Vornex: Temporada 1 - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 Capítulo 65 El rugido de tres voluntades
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65: Capítulo 65: El rugido de tres voluntades 65: Capítulo 65: El rugido de tres voluntades Liam despertó poco a poco, con la sensación de que algo estaba mal en el aire.
Las nubes se movían rápidamente hacia la dirección de la pelea, y un escalofrío recorrió su espalda.
Podía sentir vibras extrañas, peligrosas.
Quiso levantarse, correr, ayudar, pero su cuerpo aún estaba agotado; la última liberación de energía lo había dejado casi sin fuerzas.
Solo podía observar.
Mientras tanto, Karl y Eiden se encontraban frente al ogro, conscientes de que un ataque devastador se aproximaba.
La tierra comenzó a temblar bajo sus pies, los árboles se inclinaban y pequeñas piedras flotaban a su alrededor.
Una energía densa y pesada cubría el claro; el ogro estaba a punto de desatar su hechizo especial, uno que podía arrasar con todo a su paso.
Sin aviso, el ogro empezó a concentrar su poder, rodeándose de una aura oscura y rugiente que hacía vibrar el suelo y sacudía las ramas.
“Más vale que se preparen… si no lo esquivan, morirán con esto”, rugió.
En sus manos, la energía empezó a tomar forma, fusionando fuerza y oscuridad en un solo punto, y finalmente lo liberó: ¡Destructor de Gaia!
Karl y Eiden no dudaron.
Con todas sus fuerzas, concentraron sus ataques: Eiden con su Ráfaga de Centella y Karl con su Impacto Atrontador.
Sus energías se entrelazaron en un solo torrente brillante y potente, listo para enfrentar al Destructor de Gaia.
El choque fue inmediato.
La combinación de los ataques de los chicos se estrelló contra la esfera de poder del ogro, generando un estallido de luz y fuerza que hizo vibrar cada árbol del bosque.
La energía no explotó de inmediato; se mantuvo suspendida, girando y vibrando en un balance peligroso, como si el mismo tiempo se hubiera detenido.
Karl jadeaba, sangre resbalando por su rostro, mientras sostenía la energía combinada.
Eiden, con los músculos tensos, mantenía su escudo de fuerza, consciente de que cualquier descuido sería fatal.
Pedazos de tierra flotaban, hojas giraban en remolinos, y el aire estaba cargado de magia pura.
Liam, a lo lejos, sintió cada vibración del choque.
Sus sentidos se agudizaron y percibió corrientes de agua y vida que lo llamaban, agotado pero consciente intento ver lo que pasaba mientras sabía que debía recuperar fuerzas.
En el claro, la tensión continuaba.
Destructor de Gaia y la energía combinada de Karl y Eiden seguían forcejeando, girando, aumentando la presión sobre todo a su alrededor.
El choque era tan intenso que la tierra se quebraba bajo la fuerza, el viento rugía y el cielo parecía dividirse en dos.
Ninguno cedía.
Karl y Eiden sostenían su ataque con todo lo que les quedaba, mientras el ogro mantenía su hechizo con una fuerza que parecía sobrenatural.
La batalla aún no tenía un final.
El choque de energías se mantenía, desafiando los límites de los tres combatientes y dejando claro que lo que estaba por venir sería devastador.
— El “Destructor de Gaia” del ogro y los ataques de Karl y Eiden se encontraron en un choque de energía que hizo temblar el claro.
La fuerza combinada de ambos bandos hacía vibrar la tierra y levantaba polvo, mientras árboles arrancados y piedras flotaban a su alrededor.
Las vacas y los animales cercanos huían despavoridos, corriendo por el miedo y el estruendo que los rodeaba.
El cielo se abrió lentamente, como si las nubes quisieran escapar de la violencia que se desataba abajo.
La presión sobre Karl y Eiden era brutal; cada centímetro del claro parecía comprimirse bajo la fuerza del choque de poderes.
Ambos forcejeaban, empujando y resistiendo, intentando ver quién cedería primero.
El ogro rugía con furia, y su aura oscura los envolvía, como si quisiera absorber cada destello de luz y energía que emanaban los ataques.
Eiden pensó rápidamente mientras sostenía el choque.
A pesar de la presión, una idea surgió: necesitaba que Karl resistiera más tiempo, pero solo podían tener una oportunidad.
Con rapidez, le pidió: —¡Karl!
¡Aguanta un poco más!
Tengo un plan, pero solo funcionará si resistes.
Karl dudó, sintiendo el peso del ataque y la fuerza del ogro, pero Eiden continuó: —Confía en mí… Solo necesito que mantengas esto un momento más.
Eiden soltó una mano y la colocó en el hombro de Karl, cerrando los ojos y concentrando su energía.
Karl, al sentir el contacto, percibió un flujo de fuerza extra que le daba un impulso inesperado.
Era como si la propia vitalidad de Eiden lo atravesara, reforzando su poder en medio del choque.
