Vornex: Temporada 1 - Capítulo 73
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- Capítulo 73 - 73 Capítulo 73 Señales y reencuentros
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73: Capítulo 73: Señales y reencuentros 73: Capítulo 73: Señales y reencuentros …
El camino entre las colinas y bosques era tranquilo, con la luz del sol filtrándose entre las hojas.
Azerion caminaba junto a Lujius y Bertel, aún sosteniendo el Cristal de Ankaris entre sus manos, sintiendo cómo vibraba con energía residual después de su intensa batalla en el pantano.
Cada paso estaba marcado por el cansancio, pero su espíritu permanecía firme.
De pronto, una figura conocida apareció por el sendero: Hilson.
Su andar seguro y sereno transmitía autoridad, y su aura denotaba experiencia y poder.
—Hilson —saludó Lujius, con respeto—.
Qué bueno verte.
¿Qué te trae por aquí?
Hilson asintió con una leve sonrisa, pero su expresión permanecía seria.
—Viajaba por varios mundos para conseguir ciertos objetos que no se encontraban en Verthel —comenzó Hilson—, y durante mi viaje estuve en Regalion 723, un planeta donde la energía energética y de hada conviven de manera natural.
Fue allí donde percibí algo alarmante.
Azerion frunció el ceño.
—¿Qué viste?
—Sentí una presencia oscura —continuó Hilson, su voz grave—.
Una energía que se expandía alrededor del planeta donde Dark permanece encarcelado: Yark.
Su influencia ya alcanzaba a los mundos cercanos, y Regalion 723 era uno de los más afectados hasta ahora.
Lujius frunció el ceño, comprendiendo de inmediato.
—Entonces la situación se está agravando más rápido de lo que esperábamos.
Hilson asintió, tomando un respiro antes de continuar.
—Mientras estaba en Regalion, vi cómo la unión de fuerzas del Oeste mantenía un portal activo para contenerlo.
Es la fuerza más poderosa de esta galaxia; su papel ha sido crucial para mantener a Dark encerrado.
Pero pude notar algo preocupante: parece que el día en que Dark intente liberarse se acerca.
Bertel, preocupado, preguntó: —¿Y esa presencia que sentiste… cómo sabes que es Dark?
Hilson miró a Azerion y Lujius, evaluando la seriedad de la situación.
—Cuando pregunté a los protectores de Regalion 723 sobre la energía oscura que se sentía, me confirmaron que no era una amenaza local, sino que provenía de la misma fuente que mantiene la galaxia en tensión.
Dark está intentando filtrarse, y su influencia afecta todos los planetas a su alrededor.
Si no actuamos, esos mundos podrían volverse inhabitables.
Azerion apretó el Cristal de Ankaris entre sus manos, sintiendo su poder y pensando en lo que se avecinaba.
—Entonces debemos entrenar y fortalecernos rápido.
No es solo para mí, sino para todos los que podrían necesitar nuestra ayuda cuando Dark intente liberarse.
Hilson lo observó con atención, percibiendo el crecimiento del joven guerrero.
—Correcto.
Debemos anticiparnos, no solo por fuerza, sino por estrategia.
Es un juego de preparación.
Regalion 723 ha empezado a sentir la presión, pero aún hay tiempo para mejorar y unir fuerzas.
Lujius miró hacia el horizonte, pensativo.
—Los chicos… Eiden, Liam y Karl.
Ellos también deben estar listos.
Si Dark se libera, cada guerrero que pueda ayudar será crucial.
Hilson asintió con solemnidad.
—Así es.
Voy a entrenar un tiempo más antes de cualquier enfrentamiento directo.
Necesito estar preparado, y ustedes también deben seguir avanzando y fortalecerse.
—Lo entendemos —respondió Lujius—.
Pero recuerda, maestro, no es solo fuerza lo que cuenta; también la prudencia y la estrategia.
—Confíen en mí —dijo Hilson, con una leve sonrisa—.
Cuando la situación se intensifique, quiero que sepan que podrán contar conmigo.
Hilson se despidió, tomando el sendero que se adentraba entre los bosques y colinas, dejando atrás a los tres jóvenes mientras su figura se fundía con la distancia.
Lujius, Bertel y Azerion lo observaron en silencio, reflexionando sobre la magnitud de lo que acababan de escuchar.
—Esto es serio —murmuró Bertel, con el ceño fruncido—.
Dark no esperará y nosotros tampoco podemos hacerlo.
—Lo sé —respondió Azerion, mirando el Cristal de Ankaris en sus manos—.
Cada paso, cada entrenamiento… todo será clave.
Ahora entiendo que no solo debemos fortalecernos nosotros; debemos hacerlo también por quienes dependerán de nuestro poder.
El bosque seguía tranquilo, como si nada hubiera pasado, pero la amenaza que Hilson había revelado permanecía latente.
Cada hoja, cada sombra, parecía recordarles que el tiempo se agotaba y que su preparación debía ser rápida, estratégica y precisa.
Mientras continuaban su camino, el sol iluminaba las hojas y el canto de los pájaros parecía contrastar con la tensión que se había instalado en sus corazones.
