Vornex: Temporada 1 - Capítulo 47
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- Capítulo 47 - 47 Capítulo 47 El bosque de Hirken
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47: Capítulo 47: El bosque de Hirken 47: Capítulo 47: El bosque de Hirken El grupo retomó el viaje en silencio, dejando atrás la cueva donde habían descansado.
El ambiente se sentía denso, no solo por el espesor del camino que comenzaba a cerrarse ante ellos, sino por los pensamientos que aún pesaban en sus mentes desde el encuentro con Dalren.
Aunque ninguno lo decía en voz alta, todos cargaban algo distinto ahora.
Avanzaron entre árboles y piedras, hasta que un cartel de madera clavado entre dos raíces torcidas llamó su atención.
Estaba viejo, rajado, y apenas se podía leer por la cantidad de musgo, pero lograron distinguir la advertencia: “Bosque de Hirken – no entrar sin guía local.
Zona de extravíos y distorsiones.” —¿Distorsiones?
—leyó Liam con el ceño fruncido—.
Qué acogedor… —Seguro solo quieren asustar a los tontos curiosos —dijo Karl, encogiéndose de hombros mientras seguía caminando.
De repente, entre los árboles, una figura apareció.
Un hombre mayor, encorvado y de mirada aguda, emergió desde un costado del camino, como si hubiera estado esperándolos.
—No deberían pasar por ahí —advirtió con una voz áspera pero firme—.
Ese bosque no es normal.
Si entran…
puede que no salgan.
Eiden se adelantó un poco.
—¿Sabe cómo llegar a Eldrys sin atravesarlo?
El anciano lo observó con detenimiento antes de responder.
—Sí, hay un sendero por el borde de los acantilados…
pero es más largo.
Días de viaje, quizás más.
El Bosque de Hirken es el camino directo, sí…
pero no el más seguro.
Algunos entran y no encuentran la salida nunca más.
Karl bufó.
—No tenemos días para dar vueltas.
Vamos a cruzarlo, y punto.
El viejo lo miró con una mezcla de lástima y resignación.
—Joven terco…
no digan que no se los advertí.
Karl siguió sin responder, decidido.
Liam le lanzó una mirada rápida a Eiden.
—Siempre tan sutil nuestro amigo…
Eiden suspiró y se giró hacia el anciano.
—Perdón por su actitud, de verdad.
Agradecemos la advertencia.
—Ojalá la suerte los acompañe —dijo el viejo, y sin más, se giró y desapareció entre los arbustos, casi como si el bosque lo hubiera absorbido.
El grupo se adentró en el sendero que atravesaba el bosque, donde la vegetación se volvía más espesa y la luz se filtraba cada vez menos entre los árboles.
El silencio reinaba, interrumpido apenas por el crujir de sus pasos sobre las hojas secas.
— El bosque los recibió con un aire denso, casi inmóvil.
A cada paso, las ramas crujían como si no se hubieran pisado en años.
A pesar del silencio que imponía el lugar, el grupo continuó caminando, intentando restarle importancia al ambiente.
—Este lugar tiene una vibra…
extraña —murmuró Liam, mirando a los costados, atento a cada sombra que se deslizaba entre los árboles.
—¿Extraña?
Esto parece sacado de una película de terror de bajo presupuesto —respondió Karl, intentando romper la tensión con una risa forzada.
—¿Y tú cómo sabés tanto de cine, eh?
Si apenas podías mantenerte despierto en clase, ni hablar de una película entera —bromeó Liam, empujándolo levemente con el codo.
—¡Oye!
No dormía…
meditaba —se defendió Karl con una sonrisa.
Eiden caminaba unos pasos por delante, pero no pudo evitar soltar una pequeña carcajada.
—Claro… como cuando meditaste en clase de historia y el profesor te tiró el borrador en la cabeza.
Karl chasqueó la lengua y negó con la cabeza, aunque no podía evitar sonreír.
—Eso fue brutal.
Todavía me acuerdo de la marca que me quedó en la frente.
—¿Sabés qué es lo peor?
—dijo Liam—.
Que igual aprobaste y yo no.
—Porque soy un genio incomprendido —respondió Karl, alzando los brazos—.
El sistema escolar nunca supo valorarme.
—O capaz porque te copiaste todo de Eiden —agregó Liam, señalándolo.
Eiden se giró con una ceja levantada.
—¿Todo?
¿Estás seguro que no exagerás?
—Bueno… casi todo —concedió Liam, soltando una risa.
El grupo rió por unos segundos.
Esa clase de momentos, aunque simples, lograban romper la tensión.
Por un rato, no pensaron en magia, ni dimensiones, ni peligros.
Solo eran ellos, caminando como lo hacían antes, cuando todo era más simple.
