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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 75

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  4. Capítulo 75 - 75 Capítulo 75 Cartas del destino
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75: Capítulo 75: Cartas del destino 75: Capítulo 75: Cartas del destino Ya en el reino, Alis tuvo la oportunidad de conocer a Nyrek, el nuevo aliado que los chicos habían traído.

A pesar de que Nyrek era respetuoso y atento, todavía no conocía a la hija del rey, y la primera interacción fue un poco formal.

Sin embargo, con el tiempo, mientras cenaban juntos, la conversación se volvió más relajada.

Hablaban sobre historias del reino, recuerdos de la infancia de Alis, y Nyrek compartía anécdotas de sus viajes y entrenamientos.

Entre risas y silencios cómodos, Alis sentía que poco a poco se abría a alguien más en quien podía confiar.

Cuando la cena terminó y era hora de dormir, Gimson acompañó a Alis hasta su habitación.

Al abrir la puerta, la joven quedó sorprendida al ver que su cuarto estaba intacto, exactamente como lo había dejado años atrás.

Cada estantería, cada cortina, cada objeto familiar estaba en su lugar.

Gimson sonrió con cierta nostalgia y le explicó: —Nunca cambié nada… sabía que algún día volverías, y quería que tu habitación permaneciera igual, un lugar que siempre fuera tuyo.

Alis, con una mezcla de emoción y un ligero nudo en la garganta, asintió.

Por primera vez en años, sentía que había recuperado un pedazo de su hogar.

Se acostó y se recostó junto a la ventana, contemplando cómo las primeras estrellas comenzaban a brillar en el cielo nocturno.

Abajo, el pueblo que conocía a la perfección estaba tranquilo, iluminado por pequeñas luces que reflejaban la calma de la noche.

Alis suspiró suavemente: estaba en casa.

Mientras tanto, en otra ala del castillo, Gimson estaba inmerso en su biblioteca, revisando y firmando varios documentos.

Cada trazo de tinta reflejaba decisiones y responsabilidades que había postergado durante años, preocupado por la seguridad de su hija y del reino.

Justo en ese momento, un mensajero apareció en la entrada del castillo, cargando un conjunto de cartas.

Los guardias lo detuvieron inmediatamente, curiosos por saber quién era y cuál era su propósito, pero Nyrek, que se encontraba cerca, se adelantó con paso firme: —Bienvenido —dijo con tono firme pero cordial—.

¿De dónde vienen estas cartas?

—Vengo de muy lejos —respondió el mensajero—.

Traigo documentos importantes que solo el rey debe revisar.

No hay tiempo que perder.

Nyrek asintió y guió al mensajero hacia el mayor domo, donde un sirviente de confianza se encargó de que las cartas llegaran directamente a Gimson.

Al recibirlas, el rey examinó los sellos y notó que provenían de varios mundos aliados del reino, algunos de ellos situados en regiones que rara vez se comunicaban directamente con Beinever.

Gimson comenzó a abrir la primera carta.

La tinta era fresca y cada palabra estaba escrita con precisión y urgencia.

A medida que leía, fruncía el ceño y murmuraba para sí mismo, analizando cada detalle.

La información que contenían no solo hablaba de sucesos recientes en los mundos vecinos, sino de presencias oscuras que empezaban a sentirse más cerca de su territorio y de su hija.

Nyrek, mientras esperaba, no pudo evitar notar la tensión que se dibujaba en el rostro del rey: —Señor, ¿todo está bien?

—preguntó, con cierta preocupación—.

Parece que estas cartas son más importantes de lo que esperaba.

Gimson levantó la vista, su expresión grave pero controlada.

—Lo son, Nyrek.

—dijo—.

Lo que estas cartas describen puede cambiar el equilibrio de poder en nuestra galaxia si no actuamos con rapidez y cautela.

Por ahora debemos asegurarnos de que Alis esté protegida y que nuestro equipo esté preparado para cualquier eventualidad.

