Vornex: Temporada 1 - Capítulo 71
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71: Capítulo 71: El despertar incompleto 71: Capítulo 71: El despertar incompleto Azerion estaba tambaleando, con la respiración entrecortada, la frente cubierta de sudor y sangre.
La estatua Imptus avanzaba como un titán indestructible, cada paso suyo retumbando como si la tierra misma lo reconociera como dueño.
Con la espalda contra las paredes de la arena, Azerion ya no tenía espacio para retroceder.
El gigante clavó su lanza en el suelo y descargó un golpe brutal.
Azerion alcanzó a cubrirse, pero la fuerza del impacto lo atravesó como un trueno, destrozando la muralla detrás de él y arrojándolo como un muñeco de trapo.
El cuerpo de Azerion salió disparado entre rocas, troncos y matorrales, hasta que finalmente se hundió en un pantano oscuro, cubierto de moho y niebla.
Bertel corrió detrás de la estatua, con Lujius siguiéndolo.
El viejo maestro observaba con seriedad, sin intervenir, pero con la mirada fija en su aprendiz.
Azerion abrió los ojos entre fango y maleza, adolorido.
Trató de ponerse en pie, pero escuchó gruñidos alrededor.
Un grupo de ogros enormes, confundidos por el estruendo, se habían levantado de entre la ciénaga.
Azerion les gritó: -¡Lárguense de aquí, ahora!
Los ogros lo miraron sin entender…
hasta que la figura de Imptus emergió del bosque como una pesadilla.
Sus pasos quebraban ramas y raíces, y los ogros, aterrados, escaparon sin mirar atrás.
La estatua embistió con furia.
Azerion esquivó de milagro, saltando en el aire y creando una sombra gigantesca que lanzó contra el coloso, mandándolo de lleno al agua pantanosa.
El impacto levantó una ola de barro y algas.
Azerion, jadeando, descendió y se dejó caer sobre una roca.
Por un instante, pensó que había terminado.
Pero el silencio lo traicionó.
El agua burbujeó, y de pronto Imptus emergió detrás de él, cubierto de algas, con un nenúfar ridículamente posado en la cabeza.
A pesar de lo absurdo de la imagen, la amenaza era real: extendió la mano y, como si fuera el martillo de un dios, la lanza voló desde el agua hacia su palma.
Un chispazo la recorrió hasta que la punta brilló con un fuego oscuro.
-¡Maldición!
-alcanzó a gritar Azerion mientras corría.
La lanza salió disparada como un relámpago, destruyendo todo a su paso.
Azerion esquivó por instinto, doblando a un lado para despistarla.
Pero sus ojos se abrieron con terror al notar que la lanza también giraba, siguiéndolo.
-¿¡Me sigue!?
-gruñó con desesperación.
Corrió con todas sus fuerzas, pero pronto se encontró acorralado frente a una colina imponente.
Sin salida.
La lanza silbaba detrás de él como la muerte misma.
No había escapatoria.
Azerion extendió las manos y materializó escudos de energía oscura, uno tras otro.
La lanza los atravesó como si fueran vidrio frágil, sin perder velocidad.
El último escudo se rompió en pedazos…
y el filo estuvo a un instante de atravesar su pecho.
En el último segundo, Azerion giró el cuerpo, esquivándola por un margen mínimo.
El proyectil impactó contra la colina, partiéndola en dos con una explosión ensordecedora.
El suelo tembló, y una grieta colosal se extendió más allá, arrasando árboles, rocas y hasta lagos enteros, avanzando hasta otra montaña lejana, que terminó fracturada.
El eco del cataclismo retumbó en todo el pantano.
Azerion se quedó inmóvil, jadeando, con los ojos desorbitados.
Sus brazos temblaban, no de miedo, sino de la presión brutal de ese poder.
En su pecho, la energía comenzó a arremolinarse.
No era una técnica como el Resplandor de la Oscuridad…
era algo distinto.
Una negrura espesa rodeaba su cuerpo, pero dentro de ella, destellos rojizos y plateados empezaban a aparecer.
Lujius lo observó desde lo alto de una roca, junto a Bertel.