—¿Se acuerdan del parque al que íbamos después de clases?
—preguntó Eiden de repente, con una sonrisa algo melancólica—.
El que tenía esa cancha rota y una máquina de snacks que nunca funcionaba.
—¡Obvio!
—dijo Karl—.
Nos pasábamos horas jugando a la pelota ahí, aunque siempre terminábamos discutiendo.
—Discutiendo no.
Tú hacías trampa todo el tiempo —corrigió Liam.
—¿Trampa?
No es mi culpa que tengan reflejos lentos.
—Reflejos lentos mis…
—empezó a decir Liam, pero Eiden lo interrumpió con una risa.
—Y después íbamos a la tienda esa del viejo gruñón a comprar cualquier cosa con las monedas que nos sobraban.
—Sí, hasta que Karl tiró una bebida en el mostrador y nos echaron para siempre —agregó Liam.
—¡Fue un accidente!
—dijo Karl, poniendo las manos en alto—.
Además, ese viejo era un amargado.
—Igual se extrañan esos días…
—murmuró Eiden, esta vez con un tono más serio, mirando al cielo a través de las copas de los árboles.
Por unos segundos, los tres guardaron silencio.
Hablar del pasado los había sacado un poco de la realidad, pero también les recordó todo lo que habían perdido… y lo lejos que estaban de casa.
El viento sopló entre los árboles, con un murmullo suave, casi como si el bosque los escuchara.
Entonces, sin que lo notaran del todo, el ambiente cambió.
Las hojas ya no crujían igual, y el camino comenzó a estrecharse.
Las sombras se alargaban, aunque no pareciera haber una fuente clara de luz.
Era como si el bosque respirara.
Los chicos, aún conversando, no se dieron cuenta de que algo empezaba a andar mal.
— Mientras tanto, en algún rincón olvidado de una dimensión que nadie se atrevía a nombrar…
Un lugar envuelto en oscuridad total.
Silencio absoluto.
Hasta que, en el centro de ese vacío, un resplandor púrpura quebró la oscuridad.
Un escudo de energía comenzaba a agrietarse.
Crujía lentamente, como el hielo rompiéndose sobre un lago congelado.
Cada grieta dejaba escapar una onda de poder invisible, pero sentida.
Y detrás de ese escudo… unos ojos.
Oscuros.
Vacíos.
Maliciosos.
Una voz resonó, como un susurro arrastrado por un viento que no existía: —Ya falta poco… para poder liberarme… El escudo se quebró un poco más, dejando ver parte del rostro oculto detrás: era Dark.
—Cuando lo haga… —continuó con una sonrisa siniestra— todas las dimensiones temblarán ante mi presencia…
Una carcajada profunda y desgarradora retumbó en aquel abismo.
Y entonces, todo volvió al silencio.
— Los chicos siguieron avanzando por el bosque, atentos a todo lo que les rodeaba.
Aunque al principio no parecía diferente a otros que habían visto, con el pasar de los minutos se dieron cuenta de que algo era distinto… demasiado silencioso, demasiado “vivo”.
—Este lugar tiene algo raro… —susurró Liam mientras miraba hacia los árboles, que parecían inclinarse apenas con su paso, como si estuvieran observando.
—Bah, solo son plantas —respondió Karl encogiéndose de hombros.
De pronto, una figura salió de entre los árboles, corriendo como si huyera de algo.
Era un hombre, de aspecto sucio, con ropas desgastadas y una expresión de desesperación.
—¡Ayuda, por favor!
¡Mi hermano… mi hermano está atrapado!
¡Necesito que alguien me ayude a sacarlo de unas raíces, por favor!
Los tres se miraron.
Karl dio un paso al frente.
—¿Dónde está?
—Síganme, rápido.
¡No hay tiempo!
Aunque dudaron un poco, el tipo parecía realmente desesperado.
Eiden y Liam se miraron, asintieron, y todos siguieron al hombre entre los árboles.
Después de caminar apenas un par de minutos, llegaron a un claro…
demasiado despejado.
Y entonces lo entendieron.
De entre los árboles salieron dos hombres más.
Uno sacó una especie de cuchillo rudimentario.
El otro, una cuerda.
—Qué lástima, chicos.
De verdad.
Se veían buena gente —dijo uno de los ladrones—.
Pero necesitamos sus cosas.
Nada personal.
—Sabía que no se podía confiar —gruñó Karl, levantando los puños.
—¿Cómo se llaman estos idiotas?
—murmuró Liam entre dientes, encendiendo su energía.
—No sé —respondió Eiden sin quitarles la vista—, pero no creo que importe mucho…
—Ya que preguntaron —interrumpió el primero con tono burlón—, yo soy Dresk.
El de la cuerda es Alven, y el simpático del cuchillo es Miro.
