Vornex: Temporada 1 - Capítulo 80
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- Capítulo 80 - 80 Capítulo 80 La prueba de fuego
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80: Capítulo 80: La prueba de fuego 80: Capítulo 80: La prueba de fuego Los guardias los empujaron sin demasiada delicadeza hasta una sala lateral.
La puerta se cerró con un sonido metálico y el eco del cerrojo les recordó que estaban en territorio enemigo.
Karl golpeó la pared con el puño.
—Genial.
Todo un plan perfecto y terminamos encerrados como ratas.
Eiden lo miró con calma, aunque la dureza en su mirada era evidente.
—Si hubieras controlado ese estornudo, no estaríamos aquí.
—¡Ah, claro!
—replicó Karl, con sarcasmo—.
Como si tú nunca metieras la pata.
Liam levantó la voz, harto de la discusión.
—¡Basta los dos!
No es momento de reproches.
Lo hecho, hecho está.
El silencio volvió a llenar la sala, solo roto por los pasos de los guardias al otro lado de la puerta.
Pasaron unos minutos pesados hasta que Liam habló de nuevo, más bajo esta vez: —¿Se dieron cuenta de lo que dijo Senner?
Que el sombrero no era de Selindra… que en realidad fue un regalo para él.
Karl chasqueó la lengua.
—Parece que a alguien le gusta jugar con nuestras cabezas.
Eiden frunció el ceño.
—O Selindra nos ocultó cosas.
Liam lo interrumpió, casi con enojo: —No.
Selindra no es así.
Karl rió sin humor.
—¿Y tú cómo lo sabes?
¿Desde cuándo confías tanto en alguien que apenas conocemos?
Liam lo encaró, pero no llegó a responder.
En ese momento, la puerta se abrió con un chirrido.
Dos guardias entraron y ordenaron que los siguieran.
Los chicos se miraron entre sí, tensos.
No sabían si los llevaban a un juicio improvisado, a un castigo… o a algo peor.
Al salir, la luz de las antorchas iluminaba un pasillo de piedra.
Caminaron hasta una sala amplia, donde Senner los esperaba sentado en su trono.
Esta vez no estaba solo: varios hombres y mujeres con armaduras lo rodeaban, como si fuesen un consejo o un jurado silencioso.
Senner entrelazó los dedos y los observó como quien estudia una pieza de ajedrez.
—He estado pensando… No puedo simplemente echarlos ni tampoco confiar en ustedes.
Así que haremos algo intermedio.
Se puso de pie y sus palabras resonaron en la sala.
—Superarán una prueba.
Nada “peligroso”, claro… solo un pequeño reto para ver de qué están hechos.
Karl alzó una ceja, desconfiado.
—¿Y si nos negamos?
Senner sonrió con calma, como si ya tuviera la respuesta preparada.
—Entonces no saldrán de aquí.
El silencio fue tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo.
Liam tragó saliva, Eiden sostuvo el gesto imperturbable, y Karl soltó una risa breve, más nerviosa que desafiante.
Senner dio una palmada, y los guardias se tensaron como esperando una orden.
—Llévenlos al patio.
— Los guardias empujaron a los tres hacia un amplio patio amurallado.
El suelo estaba marcado con cicatrices de batalla: grietas, manchas secas, restos de armas rotas.
No era un lugar para juegos, sino para pruebas mortales.
Karl soltó un silbido burlón.
—Vaya, qué hospitalidad… ¿también nos pondrán música de fondo para animar el espectáculo?
Eiden lo fulminó con la mirada.
—Cállate y mantén la concentración.
En las gradas de piedra, varios soldados observaban con interés.
Era evidente que no se trataba de un simple entrenamiento, sino de un espectáculo preparado.
Senner apareció en lo alto de un balcón, con una copa en la mano.
Su voz retumbó con calma y autoridad: —Les dije que no sería peligroso… si saben trabajar juntos.
Chasqueó los dedos.
Un portón de hierro se levantó lentamente en un lateral del patio.
Del interior emergió un rugido grave, seguido de un par de ojos amarillos que brillaban en la penumbra.
Luego otro.
Y otro.
Tres criaturas salieron arrastrando las cadenas que aún colgaban de sus cuerpos.
Eran enormes, mezcla de lobo y reptil, con escamas en el lomo y colmillos tan largos como dagas.
Sus pezuñas metálicas golpeaban contra la piedra, levantando chispas.
Liam dio un paso atrás, instintivamente.
—¿Esto es “no peligroso”?
Karl soltó una risa nerviosa.
—Creo que la definición de ese hombre es un poco… flexible.
Eiden, en cambio, se adelantó un paso, los ojos fijos en las bestias.
—No importa cómo lo llame.
Si quiere ver de qué estamos hechos, se lo mostraremos.
Las cadenas cayeron al suelo.
El rugido de las bestias sacudió el aire, y en ese mismo instante cargaron contra ellos.
Liam apenas alcanzó a gritar: —¡Formación, ya!
