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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - 76 Capítulo 76 Viejos lazos y nuevas alianzas
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76: Capítulo 76: Viejos lazos y nuevas alianzas 76: Capítulo 76: Viejos lazos y nuevas alianzas La mañana en Beinever amaneció clara, con un cielo despejado que dejaba entrar la luz por los ventanales del castillo.

Alis se levantó temprano, todavía con la sensación de estar soñando: después de tanto tiempo, volvía a despertar en su habitación, en el reino que alguna vez fue su hogar.

Decidió no quedarse encerrada y salió al pueblo, queriendo reencontrarse con aquellos rincones que solían ser parte de su día a día.

Caminó entre calles empedradas, saludando a algunos rostros conocidos, hasta que se detuvo frente a una casa humilde pero acogedora.

Tocó suavemente la puerta.

Al abrir, Paul apareció con su eterna expresión tranquila.

Al verla, sus ojos se abrieron de par en par, incapaz de ocultar la sorpresa.

—¡Alis!

—exclamó, incrédulo—.

Por todos los cielos… pensé que nunca volvería a verte aquí.

Ella sonrió con un toque de timidez.

—Tampoco yo creí que volvería.

Pero… ya ves, aquí estoy.

Paul la invitó a pasar.

En el interior, la casa olía a pan recién hecho y a hierbas secándose en un rincón.

Se sentaron junto a la mesa de madera, donde Paul le sirvió una infusión caliente, como en los viejos tiempos.

—Cuando los vi llegar al reino —dijo él, apoyando los codos en la mesa— no podía creerlo.

¿Cómo fue que tu padre te dejó volver?

Siempre pensé que esa herida estaba demasiado abierta.

Alis suspiró, bajando la mirada a la taza.

—No fue fácil… él tomó esa decisión para protegerme, aunque en ese momento lo odié por ello.

Con el tiempo… entendí que no lo hizo por crueldad.

Aun así, me dolió mucho.

Paul asintió, serio.

—Claro que dolió.

Tú eras su hija, y él… bueno, ya sabes cómo es Gimson, siempre cargando con el peso del reino.

Pero me alegra que hayan encontrado la forma de reconciliarse.

Se nota que volviste más fuerte.

Ella lo miró con un dejo de gratitud.

—Gracias, Paul.

Contarte esto a ti me hace sentir más ligera.

Eres de los pocos que siempre me escucharon sin juzgarme.

Paul rió suavemente, llevándose la taza a los labios.

—Alguien tenía que hacerlo.

Aunque, para ser sincero, nunca pensé que vería el día en que padre e hija estarían de nuevo bajo el mismo techo.

Alis lo acompañó en la risa, y por un momento todo pareció sencillo, como en la infancia.

Aún quedaban sombras en su corazón, pero reencontrarse con Paul era como recuperar un pedazo de sí misma que había dejado atrás.

— Paul se levantó de la mesa con una sonrisa traviesa: —Ven, te mostraré algo.

Hay un par de lugares que sé que extrañaste.

Alis lo siguió por las callejuelas empedradas del pueblo, que ahora parecía más tranquilo y ordenado.

Cada esquina le traía recuerdos: la fuente donde solía sentarse a leer, la panadería donde Paul y ella habían intentado colarse para probar los dulces antes de la hora de venta, incluso el pequeño parque donde habían tenido su primer entrenamiento con habilidades básicas de defensa.

—¿Todavía recuerdas este lugar?

—preguntó Paul señalando la fuente, sonriendo—.

Aposto a que querías tirar monedas y pedir deseos que ni siquiera sabías cómo formular.

Alis rió, acariciando la piedra fría de la fuente.

—Sí… y algunos de esos deseos nunca los dije en voz alta.

Pero cada uno me hizo sentir viva.

Paul la miró con cariño.

—Nunca cambiaste, Alis.

Siempre con esa chispa de curiosidad y determinación.

Aun cuando estabas lejos, nunca dejaste de ser tú misma.

Se detuvieron frente a la panadería.

Paul abrió la puerta y un aroma a pan recién horneado los envolvió.

—¿Recuerdas cómo intentamos robar un pan y casi nos atrapan?

—dijo Paul, haciendo un gesto dramático.