Cada paso estaba lleno de decisión: el futuro de la galaxia dependía de su fuerza, su estrategia y la preparación de todos los guerreros que podrían unirse a la lucha contra Dark.
— …
(Unos días antes en Beinever) …
El sol se filtraba a través de los ventanales del gran salón del castillo de Beinever, iluminando los pasillos con un tono cálido que parecía contradecir la tensión que flotaba en el aire.
Alis avanzaba con pasos medidos, su mirada fija en el suelo mientras cada salón le traía recuerdos de su infancia, mezclados con la sensación amarga de años de separación.
Sus dedos rozaban los bordes de los tapices, recordándole historias que alguna vez había escuchado de su padre.
Historias que ahora parecían lejanas y complicadas.
Gimson II se encontraba al final del pasillo, esperando.
Su postura era firme, pero la tensión en sus hombros delataba la ansiedad que sentía.
Cuando Alis levantó la vista, sus ojos se encontraron por un instante.
Ninguna palabra fue dicha de inmediato; solo el peso de años de distancia y decisiones difíciles llenaba el espacio entre ellos.
—Alis… —comenzó Gimson, con voz firme pero suave—.
Me alegra verte de vuelta.
Alis suspiró, con un hilo de emoción y frustración mezclados.
—Padre… —dijo, su voz temblando apenas—.
Después de todo este tiempo… ¿cómo esperas que simplemente… entienda?
Gimson bajó la mirada, apretando los puños por un momento antes de continuar.
—Sé que fue difícil.
Mi decisión… de enviarte lejos… no fue simple.
Te protegí porque no había otra manera.
Nunca fue por castigo, Alis.
Solo quería que estuvieras a salvo.
Alis lo miró con los ojos brillando, luchando entre la ira y la necesidad de comprender.
—¿A salvo?
¿Desterrarme de mi propio hogar, separarme de todo lo que conocía… eso es seguridad?
—Era lo único que podía hacer —respondió Gimson con sinceridad, su voz cargada de un peso que parecía casi físico—.
Los enemigos que rondaban nuestro reino eran demasiado fuertes.
Si te quedabas, habrías estado en peligro.
Mi deber como rey… como tu padre… era protegerte, aunque eso significara tomar decisiones que dolieran.
Un silencio pesado llenó el salón.
Alis apartó la mirada, sus manos apretadas a los lados.
—No lo sé… —murmuró—.
Es difícil aceptar que todo esto fue por mi bien, después de sentir que me arrancaban de mi mundo.
Gimson dio un paso más cerca, y esta vez su mirada se suavizó, mostrando un dejo de vulnerabilidad que rara vez permitía.
—Sé que no es fácil —dijo—.
Nunca será fácil.
Pero mírame, Alis.
Cada decisión que tomé… cada sacrificio que hice… fue pensando en ti.
Y ahora que estás aquí, quiero que podamos reconstruir lo que se perdió.
Poco a poco, sin prisas.
Alis respiró hondo, sintiendo que la intensidad de sus emociones comenzaba a mezclarse con un entendimiento incipiente.
—Poco a poco… —repitió, con un hilo de sonrisa que apenas se formaba en sus labios—.
Supongo que podemos intentarlo.
Gimson asintió, su semblante relajándose ligeramente.
—Intentarlo es el primer paso —dijo—.
No estoy pidiéndote que olvides nada, solo que me permitas estar a tu lado de nuevo.
Que nos permitamos avanzar, juntos.
Alis bajó la mirada, recordando momentos felices de su infancia que ahora parecían lejanos, pero también reconociendo la sinceridad en su padre.
Un pequeño gesto de su mano, rozando la manga de Gimson, fue suficiente para que él supiera que ella estaba dispuesta a escuchar.
—Está bien… —dijo finalmente—.
Intentaremos reconstruir esto.
—Eso es todo lo que pido —respondió Gimson, con una mezcla de alivio y ternura en la voz—.
Que me permitas demostrarte que siempre he querido lo mejor para ti, incluso cuando no parecía así.
Por un momento, padre e hija permanecieron en silencio, compartiendo la misma habitación, respirando el mismo aire, conscientes de que ese simple gesto de aceptación era un puente hacia algo más grande.
Los años de distancia, miedo y dolor no desaparecerían de inmediato, pero ahora había una semilla de entendimiento plantada en ambos corazones.
Gimson finalmente le ofreció su brazo, una invitación silenciosa a caminar juntos.
Alis, tras un instante de vacilación, tomó su brazo, y juntos comenzaron a avanzar por los pasillos del castillo.
Con cada paso, la tensión disminuía, reemplazada por una esperanza tímida pero real.
Mientras salían al patio, donde la luz del sol iluminaba el jardín del reino, Alis miró a su padre y susurró: —Gracias… por no rendirte conmigo.
—Y gracias a ti, por darme otra oportunidad —respondió Gimson, con una sonrisa que combinaba orgullo y amor paternal—.
Esto apenas comienza, Alis… apenas comienza.
Asi, pronto empezó a haber una sensación de reconstrucción y reconciliació.
Padre e hija avanzaban juntos, paso a paso, conscientes de que el camino para entenderse y confiar el uno en el otro sería largo, pero posible.
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