Vornex: Temporada 1 - Capítulo 70
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- Capítulo 70 - 70 Capítulo 70 La prueba final de poder de Azerion
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70: Capítulo 70: La prueba final de poder de Azerion 70: Capítulo 70: La prueba final de poder de Azerion …
Los pasos sobre la tierra crujiente acompañaban a los chicos mientras avanzaban con Lurea al frente.
Durante un buen tramo, ella los guió, conversando y respondiendo sus preguntas sobre energías, mundos y enseñanzas de Aerhos, mostrando su paciencia y calma característica.
Pero finalmente, se detuvo, y con un suspiro leve, los miró.
—Debo continuar con mis responsabilidades —dijo, con un matiz de tristeza en la voz—.
Ustedes seguirán por su camino.
Recuerden todo lo aprendido y no teman confiar en lo que llevan dentro.
Los chicos la miraron, algo sorprendidos.
Liam fue el primero en acercarse y abrazarla, mientras Eiden y Karl asentían, agradeciendo con sonrisas y palabras de despedida.
—Nos veremos pronto —dijo Lurea, esbozando una sonrisa—.
Cuídense y recuerden que siempre hay un camino para crecer, incluso cuando no lo ven.
Con un último gesto, Lurea se giró y desapareció entre la vegetación, dejando a los chicos con la sensación de que algo fundamental había cambiado en ellos.
— (Dos noches anteriores) Los rayos del sol caían entre las hojas, iluminando suavemente el sendero por el que Azerion y Bertel avanzaban.
El camino era largo, serpenteando entre colinas y riachuelos, y cada tramo ofrecía un pequeño descubrimiento: una flor que destacaba entre el follaje, un insecto curioso que se posaba sobre una piedra o el canto lejano de aves desconocidas.
El tiempo parecía dilatarse, y aunque caminaban sin prisa, cada paso los acercaba a algo más grande de lo que podían imaginar.
Decidieron descansar junto a un claro donde la brisa movía suavemente la hierba alta.
Bertel se recostó sobre una roca, dejando que el sol le calentara el rostro, mientras Azerion inspeccionaba un pequeño riachuelo cercano, dejando que sus pensamientos fluyeran.
Una mariposa se posó en el dedo de Bertel, quien rió suavemente y comentó: —La naturaleza tiene sus maneras de enseñarnos paciencia… y también de recordarnos que no todo se trata de luchar.
—Es cierto —respondió Azerion—.
Estos momentos hacen que valoremos lo que nos espera, y lo que ya hemos aprendido.
Después de un rato, retomaron la marcha, siguiendo un sendero más estrecho, flanqueado por árboles que parecían susurrar al viento.
Conversaban sobre técnicas, energías y las enseñanzas de Lujius, intercambiando ideas y reflexionando sobre sus progresos.
La caminata, aunque extenuante, servía como preparación mental y física para lo que vendría.
Tras horas de avanzar, finalmente comenzaron a vislumbrar las ruinas desde la distancia.
La estructura, parcialmente cubierta de musgo y raíces, se alzaba entre las copas de los árboles como un recuerdo de épocas pasadas.
Azerion se detuvo un instante, tomando aire: —Aquí es —dijo Bertel—.
Este es el lugar donde se encuentra el Cristal de Ankaris.
—¿Y todo esto… es para la última prueba?
—preguntó Azerion, observando las piedras talladas y las columnas derruidas.
—Sí —respondió Bertel—.
Lujius prepara estas pruebas para asegurarse de que quien toque el cristal pueda controlar el poder que ofrece.
Primero deben superar sus pensamientos y miedos internos, luego enfrentarse a su propia sombra, y finalmente, llegar hasta este lugar para demostrar su valía ante el cristal y el desafío final.
Azerion asintió, absorbiendo la magnitud de lo que estaba por venir.
Bertel lo guió hasta el centro de las ruinas, donde la estatua de un guerrero tribal se alzaba imponente.
La lanza y el escudo tallados en piedra mostraban una precisión casi sobrehumana, y el hueco en la frente del guerrero parecía esperar algo.
—Este camino es tuyo —dijo Bertel—.
Yo solo observaré desde aquí.
No puedo interferir; debes recorrer tu prueba sin ayuda.
Lo viví yo mismo, y sé que cada guerrero debe enfrentarlo solo.
Azerion respiró hondo y avanzó, sus manos firmes sobre la gran palanca que sobresalía frente a la estatua.
La giró lentamente, sintiendo la tensión en cada músculo.
El suelo tembló, la estructura vibró, y por un instante la palanca pareció atascada.
Con un último empuje, retrocedió y un haz de luz emergió del hueco: el Cristal de Ankaris.
Una mano de piedra lo colocó en su lugar, sellando la cavidad, y una aura de energía mágica comenzó a emanar por todo el templo, iluminando cada rincón y llenando el aire con un zumbido de poder contenido.
—Tú… me has despertado —resonó la voz de la estatua—.
Vienes a superar esta última prueba y a portar el cristal.
Pero antes, deberás derrotarme para demostrar tu valía.
¿Estás listo?
