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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 Capítulo 52 Cuerpo destrozado alma despierta
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52: Capítulo 52: Cuerpo destrozado, alma despierta 52: Capítulo 52: Cuerpo destrozado, alma despierta El sol seguía alto en el cielo cuando Azerion se despidió de Lujius.

El sabio, con su mirada serena y profunda, lo observaba mientras ajustaba su capa y se preparaba para emprender el viaje.

—Recuerda —dijo Lujius con voz firme pero amable—, este camino no es solo físico, también es un reto para tu mente y tu espíritu.

No esperes encontrar solo peligros externos, también enfrentarás tus dudas y temores.

Azerion asintió, sintiendo el peso de esas palabras.

El aire estaba cargado de un silencio expectante, solo roto por el suave susurro de las hojas.

—¿Y si no encuentro el cristal?

—preguntó con honestidad.

—Entonces habrás aprendido algo más valioso: cómo buscarlo y lo que realmente importa.

Pero confío en que llegarás.

Con un último gesto de respeto, Azerion se internó en la sombra fresca del bosque, donde las ramas altas formaban un dosel que apenas dejaba pasar la luz del sol.

El suelo estaba cubierto de hojas secas y pequeñas raíces que parecían querer atrapar sus pies.

El primer paso fue lento, casi cauteloso, porque el silencio del bosque era diferente al ruido habitual del pueblo.

Aquí todo parecía contener la respiración, esperando.

Con cada paso, Azerion sentía el cambio en el aire, un leve cosquilleo que recorría su piel.

No era miedo, sino la anticipación de lo desconocido.

El viaje apenas comenzaba.

— Azerion avanzaba con paso firme, pero el cansancio seguía clavado en cada músculo.

Sus heridas, aunque ya comenzaban a sanar, le recordaban con punzadas agudas la brutalidad del combate contra su clon.

La piel enrojecida y algunas cicatrices recientes le quemaban con cada movimiento, y el sudor mezclado con la tierra le pegaba el cabello a la frente.

Cada respiración era un pequeño esfuerzo, y el corazón aún latía con fuerza, como si quisiera escapar de su pecho.

Sin embargo, no podía permitirse detenerse.

El bosque parecía observarlo, sus sombras alargadas y su susurro constante le susurraban secretos que no entendía, pero que sentía en lo profundo.

El suelo cubierto de hojas crujía bajo sus pies, y en ocasiones, una rama rota resonaba como un eco que lo hacía voltear con rapidez, solo para encontrar el vacío del bosque.

El peso del cristal que debía encontrar aún era una promesa vaga en su mente, un objetivo distante que lo impulsaba a seguir, aunque cada paso doliera más que el anterior.

En el horizonte, el sol comenzaba a bajar lentamente, y la luz filtrada por el dosel del bosque se tornaba dorada, tiñendo de magia el ambiente.

Pero Azerion no tenía tiempo para distraerse con la belleza; su cuerpo le recordaba que aún estaba lejos de estar listo.

La verdadera prueba apenas comenzaba.

— Con cautela, avanzó esquivando ramas y raíces, atento a cualquier sonido que pudiera delatar un peligro.

Sin embargo, lo que más lo preocupaba no eran las criaturas que pudieran acechar, sino su propio cuerpo que le exigía detenerse, descansar…

pero sabía que no podía ceder.

De vez en cuando se detenía, apoyando una mano en un árbol cercano para recuperar el aliento, mientras cerraba los ojos y se concentraba en calmar el ardor que le quemaba por dentro.

El eco lejano de un ave rompía el silencio, un recordatorio sutil de que aún estaba vivo.

Sus pensamientos regresaban a Lujius, a la enseñanza, al cristal que debía encontrar.

La determinación se entremezclaba con la fatiga, y aunque sus músculos temblaban, una llama interna lo mantenía en movimiento.

Pero pronto, la naturaleza comenzó a mostrar señales de que no todo sería sencillo.

Un susurro en el viento, una sombra que se movió rápido entre los árboles…

algo más estaba ahí, acechando, observando.

