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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Capítulo 43 Los tres Valdir
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43: Capítulo 43: Los tres Valdir 43: Capítulo 43: Los tres Valdir La mañana amanecía lentamente en el Reino de Beinever, tiñendo de tonos dorados las paredes del castillo.

Eiden, Liam y Karl se movían con determinación, preparándose para partir.

Sus mochilas ya estaban listas, cargadas con lo indispensable para el viaje hacia Eldrys, el pueblo al sur.

El aire fresco colmaba la sala donde el Rey Gimson los esperaba, acompañado por Suli, Nyrek, Relm y Lía.

El ambiente era una mezcla de calma y tensión contenida.

El Rey, con una sonrisa que escondía la preocupación, se levantó para acompañar a los jóvenes hacia la salida.

—Este viaje es importante —dijo con voz firme pero cálida—.

Cuiden uno del otro y recuerden que siempre tienen un hogar aquí.

Suli, un poco más reservada que de costumbre, asintió sin añadir palabras, su mirada fija en el suelo, pero su presencia transmitía apoyo.

Nyrek, Relm y Lía les dedicaron gestos de ánimo, silenciosos pero sinceros, conscientes de lo que les esperaba.

Finalmente, el grupo llegó a las puertas del reino.

El Rey posó una mano sobre el hombro de Eiden.

—Buena suerte, jóvenes guerreros.

El destino está en sus manos.

Con un último gesto de despedida, los tres partieron rumbo al sur, hacia Eldrys, mientras el sol comenzaba a elevarse y la aventura apenas daba sus primeros pasos.

— El sol recién comenzaba a dorar el horizonte cuando Eiden, Liam y Karl dejaron atrás el reino de Beinever.

Caminaban por un sendero que atravesaba un bosque tranquilo, con el sonido suave de las hojas bajo sus pies y el canto lejano de algún ave.

El aire fresco de la mañana los acompañaba, y la atmósfera parecía estar cargada de calma, pero también de una expectativa invisible que ninguno podía explicar.

Liam rompió el silencio con una sonrisa nerviosa: —No sé qué esperar de ese pueblo, Eldrys.

¿Creen que realmente encontraremos algo importante ahí?

Karl encogió los hombros, tratando de sonar seguro, aunque la incertidumbre también le rondaba: —No lo sé.

Pero tenemos que intentar, aunque solo sea para entender un poco más este mundo en el que estamos.

Eiden los observó y dijo con calma: —No hay otra opción.

Si queremos avanzar, tenemos que salir de la zona segura y buscar respuestas, aunque no sepamos qué nos espera.

El camino serpenteaba entre árboles que proyectaban sombras largas y danzantes.

El trinar de los pájaros parecía esconder mensajes, y el viento susurraba entre las ramas como si guardara secretos antiguos.

Durante el trayecto, las charlas eran breves, pero cada uno meditaba en lo suyo: los riesgos, las dudas, y ese extraño sentimiento de que algo grande estaba por suceder, aunque aún no tenían idea de qué.

El reino de Beinever quedó atrás, pequeño en la distancia, y Eldrys comenzaba a asomar como un destino lleno de incógnitas y promesas.

— …

La mañana brillaba con una luz suave cuando Eiden, Liam y Karl avanzaban por el camino que los llevaba hacia Eldrys.

El aire fresco se colaba entre los árboles, y por un momento, todo parecía tranquilo y prometedor.

Pero justo cuando cruzaban un claro, una figura apareció delante de ellos, bloqueando el camino.

Era un joven vestido con ropas coloridas y un sombrero puntiagudo que parecía salido de un circo.

Su rostro estaba pintado con un maquillaje de arlequín, pero en sus ojos brillaba una chispa amable y juguetona.

—¡Alto ahí, viajeros!

—exclamó con voz animada—.

Soy Valdir, el guardián del paso.

Para avanzar, deben responder a tres preguntas.

Pero no se preocupen, son muy sencillas.

Karl frunció el ceño, impaciente.

—No tenemos tiempo para juegos.

¿Podemos pasar sin eso?

Valdir sonrió ampliamente y dio un paso adelante.

—Paciencia, joven guerrero.

La paciencia es una virtud, y el conocimiento es la llave para cualquier puerta.

Si fallan, pueden intentarlo otra vez cuando quieran.

Eiden miró a sus compañeros y luego al arlequín.

—Está bien, empecemos.

—Perfecto —respondió Valdir, frotándose las manos—.