Un gusto, pero…
esto no va a durar mucho.
Eiden y Liam se pusieron en posición.
La energía de Liam comenzaba a rodear sus manos, mientras Eiden respiraba hondo, manteniendo la calma.
Pero justo cuando estaban por defenderse, una onda oscura brotó del suelo.
¡BAM!
Como una trampa mágica, raíces gigantes salieron disparadas desde la tierra, atrapándolos a todos por igual, incluso a los ladrones.
Antes de que pudieran reaccionar, el suelo se abrió y fueron tragados por la tierra.
…
Cuando Eiden despertó, la tierra estaba húmeda y oscura.
Estaba solo… bueno, no completamente.
A su lado, uno de los ladrones —Miro— también despertaba, atado con las mismas raíces vivas que lo habían capturado.
—¿Dónde…
estamos?
—murmuró Eiden, forzando la vista.
En otro rincón del lugar, Karl forcejeaba con las raíces que lo habían sujetado a una pared de tierra.
Alven gritaba, pidiendo que lo soltaran.
En otro pasillo subterráneo, Liam encendía su energía como antorcha, iluminando la extraña estructura subterránea, junto a Dresk, que no paraba de insultar todo lo que se movía.
Todo el lugar parecía… orgánico.
Como si no hubiera sido excavado, sino crecido.
—Esto no es una cueva común —murmuró Liam—.
Es como si el bosque tuviera raíces conscientes… Uno a uno, los pasillos se fueron abriendo, permitiéndoles reencontrarse.
Tras discutir brevemente y asegurarse de que nadie estaba herido, los cinco —incluyendo a los ladrones— comenzaron a avanzar hacia una zona central.
Y entonces lo vieron.
En medio de una cámara natural, cubierta de lianas y cristales verdes, flotaba un núcleo brillante, pulsante, casi como si tuviera corazón propio.
Del núcleo emergía una figura: una joven de cabellos oscuros con tonos verdes, ojos brillantes y una presencia tan fuerte como serena.
Su vestido parecía hecho de hojas vivas, y la energía mágica a su alrededor era innegable.
—Así que ustedes fueron los que activaron las defensas…
—dijo, con una voz que resonaba en todo el lugar—.
Entraron sin permiso, perturbaron el equilibrio…
y pensaban irse como si nada.
—¿Tú fuiste la que nos atrapó?
—preguntó Eiden, confundido pero firme.
—Yo…
soy la guardiana de este bosque.
Mi nombre es Lurea.
Creé este núcleo con magia ancestral para protegerlo, para que el bosque se defendiera solo.
Ustedes no debían estar aquí.
Dresk, aún medio atrapado, gritó: —¡Por favor!
¡Nosotros no sabíamos nada, solo queríamos robarlos un poco!
—Y eso justifica el daño que hacen.
Las pisadas, las ramas rotas, la desconfianza…
todo eso deja cicatrices.
Ustedes solo ven árboles.
Yo veo historia, vida, equilibrio.
Karl apretó los puños, pero Eiden lo frenó.
—Escuchá…
no queríamos dañar nada.
Fuimos atrapados junto a esos tipos, pero no veníamos con malas intenciones.
Solo tratábamos de cruzar hacia Eldrys.
Lurea los observó en silencio.
Los árboles murmuraban a su alrededor, como si susurraran.
—Si realmente valoran la vida… si entienden lo que es luchar por algo que nadie más ve como importante… entonces no merecen mi castigo.
Pero si mienten… el bosque decidirá.
Pasaron segundos eternos.
Luego, las raíces comenzaron a soltarse.
Incluso los ladrones fueron liberados, aunque estaban pálidos del miedo.
—Largo —dijo Lurea con frialdad—.
Pero recuerden lo que hay aquí.
No todo lo que es hermoso está indefenso.
Los ladrones huyeron sin decir una palabra, perdidos de miedo.
Eiden, Liam y Karl se quedaron.
Lurea los observó y, en silencio, sonrió apenas.
—No todos los forasteros son una amenaza.
Agradezco su respeto… como muestra de gratitud, les enseñaré un atajo.
Uno que los llevará cerca de Eldrys.
Yo misma vivo en los bordes del pueblo.
Ya es hora de que lleguen.
Y así, tras seguir un sendero escondido entre raíces y árboles que se abrían con el paso de Lurea, los chicos finalmente vieron a lo lejos las luces tenues de lo que parecía un pueblo.
—Eso es Eldrys —dijo Lurea—.
Pero no olviden lo que hay detrás de esos árboles.
Porque incluso la magia tiene sus límites si el corazón se corrompe.
Los tres asintieron.
Y así continuaron su viaje… mientras en algún lugar más profundo del bosque, el núcleo pulsaba.
Como si supiera que algo peor se acercaba.
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