Vornex: Temporada 1 - Capítulo 69
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- Capítulo 69 - 69 Capítulo 69 Una vida tranquila en el rancho - Parte 2
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69: Capítulo 69: Una vida tranquila en el rancho – Parte 2 69: Capítulo 69: Una vida tranquila en el rancho – Parte 2 El grupo descansaba tirado en el pasto frente al establo, con la respiración aún agitada después de las tareas de la granja.
El aire cargaba el olor a tierra húmeda y a animales, algo extraño para ellos, pero que poco a poco se volvía parte de la experiencia.
Raiden, sentado en su silla de madera junto a la entrada de la casa, apoyó la espalda contra la pared mientras daba un trago largo a su botella helada.
Soltó una carcajada ronca al verlos tan agotados.
-Mírenlos…
guerreros que derrotan monstruos, y casi se rinden por un par de trabajos de campo.
-¡No es tan fácil como parece!
-protestó Liam, estirándose de mala gana.
-No me hables de fácil -agregó Karl-, prefiero un combate cuerpo a cuerpo antes que ordeñar una vaca otra vez.
-Pues yo -intervino Eiden con una sonrisa socarrona-, creo que la vaca me tenía simpatía…
hasta que me lanzó la patada.
Las risas se escaparon entre ellos.
Lurea, que hasta ese momento había estado seria, dejó escapar una carcajada sincera.
-No es tan malo.
Lo hicieron bien para ser la primera vez.
Y admitámoslo, hace bien cambiar la espada por algo más sencillo, aunque sea un rato.
El ogro, sentado a pocos metros, gruñó divertido.
-En mi pueblo, un niño aprende todo esto antes de los diez años.
-Pues dile a tu pueblo que tiene mi respeto -respondió Liam, riéndose-.
Yo con diez apenas sabía amarrarme los cordones.
La broma arrancó otra ronda de carcajadas.
Por un instante, el ambiente fue ligero, sin sombras ni amenazas cerca.
Raiden levantó su botella, como si brindara hacia ellos.
-Guarden esto en la memoria.
No siempre tendrán días así.
Un día se darán cuenta de que estas risas son más poderosas que cualquier técnica o poder.
Los chicos se miraron, pensativos.
Karl apoyó los brazos tras la cabeza y suspiró.
-Entonces deberíamos quedarnos aquí todo el día.
-O entrenar un poco más -replicó Eiden, enderezándose-.
No podemos aflojar, aunque nos divirtamos.
-Entrenar después de esto suena a redención -murmuró Liam con una sonrisa pícara.
Lurea se puso de pie, animada.
-Me gusta la idea.
Practicaremos lo que vimos estos días.
Nada pesado, solo pulir movimientos.
Raiden arqueó una ceja y dio el último trago, dejando la botella vacía a un lado.
-Si lo hacen, háganlo lejos de mis animales.
No quiero ver un hoyo en mi corral.
El ogro asintió, levantándose con calma.
-Yo los acompañaré.
Vigilaré que no destruyan nada.
Los chicos se levantaron de golpe, sacudiéndose la ropa.
Había un brillo distinto en sus ojos: mezcla de cansancio, emoción y el deseo de superarse.
Caminaron hacia un campo abierto detrás de la granja, con Lurea siguiéndolos de cerca.
Raiden los observó alejarse, sonriendo.
Luego acomodó su sombrero y se recostó más en la silla.
-Juventud…
siempre con energía de sobra.
— El grupo se alejó lo suficiente de la granja, caminando hasta un terreno abierto rodeado de hierba alta y rocas dispersas.
Desde ahí, apenas se alcanzaban a ver las construcciones de Raiden, como pequeñas siluetas a lo lejos.
El viento corría libre, sin obstáculos, ideal para soltar todo el poder sin preocuparse por destruir nada.
-Aquí está bien -dijo Lurea, cruzándose de brazos-.
No hay peligro de que afectemos el rancho.
El ogro Zarquinn, que había seguido en silencio, alzó una mano.
Una especie de resplandor verdoso se expandió alrededor de la granja, visible incluso desde esa distancia.
-Ya está.
Un escudo de contención.
Si algo se escapa en dirección equivocada, explotará antes de tocar las paredes -explicó con voz grave.
Eiden lo miró con una sonrisa confiada.
-Eso me da más libertad para soltarme.
Lurea asintió.
-Empiecen a calentar.
Quiero verlos pulir lo que aprendieron en estos días.
Luego, atacarán de a uno contra mí.
Al final, vendrán los tres juntos.
Los chicos intercambiaron miradas cargadas de emoción.