Su voz fue grave, cargada de reconocimiento: -Eso no es una técnica…
está despertando la Pre-First Power.
Bertel lo miró sorprendido.
-¿La Pre-First Power?
¿Tan pronto?
-No es una forma completa -explicó Lujius, sin quitar los ojos de Azerion-.
Es apenas el inicio, no una técnica incompleta.
Si no un estado incompleto, pero suficiente para demostrar que no es un simple aprendiz.
Azerion se levantó, con los ojos encendidos, su aura desbordando como si el pantano mismo se oscureciera a su alrededor.
Su voz salió más grave, más firme: -No voy a caer aquí…
¡aún no!
Imptus recogió su lanza del suelo resquebrajado y apuntó hacia él, como si reconociera que ahora la pelea apenas comenzaba de verdad.
Y así, en el pantano devastado, comenzó la segunda fase del combate: el verdadero choque entre el poder inquebrantable de la estatua y el despertar incompleto de Azerion.
— …
Azerion yacía semiincorporado sobre el pantano, el cuerpo cubierto de barro, sangre y sudor corriendo por su frente.
Cada respiración era un esfuerzo, y su pecho se levantaba y caía con dificultad.
Los golpes de Imptus habían dejado marcas profundas, y la arena, los árboles y las rocas trituradas eran testigos del poder del coloso de piedra.
Se apoyó con las manos en el suelo, sintiendo cómo la energía comenzaba a acumularse dentro de él.
Cerró los ojos un instante y concentró todo su foco.
Su corazón latía con fuerza, resonando en todo su cuerpo, mientras sentía cómo un calor oscuro y brillante empezaba a envolverlo.
Esta no era su técnica habitual: era la Pre-First Power, una forma incompleta, pero suficiente para darle el impulso necesario.
Un aura oscura surgió de él, espesa y turbulenta, mezclándose con destellos rojizos y plateados que surcaban su cuerpo.
Cada músculo se tensó y su visión se agudizó; podía percibir la respiración de Imptus, la humedad del pantano, incluso el más leve temblor en el suelo.
Su mente corría tan rápido como su energía: debía encontrar un patrón, un punto débil, una apertura.
-No puedo dejar que me venza…
-murmuró entre dientes, con la voz grave y firme-.
Debo pensar…
calcular…
atacar cuando tenga ventaja.
Sus ojos recorrieron cada movimiento del coloso.
Imptus no era solo fuerza bruta; cada embestida, cada golpe con la lanza, estaba medido con precisión.
Azerion empezó a imaginar cómo mover su cuerpo, cuándo esquivar y cómo usar las sombras a su favor.
Cada gesto del gigante de piedra era un dato para su estrategia: un patrón que podía usar, una brecha que podía explotar.
Con el Pre-First Power al máximo, sintió cómo su velocidad aumentaba, su percepción se agudizaba y su resistencia se fortalecía.
No era invencible, pero ahora tenía la ventaja de anticipar y reaccionar más rápido que antes.
Mientras su aura crecía y los reflejos se volvían casi instintivos, Azerion recordó todas las enseñanzas de Bertel y cada técnica que había practicado.
Esto no solo era poder físico: era inteligencia y control concentrados.
-Bien…
primero lo desgasto…
luego uso el resplandor de la oscuridad…
-pensó, ajustando su estrategia mentalmente-.
Y cuando lo tenga cansado, lo atacaré desde atrás, con sombras…
así podré recargar mi ataque máximo sin exponerte demasiado.
A lo lejos, Lujius y Bertel observaban, con la respiración contenida.
Lujius notó la concentración total de su aprendiz y un leve brillo de orgullo cruzó su rostro.
Bertel sonrió ligeramente, reconociendo que Azerion había empezado a dominar lo que parecía imposible, incluso herido y agotado.
El pantano se volvió un escenario cargado de tensión; el aire parecía pesado, cada hoja y rama en suspensión como esperando el próximo movimiento.
Imptus alzó la lanza, preparando su próximo ataque, pero Azerion ya estaba listo: su cuerpo se movía con precisión, sus sentidos alertas, y su mente enfocada en cada posibilidad, cada hueco, cada momento que podría decidir la batalla.
