Vornex: Temporada 1 - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 Capítulo 60 El sendero inquieto
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60: Capítulo 60: El sendero inquieto 60: Capítulo 60: El sendero inquieto …
Las calles de Eldrys estaban abarrotadas de gente.
Mercaderes alzaban la voz para vender las últimas mercancías del día, los herreros limpiaban sus frentes sudorosas mientras apagaban las forjas, y un grupo de niños corría esquivando entre puestos de frutas y telas.
En medio de ese bullicio, Liam, Eiden y Karl avanzaban juntos, abriéndose paso entre la multitud.
El encargo era claro: encontrar aquel sombrero perdido, aunque en el fondo sabían que podía haber algo más detrás de algo tan aparentemente simple.
—¿Se dan cuenta de que siempre terminamos en estas cosas?
—bufó Karl con una sonrisa ladeada—.
No llevamos ni dos días completos aquí y ya nos mandan a cazar objetos perdidos.
—Bueno… alguien tiene que hacerlo —respondió Liam encogiéndose de hombros—.
Además, no parece tan complicado.
—Ajá, hasta que aparezca un ogro con el sombrero puesto y tengamos que quitárselo —ironizó Karl.
Eiden soltó una leve risa, pero luego replicó: —Siempre tan exagerado… aunque admito que este lugar sí parece sacado de un cuento medieval.
Mira esas casas de madera y piedra, esas armaduras en los guardias… casi puedo escuchar caballos en lugar de carros.
Karl lo miró de reojo y le dio un codazo amistoso, aunque con un dejo de sarcasmo: —Vaya, qué observador.
Seguro que si no lo decías, nadie se enteraba que esto es un mundo medieval.
Eiden alzó una ceja, pero se contuvo.
No quería armar una discusión, aunque la pulla quedó flotando en el aire.
Liam, notándolo, intervino rápido para cortar la tensión: —Sea como sea, medieval o no, hay que concentrarnos.
El sombrero no se va a buscar solo.
Poco a poco, el bullicio de la plaza quedaba atrás.
Los gritos de los mercaderes se desvanecían, los puestos quedaban más dispersos y las calles se volvían estrechas, con menos faroles y más sombras entre paredes de piedra.
El eco de sus pasos era lo único que acompañaba al grupo, y por primera vez, los tres sintieron que aquella búsqueda podía no ser tan sencilla como parecía.
— Se sentaron cerca de la plaza del pueblo, revisando el equipo que llevarían consigo.
Eiden acomodaba la mochila con cuidado, asegurándose de que nada faltara.
Karl inspeccionaba los objetos que habían podido conseguir, ajustando algunas correas y revisando el estado de las dagas y cuchillos que habían logrado obtener.
Liam estaba sentado a un lado, mordisqueando un trozo de pan mientras los miraba con expresión divertida.
—No entiendo por qué siempre quieres cargar tantas cosas —comentó Eiden con un leve suspiro—.
Vamos a caminar bastante, no necesitamos llevar todo este peso.
—Nunca se sabe qué nos puede pasar en el camino —respondió Karl, sin levantar la vista—.
Mejor prevenir que lamentar.
—Sí, sí… pero algunos de estos trastos ni siquiera sé para qué sirven —replicó Eiden, dejando escapar una risa seca.
Liam intervino, alzando las cejas: —Chicos, yo con que no me quedé sin comida estoy feliz.
Todo lo demás… es para que ustedes brillen con sus planes de “aventura épica”.
Eiden lo miró y sonrió: —Tienes razón, Liam.
Mejor nos aseguramos de que el pan dure para todo el viaje.
—O hasta que encuentres algo más interesante que comer —añadió Liam con un guiño, provocando una ligera risa entre ellos.
El grupo revisó de nuevo el mapa y la ruta que Selindra les había indicado.
Debían tomar el camino por la colina este, que los llevaría hacia la zona donde creía que podrían encontrar el sombrero.
Entre comentarios sobre la ruta y algunos ajustes de última hora, los tres compartieron momentos de silencio intercalados con bromas ligeras, intentando mantener la calma antes de partir.
Liam, siempre observador, notaba cada gesto de los otros dos y de vez en cuando soltaba un comentario irónico: —Espero que ninguno de ustedes se pierda antes de que yo siquiera tenga tiempo de protestar.
Eiden se rió, mientras Karl sólo rodaba los ojos, aunque no pudo evitar una pequeña sonrisa.
La tensión de antes se había disipado, al menos por ahora, y el ambiente estaba lleno de preparativos, risas suaves y algún comentario mordaz que el grupo compartía como si fueran viejos compañeros.
— Mientras Eiden, Karl y Liam terminaban de revisar el equipo y prepararse, un par de figuras permanecían en las sombras de los tejados cercanos, observando cada movimiento del grupo.
No eran meros curiosos: sus miradas eran frías y calculadoras, y cada gesto de los chicos era registrado con atención, sin que ellos lo supieran.
—Listos —dijo Eiden finalmente, ajustando su mochila—.
Entonces, vamos.
Karl dio un último vistazo a las dagas y Liam recogió sus cosas con un bufido.
Sin darse cuenta, las figuras se movieron ligeramente para mantenerlos dentro del campo de visión mientras comenzaban a alejarse de Eldrys.
El camino hacia la colina este se extendía frente a ellos.
La brisa levantaba pequeñas nubes de polvo que brillaban con los últimos rayos de sol, y mientras avanzaban, compartían palabras ligeras y alguna que otra broma.
Liam comentaba sobre la caminata, Eiden ajustaba la mochila y Karl se aseguraba de que nada faltara.