Karl rodó hacia un costado, buscando la distracción que le tocaba.
Eiden levantó el brazo para interceptar el primer golpe de garras, y Liam retrocedió midiendo las rutas de escape, tal como habían practicado antes de la misión.
Desde arriba, Senner observaba con una sonrisa delgada, como un cazador que disfruta viendo a sus presas pelear por sobrevivir.
— La primera bestia cargó directo contra Eiden.
Él plantó los pies, giró el torso y bloqueó con su brazo, desviando las garras apenas lo suficiente para no quedar atravesado.
El impacto lo hizo retroceder un par de pasos, pero no perdió el equilibrio.
—¡Muévete, Karl!
—gritó sin perder de vista a la criatura.
—¡Ya voy, ya voy!
—Karl corrió hacia un pilar caído y lo usó para saltar encima de otra bestia, clavándole un cuchillo en el cuello.
El acero apenas atravesó la piel escamosa; la criatura soltó un rugido y sacudió el cuerpo, lanzando a Karl contra el suelo.
Liam reaccionó rápido, estirando la mano.
Un destello de energía contenida salió de su palma y golpeó a la bestia, distrayéndola lo suficiente para que Karl pudiera rodar y ponerse de pie.
—¡Concéntrate en las distracciones, no en matarlas de frente!
—lo reprendió Liam.
—¡Sí, capitán!
—respondió Karl con sarcasmo, aunque esta vez obedeció.
La tercera criatura fue directo hacia Liam.
Sus colmillos se cerraron a centímetros de su cara, pero él se agachó y rodó, usando la misma bestia como cobertura para gritar una orden.
—¡Eiden, empújala hacia el muro!
Eiden no dudó: cargó contra la criatura que lo enfrentaba, la sujetó por las fauces y con una fuerza brutal la estrelló contra la pared de piedra.
El impacto levantó polvo y arrancó ladrillos.
Karl, aprovechando la apertura, arrojó un par de dagas que se incrustaron en los ojos de la segunda bestia.
Esta se retorció, aullando, mientras él se reía nervioso.
—¡Parece que ahora sí dolió!
Pero el rugido que resonó después lo hizo congelarse: la primera criatura, la más grande, se había liberado de Eiden y saltaba hacia Liam con las fauces abiertas.
Liam levantó el brazo instintivamente, y un destello azul envolvió su cuerpo, un escudo improvisado que apenas soportó el golpe.
La criatura lo arrastró varios metros antes de que el escudo se quebrara como vidrio.
Liam cayó de rodillas, jadeando, mientras el monstruo se erguía de nuevo para rematarlo.
—¡No lo toques!
—gritó Karl, lanzándose sin pensar.
Se interpuso, cuchillo en mano, aunque sabía que no era rival directo.
La criatura levantó la garra para partirlo en dos… pero un instante antes, Eiden apareció como una sombra, clavando su espada entre las escamas del pecho del monstruo.
El rugido se quebró en un gorgoteo, y la bestia cayó al suelo.
El silencio duró apenas un segundo, roto por los vítores de los soldados en las gradas.
Para ellos, aquello había sido un espectáculo.
Liam se levantó con dificultad, sudoroso y con el pulso acelerado.
—Esto no era una prueba… —dijo con la voz ronca.
—Claro que lo era —contestó Karl, sacudiéndose el polvo—.
Una prueba para ver si sobrevivíamos.
Desde el balcón, Senner aplaudió con calma, su sonrisa apenas visible.
—Interesante.
No solo sobrevivieron… también se complementaron mejor de lo que esperaba.
Quizá haya algo de valor en ustedes, después de todo.
Eiden levantó la vista hacia él, apretando la mandíbula.
—Esto no demuestra nada.
—Al contrario —replicó Senner con voz firme—.
Demuestra todo lo que necesitaba saber.
Luego hizo un gesto con la mano, y los guardias comenzaron a bajar hacia el patio.
— Los guardias entraron al patio, no para atacar, sino para arrastrar los cuerpos de las criaturas vencidas.
Algunos soldados los miraban con respeto, otros con desdén.
Para ellos, los chicos no eran más que forasteros jugando a guerreros.
Karl, con las manos aún temblando, se limpió la sangre del labio.
—Bonito entretenimiento les dimos… ¿les cobramos la entrada?
Liam lo miró serio.
—No bromees.
Eiden permanecía en silencio, pero su mirada estaba fija en el balcón, donde Senner los observaba como si ya hubiese calculado hasta el último movimiento.
El líder dio un par de pasos al frente, apoyando las manos en la baranda.
—Resistieron mejor de lo que creí.
La mayoría se rompe al primer embate… ustedes, en cambio, se sostuvieron.
Eso habla de algo que ni ustedes mismos entienden todavía.
Bajó lentamente las escaleras laterales hasta llegar al patio.
Su presencia imponía, y los soldados se apartaban a su paso.
Cuando estuvo frente a los tres, los rodeó con la mirada como quien evalúa armas en una mesa.