—Te doy un poco de mi energía… ¡Aguanta!
—dijo Eiden, abriendo los ojos con determinación.
Karl sintió cómo su fuerza aumentaba gradualmente, y poco a poco logró estabilizar el ataque combinado.
Eiden entonces se preparó para ejecutar la siguiente fase de su plan: mientras Karl mantenía el choque, él se lanzaría hacia el ogro, usando su escudo de energía como un arma ofensiva.
El forcejeo continuaba.
El aire zumbaba con la tensión de la energía liberada, y el suelo temblaba bajo cada impacto.
Árboles, rocas y fragmentos de tierra giraban en el aire alrededor de ellos, y las vacas y otros animales seguían corriendo, intentando escapar de la amenaza que parecía querer devorarlo todo.
En medio del estruendo, Eiden y Karl sincronizaban sus movimientos.
La energía que fluía de Eiden hacia Karl le permitía resistir un poco más, y Karl comenzaba a entender cómo mantener el ataque estable por sí mismo.
Era un delicado equilibrio de fuerza y voluntad: un momento crítico en que una sola distracción podía hacerlos caer.
El ogro rugía con fuerza, presionando cada vez más, pero el plan de Eiden estaba en marcha.
La combinación de su energía y la de Karl comenzaba a volverse más firme, como un muro que desafiaba la embestida del monstruo.
El choque de poderes continuaba, titilando con destellos de luz y sombra, mostrando que ninguno de los bandos estaba dispuesto a ceder.
— Eiden soltó el choque de poderes y salió disparado hacia el ogro, su escudo brillando con energía concentrada.
Las manos del monstruo todavía estaban atrapadas en la fuerza del choque, incapaz de reaccionar con rapidez a lo que venía.
Antes de que pudiera siquiera preparar una defensa adecuada, Eiden lanzó su escudo con toda la fuerza que pudo reunir, directo al ogro, este impactando en el ogro mandándolo un poco lejos.
Karl, aún manteniendo el forcejeo por sí solo, comprendió el plan de inmediato.
Ya le podía lanzar el poder, Eiden le había dado la señal: ahora solo hacía falta que el golpe alcanzara su objetivo.
Con un último esfuerzo, Karl empujó con toda su fuerza, haciendo que el poder viajara como un proyectil imparable.
El monstruo intentó cubrirse, pero no estaba preparado para algo que llegara con tal velocidad.
El poder impactó con una fuerza devastadora.
La energía concentrada en él explotó en el punto de contacto, empujando al ogro hacia atrás y enviando ondas de choque que arrasaron con varios kilómetros de bosque y terreno.
Árboles centenarios se quebraron como fósforos, rocas fueron lanzadas por los aires y el suelo tembló violentamente, dejando surcos profundos y desgarrando la hierba bajo sus pies.
Animales cercanos, presas del pánico, salieron corriendo en todas direcciones mientras el cielo parecía separarse lentamente, como si el mundo contuviera la respiración ante semejante demostración de poder.
Karl respiraba con dificultad, todavía concentrado en mantener el poder del choque que poco a poco desapareció, pero el plan había funcionado: el escudo había estabilizado la situación y el ogro había recibido el impacto que deseaban.
Eiden, aprovechando la apertura, se lanzó rápidamente hacia el ogro, listo para rematar, mientras el terreno a su alrededor se convertía en un paisaje de destrucción y caos.
El choque de poderes había terminado, pero las consecuencias de aquel golpe resonarían mucho más allá de ese claro, dejando claro que nada volvería a ser igual.
— El estruendo del último ataque todavía resonaba en el aire.
El bosque, o lo que quedaba de él, estaba reducido a montones de árboles derribados, cráteres y un silencio pesado roto solo por las brasas que aún ardían.
El humo empezaba a disiparse lentamente, dejando ver la figura del ogro en medio de la devastación.
Seguía en pie.
Pero apenas.
Su cuerpo estaba destrozado: cortes profundos recorrían su piel, su sangre violeta brotaba sin control y caía como un riachuelo oscuro sobre la tierra quemada.
Tenía grandes quemaduras en todo el torso y los brazos, marcas negras y rojizas que contrastaban con su piel rugosa.
Respiraba con dificultad, y sin embargo, en sus ojos encendidos, las venas resaltaban con furia.
Estaba enfurecido más que nunca.
—¿Cómo…?
—rugió con voz temblorosa—.
¿Cómo dos simples humanos pudieron hacerme esto?
Eiden, jadeando y con el sudor escurriendo por su rostro, apretó el puño y respondió con firmeza: —No somos simples humanos.
Somos mitad Místics.
El ogro apretó la mandíbula.
Sabía lo que eran, por supuesto; este era un mundo donde los Místics dominaban.
Pero la afirmación de Eiden lo irritó todavía más.
—¿Y acaso creen que eso importa?
Humanos, Místics… da igual.
¡Voy a acabar con ustedes!
