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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 El último amanecer
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7: Capítulo 7: El último amanecer 7: Capítulo 7: El último amanecer La noche había caído.

En la cabaña, los tres chicos dormían profundamente, agotados por el entrenamiento.

Las sombras del crepúsculo se alargaban fuera de las ventanas, mientras el viento movía las hojas de los árboles cercanos.

Hilson se sentó frente a la chimenea, mirando el fuego.

Las llamas danzaban en un juego de luces que reflejaban en su rostro los años de sabiduría y sacrificio que llevaba consigo.

A su lado, Alis le ofreció una taza de té oscuro y fuerte, hecho con hierbas de ese mundo.

El calor de la bebida le reconfortaba, pero no podía evitar sentir la presión del tiempo.

—¿Estás seguro de esto?

—preguntó Alis con tono preocupado—.

Cuatro días no son muchos…

pero para ellos parece una eternidad.

Hilson asintió, su mirada fija en el fuego.

—Cada uno tiene algo dentro que aún no entiende.

Solo tengo que abrirles la puerta…

después, dependerá de ellos.

Pero si no lo hago ahora, nunca serán lo que están destinados a ser.

Alis observó en silencio.

Sabía que Hilson no tomaba decisiones a la ligera, y aunque las circunstancias fueran extremas, confiaba en él.

Se recostó en la silla, dejando que la quietud de la noche los envolviera.

El primer día de entrenamiento había sido un torbellino de frustraciones y descubrimientos.

Desde los primeros ejercicios hasta los fallos y aciertos, era evidente que el camino por delante no sería fácil.

Pero Hilson había logrado algo: plantar una semilla en ellos, aunque nadie sabía aún cuánto crecería.

La mañana siguiente llegó con una ligera neblina cubriendo el suelo del bosque.

Los tres chicos, exhaustos pero decididos, se levantaron temprano.

Habían dormido poco; sus cuerpos resentían el esfuerzo del día anterior, pero la sensación de tener algo que alcanzar los mantenía en pie.

Hilson los esperaba en el mismo claro donde entrenaron la víspera, su rostro serio pero sereno.

—Hoy no haremos lo mismo que ayer —dijo—.

Ya aprendieron a moverse, pero ahora deben entender cómo controlar lo que hay dentro de ustedes.

La energía que poseen no se ve con los ojos, pero puede sentirse.

La clave está en canalizarla.

Karl, entusiasmado, fue el primero en adelantarse.

—¡Sí!

¡Esto va a ser genial!

—exclamó, levantando las manos.

Hilson sonrió levemente.

—La energía no es un espectáculo, Karl.

No se trata de desatarla sin pensar.

Debes aprender a sentirla primero.

Les indicó con un gesto que se acercaran.

Explicó que la energía interna de cada uno era distinta y que la forma de canalizarla también lo sería.

—La energía es un reflejo del alma —dijo Hilson con calma—.

Si están confundidos, su poder será inestable.

Si están decididos, fluirá como un río.

Pero si se dejan arrastrar por la ansiedad o la ira, perderán el control.

Y el control es todo lo que tienen.

Ahora…

comencemos.

Karl cerró los ojos, confiado.

Enseguida una chispa brillante comenzó a surgir a su alrededor, intensa pero errática.

—¡Estoy brillando!

—gritó emocionado, mientras el resplandor golpeaba el aire como pequeñas explosiones.

Hilson se acercó rápido y lo detuvo.

—Eso no es brillar, es perder el control.

Cálmate.

El fuego es poderoso, pero si no lo domas, te consumirá.

Karl respiró hondo y poco a poco la energía se estabilizó.

—¿Lo hice bien?

—preguntó con una mezcla de orgullo y frustración.

—Sí, pero recuerda: la energía no es para presumir.

Es para usarla cuando más la necesites.

Eiden fue más cuidadoso.

No se lanzó como Karl; se centró en el flujo de su cuerpo.

Con el tiempo, una luz blanca comenzó a formarse en su palma, suave y protectora.

—Bien —asintió Hilson—.

Tu línea es distinta, más defensiva.

Usas la energía para proteger, no para atacar.

Es una forma más sutil, pero poderosa.

Por último, Liam se adelantó.

Su energía era apenas visible, un parpadeo en el aire.

No emitía luz ni fuego, solo una vibración leve, como si el aire a su alrededor se distorsionara.

Hilson lo observó, intrigado.

—Liam…

tu energía…

no parece de este mundo —murmuró, intentando comprender.

Liam bajó la cabeza, confundido.

No sabía qué quería decir, pero sintió que había tocado una verdad incómoda.

Esa vibración parecía resonar con algo profundo dentro de él.

—No te preocupes, Liam.

Lo descubrirás —dijo Hilson, con una mirada sabia y melancólica.

Aunque no comprendía del todo, Liam sabía que algo dentro de él era diferente.

Y estaba decidido a averiguarlo.

— Mientras tanto, en otra zona del bosque, el campamento de Suli ardía tenuemente.

Los miembros de su pandilla permanecían alerta, cada uno ocupado con sus propios pensamientos.

Varka jugaba con una esfera de fuego líquido que giraba entre sus dedos.

—¿Cuánto más vamos a esperar?

—preguntó, impaciente—.

Puedo sentirlos…

están tan cerca que podría freírlos desde aquí.

Selanne, recostada sobre una roca, soltó una risa melódica.

—Siempre tan directa, Varka…

¿no preferirías ver sus rostros primero?

Confundirlos un poco.

Que duden de si sueñan…

o si ya están muertos.

Drosk, el gigante del grupo, levantó la vista apenas.

—Me da igual el juego…

solo quiero ver si alguno aguanta más de tres golpes.

Hace tiempo que no rompo huesos nuevos.

Teneb, arrodillado, tocaba la tierra.

Sus tatuajes emitían un brillo suave.

—La energía cambió anoche —dijo—.

Alguien los está entrenando.

Alguien fuerte.

Suli los observó a todos, y una sonrisa helada cruzó su rostro.

—Exacto.

Ya no son simples forasteros perdidos.

Y por eso…

quiero ver cómo evolucionan antes de intervenir.

Quiero entender qué los hace diferentes.

Se giró hacia Varka.

—No seas impaciente.

Cuando llegue el momento, tus llamas tendrán un escenario digno.

Luego miró a Selanne.

—Y tú tendrás tu oportunidad para crear caos.

Por último, su mirada se detuvo en Teneb.

—Cuando cambie la marea…

me dirás exactamente cuándo moverse.

Drosk chasqueó los dedos, aburrido.

—Con tal de romper algo…

El fuego seguía ardiendo, iluminando sus rostros entre las sombras.

Cada uno tenía un propósito distinto, pero compartían un mismo deseo: la destrucción.

Por ahora, solo esperaban.

— El entrenamiento continuó al día siguiente, con Hilson guiando a los chicos en un camino que apenas comenzaban a comprender.

Suli y su pandilla los observaban desde la oscuridad, pacientes, como cazadores que estudian a su presa.

La cuenta regresiva había comenzado.

La pregunta era: ¿quién prevalecería cuando el fuego del pasado se enfrentara al fuego del presente?

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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