Vornex: Temporada 1 - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - 79 Capítulo 79 Tras las murallas
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79: Capítulo 79: Tras las murallas 79: Capítulo 79: Tras las murallas …
El sol comenzaba a filtrarse entre los árboles mientras Eiden, Liam y Karl avanzaban por el sendero del bosque.
El aire estaba fresco, y el murmullo de un río cercano acompañaba sus pasos.
Después de los eventos con Raiden y los ogros, los tres aún sentían la adrenalina de la aventura reciente, aunque ahora la misión era distinta: recuperar el sombrero de Selindra de la base de Senner.
-No podemos confiarnos -dijo Liam mientras observaba el terreno-.
La base estará protegida, y seguro hay guardias atentos a cualquier movimiento extraño.
Karl, con los brazos cruzados, hizo un gesto de impaciencia.
-¿De verdad tenemos que planear todo al detalle?
Solo necesitamos entrar, tomar el sombrero y salir.
Eiden frunció el ceño.
-No es tan fácil, Karl.
No sabes quiénes o qué pueden haber dentro.
Si vamos sin estrategia, podríamos meternos en problemas.
Karl resopló, pero no contestó.
Liam dio un paso entre ellos, tratando de suavizar la tensión.
-Chicos, necesitamos coordinar.
Podemos dividir roles: uno vigila la entrada, otro se infiltra, y el tercero…
-miró a Eiden y Karl- ayuda donde haga falta.
Eiden y Karl se miraron de reojo, ambos sintiendo ese sutil reto que siempre surgía entre ellos: quién era más capaz, quién tomaba mejores decisiones.
Liam lo notó, y suspiró.
-Está bien…
-dijo con voz firme-, ahora no es momento de pelear.
Necesitamos concentrarnos.
El bosque se abría en claros y senderos sinuosos mientras avanzaban, y cada tanto, Eiden recordaba la misión de Raiden y los ogros de hace dos días.
La forma en que habían ayudado al granjero, recuperando sus animales, le daba cierta confianza de que podían trabajar juntos, aunque las pequeñas rivalidades no desaparecieran.
Karl rompió el silencio más tarde, señalando un árbol alto.
-Si vamos a entrar a una base, deberíamos pensar en cómo mantener la ventaja.
Vigilancia, rutas de escape…
cosas básicas.
Eiden asintió, recordando lo que había aprendido en la última misión.
-Exacto.
Y no podemos subestimar al enemigo.
Selindra nos pidió específicamente un camino trasero.
Debemos usarlo y evitar confrontaciones directas…
al menos al inicio.
Mientras hablaban, Liam los observaba.
Sabía que la tensión entre Eiden y Karl podía explotar en cualquier momento si no aprendían a canalizarla.
No era solo orgullo, sino la necesidad de demostrar quién era más capaz.
Él debía mantenerlos unidos hasta llegar a la base.
Finalmente, al caer la tarde, llegaron a un claro donde decidieron detenerse y descansar un momento.
Desde allí, podían vislumbrar la dirección de la base en la distancia, una silueta fortificada que se recortaba contra el cielo rojizo.
-Ahí está -susurró Liam, señalando con cuidado-.
Es nuestro objetivo.
Karl respiró hondo, pero no dejó de mirar a Eiden con cierta rivalidad silenciosa.
Eiden correspondió con la misma intensidad.
Liam cerró los ojos un instante y luego suspiró.
-Deberíamos establecer nuestro plan definitivo aquí.
Roles, rutas y señales.
Todo debe estar claro antes de acercarnos.
Los tres se sentaron en el pasto, desplegando mapas improvisados y discutiendo cada detalle.
La competencia entre Eiden y Karl aún estaba presente, pero por ahora, ambos entendían que era más importante pensar en la misión que en quién era mejor.
Mientras el sol desaparecía detrás de los árboles, el bosque se volvió más silencioso.
Los tres amigos estaban listos para lo que venía, aunque aún no sabían que la verdadera prueba apenas comenzaba.
La base de Senner esperaba, y con ella, la tensión, el peligro…
y los desafíos que pondrían a prueba no solo sus habilidades, sino también su capacidad de trabajar juntos.
— El amanecer pintaba de naranja las copas de los árboles mientras los tres chicos se desperezaban.
El mapa de Selindra había sido estudiado la noche anterior, y aunque no era un plano exacto, les daba indicios de los senderos menos vigilados y de posibles rutas de acceso.
