Vornex: Temporada 1 - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Capítulo 58 Una historia entre ramas
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58: Capítulo 58: Una historia entre ramas 58: Capítulo 58: Una historia entre ramas …
Mientras tanto…, Azerion seguía caminando entre los árboles, rodeado por el espeso silencio del bosque.
Avanzaba sin rumbo hasta que se topó con una encrucijada: tres caminos distintos se abrían frente a él.
Se detuvo.
No tenía un mapa, ni una señal clara de hacia dónde ir.
Saltó.
En el aire intentó observar desde lo alto, pero solo vio cómo el bosque se extendía a lo lejos en todas las direcciones.
Sin pistas, eligió el camino del medio.
Si debía redirigirse después, al menos estaría en posición central para hacerlo.
Empezó a caminar recto, decidido.
Fue entonces cuando lo vio.
Un hombre, sentado sobre una roca en medio del bosque, como si el caos de ese lugar no significara nada para él.
Estaba meditando.
Tranquilo.
Sin mostrar señales de temor o cansancio.
Azerion pensó en seguir de largo, sin prestarle demasiada atención.
—¿A dónde te diriges?
—preguntó el hombre sin abrir los ojos.
Azerion, de espaldas, respondió con desdén: —Eso no te importa.
—Puedo ayudarte a llegar más rápido —dijo el hombre con calma.
—¿A dónde?
Si ni yo sé a dónde voy —respondió Azerion.
—Sabes más de lo que crees —afirmó el hombre, ahora abriendo lentamente los ojos—.
Y puedo guiarte.
Azerion giró con cierto recelo.
—¿Eres otro bandido más?
¿O alguna criatura que quiere matarme?
El hombre sonrió levemente.
—No…
pero si quieres que lo sea, puedo intentarlo.
—No estoy para juegos —dijo Azerion endureciendo su tono—.
¿Qué quieres?
—Nada —contestó él—.
Solo ayudarte a conseguir lo que deseas…
aunque si no quieres ayuda, me quedaré aquí.
Como siempre.
Azerion lo miró unos segundos.
Dio un par de pasos hacia adelante.
Pero se detuvo.
Respiró hondo…
y regresó.
—Está bien.
Necesito ayuda.
Estoy cansado de estas criaturas que no paran de atacarme.
No quiero terminar desgastado otra vez…
—Tranquilo —dijo el hombre levantándose con suavidad—.
Nadie más te atacará por ahora.
Estiró su mano hacia Azerion.
—¿Qué haces?
—preguntó con cautela.
—No te haré daño.
Una luz verde brotó de su palma, rodeando el cuerpo de Azerion.
Sintió alivio inmediato.
Sus heridas comenzaron a cerrar, los dolores desaparecieron y su estamina se restauró por completo.
Sentía que podía respirar de nuevo.
Se sentía vivo.
—Gracias —dijo.
—No es nada —respondió el hombre.
Azerion sonrió apenas.
—Ya van dos veces que me ayudan en este bosque… aunque igual, no hay que confiarse demasiado.
—Buena observación —dijo el hombre—.
Este bosque no siempre fue así.
Antes era pacífico.
Las criaturas hostiles… no nacieron aquí.
Algo las está creando.
Azerion pensó de inmediato: el Gran Espectro.
Tal vez tenía que acabar con él para liberar este lugar y encontrar el cristal que buscaba.
—Ese lugar al que vas —continuó el hombre—.
Ahí puede estar esa criatura.
Y también… el cristal que buscas.
Azerion frunció el ceño.
—¿Cómo sabes que busco un cristal?
—Cuando lo mencionaste, confirmé lo que ya sospechaba desde que te vi.
Un chico solo en este bosque…
solo puede significar una cosa.
Azerion lo observó más serio.
—Antes…
hubo otros que venían aquí.
Chicos como tú.
Buscaban poder, fuerza…
y lo encontraban.
Pero se perdían en el proceso.
Se olvidaban del entrenamiento, de la mente.
Se volvían codiciosos.
Obsesionados.
Enfermos de poder.
—¿Y qué les pasaba?
—Su maestro siempre los derrotaba…
intentaba hacerlos entender.
Pero nunca aprendían.
Algunos se iban…
sin decir adiós.
Otros… simplemente desaparecieron.
Hubo un silencio breve.
—Eran muchos alumnos, pero ninguno se merecía ese poder, incluso hubo uno que fue el peor de todos.
Azerion lo miró, intrigado.
—¿Y tú eras ese alumno?
El hombre lo miró, nostalgico y un poco serio, pero sonriendo.
—Yo no, por suerte…Pero fui entrenado por el mismo maestro que ahora te entrena a ti y me enseñó todo lo que sé hasta ahora…
Azerion abrió los ojos un poco más.
