Vornex: Temporada 1 - Capítulo 61
- Inicio
- Todas las novelas
- Vornex: Temporada 1
- Capítulo 61 - 61 Capítulo 61 Horizontes que se expanden
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
61: Capítulo 61: Horizontes que se expanden 61: Capítulo 61: Horizontes que se expanden Mientras se alejaban de Eldrys, el sonido de sus propios pasos sobre el terreno polvoriento se mezclaba con el murmullo lejano del río que cruzaba el valle cercano.
El grupo caminaba en silencio por un rato, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
Eiden, con la mirada fija en el horizonte, reflexionaba: “Selindra confió en nosotros… pero aún nos falta mucho.
No puedo permitir que algo nos detenga ahora.” A su lado, Karl caminaba con los brazos cruzados, evaluando el terreno y la estrategia de su próximo movimiento: “Necesitamos estar preparados.
No sabemos qué nos espera fuera de Eldrys, y cada segundo sin mejorar es un riesgo que no podemos correr.” Liam, aún con cierta torpeza al adaptarse al ritmo del grupo, preguntó: —Oigan… ¿vamos a descansar o seguimos directo hacia el lugar que dijo Selindra?
—Primero vamos a entrenar un poco —respondió Eiden—.
No podemos depender solo de lo que ya sabemos.
Cada habilidad que pulamos ahora nos puede salvar la vida después.
Karl asintió y colocó su mochila en el suelo, sacando un par de piedras de entrenamiento.
—Bien, entonces establezcamos un área y vamos haciendo repeticiones.
No es momento de distracciones.
El grupo encontró un pequeño claro entre los árboles, con espacio suficiente para moverse libremente.
Comenzaron con movimientos básicos, esquivando y atacando de manera coordinada, pero cada repetición llevaba consigo un pensamiento silencioso sobre lo que podía suceder más adelante.
Liam, aunque sin espada, practicaba bloqueos y esquives con un palo improvisado, esforzándose por no quedarse atrás.
A medida que el entrenamiento avanzaba, la concentración crecía.
Cada golpe, cada movimiento, cada postura perfeccionada reforzaba la confianza del grupo.
Era un momento de calma antes de la tormenta, y a pesar del cansancio, había una sensación de propósito compartido que los unía.
Desde la distancia, entre las sombras de los árboles, un par de figuras los observaban atentamente.
Sus ojos seguían cada movimiento, tomando nota de habilidades y estrategias.
Nadie en el claro se percató de que estaban siendo vigilados.
— Los movimientos se sucedían con precisión.
Eiden ajustaba la postura de sus golpes mientras Karl, observándolo, señalaba pequeños detalles: la inclinación del torso, la posición de los pies, la coordinación de las manos.
Liam, aunque torpe al inicio, se esforzaba en seguir cada indicación, replicando las posturas y movimientos que los otros mostraban.
Cada ataque era medido, cada defensa estudiada.
No había risas ni comentarios frívolos; solo concentración y un silencio que se llenaba del sonido de los pasos, respiraciones y el roce del metal imaginario contra el aire.
Cada uno pensaba en las posibles amenazas que podrían enfrentar, evaluando cómo reaccionarían y cómo mejorarían sus reflejos.
Con el paso del tiempo, comenzaron a combinar movimientos, atacando y defendiendo en sincronía, reforzando la coordinación grupal.
El cansancio se hacía sentir, pero cada repetición fortalecía la confianza en sí mismos y en sus compañeros.
Era un entrenamiento silencioso, profundo, donde cada gesto tenía un propósito: estar listos para lo que estaba por venir.
Desde la distancia, las figuras que los observaban continuaban en silencio, anotando mentalmente cada detalle, sin interrumpir la concentración del grupo.
— Mientras practicaban los movimientos de ataque, Eiden sintió cómo su energía fluía de manera distinta; una concentración interna le permitió canalizarla en un único golpe más rápido y potente que cualquier otro que hubiera intentado.
Karl y Liam lo observaron en silencio, notando que algo había cambiado.
—Eiden… —dijo Liam, con un dejo de asombro—.
Ese… ese movimiento… Eiden bajó la mirada a sus manos, notando la vibración de su energía concentrada, y luego alzó la voz con firmeza: —Lo llamo “Ráfaga de Centella”.
Es rápido y certero, capaz de atravesar varias defensas si se concentra bien.
Karl asintió, evaluando la técnica: —Tiene potencia y precisión.
Pero tendrás que entrenarla mucho para no agotarte y mantener el control.
Eiden sonrió con determinación: —Lo haré.
Esta será mi primera técnica, y la usaré para proteger a quienes me importan.
A partir de ese momento, cada repetición era un intento por perfeccionar la Ráfaga de Centella, ajustando la velocidad, la dirección y la fuerza, mientras Liam y Karl también aprovechaban para mejorar sus propios movimientos y coordinación grupal.
