Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Vornex: Temporada 1 - Capítulo 49

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Vornex: Temporada 1
  4. Capítulo 49 - 49 Capítulo 49 Sombras del pasado Azerion
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

49: Capítulo 49: Sombras del pasado (Azerion) 49: Capítulo 49: Sombras del pasado (Azerion) “A veces, para entender la luz que somos capaces de dar… primero debemos abrazar la oscuridad que nos hizo.” …

El fuego aún chispeaba en el centro del campamento improvisado.

Las carpas ondeaban suavemente con la brisa de la noche, y Lujius, sentado junto a Azerion, lo miraba con atención.

No necesitó decir nada.

El silencio entre ambos fue más que suficiente para abrir una vieja herida.

Azerion, con los ojos perdidos en las llamas, finalmente habló.

—…Viví en un lugar donde la guerra era el pan de cada día.

—Su voz era baja, casi un susurro cargado de años de dolor—.

No era un campo de batalla…

pero se sentía como uno.

Todos luchábamos por sobrevivir, cada día era una pelea contra el hambre, el frío, y la desesperanza.

»Éramos seis hermanos…

yo era el menor.

Y como si eso fuera un pecado, mis hermanos me despreciaban.

Todos, menos una…

mi hermana menor.

Era la única que me veía como algo más que un estorbo.

Ella…

ella era mi luz.

Lujius no interrumpió.

Solo asintió en silencio, permitiéndole continuar.

—Mi padre trabajaba sin descanso.

Mi madre trataba de mantenernos unidos.

Teníamos un techo, algo de comida, y la promesa de un mañana que nunca llegaba.

Una mañana, me desperté…

y el hambre me estaba consumiendo.

Me arrastré como pude a la pequeña despensa…

y comí.

Comí todo lo que había.

»Cuando mis padres despertaron y lo vieron…

mi padre estalló.

Gritó que nunca debí haber nacido.

Que no trabajaba día y noche para alimentar a un ingrato como yo.

Traté de explicarle…

le grité que no podía más, que no era vida lo que teníamos.

Pero eso solo lo enfureció más.

Me tomó por el brazo, y sin escuchar a mi madre, me arrastró fuera.

»Mi hermana intentó detenerlo…

y él…

él la golpeó.

Con tanta fuerza que cayó al suelo, sangrando.

Algo dentro de mí…

se rompió.

Las llamas del fuego reflejaban en los ojos de Azerion, donde brillaban lágrimas que aún no caían.

—Liberé algo que nunca supe que tenía.

Un poder…

oscuro, violento.

Tomé a mi padre del cuello y lo arrojé contra la pared.

Pero mis hermanos intervinieron.

Me derribaron y ayudaron a mi padre.

Él, ciego de ira, me golpeó…

y me dejaron fuera, en el frío, diciéndome que esa noche dormiría solo…

para que “aprendiera”.

»Esa noche…

decidí irme para siempre.

Un silencio tenso se apoderó del aire.

El crepitar del fuego era lo único que llenaba el vacío.

—Caminé por días hasta llegar a un centro de entrenamiento.

Allí me aceptaron…

o al menos, eso creí.

Me entrenaban como a un perro.

Me gritaban, me empujaban hasta los límites.

Los otros me llamaban “rarito”, “desecho”.

Y yo…

los veía como a mi familia.

Burlones.

Fríos.

Sin alma.

»Un día…

estallé.

Otra vez.

Ese mismo poder volvió a surgir, destruyendo el lugar, hiriendo a muchos.

Y cuando desperté, solo vi destrucción…

y soledad.

»Corrí hasta un bosque.

Me escondí en una cueva.

No quería ver a nadie.

No quería volver a confiar.

»Tiempo después, regresé a lo que alguna vez fue mi hogar…

solo para descubrir que la guerra lo había arrasado todo.

Mi familia había muerto.

Todos.

Incluso ella…

mi hermana.

El último rayo de esperanza…

también se había ido.

Por fin, una lágrima cayó, y no fue la única.

Pero Azerion no lloraba de dolor.

Lloraba de vacío.

—La enterraron junto a los demás.

Dejé flores en sus tumbas…

y me despedí.

Me fui a las montañas de Beinever.

Alto, donde nadie pudiera alcanzarme.

Allí, me encerré en mi propia oscuridad.

Creé mis sombras…

las únicas que no me traicionarían.

Las únicas que me protegían…

de mí mismo.

Lujius se había quedado completamente quieto.

Y aunque no dijo nada al instante, sus ojos estaban llenos de comprensión.

Azerion miró hacia el cielo.

—No sé si hay redención para alguien como yo…

pero estar aquí, con ustedes…

hace que esa sombra pese menos.

Lujius finalmente habló.

Su voz, suave pero firme.

—Lo que viviste no te define, Azerion.

Te forjó, sí…

pero no es lo que eres ahora.

Y créeme…

no eres el único que cargó con un pasado lleno de oscuridad.

Azerion giró el rostro con cierta sorpresa.

—¿Tú también…?

Lujius asintió, con una ligera sonrisa melancólica.

—Sí.

Pero eso…

es otra historia.

Y merece ser contada con calma.

Mañana, te la contaré.

Azerion bajó la cabeza, por primera vez en paz.

Tal vez no estaba solo, después de todo.

— El silencio volvió a reinar, pero esta vez no era incómodo.

Era necesario.

Como si el mundo, por un instante, les permitiera respirar.

Azerion seguía mirando al cielo, pero sus ojos estaban húmedos.

Una lágrima rodó por su mejilla, lenta, sin prisa, como si llevara el peso de todos los años de sufrimiento.

Lujius la notó, y sin decir palabra, mantuvo la mirada en él.

Azerion, al darse cuenta, se llevó el antebrazo al rostro y murmuró: —No es nada…

Pero su voz tembló.

Y esa grieta fue suficiente.

Lujius no insistió.

Solo se levantó con calma y caminó hasta él.

—No necesitas ocultarlo —dijo con suavidad—.

Aquí no hay nadie que te juzgue.

Estás con alguien que también cayó…

y aprendió a levantarse.

Azerion lo miró, aún confundido por la sensación que recorría su pecho.

—¿Y…

qué hago con todo esto?

—susurró—.

¿Con este peso?

Lujius le extendió la mano.

—Lo sueltas.

El guerrero de sombras dudó por un instante, pero luego se puso de pie.

Y en ese momento, sin previo aviso, Lujius lo abrazó.

No con fuerza, no como un héroe alentando a su aprendiz, sino como alguien que entiende.

Como un igual.

Azerion se quedó inmóvil, paralizado.

No recordaba la última vez que alguien lo había abrazado…

si es que alguna vez lo habían hecho.

Y en ese instante, algo se quebró…

para liberarlo.

Sus manos temblaron, y aunque no dijo nada más, apoyó la frente sobre el hombro de Lujius, conteniendo un llanto que no necesitaba gritar para ser sentido.

El fuego seguía ardiendo.

Las sombras, por primera vez, no parecían amenazantes.

Y al fondo, entre árboles y viento, el pasado empezaba a desvanecerse.

— …

“Y en el abrazo más simple, nació la esperanza: la certeza de que incluso los más rotos… pueden volver a sentirse enteros.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo