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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 41

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  4. Capítulo 41 - 41 Capítulo 41 La sombra del pueblo fantasma
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41: Capítulo 41: La sombra del pueblo fantasma 41: Capítulo 41: La sombra del pueblo fantasma El aire estaba denso, impregnado de un silencio extraño que parecía absorber hasta el más leve suspiro.

Las calles vacías del pueblo fantasma permanecían quietas, pero bajo esa calma latía un peligro palpable.

Suli y Karl se plantaron firmes, sus miradas firmes en la oscuridad que comenzaba a ondular a su alrededor.

El resplandor apagado que había emergido del suelo se desvanecía, dejando paso a la aparición de figuras espectrales que flotaban sin peso, sus formas casi translúcidas y sus ojos vacíos llenos de odio.

Orión observaba desde la entrada del pueblo, su figura encapuchada recortada contra el crepúsculo, atento a cada movimiento de sus pupilos.

-Recuerden -su voz resonó profunda y calmada-, estos fantasmas son la esencia de las almas atrapadas aquí.

Son intangibles, pueden atravesar cualquier defensa física, por eso les enseñé la habilidad para hacerlos tangibles y combatirlos cuerpo a cuerpo.

Karl asintió, ajustando la nueva energía que se concentraba en sus manos, una luz azulada que chisporroteaba con potencia contenida.

-No podemos permitir que nos sobrepasen -dijo Suli, activando la habilidad que Orión les había enseñado, sintiendo cómo un aura brillante comenzaba a envolverla-.

Debemos ser rápidos y precisos.

El primer fantasma apareció a pocos metros, su forma espectral estirándose como humo antes de abalanzarse sobre Karl.

Con un movimiento fluido, Karl activó la habilidad, proyectando una onda de energía que hizo que el fantasma adquiriera una forma sólida por un instante, permitiéndole asestar un golpe certero que lo disipó en chispas de luz.

Suli siguió con un ataque giratorio, atravesando a otro espectro que se materializó, derribándolo con un corte limpio y dejando atrás una estela luminosa.

Pero no tardaron en venir más.

Los fantasmas emergían de las sombras de las casas, de las grietas en el suelo, multiplicándose sin cesar.

-Estos no se detendrán -dijo Suli, jadeando ligeramente-.

Esto será más difícil de lo que imaginé.

Orión alzó una mano, y con un gesto, las paredes del pueblo comenzaron a brillar tenuemente, revelando runas antiguas que brillaban con una luz espectral.

-Estas runas mantienen el sello que atrapa a los fantasmas aquí -explicó Orión-.

Mientras no se eliminen todos, no podrán salir de este lugar.

Pero ustedes tienen la llave: el dominio de esta habilidad será su salvación.

Karl y Suli intercambiaron una mirada determinada, sabiendo que esta lucha no solo era por salir, sino para protegerse y prepararse para lo que aún estaba por venir.

-No vamos a dejar que este pueblo nos atrape -afirmó Karl-.

Vamos con todo.

La batalla contra las sombras había comenzado.

— El suelo vibró ligeramente cuando una nueva oleada de espectros emergió, mucho más agresiva.

Algunos flotaban en círculos, soltando alaridos desgarradores, mientras otros se abalanzaban con rapidez inhumana, impulsados por una rabia acumulada durante siglos.

-¡¡Karl, cuidado!!

-gritó Suli, arrojando una ráfaga de energía espiritual que interceptó a uno de los espectros justo antes de que alcanzara a su compañero.

-¡Gracias!

-respondió Karl, girando sobre sí mismo y golpeando con fuerza el suelo.

Un pulso de energía se extendió, solidificando a los enemigos cercanos por unos segundos.

Aprovechando ese instante, Suli se impulsó con sus piernas, dio una voltereta en el aire y aterrizó con ambos pies sobre uno de los espectros solidificados, destruyéndolo con una explosión controlada de energía violeta.

Una tormenta de luces flotó por el aire como cenizas incandescentes.

-Estás empezando a controlar bien el flujo -dijo Karl, sonriendo a pesar del cansancio que ya se notaba en su rostro.

-Lo mismo digo.