Azerion tragó saliva, absorbiendo cada palabra, pero con determinación respondió: —Estoy listo… aunque antes debo preguntar algo.
Este es el Cristal de Ankaris, ¿verdad?
¿Da vida?
—No —respondió la estatua—.
El cristal solo despierta la energía que contiene el hechizo que me dio vida.
No es el cristal el que me da existencia, sino el poder que se me otorgó.
El cristal, en cambio, multiplica y fortalece los atributos de quien lo usa.
Azerion asintió, comprendiendo la magnitud del reto.
Todo lo que había aprendido, todos sus entrenamientos, sus enfrentamientos pasados, lo habían preparado para este instante.
Ahora, con el cristal activado y la estatua despierta frente a él, estaba listo para enfrentar la prueba final que confirmaría si podía controlar el poder que se le otorgaba.
— El brillo de los ojos de la estatua se intensificó, iluminando toda la ruina con un resplandor sobrenatural.
De repente, el aire comenzó a vibrar y la zona a su alrededor se transformó, como si la tierra misma se preparara para un combate épico.
Rocas y raíces se levantaban lentamente, formando un terreno desigual, casi como un campo de batalla natural.
Bertel, observando desde la distancia, susurró para sí mismo: —Tú puedes… confío en ti, Azerion.
Azerion miró alrededor, confundido por la rápida transformación, hasta que comprendió: este era el lugar donde iba a luchar.
La estatua, percibiendo que Azerion ya entendía la situación, habló con voz firme y grave: —Bien… este será tu campo de batalla.
Prepárate para luchar.
Azerion ajustó su postura, respiró hondo y dijo con determinación: —Está bien… ahora sí.
¡Ven con todo lo que tengas!
La estatua esbozó una ligera sonrisa, y de un momento a otro, se lanzó hacia Azerion con una velocidad increíble.
Azerion esquivó el primer embate, pero no pudo evitar recibir una patada directa, que lo envió volando contra una pared de piedra cercana, levantando polvo y fragmentos de roca.
Antes de que pudiera reaccionar, la estatua golpeó el suelo con su escudo, y de esa explosión se levantó una montaña de tierra que avanzaba directamente hacia Azerion.
Con reflejos afinados, saltó a un lado y esquivó el embate con agilidad.
Aprovechando la distracción, Azerion lanzó un ataque de sombra desde el aire, concentrando energía oscura en sus manos.
La estatua levantó su escudo a tiempo, y la explosión de la sombra sacudió el terreno, lanzando polvo y escombros por doquier.
Sin perder un instante, Azerion descendió rápidamente, buscando la oportunidad de golpear mientras la estatua estaba ocupada con la explosión.
Sin embargo, la estatua se movió con velocidad sobrenatural, apareciendo detrás de Azerion.
En ese instante, Azerion intentó ejecutar su técnica “Golpe del Abismo”, su puño envuelto en un aura oscura que parecía absorber la luz alrededor.
La estatua lo esquivó con precisión y, en un abrir y cerrar de ojos, lo mandó tres metros bajo tierra.
Azerion cayó pesadamente entre raíces y rocas, sintiendo cada golpe en su cuerpo, mientras la estatua permanecía impaciente, observándolo.
Con un movimiento ágil, la estatua escarbó entre la tierra y lo extrajo, sosteniéndolo firmemente por el cabello.
Azerion estaba cubierto de rasguños, el polvo y la sangre mezclándose, pero su determinación no flaqueaba.
Antes de que la estatua pudiera atacarlo nuevamente, Azerion concentró toda su energía oscura en sus manos, formando una esfera que lanzó con fuerza hacia el adversario, listo para contraatacar.
— Azerion concentró toda su energía en sus manos, sintiendo cómo el poder oscuro fluía por su cuerpo, y en el instante justo, lanzó su ataque con un grito que resonó en toda la ruina: —¡Resplandor de la oscuridad!
La esfera de energía impactó de lleno en el rostro de la estatua, lanzándola varios pasos hacia atrás.
El agarre sobre el cabello de Azerion se soltó, y él aprovechó el momento para retroceder rápidamente, evaluando la situación mientras la estatua se limpiaba la cara, cubierta por el humo del ataque que aún hacía difícil distinguir su entorno.
—Debo usar cada oportunidad… cada grieta en su defensa —pensó Azerion, respirando con rapidez—.
Si lo enfrento directamente, me cansaré antes que él… debo desgastarlo y esperar el momento preciso para el siguiente golpe.
Con esa estrategia en mente, se movió velozmente por el costado y se posicionó detrás de la estatua.
Concentró nuevamente su energía, esta vez creando una serie de sombras que impactaron directamente sobre la espalda de la colosal figura.
Las sombras eran rápidas y ligeras, diseñadas para golpear, retroceder y obligar a la estatua a gastar energía en defensa.
Mientras atacaban, Azerion meditaba su próximo movimiento: la recarga de un Resplandor de la Oscuridad mucho más potente, que aprovecharía cuando la estatua estuviera debilitada por estos impactos repetidos.
Las sombras se dispersaron como humo, y la estatua fue lanzada varios metros hacia adelante.