—¡Cómo olvidarlo!

—respondió Alis entre risas—.

Tú casi te caes en el barril de harina y yo… bueno, yo terminé cubriéndome toda de masa.

Ambos estallaron en carcajadas.

Por un instante, los años de separación parecieron desvanecerse, y la relación de confianza y complicidad que habían tenido se reafirmó.

—Gracias, Paul —dijo Alis mientras caminaban hacia el parque—.

No solo por mostrarme estos lugares, sino por escucharme siempre, incluso cuando no podía hablar de todo.

—Siempre —respondió Paul—.

Y recuerda, aunque las cosas cambien, estos recuerdos son tuyos.

Nadie puede quitártelos.

Alis asintió, sintiendo que este paseo no solo le devolvía la memoria de su hogar, sino también la fuerza para enfrentar los desafíos que sabía que se avecinaban.

— Alis suspiró, observando a Paul mientras ajustaba su espada.

La sonrisa en su rostro era tímida, pero decidida.

—Paul —dijo finalmente—, ¿qué te parece si entrenamos un poco?

No solo para mejorar, sino… para pasar un rato juntos, lejos de todo lo demás.

Paul levantó la mirada, sorprendido por la propuesta, pero enseguida una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Me parece perfecto —respondió—.

Además, siempre es bueno practicar, y contigo nunca es aburrido.

Se colocaron en el patio del pequeño recinto donde Paul solía entrenar.

Alis comenzó con movimientos básicos, soltando la espada y sintiendo el peso del arma y su propio ritmo.

Paul la observaba, corrigiendo suavemente la postura, ajustando el balance, pero sin dejar de sonreír.

—Recuerda —dijo Paul—, no se trata solo de fuerza, sino de control.

La velocidad sin dirección no sirve de nada.

Alis asintió, concentrándose en cada movimiento, sintiendo cómo la energía fluía en sus brazos y piernas.

Entre un golpe y otro, comenzaron a hablar de cosas triviales: la ciudad, los cambios que había visto en el reino desde su regreso, incluso recuerdos de su infancia.

Cada risa, cada comentario ligero, servía para aliviar la tensión que aún llevaba consigo.

—A veces me pregunto cómo sería todo si mamá estuviera aquí —dijo Alis, bajando la espada un momento, la voz apenas un susurro—.

Violet nunca estuvo de acuerdo con lo que papá hizo, pero sé que lo entendía… aunque doliera.

Paul la miró con calma, reconociendo la mezcla de tristeza y nostalgia en su voz.

—Ella te quería —dijo—.

Solo que como todos, hizo lo que creyó mejor para ti.

Ahora te toca a ti decidir cómo seguir adelante, y yo estoy aquí para ayudarte, en todo sentido.

Alis sonrió levemente, dejando que la calidez de las palabras de Paul se mezclara con la frescura del entrenamiento.

Con un nuevo aire de determinación, volvió a tomar la espada.

—Está bien, entonces —dijo con firmeza—.

Vamos a entrenar en serio.

Quiero que hoy sea un día de progreso, pero también de… disfrute.

Paul asintió, y juntos comenzaron una rutina más intensa.

Bloques, esquivas, ataques estratégicos; cada movimiento perfeccionado, cada error corregido, mientras la mañana avanzaba, y la conexión entre ambos se reforzaba, no solo en habilidades, sino en confianza y camaradería.

Por un momento, todo lo demás desapareció: ni el reino, ni los problemas, ni las amenazas lejanas.

Solo ellos, entrenando y recordando que incluso en tiempos difíciles, todavía había espacio para aprender, reír y fortalecerse, tanto por dentro como por fuera.

— Después de horas de entrenamiento, ambos se sentaron en el claro, respirando con dificultad, el sudor cubriéndoles la frente.

Sus cuerpos estaban cansados, pero la satisfacción de haber pasado tiempo juntos y de mejorar cada uno en sus movimientos les daba energía.

—Creo que eso es suficiente por hoy —dijo Alis, limpiándose la frente con el dorso de la mano—.

Me hace sentir bien… entrenar contigo de nuevo.

—A mí también —respondió Paul—.

Aunque hace años que no lo hacíamos, parece que nunca nos hemos separado.