Tu campo de onda fue más amplio esta vez -le respondió Suli, y por primera vez desde que llegaron, ambos sintieron que estaban aprendiendo de verdad cómo pelear juntos.

En la entrada del pueblo, Orión observaba con una ligera sonrisa.

La energía de ambos se estaba afinando, y esa sincronía era clave.

Sin embargo, aún faltaba el verdadero reto.

Un cambio en el ambiente congeló la sangre de los presentes.

El aire se volvió pesado, como si el tiempo se ralentizara.

El cielo, que ya era gris, comenzó a tornarse morado oscuro, y una niebla espesa surgió del centro del pueblo, reptando por el suelo como dedos buscando presas.

-¿Qué es eso…?

-susurró Karl.

La niebla se concentró en una figura solitaria que flotaba por encima de una antigua estatua quebrada.

Su cuerpo era más definido que los demás fantasmas.

Tenía una silueta de gran tamaño, y una corona rota colgaba de su cabeza.

Sus ojos brillaban con un fuego azul turbio y su boca se abría en una sonrisa perturbadora.

-Ese es el Señor de las Almas -murmuró Orión, entrecerrando los ojos-.

El que los demás espectros obedecen…

el primero en ser maldito en este lugar.

Si lo vencen, el sello caerá.

La figura habló, pero su voz no fue un sonido.

Fue un eco en sus mentes, una presión detrás de los ojos, una lengua que no comprendían…

pero que igual entendieron.

“¿Vinieron a liberar este lugar…?

Qué ingenuos.

Ustedes también serán parte de nosotros.” De inmediato, los espectros se lanzaron como una avalancha.

-¡Ahora empieza de verdad!

-gritó Suli, elevando su aura al máximo.

Karl activó su habilidad, extendiendo el campo energético en forma de escudo mientras avanzaban.

-¡Cúbreme!

Voy a hacer que se solidifique el comandante.

Suli se desplazó con velocidad entre los enemigos, eliminando a varios que intentaban bloquear el paso.

Su energía ya no era solo fuerza: se estaba volviendo precisión.

Cada golpe era quirúrgico.

Cada movimiento tenía propósito.

Karl se detuvo, cerró los ojos, y canalizó todo en una única onda directa al Señor de las Almas.

El impacto fue como una campanada en medio del pueblo.

El espectro mayor se estremeció, sus ojos se ensombrecieron, y su cuerpo comenzó a materializarse…

¡era vulnerable!

-¡SULI, AHORA!

-rugió Karl.

Suli dio un salto enorme, elevándose con fuerza.

En el aire, reunió su energía en una esfera giratoria.

Al descender, gritó con todas sus fuerzas: -¡¡¡LUMEN CERO!!!

-y lanzó el ataque contra el corazón del espectro.

Una explosión de luz llenó el pueblo.

Las casas temblaron.

Las runas brillaron como estrellas.

El Señor de las Almas soltó un alarido antinatural que desgarró el cielo mismo.

Todos los espectros a su alrededor se desvanecieron de golpe como polvo al viento.

El silencio volvió…

pero ahora era un silencio puro.

Orión caminó hacia ellos lentamente.

-Lo han logrado.

No solo dominaron la habilidad.

Han despertado un poder dentro de ustedes que los va a seguir transformando.

Suli cayó de rodillas, exhausta, pero sonriente.

Karl se dejó caer de espaldas, mirando al cielo que por fin mostraba estrellas sobre el pueblo.

-¿Estás bien?

-le preguntó Suli.

-No sé si bien…

pero estoy vivo.

Y eso es más de lo que pensé hace diez minutos -rió Karl.

Orión los miró con una mirada profunda.

Tal vez no lo sabían aún, pero esa batalla había sido más que una prueba de habilidad.

Había sido el primer aviso de que el mundo no perdonaría a los débiles…

y ellos acababan de demostrar que no lo eran.

— El silencio era tan denso que casi dolía.

El aire del pueblo se sentía distinto, como si una gran presión hubiese sido levantada al fin.

La oscuridad comenzaba a disiparse lentamente, y las runas que brillaban en las paredes de las casas se apagaban una a una, dejando una quietud nueva…

serena.