Rápidamente, su imponente figura se recompuso, y antes de que Azerion pudiera reaccionar, la estatua se lanzó con un salto brutal.
La gran lanza descendió con fuerza hacia Azerion, generando un mini terremoto al impactar el suelo, levantando polvo y haciendo que la tierra temblara bajo sus pies.
Azerion apenas logró esquivar el ataque, sintiendo el viento del arma rozar su rostro y la presión del impacto vibrar en todo su cuerpo.
Su corazón latía con fuerza, y la adrenalina recorría cada músculo.
Sabía que cada segundo contaba: debía mantener su estrategia, aprovechar cada error de la estatua y prepararse para el momento decisivo en que liberaría todo el poder del Resplandor de la Oscuridad.
Mientras el polvo se asentaba, Azerion volvió a tomar distancia, evaluando cada movimiento de la estatua.
Observaba sus patrones, calculando cuándo volver a atacar y cómo maniobrar para no ser sorprendido.
La tensión llenaba el aire, y el campo de batalla parecía vibrar con la energía de ambos combatientes, anticipando el siguiente intercambio de golpes y magia.
— La estatua, evaluando la estrategia de Azerion, empezó a tomar terreno, avanzando con pasos pesados que hacían vibrar toda la zona.
Cada movimiento suyo generaba ondas de impacto que obligaban a Azerion a retroceder, esquivando ataques parciales y manteniéndose alerta.
Pero pronto se vio acorralado; la fuerza y el tamaño de la estatua eran abrumadores, y el campo de batalla se reducía mientras ella lo acorralaba.
Con un poderoso empuje, la estatua embistió a Azerion, obligándolo a retroceder hasta que quedó prácticamente atrapado contra una pared de roca.
Sin darle respiro, clavó su lanza en el suelo con un golpe brutal, haciendo que la tierra temblara bajo ambos.
Luego, concentrando toda su fuerza, descargó un golpe directo hacia Azerion, un ataque que mezclaba peso físico y la energía que emanaba de su aura.
Azerion levantó los brazos y trató de cubrirse, canalizando algo de su energía para amortiguar el impacto, pero la fuerza de la estatua era tan intensa que lo desequilibró.
El golpe lo lanzó hacia atrás, derribando rocas y escombros a su alrededor, rompiendo todo lo que había detrás suyo.
Quedó arrodillado, respirando con dificultad, con el cuerpo debilitado y la visión borrosa por la fuerza del impacto.
—No… puedo ceder… —murmuró con esfuerzo, sintiendo cómo cada músculo de su cuerpo ardía por el dolor y el cansancio—.
Esto… esto no es suficiente… debo levantarme.
La estatua permaneció firme, observándolo con sus ojos brillantes, imponente y lista para continuar la ofensiva.
Azerion, a duras penas, comenzó a incorporarse, jadeando, mientras evaluaba cada movimiento de su enemigo.
Sabía que cualquier error ahora podría ser definitivo, y que debía aprovechar la menor oportunidad para contraatacar.
— Bertel, desde su posición a cierta distancia, observaba con atención cada movimiento de Azerion.
De repente, una sensación familiar recorrió su cuerpo, una energía que no había sentido en mucho tiempo.
Giró levemente y, entre los árboles y el viento que mecía las hojas, distinguió una figura conocida: Lujius.
—Maestro… —susurró Bertel para sí mismo, con una mezcla de sorpresa y respeto.
Lujius había estado observando todo el tiempo, silencioso, asegurándose de que nada interfiriera con la pelea de Azerion y que este no corriera riesgos innecesarios.
Bertel respiró hondo y se acercó un poco más, sin perder de vista la batalla.
—Ahora está luchando contra la gran estatua —dijo Bertel con orgullo, señalando a “Imptus”, el colosal guardián que él mismo había ayudado a crear en el pasado—.
No se ve tan confiado, pero lo está dando todo.
Lujius asintió, viendo cómo su discípulo había guiado a Azerion y cómo los conocimientos que le había transmitido se ponían en práctica.
—Veo que le enseñaste algo de lo que yo te enseñé… me gusta ver cómo compartes tu conocimiento —dijo Lujius, con una leve sonrisa de satisfacción.
Bertel se volvió hacia él, lleno de gratitud.
—Gracias, maestro.
Por todo.
Gracias a ti puedo guiar a viajeros que vienen a estos lugares y enseñarles lo que me enseñaste.
No podría haberlo hecho sin tus enseñanzas —dijo Bertel, con emoción en la voz, y se acercó para darle un abrazo.
Lujius lo recibió con la misma calidez, abrazándolo de vuelta.
—Siempre es un orgullo ver cómo mis discípulos continúan el camino y ayudan a otros.
Azerion tiene suerte de tenerte como guía.
Se separaron, y ambos miraron hacia Azerion, quien continuaba concentrado en Impetus, atacando y esquivando con toda su energía.
Lujius y Bertel permanecieron en silencio, observando, apoyando desde la distancia y analizando cada movimiento, cada estrategia.
Sabían que este momento era crucial, y ambos compartían la certeza de que Azerion estaba listo para enfrentar el desafío, con toda la preparación y enseñanza que había recibido.
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