Vornex: Temporada 1 - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Capítulo 42 Encuentros y decisiones
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42: Capítulo 42: Encuentros y decisiones 42: Capítulo 42: Encuentros y decisiones En el recinto sagrado…
El sudor recorría el rostro de Liam mientras ejecutaba el último movimiento que Nyrek le había enseñado.
A su lado, Eiden cayó de rodillas jadeando, sonriendo pese al agotamiento.
—Y…
ahora sí —dijo Eiden con una sonrisa torcida—.
Creo que ya puedo patear una piedra sin que me devuelva el golpe.
Nyrek rió por primera vez en horas.
—Han mejorado más de lo que creen.
Ambos.
Pero de pronto, sin previo aviso, una intensa luz emergió del pecho de Liam.
La “V” del sello de Virtex resplandeció con fuerza, iluminando el santuario entero con un fulgor dorado casi cegador.
El viento se detuvo.
Todo quedó en silencio por unos segundos.
Eiden se puso en pie de golpe, sorprendido.
—¿Otra vez?
¡Es la segunda vez que eso te pasa!
Nyrek frunció el ceño, confundido.
—Pensé que era la primera vez que veíamos eso.
Liam bajó la mirada y suspiró.
—No… ya me había pasado antes, pero no sabía qué era ni qué significaba.
Solo sé que ese sello apareció en mi pecho en un momento difícil, cuando menos lo esperaba.
Nyrek se cruzó de brazos, reflexionando.
—Lhiss, el ángel que me creó, me habló hace tiempo de un elegido que llevaría ese sello.
No sabía quién sería ni cuándo aparecería, pero sabía que alguien con ese poder tendría que surgir para enfrentar un gran peligro que amenaza este mundo.
Eiden alzó la ceja.
—¿Entonces Liam es ese elegido?
Nyrek asintió lentamente.
—Lo es.
Y aunque tú no lo sepas todo aún, Liam, debes prepararte.
El sello no solo es una marca, es un vínculo con un destino que no podrás evitar.
Liam levantó la mirada, firme.
—Lo sé.
No es la primera vez que el sello se enciende, y no será la última.
Pero no estaré solo.
Lo haré con ustedes.
Nyrek sonrió levemente.
—Muy bien.
Entonces vamos a entrenar para que cuando llegue ese momento, estén listos.
—¡Así sea entrenando con la panza vacía!
—interrumpió Eiden, alzando el puño con una gran sonrisa.
Liam y Nyrek lo miraron, desconcertados.
—¿Qué?
Tengo hambre —dijo Eiden riendo—.
¿Vamos a comer o qué?
Nyrek se dio la vuelta con una sonrisa contenida, y Liam negó con la cabeza, sonriendo también.
Eiden era el equilibrio perfecto entre la seriedad y el alivio.
— Más tarde, en el castillo del Reino de Beinever… El Rey Gimson II los esperaba.
Al verlos entrar, asintió satisfecho.
—Bienvenidos.
Parece que su entrenamiento ha dado frutos.
Y por si no lo sabían, ahora Relm y Lia también han comenzado a entrenar para fortalecerse.
El deseo de mejorar está contagiando al reino.
Eiden se giró sorprendido.
—¿Relm y Lia también?
¡Eso sí que no lo esperaba!
Me alegra ver que todos queremos estar listos.
—¡Ya verás cuando nos toque entrenar juntos!
—añadió Liam con entusiasmo.
—Antes de eso, vamos por otro baño… y luego a comer —remató Eiden con una sonrisa radiante.
Nadie discutió.
— Después de una larga ducha, Liam y Eiden entraron al comedor del castillo, donde el aroma de la comida recién preparada inundaba el aire.
Nyrek ya estaba ahí, sentado tranquilamente, observándolos sin mover un músculo ni probar bocado.
—Nyrek, ¿cómo es que no comes?
—preguntó Eiden, frunciendo el ceño mientras se servía un plato—.
No sé cómo puedes estar aquí sin siquiera probar un bocado.
Nyrek los miró con esa calma profunda que lo caracterizaba y respondió con voz pausada: —No soy un ser que requiera alimento ni bebida para existir.
Fui creado por un ángel poderoso llamado Lhiss, con un propósito específico en este mundo.
No tengo necesidades físicas como ustedes.
Liam, con una mezcla de asombro y pena, suspiró.
—Eso suena… profundo, Nyrek.
Pero la verdad, da un poco de tristeza.
La comida no es solo alimento, es algo que une, que acompaña.
Yo extraño eso de ti.
Nyrek soltó una pequeña sonrisa, algo casi imperceptible.
—No te preocupes.
Estoy más que satisfecho ayudándoles a crecer y proteger lo que importa.
Eso me basta.
En ese instante, la gran puerta del castillo se abrió y dos figuras entraron.
Eran Lía y Relm.
Pero no eran los mismos jóvenes despreocupados que Liam y Eiden habían visto antes.
Sus cuerpos mostraban el desgaste del entrenamiento, sus miradas eran firmes y serias, y una energía diferente, más potente, irradiaba de ellos.
Eiden se levantó sorprendido.
—¿Lía?
¿Relm?
No sabía que estaban entrenando… Relm soltó una risita mientras masajeaba su espalda.
—Pues sí… estuvimos atrapando toros al sur de Beinever.
Fue un entrenamiento intenso.
Te juro que un toro me dio un buen cuerpo a cuerpo… me duele un poco el culo todavía —dijo entre risas.
Lía asintió, seria pero orgullosa.
—No fue solo eso.
Aprendimos a controlar el miedo, a mantener la calma en medio del caos.
