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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 72

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  4. Capítulo 72 - 72 Capítulo 72 Después de la prueba
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72: Capítulo 72: Después de la prueba 72: Capítulo 72: Después de la prueba Azerion estaba exhausto, el sudor y la sangre cubrían su frente y sus brazos temblaban.

Cada respiración le dolía, pero su mirada permanecía fija en Imptus.

La estatua avanzaba como un titán indestructible, cada paso suyo retumbando en el pantano, mientras la tierra parecía reconocer su autoridad.

Azerion ya no tenía espacio para retroceder.

—No puedo fallar… debo encontrar un patrón —pensó, mientras sentía el poder de su Pre-First Power ardiendo en su interior, incompleto pero suficiente para marcar la diferencia—.

Si uso todo de golpe, perderé el control.

Necesito estrategia.

Activando su técnica incompleta al máximo, su aura oscura se expandió, brillando con destellos rojizos y plateados.

Las sombras a su alrededor se movían como tentáculos, listas para obedecer cada pensamiento de Azerion.

Consciente del terreno, analizó troncos, raíces y el agua del pantano; cada elemento podía convertirse en ventaja.

Aprovechando un instante, Azerion disparó sus sombras directamente hacia la espalda de Imptus.

El golpe fue preciso y potente, lanzando al coloso varios metros atrás.

Sin perder tiempo, canalizó un ataque que aún no había usado antes: “Relámpago Destructor”.

Un rayo de energía oscura y blanca surgió de sus manos, impactando de lleno a Imptus y mandándolo a volar por los aires, atravesando árboles y matorrales.

Lujius, observando desde lo alto de una roca, arqueó las cejas y esbozó una sonrisa: Azerion había dominado la habilidad a la perfección.

Bertel, a su lado, lo reconoció inmediatamente, orgulloso del progreso de su aprendiz.

Mientras Imptus estaba en el aire, recargando su mayor ataque, “Explosión Contenida”, Azerion se lanzó rápidamente hacia un hueco en el terreno y se escondió.

La onda de la explosión arrasó todo a su alrededor: árboles, troncos, barro y agua fueron devastados, pero la estatua quedó temporalmente agotada, incapaz de moverse con rapidez debido al esfuerzo del ataque.

Desde su escondite, Lujius le habló con voz firme: —Ahora es tu oportunidad.

El ataque que hizo Imptus lo dejó vulnerable.

¡Ve y ataca con todo!

Azerion asintió, sintiendo cómo su Pre-First Power aumentaba al máximo.

Concentró todas sus energías, analizando la posición y los movimientos de Imptus, planificando su estrategia con precisión.

Lanzó nuevamente sus sombras, golpeando la espalda de la estatua y debilitándola aún más.

En ese instante, canalizó Relámpago Destructor, impactando a Imptus de lleno.

Aprovechando la vulnerabilidad, recargó su Resplandor de la Oscuridad, concentrando toda su energía en un solo punto, dejando que cada fibra de su cuerpo se volcara en el ataque.

—¡EL RESPLANDOR DE LA OSCURIDAAAAAAD!

—gritó, liberando un poder devastador que barrió todo a su paso.

Imptus intentó formar una barrera, pero la ola de energía superó sus límites, lanzándolo hacia atrás entre montones de tierra y restos de bosque destruido.

El pantano tembló y el cataclismo resonó en toda la zona.

Azerion cayó de rodillas, agotado y sangrando, pero con un brillo firme en los ojos.

No solo había vencido temporalmente a Imptus, sino que había demostrado que su Pre-First Power podía sostener habilidades complejas y estrategias inteligentes.

Lujius y Bertel se acercaron lentamente, el maestro asintiendo con orgullo: —Bien hecho, Azerion.

No solo usaste poder, sino cabeza y estrategia.

Esto es lo que hace a un verdadero guerrero.

Azerion sonrió débilmente mientras la energía residual de su ataque se disipaba.

—Este es solo el comienzo —dijo Lujius—.

Dominar tu Pre-First Power te permitirá evolucionar hacia técnicas y transformaciones mucho más poderosas.

Pero nunca olvides el control y la estrategia.

