maravillado.

Pero no eran simples luces.

Conforme las luciérnagas revoloteaban alrededor, parecía que sus destellos formaban palabras, como ecos de voces que parecían susurrar a los pensamientos de los chicos, como si supieran lo que cada uno sentía.

“Valentía”, “Confianza”, “Unidos”, “No están solos”, “El cambio es ahora”.

Cada mensaje vibraba en el aire, alimentando sus ánimos, disipando dudas y encendiendo una llama de esperanza en sus corazones.

Karl sonrió, esta vez con una mezcla de asombro y gratitud.

—Quizás no estamos solos después de todo.

Eiden asintió, mirando esas luces danzarinas.

—El camino es oscuro, pero estas pequeñas luces nos guían.

Tenemos que confiar en eso.

Liam, con renovada energía, dijo: —El destino puede ser incierto, pero mientras mantengamos la fe en nosotros mismos y en lo que somos capaces, podremos con todo.

Con esa sensación de apoyo intangible y poderoso, los tres continuaron su marcha hacia Beinever, con el paso más firme y el corazón lleno de determinación.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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