Esto no es solo fuerza bruta, Eiden.
Es preparación para lo que se viene.
El Rey Gimson II, que había estado observando desde su trono, se levantó con solemnidad.
—Me alegra ver ese espíritu.
Pero quiero que sepan que también he puesto a prueba a algunos de ustedes de formas que aún no conocen.
Por ejemplo, he enviado a Lía y Relm a una misión secreta al Bosque Sombrío para recuperar un antiguo artefacto que podría ayudar en nuestra lucha.
Eiden levantó una ceja, intrigado.
—¿Una misión?
No sabía nada de eso.
¿Y qué entrenamiento hicieron ahí?
Gimson miró a los jóvenes con una sonrisa enigmática.
—No fue solo cazar toros.
En el Bosque Sombrío, tuvieron que enfrentarse a sus peores temores.
Lucharon contra sombras que distorsionaban la realidad, dominaron habilidades para mantener sus mentes firmes y sus cuerpos listos para cualquier cosa.
No hay mejor preparación que esa.
Liam y Eiden intercambiaron miradas.
Ahora entendían por qué Lía y Relm irradiaban esa energía diferente.
Eiden se rió con una mezcla de respeto y desafío.
—Bueno, parece que tendremos que ponernos las pilas para alcanzar ese nivel.
Nyrek intervino con su voz calma pero firme.
—Recuerden también la importancia de la taberna del sur de Beinever.
Allí los ancianos guardan secretos y relatos que no se encuentran en ningún libro.
Ya saben que la sabiduría popular puede ser la clave para entender el enemigo que enfrentamos.
Liam asintió.
—Sí, no podemos olvidar que ahí es donde tendremos que buscar respuestas sobre el ente.
Eiden se puso de pie, decidido.
—Entonces no hay tiempo que perder.
Nyrek alzó una mano en señal de calma.
—Pero ya es de noche.
No irán ahora.
Necesitan descansar y recuperar fuerzas.
Mañana será el momento para esa búsqueda.
Por ahora, disfruten del banquete preparado para ustedes.
El Rey Gimson II asintió.
—Así es.
La mente y el cuerpo deben estar en su mejor estado para lo que se viene.
Coman, rían, recarguen energías.
La comida siguió, pero en el aire flotaba una nueva tensión.
La verdadera batalla apenas comenzaba.
— Después de un día intenso de aprendizaje y crecimiento, Suli y Karl se sentaron con Orión en un pequeño claro del pueblito donde se encontraban.
Hablaron de lo que habían vivido, de lo que habían aprendido, de las dificultades y las pequeñas victorias que los habían marcado.
Orión escuchaba con atención, orgulloso de sus avances.
—Han recorrido un camino impresionante —dijo Orión con una sonrisa—.
Siento que ambos están mucho más preparados para lo que se avecina.
Suli asintió, mostrando por primera vez una expresión más tranquila, menos desafiante.
—No creas que me he vuelto una santa —bromeó con una sonrisa—.
Solo he aprendido que hay otras formas de ser fuerte.
Karl rió y le dio un codazo amistoso.
—Eso sí que no me lo esperaba, Suli.
Pero me gusta verte así.
Después de un rato más de conversación, se despidieron de Orión.
Él se quedó en el claro, mirando el cielo nocturno cubierto de estrellas.
Las constelaciones parecían brillar con un significado especial esta noche.
Desde lejos, vio cómo Suli y Karl se alejaban en dirección a Beinever.
Tras un rato de caminata, Karl y Suli llegaron a Beinever.
La diferencia con el pueblo fantasma era abismal: aquí la energía vibraba con vida, con esperanza.
Ambos lo sintieron en el aire, en el susurro del viento.
Al llegar al reino, se encontraron con los demás.
Todos se sorprendieron al ver a Suli, que no lucía tan “ruda” como antes.
Su postura, su mirada, mostraban que había cambiado, que había crecido junto a Karl.
—¿Qué te pasó, Suli?
—preguntó Eiden, intrigado.
Ella se encogió de hombros y, con una sonrisa un poco falsa, fingiendo ser despreocupada, contestó: —No es nada.
Solo aprendí algunas cosas…
pero no es importante ahora.
No les interesa —dijo, intentando parecer indiferente.
Pero su sonrisa, esa sonrisa picarona, no pudo ocultar del todo la verdad.
Era una sonrisa que sabía que todos podían leer a través, la típica que se intenta fingir pero que sale auténtica porque no puede mentir bien.
Todos rieron, comprendiendo que Suli seguía siendo la misma en esencia, solo que más preparada.
Luego, se sentaron a cenar juntos, compartiendo comida y anécdotas.
Después de un día tan agotador, uno a uno fueron cayendo en el sueño, recuperando fuerzas para lo que vendría.
En medio de la noche, Liam se despertó y notó que Nyrek estaba en la ventana, mirando las estrellas con una sonrisa serena.
Poco a poco, Liam cerró los ojos y se dejó llevar al sueño, tranquilo y en paz.
Antes de irse a dormir, el Rey Gimson II se acercó a Relm y Lía, y les entregó una habitación propia en el reino, igual que la de los chicos.
Cuando se lo ofreció a Suli, ella negó con la cabeza.
—Gracias, pero yo tengo mi hogar con mi pandilla —dijo con convicción—.
Este lugar no es para mí todavía.
Y con una última mirada decidida, se fue, dejando claro que su camino aún tenía muchas curvas.
Así terminó aquella noche, con promesas silenciosas en el aire y el murmullo de estrellas que guardaban secretos.
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