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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 Capítulo 38 El pueblo fantasma
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38: Capítulo 38: El pueblo fantasma 38: Capítulo 38: El pueblo fantasma El cielo sobre Beinever se mantenía despejado, aunque una brisa helada comenzaba a recorrer los campos.

La calma que siguió a su regreso se sentía extraña… como si el mundo estuviera tomándose una pausa antes de volver a girar.

En uno de los caminos menos transitados, alejado del bullicio del pueblo, Karl caminaba con paso firme.

A su lado, con su largo abrigo ondeando al viento, lo acompañaba Suli, la enigmática guerrera y jefa de una pandilla que alguna vez fue conocida por tener un gran poder y control sobre este.

—¿Es aquí?

—preguntó Karl al llegar a la entrada de una aldea olvidada, donde las casas estaban cubiertas de musgo y las ventanas parecían ojos dormidos.

—Sí.

El Pueblo Fantasma —respondió Suli, sin mirar atrás—.

Hace años nadie pone un pie aquí.

Pero para entrenar como es debido… no hay mejor lugar.

Karl observó el lugar con cierto respeto.

Aquel sitio tenía una energía… diferente.

No era negativa, pero sí densa.

Como si las memorias del pasado aún caminaran entre los restos de las casas.

Suli se detuvo, girando hacia él.

—Antes de comenzar, quiero saber una cosa.

¿Por qué aceptaste entrenar conmigo?

¿Qué es lo que estás buscando?

Karl lo miró directo a los ojos.

No lo pensó mucho.

—Quiero estar preparado.

No para mí… sino para los demás.

Para Eiden, Liam, Lía, Relm… para todos.

Y porque sé que lo que viene… va a necesitar más que solo coraje.

Necesita poder real.

Suli asintió levemente, cruzándose de brazos.

—Buena respuesta.

Pero recuerda esto: el verdadero poder nace cuando sabes por qué peleas… y para quién.

Si eso cambia, tú también cambiarás.

—¿Y tú?

—preguntó Karl con curiosidad—.

¿Por qué aceptaste entrenarme?

Suli se quedó en silencio por unos segundos.

Luego bajó la mirada con una mueca suave en los labios.

—Porque alguien me entrenó una vez… cuando yo también era una joven que buscaba respuestas.

Y aunque ese alguien ya no está, siento que tengo que devolver ese gesto.

Quizás así… su enseñanza no muera conmigo.

Karl sintió un respeto aún más profundo por él.

No necesitaba saber todos los detalles.

Bastaba con la intensidad de esas palabras.

—Entonces… empecemos.

Ambos se separaron unos pasos, y Suli se acomodó en posición de combate, mientras Karl imitaba su postura.

Pero lo que ninguno de los dos sabía… es que no estaban solos.

A lo lejos, entre los restos de una casa semiderrumbada, una figura encapuchada los observaba en silencio.

Sus ojos apenas brillaban bajo la sombra de la capucha, y su respiración era contenida, como la de un cazador que no quiere ser detectado.

Paso a paso, lentamente, comenzó a avanzar, aún a varios metros de distancia, pero acercándose con cuidado… como si esperara el momento justo.

— El sonido del viento colándose entre las ruinas acompañaba el ritmo del entrenamiento.

Las pisadas sobre el polvo, el crujido de piedras sueltas y el eco lejano del pasado parecían ser parte del escenario.

En ese Pueblo Fantasma, los gritos de guerra y las palabras sabias se mezclaban con el silencio.

Suli avanzó primero, rápida como un rayo.

Su pierna se deslizó por el suelo levantando una nube de polvo, buscando desequilibrar a Karl con una barrida.

Karl apenas tuvo tiempo de saltar hacia atrás, pero no lo suficiente: Suli apareció en el aire y, con una palma abierta, descargó una onda de energía que lo lanzó contra una de las paredes.

—Demasiado predecible —dijo la guerrera, calmada, mientras volvía a su postura inicial.

Karl se levantó sacudiéndose el polvo, respirando agitado.

Una vena en su frente comenzaba a marcarse.

—¡Otra vez!

—exclamó, apretando los dientes—.

¡No me subestimes!

—No lo hago —respondió Suli—.

Por eso no te estoy enseñando suave.

Karl cargó energía en sus manos, la concentró en sus brazos y se lanzó hacia adelante con velocidad.

Era un ataque directo, sin rodeos.

Golpeó con la izquierda, luego con la derecha, giró sobre sí mismo y lanzó una ráfaga de energía a corta distancia.

Pero Suli se desvió con un movimiento fluido, como si danzara con el viento, y usó su propio impulso para tomarlo del brazo y derribarlo con una llave seca.

—Demasiada fuerza, poca estrategia.

Golpeas con rabia.

No con propósito.

—¡Lo intento!

—rugió Karl desde el suelo.

—Entonces concéntrate —dijo Suli, ofreciéndole la mano para levantarse—.

Respira.

Observa.

Anticípate.

Volvieron a comenzar.

Esta vez Karl fue más prudente, estudiando los movimientos de Suli.

Copiando algunos gestos.

Intentando encontrar patrones, ritmos.

Suli lanzó una secuencia veloz de golpes, uno tras otro.

Karl bloqueó algunos, esquivó otros, y aunque terminó recibiendo un impacto en el pecho que lo dejó sin aire, esa vez no cayó.

—Eso estuvo mejor —comentó Suli, entrecerrando los ojos.

Volvieron a chocar.

Energía vs experiencia.

Juventud vs precisión.

Karl liberó una técnica parecida a una onda cortante, con los brazos formando un símbolo cruzado.

Suli la detuvo con un simple gesto, redirigiendo la energía hacia el suelo.

—Dominas el poder, pero no el momento —dijo.

Karl retrocedió.

Su respiración era entrecortada, su cuerpo ya empezaba a marcar el desgaste.

—No me rendiré —escupió, limpiándose la sangre del labio—.

Si tú pudiste volverte así de fuerte… yo también.

Cerró los ojos unos segundos.

Recordó las palabras de Hilson.

Las miradas de sus amigos.

Los riesgos que venían.

Sintió algo encenderse en su interior.

Y cuando volvió a abrir los ojos… ya no era el mismo.

Cargó toda su energía, pero esta vez no de forma salvaje.

Se centró.

Midió la distancia.

Y con un movimiento limpio, impredecible, se lanzó hacia Suli por un ángulo muerto.

El golpe impactó.

Suli retrocedió dos pasos, sorprendido.

Su rostro no mostraba dolor… sino una tenue sonrisa.

—Eso fue… inesperado —dijo, y esta vez fue él quien dio un paso atrás para tomar aire—.

Has entendido.

Karl, jadeando, apenas pudo asentir.

Su cuerpo dolía, pero su espíritu no.

—Esto… es solo el comienzo —dijo.

—Exactamente —respondió Suli.

Y en ese preciso instante, ambos giraron la cabeza.

Sintieron algo.

No era un ruido… sino una presencia.

La figura encapuchada, a lo lejos, ya no se ocultaba entre las sombras.

Estaba de pie, inmóvil.

Observándolos fijamente.

Su energía era extraña.

No era maligna… pero tampoco pacífica.

Una tensión invisible comenzaba a crecer en el aire.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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