Suli, aún arrodillada, sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo.

Algo dentro de ella le decía que aún no todo había terminado.

Entonces, de entre los restos del espectro que habían derrotado, una figura comenzó a tomar forma de nuevo…

pero no era como antes.

Ya no era imponente ni maligna, sino tenue, luminosa, casi como un reflejo de su verdadera alma.

Era el mismo espíritu del Rey de las Almas…

pero ya no tenía ese rostro distorsionado por la maldición.

Ahora se veía humano, con cabellos largos plateados, ojos serenos, y una túnica rota que parecía haber sido elegante en otro tiempo.

Suli se puso de pie lentamente, con los ojos muy abiertos.

Dio un paso adelante.

Su voz se quebró cuando habló: -…Maestro…

¿Eres tú?

El espíritu la miró con ternura y asintió.

-Mi querida Suli…

pensé que nunca más volvería a verte con mis propios ojos.

Karl, confundido, miró a ambos sin comprender.

-¿Qué está pasando?

Orión, con los brazos cruzados, bajó la cabeza con respeto.

-Él…

era conocido como el Rey de las Almas…

pero su verdadero nombre era Lerian.

Fue un maestro espiritual en la antigüedad.

El mejor que hubo.

Entrenó a los suyos para proteger a los débiles, pero cayó víctima de una traición…

y terminó maldito, encerrado aquí con las almas que intentó salvar.

Pocos sabían que aún existía…

menos aún que era tu maestro.

Suli tenía lágrimas en los ojos.

Se acercó a Lerian, temblorosa.

-Yo pensé que habías muerto…

siempre creí que desapareciste salvándonos de aquella guerra dimensional.

No sabía que te habían…

atrapado aquí.

Lerian sonrió con melancolía.

-Mi alma fue sellada en este pueblo, atada por el odio y el miedo de quienes no pudieron cruzar…

Me volví algo que no era.

Pero tú me liberaste.

Tú me recordaste quién fui.

-Siempre me dijiste que el poder no era solo fuerza, sino propósito -susurró ella.

-Y tú lo encontraste, pequeña luz -dijo Lerian, con la voz ya desvaneciéndose poco a poco-.

Estoy orgulloso de ti, Suli.

Gracias…

por darme paz.

Ella intentó acercarse más, pero su forma ya comenzaba a desintegrarse en partículas doradas.

Antes de desaparecer del todo, Lerian miró a Karl y asintió.

-Cuídala.

Tiene el corazón de una estrella…

pero hasta las estrellas a veces tiemblan.

Y con eso, su forma se disolvió por completo, elevándose al cielo en una estela brillante.

Al instante, todos los demás espectros del pueblo, uno por uno, comenzaron a evaporarse en una danza silenciosa de luz.

La maldición había sido rota.

Karl se pasó una mano por el cabello, aún asimilando todo.

-…Wow.

No pensé que esto fuera tan profundo.

-Era más que una misión -dijo Suli, secándose las lágrimas-.

Era su despedida.

Orión se acercó, poniéndose al lado de ellos.

Karl giró hacia él.

-Oye…

Orión.

Esa técnica que usamos…

la que hizo a los espectros tangibles.

¿Cómo se llama?

Orión alzó la mirada hacia el cielo, donde aún flotaban algunas chispas de luz como luciérnagas.

-Se llama “Esencia Vincularia”.

Es una habilidad ancestral.

Une tu energía con la de otro plano, forzando la manifestación física de entes etéreos.

Pocos logran dominarla sin perderse en el proceso.

Pero ustedes…

lo hicieron bien.

Suli se quedó mirando el cielo unos segundos más antes de hablar: -Gracias, Lerian.

Descansa en paz.

El pueblo quedó en silencio, pero no uno inquietante…

era un silencio limpio.

De liberación.

Y al fondo, una pequeña campana colgando de una casa abandonada, se meció por la brisa, soltando un leve sonido…

como un adiós.

— “Hay vínculos que ni la muerte puede romper, solo silenciar…

hasta que el destino los vuelve a despertar.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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