Primera pregunta: ¿Qué es lo que mientras más le quitas, más grande se vuelve?

Liam sonrió.

—Un agujero.

—Muy bien —asintió Valdir—.

Segunda pregunta: ¿Qué tiene manos pero no puede aplaudir?

Karl se rió.

—Un reloj.

—¡Excelente!

—exclamó Valdir—.

Última pregunta: ¿Qué palabra es más corta cuando le agregas dos letras?

Los tres se miraron, pero fue Eiden quien respondió rápido: —La palabra ‘corta’.

Valdir aplaudió con alegría.

—¡Bravo!

Han respondido las tres preguntas correctamente.

Pasen con confianza.

Los chicos comenzaron a caminar, pero Karl se detuvo y preguntó con una sonrisa irónica: —¿Y si hubiéramos fallado alguna?

Valdir se rió y se encogió de hombros.

—Pues, no pasaba nada, con que solo hayan respondido una bien bastaba.

Sigan su camino.

Eiden sintió que la energía del lugar se relajaba un poco.

—Está bien, vamos.

Que Eldrys nos espera.

Mientras se alejaban, Valdir los observó con una sonrisa, pero sus ojos destellaban un brillo enigmático.

…

— El sol comenzaba a deslizarse hacia el horizonte mientras los chicos seguían su camino hacia Eldrys.

La naturaleza alrededor parecía más densa, más silenciosa, como si el bosque mismo estuviera conteniendo la respiración.

De repente, una figura apareció frente a ellos.

No era un simple viajero.

Era el mismo arlequín que habían visto antes, pero esta vez su atuendo ya no era verde vibrante, sino un tono amarillo apagado que parecía absorber la luz del crepúsculo.

Karl frunció el ceño, molesto.

—¿Otra vez tú?

—dijo con impaciencia—.

Oye, ya respondimos tus preguntas, déjanos pasar.

Pero Eiden alzó una mano para calmarlo.

—No, Karl.

Mira bien, no es el mismo.

Su atuendo es diferente, su energía también.

Este es otro.

El arlequín habló con voz serena y profunda, con un aire mucho más reflexivo que antes: —Así es, soy Valdir, hermano del primero que encontraron.

Cada uno de nosotros protege este paso, cada uno con sus propios métodos y desafíos.

Eiden cruzó los brazos, atento.

—¿Y qué quieres de nosotros ahora?

—Tres preguntas más —respondió Valdir con calma—.

No son tan simples esta vez.

Pero tienen una oportunidad: deben responder al menos una bien para avanzar.

Karl bufó, mirando a sus compañeros con frustración.

—Ya hicimos esto, y no queremos perder tiempo.

Liam frunció el ceño, intentando razonar.

—¿No hay forma de evitarlo?

Valdir negó con suavidad.

—No pueden pasar sin responder.

Y, para demostrar la seriedad, si fallan en alguna, deberán esperar diez minutos antes de intentarlo de nuevo.

La paciencia no es solo una virtud, es una necesidad.

El grupo se quedó en silencio unos momentos.

La tensión era palpable, pero sabían que no tenían opción.

—Está bien —dijo Eiden con firmeza—.

Pregúntanos.

Valdir asintió y formuló la primera pregunta: —¿Qué se rompe pero nunca se cae?

Liam pensó rápido: —El día.

—Correcto —dijo Valdir con una leve sonrisa—.

Segunda pregunta: ¿Qué siempre viene pero nunca llega?

Karl se mordió el labio, dudando, pero finalmente dijo: —El mañana.

Valdir asintió, más serio esta vez: —Muy bien.

La última es un poco más difícil: ¿Qué tiene un ojo pero no puede ver?

Los tres se miraron, el silencio se hizo pesado.

Finalmente, Eiden dijo con cautela: —La aguja.

El arlequín permaneció quieto unos segundos, evaluándolos, y luego habló: —Han respondido dos correctamente.

Deberán esperar diez minutos para continuar su camino.

Karl bufó, cruzándose de brazos: —¿Diez minutos?

¡Eso es una tontería!

Valdir replicó con serenidad: —Las reglas son las reglas.

La paciencia es parte del camino.

Mientras esperaban, el grupo aprovechó para descansar un poco, aunque la impaciencia se notaba en sus rostros.

…

— Después de esperar pacientemente los diez minutos, el grupo retomó el camino hacia Eldrys.