—Recuerden —dijo Liam mientras revisaban su equipo—, tenemos que movernos con cuidado.
No sabemos cuántos guardias patrullan el área y no podemos arriesgarnos a un enfrentamiento directo.
Karl frunció el ceño.
—O sea, nada de correr y luchar como contra los ogros de Raiden… —Exactamente —interrumpió Eiden—.
Tenemos que ser precisos y rápidos.
Cada error nos puede costar caro.
Mientras avanzaban, el bosque se volvía más espeso.
Cada crujido de hojas bajo sus pies los hacía saltar, y cada sombra que se movía entre los troncos les recordaba que no estaban solos.
El mapa los guiaba con marcas discretas de ramas rotas, rocas con señales y pequeños montículos que indicaban dónde podían pasar inadvertidos.
—Miren eso —susurró Liam señalando un pequeño arroyo—.
Podemos usarlo como referencia y movernos a la sombra del bosque para que nos detecten menos.
Poco a poco, mientras se acercaban, los tres se movían más coordinados, pero la tensión entre Karl y Eiden empezaba a notarse.
Cada comentario de uno parecía contradecir al otro, cada decisión pequeña se convertía en una competencia silenciosa.
Liam lo notó y suspiró, sabiendo que si no controlaban esa tensión, podía arruinar la misión antes de siquiera entrar a la base.
—Traten de no pelear ahora —les murmuró—.
Guardemos energía para mañana, cuando sí importará.
—No es tan fácil… —murmuró Karl, apretando los puños.
—Tal vez si pensaras antes de actuar, no tendríamos que discutir todo —replicó Eiden con voz baja.
Liam apretó los dientes y no dijo nada más.
Por ahora, lo importante era llegar a la base sin ser detectados.
Al llegar a la primera colina desde donde podían ver la base a lo lejos, se detuvieron.
La estructura estaba custodiada, pero la base parecía más grande de lo que imaginaron, y los muros de madera reforzada dejaban claro que la vigilancia era constante.
—Allí está —susurró Liam, señalando—.
Esa es nuestra entrada por la parte trasera, justo donde nos indicó Selindra.
Los tres intercambiaron miradas, conscientes de que lo que vendría no sería tan simple.
Cada uno respiró profundo, intentando calmar la adrenalina y concentrarse en la estrategia.
La misión ya no era solo recuperar un objeto: era el primer desafío real que los pondría a prueba como equipo, y también como individuos.
—Bien —dijo Eiden finalmente—.
Mañana nos movemos temprano.
Por ahora, volvamos a nuestro campamento aquí, descansen un poco y estemos listos.
El sol empezaba a elevarse, y mientras los tres bajaban la colina para regresar al pequeño refugio que habían improvisado, el bosque parecía susurrar, como si anticipara lo que estaba por venir.
— El amanecer se filtraba entre las ramas del bosque, dibujando patrones de luz que bailaban sobre la tierra húmeda.
Los tres chicos se desperezaron, ajustando mochilas, armas y respirando profundo.
El aire fresco los llenaba de energía, pero también de ansiedad: la misión que tenían por delante no era menor.
Debían infiltrarse en la base de Senner, recuperar el sombrero de Selindra y salir sin ser vistos.
—Recordemos los roles —dijo Liam, desplegando el mapa que Selindra les había dado—.
Eiden cubrirá la entrada frontal solo si es necesario.
Karl hará distracciones y cobertura lateral.
Yo vigilaré las rutas de escape y nuestra comunicación.
Todo debe ser limpio y rápido.
El silencio se hizo, pesado y expectante, mientras avanzaban por el sendero que los llevaba al perímetro de la base.
Vieron guardias en la entrada, con sus armaduras brillando al sol, pero la experiencia de días pasados les permitió esquivarlos y avanzar por un lateral oculto.
Desde arriba, otros vigilantes patrullaban, pero parecían no notar su presencia.
Karl fue el primero en descubrir un panel extraño en la pared de un edificio trasero.
Al presionarlo, un mecanismo se activó y se abrió un pasadizo secreto.
—Esto fue demasiado fácil —susurró, con una sonrisa confiada que contrastaba con la tensión del momento.
Entraron con cuidado, y al otro lado se encontraron con un pequeño poblado fortificado: torres, casas dispersas y, en el centro, la gran base de Senner.