Primero, se dedicaron a practicar movimientos básicos: esquivas, bloqueos y golpes.
El suelo crujía con cada pisada fuerte y el aire se agitaba con cada descarga de energía.
Karl se movía rápido, sus brazos alzándose con la cadencia de un boxeador experimentado.
Sus puños parecían proyectiles cortos, directos, cada impacto hacía vibrar el aire.
Eiden, en cambio, era puro ímpetu: cargaba de frente con una fuerza brutal, combinando golpes con patadas que dejaban marcas en el suelo.
Su estilo era menos refinado, pero el poder que emanaba lo compensaba.
Liam, aunque más contenido, sorprendía en ciertos momentos.
Sus ataques eran medidos, pero cuando decidía soltar toda su energía, se notaba que tenía un potencial explosivo, aunque todavía le costaba mantenerlo estable.
-Bien -intervino Lurea al cabo de un rato-.
Ya calentaron suficiente.
Ahora, uno por uno contra mí.
El primero en avanzar fue Eiden.
Se lanzó con un rugido y el terreno tembló bajo sus pasos.
Lurea lo recibió con calma, bloqueando sus embestidas, desviando los golpes con elegancia.
Aun así, tuvo que endurecer su defensa: la fuerza de Eiden era abrumadora.
-Nada mal -dijo ella en medio del intercambio-, pero dependes demasiado de tu poder bruto.
Un movimiento rápido de su pierna bastó para hacerlo perder el equilibrio y enviarlo al suelo.
Eiden se levantó, jadeando pero sonriente.
Karl fue el siguiente.
Se colocó en posición de boxeo, los puños cubriendo su rostro, el cuerpo inclinado hacia adelante.
Se movía con un ritmo constante, midiendo cada ángulo.
Lurea entrecerró los ojos, sorprendida.
Karl no tenía la fuerza explosiva de Eiden, pero su técnica era limpia, pulida por horas de práctica.
Sus jabs rápidos comenzaron a presionar, y en un momento logró rozar a Lurea en el hombro.
-¡Toma eso!
-gritó Karl, satisfecho.
Pero ella reaccionó enseguida, esquivando y colocándose detrás de él con un giro elegante.
-Tu guardia es buena, pero aún te falta velocidad de reacción -le susurró antes de tocarle el cuello con dos dedos, indicando que lo habría derrotado.
Karl gruñó, aceptando la derrota con una sonrisa torcida.
Liam fue el último.
Su inicio fue más dubitativo, pero luego cambió su expresión y adoptó una postura firme.
Cargó su energía y lanzó una serie de ataques veloces.
Aunque Lurea los esquivaba, se notaba que debía concentrarse para hacerlo: la determinación de Liam potenciaba sus movimientos.
-¡No me subestimes!
-exclamó él, liberando un estallido de energía que la obligó a retroceder unos pasos.
Lurea sonrió.
-Eso está mejor.
Cuando peleas decidido, te vuelves peligroso.
Finalmente, llegó el turno del ataque conjunto.
Los tres se lanzaron a la vez, sincronizando movimientos como podían.
Karl buscaba abrir espacios con sus jabs, Eiden presionaba con su fuerza brutal, y Liam lanzaba ráfagas de energía desde atrás.
El terreno se sacudía con cada choque.
Algunas descargas salieron desviadas hacia la granja, pero al llegar al escudo de Zarquinn se deshicieron en explosiones verdes que iluminaban la distancia.
Lurea resistía con destreza.
Bloqueaba, esquivaba, desviaba.
Por momentos parecía que los chicos la tenían acorralada, pero en un abrir y cerrar de ojos ella encontraba la manera de revertirlo.
-¡Ahora, todos juntos!
-gritó Karl, lanzándose al frente.
Liam y Eiden respondieron al unísono, liberando un ataque combinado de energía.
La explosión fue tan intensa que el viento levantó polvo por todo el campo.
Cuando el humo se disipó, Lurea apareció con la ropa algo marcada y el cabello alborotado, pero aún firme.
En un movimiento final, con un barrido de energía, derribó a los tres casi al mismo tiempo.
Los chicos cayeron al suelo, exhaustos pero riéndose.
-Nos…
nos tuviste por poco -jadeó Karl.
-Sí…
esta vez casi…
-agregó Eiden, tumbado mirando el cielo.
Liam simplemente respiraba fuerte, pero con una sonrisa de satisfacción.
Lurea los miró, con un brillo de orgullo en la mirada.
-Me sorprendieron más de lo que esperaba.
No están listos todavía…
pero ya no están tan lejos.
A lo lejos, Raiden y Zarquinn observaban en silencio.