Y mientras avanzaba, la oscuridad que cubría parte del bosque parecía espesarse, como si las mismas sombras le advirtieran que esta travesía sería mucho más dura de lo que esperaba.

El agotamiento comenzó a pesarle más, y el mundo pareció oscilar lentamente.

Antes de que pudiera reaccionar, sus rodillas cedieron y Azerion cayó al suelo, inconsciente, con la promesa de que lo peor estaba por venir.

— En la penumbra de su mente, una luz tenue comenzó a brillar.

Lujius apareció ante él, no con la figura del mentor que conocía, sino como un ser envuelto en energía pura, con ojos que contenían estrellas.

—Azerion —su voz resonaba en un eco que parecía venir de todas partes y de ninguna—, el poder sin control es una llama que quema al portador y al mundo que lo rodea.

Azerion quiso responder, pero no pudo; sus pensamientos se agolpaban, confusos y densos.

—El cristal que buscas —continuó Lujius—, no es solo un objeto de poder.

Es un espejo del alma, un reto para quien lo lleva.

En ese lugar plagado de peligros, no todos serán enemigos visibles.

Algunos acechan dentro, disfrazados de dudas, miedos y tentaciones.

La figura se desvaneció en un destello, y Azerion se encontró atrapado en un laberinto de recuerdos y sensaciones: el rugir de una tormenta, el calor de un fuego ancestral, voces que susurraban secretos antiguos, y una sombra que se acercaba, siempre fuera de alcance.

— Un grito cortó el silencio.

Azerion abrió los ojos de golpe, jadeando, con la piel pegajosa por el sudor.

—¡Azerion!

—la voz de Lujius se acercaba rápidamente—.

¡Despierta!

Se incorporó con dificultad, aún sintiendo el eco de la visión vibrando en su pecho.

El bosque que lo rodeaba parecía ahora aún más amenazante, y en la distancia, un sonido extraño se hacía notar: un susurro que no pertenecía al viento ni a las criaturas comunes.

Sabía que lo peor aún no había llegado.

— Azerion seguía en el suelo.

La tierra húmeda le enfriaba la piel y, por un momento, parecía reconfortante.

El cuerpo, aún adolorido por el combate contra su copia, apenas podía moverse.

Cada músculo era una cuerda tensada a punto de romperse.

Intentó girarse… pero no lo logró.

Solo exhaló un suspiro largo, entre frustración y resignación.

“Solo un poco más…” pensó.

“Solo un momento más de descanso…” El suelo parecía acunarlo.

El susurro del bosque, los cantos lejanos de criaturas invisibles, el vaivén del viento entre las ramas… todo invitaba a cerrar los ojos otra vez.

Pero la mente de Azerion no callaba.

—Levántate… —se dijo, apenas en un murmullo seco—.

No viniste hasta aquí para dormir… No se movió.

Solo respiraba.

La batalla interna era real: el cuerpo le rogaba detenerse, solo unos minutos más… y la mente empujaba como una llama insistente en medio de la oscuridad.

Recordó las palabras de Lujius antes de partir, su voz firme pero cálida.

El deber que le había encomendado.

Y sobre todo… la mirada que le dio luego del combate, esa mezcla de orgullo y expectativa que decía sin hablar: “Ahora empieza lo real.” No era solo un chico más arrastrado por el destino.

No era solo alguien que luchó consigo mismo.

Era alguien que había sobrevivido a su propia furia.

— Un temblor recorrió su brazo.

La mano derecha se apoyó lentamente contra el suelo, los dedos clavándose en la tierra húmeda.

No iba a levantarse todavía… pero el primer impulso ya había comenzado.

El sol atravesaba las copas de los árboles, filtrando luz entre los huecos del dosel.

Parecía observarlo.

Como si el bosque mismo esperara su decisión.

Azerion, jadeando, con los ojos apenas abiertos, murmuró con una sonrisa terca: —Solo… un poco más.

Y así, el guerrero descansó unos minutos más en medio de un mundo que no perdonaba, pero que respetaba a quienes se negaban a rendirse.

…

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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