La tensión seguía palpable, pero esta vez había un aire de determinación entre ellos.

Valdir, el arlequín de atuendo amarillo, se giró hacia ellos antes de dejarlos continuar.

Su sonrisa calmada había desaparecido, y ahora su mirada tenía un brillo de advertencia.

—No olviden esto —dijo con voz baja, pero firme—.

El último Valdir, el hermano que les espera más adelante, no tendrá piedad.

Él es diferente.

No es un bromista ni un guardián amable.

Es un juez implacable.

Karl frunció el ceño, cruzando los brazos.

—¿Y qué pasa si no pasamos sus pruebas?

—No solo pruebas —respondió Valdir—.

Será mucho más que eso.

Piénsenlo bien.

No subestimen al hermano rojo.

El grupo siguió caminando en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.

La advertencia resonaba en sus mentes.

Tras unos minutos de trayecto, la tierra bajo sus pies se volvió inestable.

Liam avanzaba un poco más adelante cuando de repente tropezó con algo oculto bajo las hojas secas.

—¡Cuidado!

—gritó, pero ya era tarde.

Los tres sintieron cómo el suelo cedía y cayeron hacia adelante, envueltos en la oscuridad.

El golpe los dejó aturdidos por un instante, pero pronto pudieron levantarse.

—¿Están bien?

—preguntó Eiden mientras se ayudaba a levantarse.

—Sí, sí, solo un poco de polvo —respondió Karl, sacudiéndose.

Pero el lugar en que estaban no era simplemente un pozo.

La oscuridad los envolvía por completo.

Liam, rápido, concentró energía en su mano y una pequeña luz azulosa emergió, iluminando el espacio a su alrededor.

Al encenderla, pudieron ver antorchas apagadas, clavadas en las paredes de piedra húmeda del túnel subterráneo donde habían caído.

—Si podemos prenderlas, tal vez encontremos una salida —propuso Liam con esperanza.

Cada uno concentró su energía en las antorchas, que comenzaron a arder con un fuego tenue y azul, iluminando un largo pasillo que parecía extenderse hasta el infinito bajo tierra.

—Esto no parece un simple pozo —comentó Eiden—.

Más bien, parece una trampa…

un laberinto diseñado para atrapar a cualquiera que caiga aquí.

—Y nosotros somos las presas —murmuró Liam mientras avanzaban con cuidado.

Pasaron por paredes cubiertas de musgo y raíces que se entrelazaban en las grietas.

El eco de sus pasos rebotaba en el túnel, y el aire se sentía frío y pesado.

—Si no encontramos la salida pronto, podemos quedarnos atrapados aquí —advirtió Karl.

Pero pronto vieron una luz al final del pasillo: una subida empinada, cubierta de tierra y hojas, que parecía conducir hacia la superficie.

—¡Ahí está!

—exclamó Liam—.

Esa debe ser la salida.

Con renovada energía, comenzaron a subir el camino angosto, con las antorchas brillando a su alrededor.

Finalmente, la luz del sol les acarició la piel cuando emergieron del túnel, jadeando y cubiertos de polvo.

—Salimos —dijo Eiden con alivio, mirando el cielo abierto.

Pero no tuvieron tiempo para descansar.

A lo lejos, apareció una figura que se acercaba rápidamente, erguida y decidida.

El último arlequín estaba allí, vistiendo un atuendo rojo intenso que parecía absorber la luz del entorno, dándole un aura imponente y amenazante.

Karl frunció el ceño y dio un paso adelante.

—Este debe ser el Valdir del que nos habló su hermano…

el que no tiene piedad.

Eiden miró a sus compañeros, con la tensión creciendo en sus venas.

—Debemos estar listos.

Este no va a jugar.

El arlequín rojo se detuvo a unos metros y habló con voz profunda y sin rastro de bromas: —He esperado su llegada.

Aquí es donde termina el juego.

Aquí decidiré si son dignos o no.

Liam tragó saliva, apretando los puños.

—¿Qué es lo que quieres?

—Tres preguntas —dijo el arlequín con una sonrisa que no llegó a sus ojos—.

Pero esta vez, no hay segundas oportunidades.

Si no responden al menos una bien, deberán enfrentarse a mí.

Y les advierto…

no soy tan amable como mis hermanos.

Eiden dio un paso adelante, con determinación.

—Estamos listos.

Haz tus preguntas.

El silencio se adueñó del lugar mientras el último Valdir empezaba su enigmático cuestionario.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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