—¿Lujius?…lo conoces?
—Así es.
Es un gran amigo.
Hace años lo conocí.
Entrenaba a jóvenes como tú.
Para el bien.
Me entrenó también.
Es alguien a quien admiro mucho.
Me ayudó a enfrentarme a mí mismo.
Gracias a él… soy quien soy.
Azerion se sintió más conectado.
—Entonces conocés bien a Lujius.
—Mucho.
Y por eso… quiero ayudarte.
Si estás dispuesto, claro.
Debes fortalecer tu mente.
Es el primer paso si quieres llegar a ese lugar.
Y si aceptás… será un camino difícil, pero necesario.
Azerion bajó la mirada.
Lo pensó.
Había entrenado su mente, sí… pero últimamente, ¿realmente había superado sus límites?
—Acepto —dijo firme.
El hombre sonrió, con una alegría que parecía guardada hacía años.
—Perfecto.
No se ve esto todos los días.
—¿Cuál es tu nombre?
—Bertel.
Y estoy aquí para ayudarte.
Siguieron caminando juntos, en dirección a lo desconocido… pero esta vez, no iba solo.
— Caminaban entre la calma de los árboles, el sonido leve de las hojas acompañando sus pasos.
El aire olía a tierra fresca y tranquilidad.
—¿Tienes familia?
—preguntó Azerion, sin mirarlo directamente, como si el tema flotara solo.
Bertel asintió suavemente, con una sonrisa nostálgica.
—Sí… aunque hace mucho que no los veo.
Me tuve que ir muy lejos de mi hogar para poder vivir tranquilo, para mantenerme a flote.
Trabajo como recolector —dijo, mientras sus dedos rozaban un arbusto a un costado del camino—.
Todos los días, desde que el sol aparece hasta que se esconde, cosecho lo que puedo.
Es un trabajo simple… pero me mantiene con los pies en la tierra.
Azerion asintió en silencio.
—En mis ratos libres, me gusta sentarme en la misma roca, siempre la misma, a meditar.
A veces me acuesto en el césped a mirar el cielo…
o ayudo a quienes se pierden por estos caminos, personas que no saben cómo volver a casa.
No sé, simplemente me gusta… sentirme útil.
Su voz bajó un poco.
—No tuve un pasado tan oscuro como otros… pero sí he cargado con pérdidas.
Tenía cuatro hermanos.
Dos murieron por una enfermedad.
Eran chicos… no lo merecían.
Y cuando pensaba que ya no podía pasarme algo peor, uno más enfermó… y también lo perdimos.
Azerion apretó los labios.
—¿Y el otro?
—Nethan.
El menor de todos.
Él sigue vivo.
Trabaja, estudia… y cuando yo termino de recolectar, le mando dinero.
Siempre.
A través de una paloma mensajera que crié especialmente para eso.
Necesito saber que está bien, que no le falta nada.
Es lo único que me queda… mi razón para seguir adelante.
Se hizo un breve silencio.
Bertel parecía absorber cada palabra que había dicho.
Luego levantó la vista y la mantuvo firme.
—Cuando conocí a Lujius, decidí entrenar.
No para volverme fuerte… o no solo por eso.
Sino para proteger.
A los que amo, sí… pero también a este mundo.
A las personas buenas que lo habitan.
A los que aún tienen algo que perder.
Azerion lo miró de reojo.
Algo en su pecho se encogió.
Tragó saliva y habló con sinceridad, aunque su tono se mantuvo firme.
—Lamento lo de tus hermanos… yo también he perdido gente.
Sé cómo duele.
Pero no tenemos que quedarnos atrapados ahí.
Mientras los recordemos… mientras los llevemos con nosotros… no desaparecen.
Viven en nuestras memorias.
Y somos nosotros los que debemos mantener su luz encendida.
Bertel lo miró.
En sus ojos había una mezcla de comprensión, respeto… y algo parecido al alivio.
—Tienes razón —dijo al fin—.
Están con nosotros.
Siempre lo han estado.
Y ahora entiendo que nuestra misión… no es solo proteger este mundo.
Es proteger también lo que significaron esas personas.
Honrar su vida a través de la nuestra.
Azerion no respondió.
Solo asintió, con fuerza.
Porque sí, entendía lo que Bertel decía… y más aún, sentía que esa conexión los unía de una forma más profunda que cualquier entrenamiento o conversación trivial.
No hacía falta más.
A veces, basta con compartir una herida… para empezar a curarla.
Y entre palabras, recuerdos y silencios, ambos comprendieron que el camino no solo era hacia adelante.
También era hacia adentro.
Hacia la reconstrucción de quienes eran… y hacia quienes podían llegar a ser.
—
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