Se recostaron en la hierba y comenzaron a hablar del pasado.

Paul recordó cómo los padres de Alis no lo dejaban verla porque era alguien del pueblo, y que cualquier amistad entre un niño pobre y la hija de la realeza era mal vista.

Alis confesó cómo le frustraba no poder estar con él, pero que siempre entendió que era por su seguridad.

—Cuando te desterraron, fui a verte apenas una semana después —dijo Paul—.

No podía quedarme tranquilo.

Después te enviaba noticias sobre el reino y te ayudé a construir tu casa en el bosque.

Todos pensaban que era raro, pero yo solo quería asegurarme de que estuvieras bien.

—Lo recuerdo perfectamente —dijo Alis, sonriendo—.

Siempre supe que podía confiar en ti, Paul.

Incluso cuando todos pensaban que eras raro, yo sabía que no lo eras.

Ambos rieron suavemente, recordando los pequeños secretos y aventuras que compartieron durante su destierro.

La conversación se volvió tranquila, más cercana, con la sensación de que todo el tiempo perdido se acortaba con cada palabra y recuerdo compartido.

—Ahora que he vuelto —dijo Alis, mirando al horizonte—, quiero que sigamos entrenando, pero también… quiero que este tiempo sea solo para nosotros.

No hay guardias, no hay obligaciones… solo tú y yo, como antes.

Paul asintió, comprendiendo perfectamente la importancia de ese momento.

El sol brillaba sobre el claro, y ambos se levantaron para recoger sus cosas, aún sonriendo.

La mañana había pasado entre esfuerzo, recuerdos y risas, y aunque el futuro prometía desafíos, por ahora podían disfrutar de esa sensación de libertad y camaradería, un momento de paz antes de que sus responsabilidades y las amenazas del mundo volvieran a reclamar su atención.

— Mientras Alis y Paul recogían sus cosas después del entrenamiento, un grupo de figuras emergió entre los árboles cercanos.

Suli lideraba la fila, con la mirada firme y segura, pero sin la rudeza que la caracterizaba antes.

A su lado, los miembros de su pandilla se movían con precisión y confianza: Teneb, silencioso y atento, escaneaba el entorno; Varka, con sus ojos brillando de curiosidad, jugueteaba con una pequeña chispa de fuego líquido en la palma; Drosk, enorme y callado, mantenía los brazos cruzados; y Selanne, con una sonrisa burlona, manipulaba sombras ilusorias que danzaban sobre las hojas.

—¿Así que esto es lo que hacen, princesa?

—dijo Suli con un tono serio pero no hostil—.

Entrenando con alguien del pueblo… —Sí —respondió Alis, sin alterarse—.

Paul y yo queríamos practicar un poco y pasar un rato juntos.

Nada de espías ni guardias.

Varka soltó un pequeño estallido de fuego que iluminó su rostro—.

Nunca pensé que te vería entrenando tan relajada, Alis.

Teneb, manteniéndose cerca de Suli, agregó en un susurro: —Está bien… pero no bajes la guardia.

La princesa sigue siendo… la princesa.

Drosk soltó una risa grave y seca, y Selanne hizo un gesto exagerado de reverencia: —Todo un espectáculo.

Me encanta cómo todavía puedes sorprendernos.

Alis sonrió suavemente, sintiendo una extraña mezcla de nostalgia y alivio.

—Gracias, chicos.

Es bueno verlos, y… sí, entrenar es importante, pero hoy quería que fuera solo entre amigos.

Suli asintió lentamente, y aunque sus ojos todavía tenían esa chispa desafiante de antes, se notaba que confiaba en Alis.

—Está bien —dijo finalmente—.

Solo recuerda que aunque hayas vuelto al reino, seguimos aquí.

Y si algún día necesitas ayuda, no dudes en llamarnos.

La pandilla se dispersó un poco, Teneb vigilando los alrededores, Varka jugueteando con fuego, Drosk manteniendo su imponente presencia y Selanne haciendo pequeñas bromas ilusorias que provocaban risas en Alis y Paul.

Por un momento, todo fue calma, camaradería y recuerdos del pasado.

Un pequeño respiro antes de que fuerzas mucho más oscuras comenzaran a moverse en el horizonte.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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