— El claro se llenaba con el sonido de respiraciones profundas y el roce de pies sobre la hierba.
Los rayos de sol atravesaban el dosel de los árboles, iluminando el espacio donde Eiden, Karl y Liam practicaban sin descanso.
La quietud del bosque contrastaba con la intensidad de sus movimientos.
Eiden se detuvo un momento, cerrando los ojos y concentrándose en la energía que recorría su cuerpo.
Había aprendido a sentirla como un flujo propio, algo que podía moldear y guiar.
Liam lo miró curioso: —¿Cómo logras que se mantenga tan estable?
—Se trata de control, Liam —respondió Eiden—.
Cada intento que hago me acerca más a dominarlo por completo.
Karl asintió y cerró los puños, intentando concentrar su propia energía.
Sin embargo, la ráfaga que logró generar se desvaneció a mitad de camino, sin alcanzar la fuerza que él esperaba.
—Maldición… —murmuró, frustrado—.
Puedo sentir la energía, pero no logro mantenerla.
Eiden lo observó y dijo con calma: —No te preocupes, Karl.
Dominarla lleva tiempo.
Cada intento te acerca más al control.
Durante horas, siguieron entrenando.
Eiden ajustaba postura, respiración y concentración, mientras Liam ayudaba a corregir detalles, aunque aún sin espada.
Karl, por su parte, continuaba intentando mantener la energía sin que se dispersara, logrando avances pequeños pero constantes.
Cada intento fallido lo acercaba un poco más al dominio completo.
Tras un largo periodo de práctica, los tres se sentaron sobre la hierba, agotados pero satisfechos.
Liam apoyó su bastón, mientras Eiden y Karl respiraban profundamente.
—Hoy progresamos mucho —dijo Eiden, con una sonrisa—.
Cada esfuerzo cuenta.
—Sí… —respondió Karl—.
Todavía no puedo controlar completamente mi energía, pero lo lograré.
Solo necesito tiempo y práctica.
El viento movía suavemente las hojas a su alrededor, y por un momento, el silencio del bosque les permitió reflexionar sobre sus avances, la fuerza que habían adquirido y la paciencia que aún necesitaban.
Después de descansar, se pusieron de pie de nuevo, listos para continuar con más movimientos, más ejercicios, y la constante búsqueda de perfeccionar sus habilidades.
El día avanzaba, y con él, la sensación de poder y progreso crecía, marcando un paso firme en su camino de entrenamiento y superación.
— El bosque se había vuelto un poco más silencioso mientras avanzaban por un sendero rodeado de árboles altos, sus copas formando sombras alargadas sobre la tierra.
Los últimos rayos de sol se filtraban entre las hojas, dibujando patrones irregulares sobre el suelo.
El aire estaba cargado de humedad y un olor a madera fresca que hacía más fácil concentrarse.
Después de un largo descanso, Karl se levantó, estirando los hombros y cerrando los ojos unos segundos.
Su respiración era profunda, pero irregular: la concentración no era fácil de mantener después de tanto esfuerzo.
A su alrededor, Eiden lo observaba, apoyado en un tronco, y Liam practicaba movimientos con cuidado, sin espada, mientras se acostumbraba al flujo de su propia energía.
—Está bien, Karl… esta vez vamos a intentarlo con calma —dijo Eiden, con voz firme pero tranquila.
Karl asintió y extendió los brazos frente a él, sintiendo el cosquilleo en la palma de sus manos.
La energía que emanaba de su cuerpo todavía se movía con demasiada libertad, escapando de su control, pero él estaba decidido a mantenerla, aunque solo fuera un instante.
Respiró hondo, y al exhalar, concentró su vista en las manos, intentando guiar cada chispa de poder.
Al principio, la energía vibraba desordenada, moviéndose en pequeñas ondas que lo hacían retroceder un poco.
Karl frunció el ceño y se mordió el labio: no podía dejar que la frustración lo dominara.
Recordó lo que Eiden siempre le decía: “Cada vez que lo intentas, te acercas más”.
Eso le dio un impulso, y de nuevo intentó mantener la energía dentro de sí, obligando a cada chispa a alinearse con su intención.
—¡No!
¡No se me puede escapar ahora —murmuró entre dientes, mientras un leve destello azul comenzaba a recorrer su brazo—.
Solo unos segundos más… Eiden se acercó un poco, sin interrumpir, solo como un apoyo silencioso.
Liam lo observaba desde un costado, con las manos extendidas, sintiendo la vibración del poder de Karl, aprendiendo a reconocer los cambios en el flujo de energía.
La concentración de todos se mezclaba con el ambiente del bosque, haciendo que cada crujido de las hojas bajo los pies pareciera parte del ritmo del entrenamiento.
Después de varios intentos, Karl logró mantener la energía por unos segundos completos, una fracción de tiempo que parecía un instante, pero que para él era un logro enorme.
La luz azul de su poder se estabilizó apenas un momento, antes de dispersarse de nuevo.