Bertel, orgulloso, añadió: —Has aprendido más de lo que yo mismo esperaba.

Hoy, Azerion, has dado un salto que cambiará tu destino.

Azerion se levantó, aún respirando con dificultad, y miró los restos del pantano.

Su cuerpo estaba marcado, lleno de rasguños y hematomas, pero la confianza que sentía en sí mismo era inquebrantable.

Sabía que esto solo era el comienzo, y que su verdadero desafío apenas empezaba.

— Después del cataclismo del Resplandor de la Oscuridad, el pantano estaba completamente devastado.

Troncos partidos, rocas astilladas y barro por doquier marcaban la magnitud de la batalla.

El aire olía a humedad y energía residual, y un silencio absoluto reemplazaba el rugido de poderes que hacía apenas unos instantes había sacudido todo a su alrededor.

Imptus, aunque visiblemente fatigado, comenzó a levantarse lentamente.

Su mirada ya no estaba llena de tensión, sino de un reconocimiento silencioso hacia Azerion.

El Cristal de Ankaris, aún brillante, permanecía incrustado en su frente, emitiendo destellos de energía concentrada.

Con un gesto solemne, la estatua bajó la cabeza levemente, como ofreciendo respeto.

—Te lo has ganado —dijo Imptus, su voz resonando grave en todo el pantano—.

Muy pocos han logrado superar mis pruebas.

Eres digno del cristal.

Azerion, todavía jadeando y cubierto de sangre y sudor, apenas podía incorporarse.

Sus piernas temblaban, pero la emoción y el orgullo de la victoria superaban cualquier dolor.

Con manos temblorosas, tocó el cristal pegado en la frente de Imptus y, al sentir su energía, la vibración de poder lo recorrió de pies a cabeza.

Sabía que esto multiplicaría sus atributos, desbloquearía habilidades y abriría la puerta a un nuevo nivel de fuerza que solo unos pocos elegidos podían alcanzar.

Por primera vez en años, se sintió verdaderamente vivo y completo.

Bertel, observando desde unos metros más allá, sonrió con satisfacción.

—Lo lograste, Azerion —dijo con voz calmada pero llena de orgullo—.

Sabía que tenías lo necesario para esto.

Lujius que estaba cerca de él junto a Bertel se acercabaron más, con pasos seguros.

Su expresión era la de un maestro que ve a su alumno finalmente entender el alcance de su potencial.

—Gracias, maestro —dijo Azerion, aún recuperando el aliento—.

Gracias por enseñarme, por guiarme… por no dejarme rendirme.

Lujius sonrió y le dio una palmada firme en el hombro.

—Y gracias a ti, Azerion, por confiar y dejar que te guiara.

Has demostrado algo más que fuerza; has demostrado estrategia, control y determinación.

Eso es lo que hace a un verdadero guerrero.

Azerion asintió, sintiendo que cada rasguño, cada golpe y cada caída habían valido la pena.

Sus músculos estaban agotados y su respiración entrecortada, pero había aprendido a unir mente, corazón y poder en perfecta sincronía.

—¿Y ahora qué?

—preguntó con una media sonrisa—.

El cristal… ¿qué pasará si llego a mi máximo potencial y ya no necesito su poder?

Lujius se cruzó de brazos, pensativo, y luego explicó con calma: —Una vez que alcances tu máximo potencial con el cristal, este volverá a su lugar en Imptus.

El propósito es que otros alumnos también tengan la oportunidad de entrenar.

Nadie lo conserva para siempre.

Es un ciclo: crecer, aprender y dejar que otros sigan tu camino.

Azerion comprendió la magnitud de la responsabilidad que conllevaba.

—Todo tiene sentido ahora —murmuró, con una sonrisa cansada pero llena de satisfacción—.

Lujius asintió y propuso: —Vamos a un lugar a comer.

Necesitamos recuperar fuerzas, y no hay mejor manera de celebrar un logro que con buena comida.

Bertel y Azerion aceptaron de inmediato, siguiendo al maestro.

Mientras se alejaban, el pantano detrás de ellos recuperaba lentamente la calma, aunque los restos de la batalla recordaban el poder desatado.

Azerion caminó al lado de Lujius, su mirada aún sobre el cristal en la frente de Imptus.

