Vornex: Temporada 1 - Capítulo 5
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5: Capítulo 5: El despertar del poder 5: Capítulo 5: El despertar del poder Alis comenzó a entrenar a los chicos desde cero.
Les enseñó sobre magia elemental, hechizos de defensa y la importancia del control del aura.
Al principio, los consideraba simples humanos curiosos, pero no podía negar lo rápido que aprendían.
Día tras día, los veía avanzar como si su alma ya supiera el camino.
La conexión con los elementos se manifestaba con naturalidad en ellos.
Karl dominaba con rapidez el fuego, mientras que Liam se sentía en sintonía con el viento.
Eiden, en cambio, parecía tener un lazo especial con la tierra y su energía latente.
Alis los observaba con atención, intrigada.
Algo no encajaba… y a la vez, todo parecía encajar demasiado bien.
Una noche, mientras dormían, Alis se acercó a ellos y colocó sus manos sobre sus frentes, una por una.
Al hacerlo, sintió algo profundo, vibrante, desconocido.
No era magia común.
Era como si dentro de cada uno habitara un poder antiguo, dormido, pero esperando despertar.
—¿En serio…?
Estos chicos no pueden ser ellos…
¿verdad?
—susurró, incrédula, retrocediendo lentamente.
Al día siguiente, Alis supo que necesitaba ayuda para comprender lo que había descubierto.
Así que hizo un pequeño ritual.
Tomó polvos cristalinos azules y los esparció en el aire formando un círculo.
Movió su mano derecha y trazó runas antiguas que se dibujaban solas, como luz líquida flotando en el aire.
De pronto, un resplandor estalló y una figura apareció en el centro del círculo: un hombre mayor, de barba espesa y ojos sabios.
—Alis…
—dijo con voz serena—.
Hace tiempo que no me invocas.
—Gracias por venir, Hilson.
Necesito que veas algo… o mejor dicho, a alguien.
Cuando Hilson llegó junto a los chicos y sus miradas se cruzaron, algo dentro de él se agitó.
Un recuerdo lejano.
Una energía familiar.
—¿Puedo?
—preguntó, mirando a Alis.
Ella asintió en silencio.
Hilson se acercó a los chicos, uno por uno, y colocó suavemente su mano sobre sus frentes.
Karl frunció el ceño, confundido por el gesto.
Liam lo miró de reojo, incómodo.
Eiden, aunque algo sorprendido, no se movió.
—¿Qué está haciendo…?
—susurró Karl.
—No lo sé —respondió Liam.
Pero Hilson ya no escuchaba.
Con cada toque, una vibración lo sacudía por dentro.
Un eco.
Una presencia.
Una memoria que no era suya, pero tampoco ajena.
Cuando terminó, se quedó inmóvil, sus ojos temblaban de asombro.
—No puede ser… —murmuró—.
Estas almas… tienen herencia mística.
Entonces se giró hacia ellos, más serio que nunca.
—Necesito saber algo.
¿Cuáles son los nombres de sus padres?
Karl respondió sin dudar: —Mi padre era Tharion Drek y mi madre Leyra.
Liam agregó: —Mi madre era Naela Barnet y mi padre Deyron.
Finalmente, Eiden bajó un poco la mirada y respondió con una voz más suave, pero firme: —Mi papá se llamaba Leonel, y mi mamá, Airi.
Mi abuelo, por parte de papá, se llamaba Darnell Vael.
Sí lo conocí.
Cuando mis padres murieron, él fue quien me cuidó durante casi toda mi infancia.
Me llevaba al colegio, me enseñaba cosas… y aunque no fue por muchos años, lo conocí más a él que a mis padres, porque ellos trabajaban todo el día.
Cuando él murió, me quedé con mi abuela, Laira.
Ella es la única que tengo.
Vivo con ella desde entonces.
Hilson dio un paso atrás, impactado.
El nombre lo atravesó como un rayo.
—Darnel… fue mi mejor amigo.
¡No puedo creerlo!
—su voz temblaba de emoción—.
Él desapareció al cruzar un portal.
Nunca supe más de él… hasta ahora.
Karl cruzó los brazos, aún desconfiado.
—Cualquiera puede decir que conocía a alguien.
Eso no prueba nada.
Hilson, en silencio, abrió una mochila de cuero que traía consigo y sacó un libro antiguo, con una portada desgastada pero firme.
Lo abrió con cuidado y buscó una página en particular.
Se la mostró a Liam.
—Este libro fue escrito por los exploradores Místics de hace décadas.
Aquí están narradas las aventuras que vivieron durante sus misiones a través de los portales.
No hay retratos, pero sí firmas…
tres firmas muy especiales.
Señaló los nombres en tinta sagrada: —Naela Barnet… Tharion Drek… y Darnell Vael.
Los tres chicos se acercaron.
Eiden sintió un escalofrío al ver el nombre de su abuelo escrito allí, con una caligrafía que reconocía de unas cartas viejas que su abuela Laira aún conservaba.
—Este libro no solo cuenta su historia… cuenta la historia de quienes dejaron este mundo para protegerlo desde otros.
Y si sus padres y tu abuelo dejaron esto atrás… es porque algo muy importante estaba en juego.
Hilson se enderezó, mirando al horizonte.
—Están en el Portal del Norte, en el planeta Místic… el hogar de los Místics.
Ustedes tienen sangre de este mundo.
Y por eso, el destino los trajo aquí.
Alis, en silencio, sintió cómo todas las piezas comenzaban a encajar.
Aunque en el fondo, eso solo significaba una cosa: las cosas apenas estaban empezando.
Mientras tanto, en el castillo, algunos miembros de la pandilla de Suli regresaron con noticias.
Habían seguido a lo lejos a Paul, quien guiaba a tres chicos por uno de los senderos más alejados del bosque sagrado, una zona poco transitada y cargada de energía espiritual.
Uno de los miembros, un rastreador sensible al aura, se adelantó y habló con Suli en voz baja.
—Uno de ellos… el chico de cabello oscuro con mirada firme… su aura.
No es común.
Por un segundo, la sentí distorsionarse, como si no fuera completamente de este plano.
Y luego se desvaneció.
Suli lo miró con seriedad y luego fue directamente ante el Rey Gimson II.
—Mi señor… uno de nuestros hombres detectó una distorsión en el aura de uno de los chicos.
Según lo que describió, se parecía mucho a la energía que irradiaban los exploradores cuando volvían del otro portal.
El Rey se puso de pie lentamente, tenso, con el ceño fruncido.
—¿Ese portal…?
Eso no puede ser…
Si es cierto, podrían ser peligrosos.
¡Muy peligrosos!
—¿Desea que los busquemos?
—Sí.
Llévate a tu pandilla.
Los quiero vivos.
Si en verdad son de aquel portal… debo hablar con ellos personalmente.
Los guardias reales entregaron provisiones, armas encantadas y mapas detallados.
La pandilla partió con determinación.
Su misión acababa de comenzar.
Pero aún no sabían que esos chicos no solo venían de otro mundo… también podrían ser la clave para salvar —o destruir— el suyo.
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