Nyrek asintió, comprendiendo la magnitud de la situación.

Por un instante, se produjo un silencio respetuoso entre ambos, solo interrumpido por el roce del papel y el murmullo de la brisa nocturna que entraba por los ventanales abiertos.

Mientras Gimson continuaba revisando las cartas, Alis, desde su habitación, miraba las estrellas y pensaba en todo lo que había sucedido en los últimos días.

Su corazón estaba lleno de gratitud por estar de vuelta en el reino, por tener a su padre cerca, y por la posibilidad de ayudar en lo que fuera necesario.

Sin embargo, un leve presentimiento la hacía preguntarse si la tranquilidad duraría mucho tiempo.

Finalmente, Gimson guardó una de las cartas en un sobre especial y suspiró, dejando claro que la paz era solo momentánea.

Nyrek se retiró discretamente para permitir que el rey continuara con sus tareas, mientras en su mente, ambos comenzaban a trazar un plan para asegurar la estabilidad del reino y proteger a Alis.

El capítulo cerró con la sensación de que, aunque la familia y el hogar estaban nuevamente juntos, el peligro latente acechaba cerca, y que la preparación sería clave para enfrentar lo que estaba por venir.

— Gimson se recargó en el respaldo de la silla, dejando las cartas ordenadas sobre la mesa.

Las había leído todas dos veces y aún así sentía un nudo en el estómago.

Cada mensaje hablaba de lo mismo, con distintos matices: movimientos extraños en las fronteras, desapariciones repentinas, una energía oscura que muchos no podían explicar.

No era momento de levantar alarmas.

Si sus antiguos aliados recibían noticias prematuras, la confusión y el pánico podrían jugar en contra.

El reino necesitaba calma, y Alis también.

—Por ahora, silencio —dijo en voz baja, como si se hablara a sí mismo.

Nyrek lo escuchó, atento, pero no insistió.

Su mirada reflejaba respeto y un dejo de inquietud: sabía que las cartas eran graves, pero entendía que el rey era quien debía decidir cómo y cuándo actuar.

Gimson tomó la pluma otra vez y escribió algunas notas rápidas en un pergamino aparte, clasificando la información sin dejar demasiado en claro, como si se tratara de simples registros rutinarios.

Después, guardó las cartas en un cofre reforzado con cerraduras mágicas, asegurándose de que solo él pudiera acceder a ellas.

El silencio de la biblioteca lo rodeó de nuevo, interrumpido únicamente por el crepitar de las velas.

Afuera, el viento nocturno rozaba los ventanales y el reino dormía en paz, ignorante de la amenaza que se gestaba.

El rey se llevó una mano al rostro, cansado, y murmuró con un tono apenas audible: —Todavía no… no es momento.

Recordó el rostro de Violet, su esposa, y cómo ella habría reaccionado de haber tenido esas cartas en sus manos.

Seguramente le habría reprochado su idea de guardar silencio, pero Gimson sabía que precipitarlos sería aún más peligroso.

Necesitaban pruebas más sólidas, un indicio claro de que Dark estaba de regreso.

Nyrek, al ver la tensión del monarca, dio un paso adelante.

—Majestad, si me lo permite… si no podemos actuar aún, al menos déjeme ser yo quien vigile de cerca.

Si algo ocurre en los alrededores, lo sabremos antes de que se propague.

Gimson levantó la mirada hacia él.

Lo evaluó en silencio durante unos segundos antes de asentir.

—Eso harás, Nyrek.

Pero discreto.

Nadie más debe sospechar.

El joven hizo una reverencia.

—Lo juro, mi rey.

Con eso, Gimson volvió a sus papeles, aunque ya no con la misma concentración.

La amenaza estaba plantada en su mente como una espina, y aunque había decidido no avisar todavía a su equipo, sabía que el momento se acercaba.

Solo era cuestión de tiempo.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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