El primero con una sonrisa orgullosa, y el segundo ajustando el escudo que poco a poco se desvanecía, satisfecho de que nada hubiera tocado la granja.
— Los chicos yacían en el suelo, agotados, respirando con dificultad.
Sus cuerpos estaban cubiertos de polvo, raspones y marcas de energía que no lograron esquivar.
Incluso Liam, que normalmente parecía el más ágil, tenía su uniforme algo desgastado.
Karl y Eiden tenían magulladuras, pero el espíritu seguía intacto.
Lurea se acercó con calma, el aire a su alrededor parecía más ligero, como si impregnara todo de una energía restauradora.
Con un gesto de sus manos, un resplandor verde brillante envolvió a cada uno.
-Vamos a limpiar esto -dijo con voz suave pero firme-.
Nada grave, solo heridas y cansancio.
Sus dedos pasaban sobre los raspones y cortes, y los chicos sintieron cómo el dolor se desvanecía.
La energía curativa recorría sus músculos cansados, devolviéndoles fuerza y vitalidad.
Cada golpe de energía que Lurea aplicaba parecía armonizar con su respiración, como un latido calmado.
-Wow…
-susurró Eiden-.
Esto se siente…
increíble.
-Nunca pensé que curarse pudiera ser tan…
agradable -agregó Karl, estirando los brazos y moviendo los hombros con alivio.
-Y pensar que esto no es magia común -comentó Liam, admirando el resplandor que aún flotaba alrededor-.
Lurea sonrió y asintió, mientras Zarquinn se acercaba a ellos con pasos pesados.
El ogro miraba con detenimiento sus uniformes y ropas rasgadas.
Con un gesto de su enorme mano, una energía suave y dorada envolvió las prendas.
De inmediato, el polvo desapareció, los desgarros se cerraron y la tela volvió a quedar como nueva.
-¡Eso sí que es impresionante!
-exclamó Karl, palmeando la tela de su uniforme como si fuera nueva por arte de magia.
-Gracias, Zarquinn -dijo Liam con una sonrisa-.
Ahora sí podemos caminar tranquilos.
-No es nada -gruñó el ogro, rascándose la cabeza-.
Solo aseguro que no vuelvan aquí con trapos rotos.
Después de eso, Raiden salió de la granja cargando una pequeña mochila.
La abrió y comenzó a colocar dentro algunos suministros: pan, frutas, un poco de agua embotellada y algunas latas de comida preparada.
-No es mucho, pero esto les servirá mientras avanzan -dijo, mientras los chicos observaban con gratitud.
-¡Gracias!
-respondió Eiden, tomando un par de latas-.
Esto nos viene perfecto para el viaje.
-Sí, muchas gracias, Raiden -añadió Karl-.
No queremos abusar de tu hospitalidad, pero esto nos ayudará mucho.
Raiden se recostó de nuevo en su silla, cruzando las piernas y sonriendo con esa tranquilidad de granjero experimentado.
-Cuídense allá afuera.
No se confíen solo por lo que aprendieron hoy.
Recuerden que la fuerza también viene del juicio y la paciencia.
-Lo tendremos en mente -contestó Liam con una sonrisa-.
Lurea se acercó a Raiden un instante.
-Gracias por todo.
Realmente apreciamos tu hospitalidad y tu paciencia.
-Siempre es un placer ver jóvenes aprendiendo, y además…
ustedes no son del todo normales -replicó Raiden, dejando escapar una risa tranquila.
Zarquinn gruñó suavemente y se puso al lado de Raiden.
-Nosotros vigilamos la granja mientras ustedes parten.
Cuiden sus pasos, y vuelvan si necesitan refugio.
Los chicos asintieron, dejando que la brisa los envolviera mientras se preparaban para partir.
Karl ajustó su mochila, Eiden estiró los brazos y Liam revisó que todo estuviera listo.
Lurea, al frente, extendió una mirada de despedida hacia Raiden y Zarquinn.
-Nos vemos pronto -dijo con suavidad.
-Cuídense -respondió Raiden, levantando la mano en un gesto simple pero firme.
-Nos encargamos de la granja mientras vuelven -gruñó Zarquinn, esbozando una sonrisa bajo su mirada seria.
Con eso, comenzaron a alejarse del rancho, dejando atrás la tranquilidad de aquel refugio, pero llevándose consigo la energía, las enseñanzas y el recuerdo de la hospitalidad de Raiden y la fuerza silenciosa de Zarquinn.
El camino frente a ellos estaba lleno de posibilidades, y la experiencia de aquel día los había acercado aún más, fortaleciendo tanto su cuerpo como su espíritu.
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