Cada paso lo hacía sentir más fuerte y seguro, consciente de que este era solo el inicio de un camino mucho más grande.

Por primera vez en mucho tiempo, se sentía completo, fortalecido no solo por el poder, sino por la experiencia, la estrategia y la guía de su maestro.

El capítulo cerró con la sensación de triunfo, aprendizaje y una paz momentánea después de la tormenta.

Azerion había vencido, había aprendido y, sobre todo, se sentía vivo.

Era un nuevo comienzo.

— (Luego de unas horas) …

El aire aún olía a humedad y tierra removida.

El pantano detrás de ellos parecía más silencioso después del cataclismo, y el crujir de hojas y ramas bajo sus pies era el único sonido que acompañaba su camino.

Azerion caminaba con pasos lentos, apoyándose a veces en Bertel, mientras sostenía el cristal de Ankaris en sus manos, todavía vibrando suavemente con energía concentrada.

Su cuerpo estaba adolorido, cada músculo reclamando descanso, pero su mente seguía alerta, analizando cada sensación de poder que ahora recorría su ser.

Lujius caminaba delante, con esa serenidad imperturbable que lo caracterizaba, y de vez en cuando lanzaba miradas hacia atrás para asegurarse de que Azerion no tropezara con alguna raíz o piedra.

Bertel, un paso más atrás, no podía evitar sonreír ante la torpeza momentánea de Azerion, que se tambaleaba entre la emoción y el cansancio.

—Vamos, joven —dijo Lujius, rompiendo el silencio—.

No es momento de lamentarse del dolor.

Caminar te ayudará a recuperar fuerzas, y además, ¿quién dice que no se puede disfrutar un poco después de sobrevivir a la estatua más poderosa que tenemos?

Azerion soltó una risa débil, apenas audible.

—No sé si sobreviví… más bien creo que ahora mis huesos tienen vida propia y me odian —respondió, mientras Bertel soltaba una carcajada.

—Es un progreso —dijo Bertel, apoyando una mano en su hombro—.

Quejarse de los músculos adoloridos significa que todavía estás vivo.

Y eso es buena señal.

Azerion resopló, haciendo una mueca divertida mientras avanzaba.

En un momento, tropezó con una raíz sobresaliente y cayó de rodillas, levantando una nube de polvo y hojas húmedas.

—¡Vamos, campeón!

—bromeó Lujius—.

No me digas que la estatua te derrotó también en coordinación con el suelo.

—¡No es gracioso!

—gruñó Azerion, mientras Bertel apenas podía contener la risa.

—Tranquilo, amigo —dijo Bertel—.

Te pasará con el tiempo… y con más golpes, claro.

Si vas a dominar el Pre-First Power, necesitas estas caídas también.

Azerion miró al cielo, respirando hondo y dejando escapar un leve suspiro.

Después de todo, estaba aprendiendo, creciendo, y aunque cada paso le doliera, sentía algo que no había sentido en años: libertad y control sobre su propio poder.

—Y bueno… —comentó Lujius, con una sonrisa apenas perceptible—.

Después de todo esto, espero que al menos tengas hambre.

Porque donde vamos a comer, créeme, nadie olvida la comida.

—Si prometen que no hay monstruos escondidos en el menú, acepto —dijo Azerion, con un guiño fatigado pero genuino.

—¿Monstruos?

—preguntó Bertel, fingiendo horror—.

Azerion, ¿realmente quieres que el chef te lance un cuchillo por no terminar el postre?

Todos soltaron una carcajada.

Por un momento, la tensión de la batalla quedó atrás, reemplazada por la camaradería y la ligereza que solo llega después de sobrevivir a un gran desafío.

Mientras avanzaban, las bromas se mezclaban con el crujir de la vegetación y el murmullo de un río cercano, creando un pequeño oasis de normalidad en medio del mundo que habían sacudido con su combate.

Y así, paso a paso, entre risas, quejas y pequeñas competiciones por quién tropezaba más, se dirigieron al lugar donde la comida los esperaba, llevando consigo la sensación de triunfo, aprendizaje y, sobre todo, la certeza de que habían comenzado algo mucho más grande que ellos mismos.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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