Eiden, aún con la voz temblorosa por el esfuerzo, le lanzó una pregunta que lo desconcertó por un instante: —¿Has estado en la Tierra?
Allí sí viven los humanos.
El ogro gruñó, recordando.
—Sí, he estado.
No hay humanos aquí, solo allí… pero eso no cambia nada.
¡Su destino será el mismo!
Su cuerpo tembló de pura ira.
De pronto, flexionó las piernas y saltó con toda la fuerza que le quedaba, elevándose por los aires como una bestia colosal.
En el cielo extendió sus brazos, reuniendo su energía.
La tierra volvió a temblar con violencia, como si todo el bosque llorara bajo su poder.
Una esfera gigantesca de energía oscura y vibrante comenzó a formarse entre sus manos.
—¡¡¡DESTRUCTOR DE GAIA!!!
—rugió con todo lo que le quedaba en los pulmones.
El cielo se iluminó con un resplandor letal.
La presión era sofocante.
Abajo, Karl y Eiden apenas podían sostenerse en pie.
El sudor, la fatiga y el dolor les recorrían cada músculo.
Aun así, apretaron los dientes.
—Maldita sea… este tipo no se rinde nunca… —masculló Karl, con los brazos temblando.
—Karl… no tenemos elección —replicó Eiden, su voz entrecortada—.
Es ahora o nunca.
Con lo último de sus fuerzas, combinaron sus habilidades: Eiden encendió de nuevo la Ráfaga de Centella, esta vez más viva, y Karl alzó su Impacto Atronador.
La colisión fue brutal.
El aire se volvió incandescente, el suelo se agrietó, y la onda expansiva los empujaba hacia atrás.
Pero esta vez, se notaba.
El ogro, incluso herido, tenía ventaja.
Su Destructor de Gaia los estaba dominando.
Los músculos de Eiden ardían como si se desgarraran por dentro.
—¡Karl… no aguanto más!
—gritó.
—Yo tampoco… ¡Maldición!
—Karl tosió sangre, pero seguía resistiendo.
El poder combinado de los dos comenzaba a ceder, retrocediendo contra ellos.
El rugido del ogro era ensordecedor, como si todo el cielo retumbara con él.
Y en ese instante, cuando parecía que la derrota era inevitable… Se escucharon pasos firmes entre la destrucción.
Una presencia poderosa se acercaba.
Eiden y Karl lo sintieron.
Una fuerza conocida, pero renovada.
De pronto, una tercera energía se unió a la colisión.
El impacto se equilibró de golpe.
Ambos giraron el rostro y lo vieron: Liam, avanzando con decisión, el viento arremolinándose a su alrededor.
—Gracias por aguantar sin mí… —dijo con una calma profunda, mientras extendía sus brazos y añadía su poder al de ellos.
Karl y Eiden casi no podían creerlo.
Su amigo estaba de vuelta, recuperado, y su pecho brillaba otra vez: la V resplandecía con un fulgor deslumbrante.
Esta vez, parecía controlarla, como si hubiera encontrado un equilibrio con esa fuerza misteriosa.
—Vamos a terminar esto ahora… —dijo Liam con los ojos cerrados por un instante.
Luego los abrió, llenos de determinación—.
No tengo mucho tiempo en esta forma, ¡así que vamos a darlo todo!
Los tres, hombro con hombro, rugieron al unísono.
Sus energías se fusionaron en un combo triple, una tormenta de luz, fuego y estruendo que creció hasta superar el poder del Destructor de Gaia.
El ogro abrió los ojos de par en par.
Por primera vez, el miedo se reflejó en ellos.
—¡No… imposible!
Trató de protegerse, erigiendo a toda prisa un escudo de energía.
Pero era tarde.
La colisión se quebró de golpe, y la fuerza combinada de los tres lo arrasó.
El ogro salió disparado como un proyectil, surcando el aire, atravesando lo que quedaba de bosque y estrellándose contra el suelo con un impacto que sacudió varios kilómetros a la redonda.
Árboles enteros se desplomaron con la onda expansiva.
Cuando el estruendo cesó, quedó un silencio sepulcral.
El cuerpo del ogro yacía a lo lejos, entre ruinas y cenizas.
Ya no se levantaría.
Los tres amigos, por su parte, cayeron de rodillas, exhaustos.
Sus cuerpos estaban desgarrados por dentro, sin fuerzas ni siquiera para mover un dedo.
El dolor era insoportable, pero en sus rostros se dibujaban sonrisas débiles.
Habían ganado.
Eiden, Karl y Liam, respirando con dificultad y mirándose entre sí, sabían que habían sobrevivido a lo imposible.
Y que juntos, habían derrotado al monstruo.
— “Aun en los momentos en que parece imposible seguir, descubrirás que dentro de ti siempre queda una chispa más de fuerza; a veces esa chispa, compartida con quienes luchan a tu lado, es suficiente para vencer lo que parecía invencible.”
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