Por dentro, todos sentían la mezcla de emoción y cautela que traía un viaje incierto.
Pero desde los tejados y callejones del pueblo, las figuras continuaban observando cada paso, silenciosas y pacientes, guardando sus intenciones para el momento adecuado.
— El trío avanzaba por las callejuelas de Eldrys, sorteando puestos de mercaderes que aún recogían sus mercancías.
El bullicio matutino se mezclaba con los olores a pan recién horneado y especias, un recordatorio de que el pueblo seguía con su rutina pese a los peligros que lo rodeaban.
—No puedo creer que nos haga buscar un sombrero —dijo Liam, moviendo las manos como si estuviera espantando moscas imaginarias—.
¿Quién se le ocurre esconder algo así en un lugar tan grande?
Eiden sonrió, intentando animar al más pequeño.
—Selindra dijo que era importante.
Además, siempre podemos aprender algo en el camino.
Karl asintió, con la vista puesta en los techos de las casas, atento a cualquier movimiento extraño.
—Solo tenemos que mantenernos concentrados y no separarnos.
No sabemos quién podría estar observándonos.
—¡Ey!
—exclamó Liam, señalando un callejón estrecho—.
¿Y si por aquí?
Parece que nadie pasa por ahí.
Eiden se acercó para mirar.
—Podría ser un buen atajo, pero debemos tener cuidado.
Los callejones pueden ser trampas.
Mientras debatían sobre la ruta, unas sombras se movían discretamente desde un tejado cercano.
Dos figuras observaban con atención cada paso del grupo.
Eran jóvenes, pero sus ojos reflejaban el entrenamiento y la disciplina de alguien que no era un simple habitante de Eldrys, seguían cada gesto, cada conversación, asegurándose de que nada pasara desapercibido.
—Creo que es mejor seguir por la avenida principal un poco más —dijo Karl, con firmeza—.
No podemos arriesgarnos sin saber quién nos vigila.
—De acuerdo —aceptó Eiden—.
Y Liam, quédate cerca de nosotros, ¿sí?
No queremos que te pierdas.
Liam resopló, pero obedeció, caminando entre Eiden y Karl con una mezcla de entusiasmo y precaución.
—Sí, sí, estoy en guardia.
A medida que avanzaban, el sol comenzaba a elevarse, iluminando los ladrillos y madera de las casas con un brillo cálido.
Las risas y charlas de los aldeanos llegaban como un murmullo lejano, recordándoles que, aunque estuvieran en medio de una misión importante, la vida seguía su curso.
Los tres continuaron caminando, intercambiando comentarios sobre el camino y las estrategias posibles para encontrar el sombrero, sin notar que cada paso estaba siendo seguido cuidadosamente.
La sensación de ser observados flotaba en el aire, invisible pero persistente.
— El camino que se abría ante ellos se alejaba del bullicio de Eldrys, adentrándose en un sendero bordeado por árboles que apenas dejaban pasar la luz del sol.
Las hojas crujían bajo sus pies, y el aire olía a tierra húmeda y madera.
Cada paso parecía separarlos un poco más del pueblo, y con ello, del confort que éste ofrecía.
—Nunca pensé que un simple sombrero pudiera traer tanta complicación —dijo Liam, mirando a su alrededor con cierta inquietud—.
¿De verdad es tan importante?
Eiden sonrió, echando un vistazo al horizonte.
—Selindra nos dijo que sí.
Pero más allá del sombrero, esto es un entrenamiento.
Cada paso que damos nos prepara para lo que venga.
—Y más nos vale estar listos —añadió Karl, con la mirada fija en los árboles que se movían con la brisa—.
Nunca se sabe qué podría surgir en un camino como este.
El silencio cayó por un momento, roto únicamente por el crujir de las hojas y los pájaros que salían volando entre las ramas.
Liam respiraba hondo, intentando acostumbrarse al ritmo del grupo, mientras Eiden y Karl intercambiaban miradas rápidas, comunicándose sin necesidad de palabras.
De vez en cuando, Liam señalaba algún arbusto o roca sospechosa, y los tres se detenían a observar, evaluando la situación.
Era un juego de precaución y atención, un aprendizaje silencioso que los mantenía alertas.
A lo lejos, unas figuras se movían entre los árboles, pero permanecían ocultas, observando cada gesto de los jóvenes.
No interferían, solo seguían.
La sensación de ser vigilados estaba allí, sutil, flotando entre el murmullo de las hojas y el canto de los pájaros.
—Creo que deberíamos descansar un poco —propuso Liam, deteniéndose junto a un tronco caído—.
El sol apenas ha subido, pero ya siento que necesito estirarme.
Eiden asintió y se dejó caer brevemente sobre una roca cercana, mientras Karl permanecía de pie, vigilante.
—Unos minutos no harán daño.
Solo debemos asegurarnos de que nadie nos haya seguido muy cerca.
Se sentaron en silencio, recuperando el aliento, disfrutando del momento antes de continuar.
Era un respiro breve, pero necesario, un pequeño oasis antes de adentrarse más en lo desconocido.
—Vamos —dijo Eiden después de unos minutos—.
Tenemos que seguir.
El sombrero no se va a encontrar solo.
Liam se levantó, sacudiéndose el polvo de la ropa, y Karl retomó su posición junto al camino.
Los tres continuaron, alejándose cada vez más del pueblo, adentrándose en un sendero que prometía nuevos desafíos, sin saber quién los observaba desde las sombras, pero sintiendo de alguna manera que no estaban completamente solos.
— …
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