Caminaban con pasos medidos, agazapados, mientras los guardias pasaban sin percibirlos.
—Cuando lleguemos —susurró Liam—, nos separamos: Eiden asegura la puerta, Karl distrae, y yo entro al trono directamente por detrás.
El plan avanzó con precisión durante varios metros.
Pero justo cuando creían que todo estaba bajo control, un guardia los descubrió y levantó la voz: —¡Alto!
¿Quiénes son ustedes?
Eiden reaccionó sin dudar, corriendo hacia él y aplicando un golpe rápido que lo dejó inconsciente.
Karl levantó una ceja, sorprendido y divertido a la vez.
—Podrías haberlo hecho un poco mejor —murmuró, con tono burlón.
Eiden rodó los ojos y soltó un suspiro, mostrando su desinterés absoluto por la burla de Karl.
No respondía, solo siguió adelante, concentrado en la misión.
Al llegar a la base, se sorprendieron al ver que no había más guardias en el perímetro.
Entraron con cautela y lo que encontraron los dejó boquiabiertos: una biblioteca inmensa, estantes que parecían no terminar nunca, pociones de colores brillantes, armas alineadas, mapas antiguos y pergaminos.
Todo estaba dispuesto de manera ordenada, casi obsesiva.
—Esto… esto es increíble —susurró Karl, apenas conteniendo la fascinación.
—Concéntrate —intervino Liam—.
No estamos aquí para admirar la decoración.
Mientras avanzaban, un pasillo los condujo a una sala más alejada.
En el centro, un trono y sobre él colgado el sombrero.
Karl se acercó y lo examinó: era exactamente como lo había descrito Selindra.
Liam inspeccionó con más cuidado el interior del sombrero y vio grabado el nombre de Selindra, confirmando que era el objetivo correcto.
—Es ella… —susurró Liam, casi incrédulo.
Cuando estaban por salir, un movimiento los alertó.
Una figura apareció acompañada de dos guardias.
Se escondieron detrás de un estante, conteniendo la respiración.
—…y recuerda, Senner no debe enterarse de esto —dijo uno de los guardias.
—No te preocupes —respondió el otro—.
Todo está bajo control.
Los chicos intercambiaban susurros, tratando de interpretar la situación sin ser escuchados.
Karl respiró demasiado cerca de un libro y el polvo le hizo estornudar, aunque lo intentó disimular.
Los guardias giraron la cabeza hacia ellos.
—¿Quién está ahí?
—preguntó uno, con el ceño fruncido.
En ese instante, la tensión entre Eiden y Karl estalló, aunque en susurros: —¡Si te mueves así me delatas!
—susurró Eiden, frustrado.
—¡Tú siempre tienes que hacer todo por tu cuenta!
—respondió Karl—.
Yo puedo cubrir mi parte… Sus voces se elevaron demasiado, y Senner junto con sus guardias los descubrieron de inmediato.
—¿Y ustedes quiénes son?
¿Cómo entraron aquí?
—preguntó Senner, con voz firme y autoritaria.
Los chicos, atrapados, explicaron todo: que venían de parte de Selindra, que buscaban el sombrero y nada más.
Los guardias los sacaron afuera, exponiéndolos ante todos.
Senner los evaluó con la mirada, cruzando los brazos.
—Estas entradas secretas deberían sellarse de inmediato… —comentó, mientras observaba con cuidado a los tres chicos.
Luego, soltó un leve suspiro y una pequeña sonrisa, apenas perceptible: —Veo que Selindra les envió.
Muy bien… Pero debo aclarar algo: el sombrero no le pertenece a ella, sino a mí.
Ella simplemente lo personalizó con su nombre como un regalo de confianza.
Los chicos se miraron, confundidos y un poco frustrados, sabiendo que aún no estaban libres de responsabilidad.
—Aun así —continuó Senner—, deberán pagar un precio por entrar aquí sin permiso.
No es peligroso… pero les enseñará una lección.
Deben quedarse aquí un tiempo, aprender algo útil y demostrar que sus intenciones son justas.
Entonces, tal vez, se los devuelva.
Los chicos asintieron, resignados.
Lo que comenzó como una misión aparentemente sencilla ahora se había transformado en un desafío que pondría a prueba no solo su astucia y habilidades, sino también su capacidad para trabajar juntos, soportar la tensión y sobrevivir a un entorno desconocido.
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