La calma antes del choque final era tensa, eléctrica, casi palpable.
El guerrero respiró profundo, ajustó su postura, y con un rugido silencioso dentro de sí mismo, se preparó para dar el primer golpe en esta segunda fase del combate, consciente de que cada decisión ahora podía significar la diferencia entre la derrota y superar la prueba definitiva.
— Azerion flexionó las piernas, sintiendo cómo la energía de la Pre-First Power recorría todo su cuerpo, aumentando su fuerza y velocidad.
Imptus levantó su lanza, el filo brillando con un aura oscura que parecía absorber la luz a su alrededor.
Cada paso del coloso hacía temblar el pantano, pero Azerion estaba listo.
Con un rápido movimiento, se lanzó hacia un lado, esquivando la embestida de la lanza que destrozó un tronco detrás de él.
El impacto del golpe levantó barro y agua que golpearon su rostro, pero no lo detuvo.
Desde su espalda, creó varias sombras alargadas que se abalanzaron sobre Imptus, golpeándolo de forma rápida y precisa.
El gigante de piedra levantó el escudo, deteniendo algunos ataques, pero las sombras lo rodeaban por los lados, obligándolo a retroceder.
-¡Bien…
eso es!
-se dijo Azerion internamente-.
Cada movimiento lo desgasta un poco más…
debo mantener el ritmo.
Imptus reaccionó, girando con velocidad sorprendente, haciendo que la lanza girara como un látigo y obligando a Azerion a saltar hacia atrás.
Pero en el aire, Azerion activó su Resplandor de la Oscuridad, un ataque concentrado que lanzó sobre el rostro de la estatua.
La energía impactó con fuerza, generando una explosión de humo y chispas que cegó momentáneamente a Imptus y lo hizo retroceder varios metros.
Aprovechando la distracción, Azerion corrió por detrás del coloso, usando sombras que surgían de sus pies para aumentar la velocidad y el sigilo.
Cada golpe de sombra era calculado, buscando puntos débiles en la armadura de piedra de Imptus, tratando de hacerlo gastar energía.
-No puedo dejar que recupere…
debo atacar cuando no pueda defenderse -pensaba, jadeando mientras esquivaba un golpe de lanza que levantó olas de barro y agua del pantano-.
Si logro cansarlo, puedo lanzar el siguiente Resplandor con toda mi fuerza…
y acabar esta fase.
Imptus se recompuso rápidamente, levantando su escudo y lanzando un embiste frontal, empujando a Azerion contra varios troncos caídos y un tronco de árbol que se partió bajo su fuerza.
El guerrero casi perdió el equilibrio, pero en un impulso saltó, creando un muro de sombras que lo protegió parcialmente del impacto.
La estatua, impasible, evaluaba cada movimiento de Azerion, ajustando sus embestidas para no desperdiciar energía.
Azerion respiró hondo, sintiendo cómo la Pre-First Power todavía le daba un plus.
Su mente calculaba la trayectoria de la lanza, la fuerza de los golpes y la manera de usar el terreno a su favor.
Observó una grieta en la piedra del pantano, donde Imptus acababa de apoyar su peso.
Ese sería su próximo objetivo.
-Si logro hacer que pierda el equilibrio, podré atacarlo de lleno…
y luego…
el Resplandor de la oscuridad -murmuró, mientras sus ojos brillaban intensamente-.
Ahora sí…
es momento de poner mi plan en acción.
A lo lejos, Lujius y Bertel observaban, conteniendo la respiración.
Sabían que Azerion estaba empezando a fusionar inteligencia, estrategia y poder; era el primer paso hacia algo mucho más grande.
La tensión creció en el pantano, cada árbol, roca y charco parecía esperar el próximo choque entre la estatua y el guerrero en formación.
Y así, con los músculos tensos, la frente sangrante y la mente afilada, Azerion se preparó para el próximo movimiento que podría decidir esta fase de la prueba definitiva: un ataque calculado, potente y estratégico que marcaría la diferencia entre seguir luchando o quedar derrotado ante el coloso Imptus.
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