Su cuerpo temblaba levemente por el esfuerzo, y sus pulmones ardían con la respiración contenida.
—Eso… eso es increíble —dijo Eiden con una sonrisa cálida, mientras Liam aplaudía suavemente—.
Vas por buen camino, no te rindas.
Karl cerró los ojos un momento, dejándose llevar por una mezcla de cansancio y satisfacción.
No era perfecto, ni mucho menos; la energía todavía escapaba, pero ahora podía sentir la diferencia, cómo su control mejoraba, cómo cada intento lo acercaba más a dominarla por completo.
Tras unos minutos más, decidieron hacer una pausa.
Se sentaron sobre un tronco caído, sintiendo cómo el bosque los envolvía.
Eiden tomó un sorbo de agua mientras Karl miraba sus manos, todavía brillantes por el contacto con la energía.
Liam descansaba junto a ellos, hablando con voz tranquila sobre movimientos y sensaciones que había notado mientras practicaba.
—Mañana, creo que podremos intentar mantenerlo más tiempo —dijo Karl, un hilo de confianza en su voz—.
Siento que lo entiendo un poco más ahora.
Eiden asintió, satisfecho.
—Exacto.
Cada paso cuenta.
Esto no se trata de perfección de inmediato, sino de avanzar, y hoy has avanzado mucho.
El sol continuaba su descenso, bañando el bosque con tonos dorados y anaranjados.
La sensación de calma tras el entrenamiento era casi tangible, un momento de paz antes de continuar con lo que vendría.
— Mientras dejaban atrás los últimos rincones del bosque que rodeaban Eldrys, el camino se abría entre colinas bajas y árboles dispersos, con el viento moviendo suavemente las hojas.
Cada paso parecía activar algo dentro de ellos: pequeños ajustes en su equilibrio, en la postura, en la manera en que respiraban y percibían el entorno.
Karl, al avanzar, notaba cómo podía mantener su energía concentrada un instante más cada vez que sus manos rozaban el aire, casi como si el bosque mismo le enseñara a dirigirla sin esfuerzo consciente.
No era aún un control perfecto, pero cada movimiento se sentía más firme, más decidido.
Cuando intentaba medir la distancia de un salto o el ángulo para esquivar una rama, su cuerpo reaccionaba con mayor precisión que antes.
Eiden, por su parte, descubría detalles nuevos en su propia fuerza y reflejos.
Durante un pequeño salto para evitar una piedra en el sendero, su percepción del entorno se volvió más aguda: podía anticipar el movimiento de las ramas, la densidad del suelo, hasta el leve cambio en la resistencia del viento.
Cada gesto se sentía más natural, como si su cuerpo estuviera aprendiendo por sí mismo a coordinar la fuerza y la velocidad.
Liam, aunque sin espada, empezaba a notar cómo su energía fluía de forma más clara en pequeños movimientos: un giro al esquivar una raíz, la manera de ajustar la postura antes de un salto, la conciencia de sus brazos y piernas en el espacio.
No podía generar grandes destellos de poder aún, pero su control básico mejoraba con cada paso, y un destello de seguridad iluminaba su mirada.
El silencio del camino no era incómodo; al contrario, parecía llenarse de un ritmo sutil.
Cada respiración, cada crujido bajo los pies, cada leve destello de energía se mezclaba con el entorno.
No había palabras de instrucción ni correcciones; solo la experiencia de moverse, observar y sentir.
Eiden miró de reojo a Karl y luego a Liam, y una sonrisa leve se dibujó en su rostro.
No necesitaban decir nada: la progresión de cada uno era evidente.
Karl ya no titubeaba al lanzar un pequeño impulso de energía para equilibrarse; Liam ajustaba la postura sin pensarlo; y Eiden se movía con la seguridad de alguien que conoce bien su cuerpo y su entorno.
—Se siente… diferente —murmuró Liam, casi para sí mismo, mientras esquivaba una rama baja con un giro suave—.
Como si todo estuviera un poquito más conectado.
—Eso es porque lo está —respondió Eiden, sin apartar la vista del camino—.
Cada paso que damos nos enseña algo.
Solo hay que notarlo.
Karl asintió, sintiendo cómo su energía ya no se dispersaba tan rápidamente, y por un instante, los tres caminaron en silencio, dejando que la sensación de progreso llenara el aire.
No necesitaban entrenar con intensidad; el propio acto de moverse y estar alerta estaba perfeccionando sus habilidades, poco a poco, casi sin que se dieran cuenta.
El sol comenzaba a descender hacia el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos.
Cada sombra que se alargaba parecía marcar un pequeño avance, un recordatorio de que cada paso contaba.
Los tres avanzaban, conscientes de que, aunque el entrenamiento formal había terminado, su crecimiento continuaba, sin prisas, de manera natural, y con la certeza de que aquello era solo el inicio de lo que podían llegar a ser.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com