—El sombrero que buscan no está fuera de su alcance… —dijo con calma—.
Pero antes deben demostrar que son algo más que un accidente con suerte.
Karl dio un paso adelante, desafiante.
—Ya lo demostramos.
Seguimos vivos, ¿no?
Senner esbozó una sonrisa fría.
—Estar vivo no es lo mismo que ser digno.
El silencio cayó pesado.
Liam tragó saliva, pero sostuvo la mirada.
Eiden cerró los puños, como si en cualquier momento fuera a lanzarse contra él.
Senner levantó una mano y los guardias volvieron a escoltarlos.
—Descansen.
Mañana veremos si esa chispa que mostraron hoy puede convertirse en fuego real.
Los chicos fueron arrastrados de nuevo por los pasillos hasta la misma sala donde habían estado encerrados antes.
La puerta se cerró tras ellos con un golpe seco.
Karl se dejó caer en el suelo, agotado.
—¿Alguien más siente que caímos directo en la trampa de un loco?
Liam se apoyó contra la pared, aún recuperando el aire.
—Sí… pero también siento que Selindra no nos contó toda la verdad.
Eiden no dijo nada.
Solo se quedó mirando el techo, con el ceño fruncido, como si su mente estuviera atrapada entre la furia y la duda.
— La celda volvió a ser su refugio temporal, pero ahora la sensación de encierro se sentía más pesada que antes.
Sus cuerpos dolían por los golpes, arañazos y tensión acumulada, y cada respiración les recordaba que el trabajo no había terminado; Senner aún no los liberaría.
Karl se recostó, con los brazos detrás de la cabeza, intentando recuperar algo de aire, pero su mirada no dejaba de recorrer la celda como si buscara una salida invisible.
—Esto… esto es absurdo —murmuró—.
No importa cuántas veces sobrevivamos, no nos van a dejar salir.
Eiden frunció el ceño, sentado en un rincón, limpiándose la sangre seca del brazo.
—No digas tonterías.
Cada prueba es para ver de qué estamos hechos, no para rompernos.
—Sí, claro… “ver de qué estamos hechos” —repitió Karl con un hilo de sarcasmo—.
Y la mayoría de los que vinieron antes de nosotros terminaron… bueno, muertos.
Pero vamos, seguro que nosotros seremos la excepción, ¿no?
Liam suspiró y se dejó caer al suelo, con la espalda contra la pared.
—No podemos pensar así.
Si nos dejamos dominar por el miedo o la rabia, perdemos.
Lo vimos hoy… sobrevivimos porque trabajamos juntos, no por suerte.
—¡Eso fue suerte!
—interrumpió Karl, levantándose de nuevo—.
Admitámoslo, Eiden estaba solo salvando el pellejo de todos mientras yo trataba de cubrirlo y tú… tú hacías tus destrezas mágicas.
Eiden levantó la mirada, con los ojos llenos de tensión.
—No te atrevas a decir que yo hice todo.
Cada movimiento contó, y si no fuera por tu distracción en el momento justo, Liam estaría hecho trizas.
Liam se apartó un poco, intentando que no se incendiara la discusión.
—Basta los dos… —susurró, apretando los dientes—.
Ahora no sirve pelear entre nosotros.
Tenemos que pensar en la siguiente prueba y en cómo salir de aquí.
El silencio volvió a reinar, pesado, interrumpido solo por sus respiraciones y el eco lejano de pasos fuera de la celda.
La tensión no desapareció; se sentía más como un recordatorio de que cada uno tenía sus propios límites y formas de enfrentar la presión.
—Mañana será otro día —dijo Eiden finalmente—.
Otro reto.
Y esta vez… tenemos que estar preparados para todo.
—Sí, otra prueba —murmuró Karl, con un dejo de resignación mezclado con desafío—.
A ver si el “no peligroso” de Senner es tan fácil como dice.
Liam cerró los ojos, repasando mentalmente las acciones del día.
No solo habían sobrevivido, también habían aprendido cómo cubrirse, cómo coordinarse bajo presión… y aún así, sentía que algo más grande estaba detrás de todo esto.
Algo que Selindra sabía, algo que todavía no comprendían del todo.
—Y si… —susurró Liam—, si ella nos observaba todo este tiempo, ¿para qué?
Karl arqueó una ceja, con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
—¿Quién?
—Selindra —contestó Liam—.
No creo que solo le importara el sombrero.
Tal vez estaba viendo si realmente éramos capaces de… sobrevivir a algo más grande que nosotros mismos.
Eiden se recostó, pensativo.
—Si es así… entonces no solo sobrevivimos a Senner.
Sobrevivimos a ella también.
El grupo quedó en silencio, dejando que la idea se asentara.
La prueba del día los había desgastado física y mentalmente, pero también había encendido algo más: una chispa de comprensión sobre la complejidad de quienes los rodeaban.
Y mientras la celda parecía estrecharse aún más, una certeza se instaló entre ellos: lo que viniera después no sería solo una prueba de fuerza, sino también de mente y de carácter.
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