Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Vornex: Temporada 1 - Capítulo 87

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Vornex: Temporada 1
  4. Capítulo 87 - 87 Capítulo 87 Sombras en el bloque gris - Parte 1
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

87: Capítulo 87: Sombras en el bloque gris – Parte 1 87: Capítulo 87: Sombras en el bloque gris – Parte 1 El pasillo olía a metal húmedo y desinfectante viejo.

Cada paso resonaba como un eco largo, golpeando las paredes grises del corredor.

Los guardias caminaban al frente, con las linternas pegadas al cinturón, proyectando sombras deformes que se movían sobre los cuerpos magullados de los chicos.

Eiden sentía los párpados pesados, el cuerpo hecho trizas.

Cada músculo dolía, y hasta respirar le costaba.

La adrenalina que lo había mantenido en pie durante la pelea ya se había desvanecido.

Marla caminaba a su lado, con un corte seco en la ceja y el labio partido, pero su mirada seguía alerta.

No hablaba, solo miraba a los guardias, intentando descifrar algo.

Karl iba adelante, encorvado, con una sonrisa cansada que no lograba borrar.

-Valió la pena -murmuró, escupiendo sangre al suelo-.

Por un rato se sintió como ganar de verdad.

Ravel bufó, con una mueca de dolor.

-Sí, hasta que te patearon tres tipos encima.

Liam no respondió.

Tenía la mirada baja, observando los grilletes que les habían puesto en las muñecas.

Sabía que algo estaba mal.

Los llevaban en grupos separados, y eso nunca era buena señal.

Cuando doblaron la esquina, dos guardias se detuvieron frente a una compuerta metálica.

La golpearon tres veces, y del otro lado se escuchó un zumbido antes de que se abriera lentamente.

El aire que salió era más frío, casi muerto.

-Bloque gris -dijo uno de los guardias, señalando a Karl, Liam y Ravel-.

Estos tres van dentro.

Marla frunció el ceño.

-¿Y nosotros?

El guardia la miró sin responder.

Luego giró hacia el superior, un hombre de rostro afilado y cicatriz en la mejilla.

-Órdenes del general.

Esos dos se quedan.

Eiden alzó la cabeza con esfuerzo.

-¿Qué?

El guardia no lo miró siquiera.

-No pregunten.

Ravel dio un paso hacia atrás, confuso.

-¿Cómo que se quedan?

¿Por qué ellos no?

El de la cicatriz lo empujó hacia adelante.

-Avanza si no quieres que te ayuden a entrar a golpes.

Karl lanzó una última mirada a Eiden, con frustración mal disimulada.

-Nos vemos luego, flaco.

No te duermas sin nosotros.

El portón se cerró tras ellos con un golpe metálico seco que retumbó por todo el pasillo.

Marla se quedó mirando la puerta, los labios tensos.

Cael, apoyado contra la pared desde el principio, observaba en silencio.

Ni los guardias lo habían tocado.

Parecía invisible para ellos.

Eiden se giró hacia él, todavía respirando con dificultad.

-¿Y tú?

¿Por qué no te llevaron tampoco?

Cael levantó una ceja, tranquilo.

-Parece que no les caigo lo bastante simpático para encerrarme con los demás.

Marla entrecerró los ojos.

-O demasiado útil para perderte.

Por un segundo, el silencio se volvió pesado.

Los guardias se habían marchado, dejándolos a los tres solos en el pasillo.

El zumbido del portón seguía resonando a lo lejos.

Eiden se dejó caer contra la pared, agotado.

-No tiene sentido…

Nos arrestaron a todos juntos, pero solo se llevan a algunos.

Cael lo miró sin responder de inmediato.

Luego habló con calma.

-Nada tiene sentido aquí.

Y si empiezas a buscarle lógica, vas a terminar perdiendo más que el sueño.

Marla se cruzó de brazos.

-Tú sabes algo.

Lo noté desde que apareciste en el comedor.

No peleas como un prisionero cualquiera.

Cael sonrió apenas.

-Digamos que aprendí a sobrevivir donde otros no duraban ni un día.

Marla lo sostuvo con la mirada unos segundos más, sin bajar la guardia.

-No te creo.

-No tienes por qué -respondió él, encogiéndose de hombros-.

Pero si quieren salir vivos de este lugar, más vale que empecemos a confiar, al menos un poco.

Eiden lo miró, cansado pero curioso.

-¿Confiar en ti?

Apenas te conocemos.

Cael inclinó la cabeza.

-Y aun así, les salvé la vida.

Algo me dice que eso ya me da medio punto a favor.

Marla soltó un suspiro.

-O un motivo más para sospechar.

Cael se rió bajo.

-Eso también sirve.

— El silencio se rompió cuando los guardias los empujaron de vuelta hacia el comedor.

La puerta se cerró con un chirrido metálico, y por un momento solo se escuchó el zumbido de las lámparas sobre ellos.

Eiden caminaba despacio, todavía con las piernas pesadas.

Marla lo seguía, revisando el lugar con la mirada aguda de quien no se fía de nada ni de nadie.

Cael iba detrás, con las manos en los bolsillos y una expresión tranquila, casi indiferente, como si no acabara de presenciar una pelea que casi los deja en el suelo.

-Esto no tiene sentido -murmuró Eiden mientras se dejaba caer en uno de los bancos de madera-.

Nos separan, nos devuelven, y nadie dice nada.

Marla apoyó los codos sobre la mesa.

-Tiene sentido si lo ves desde su lado.

Quieren que no sepamos en quién confiar.

Cael se sentó frente a ellos, sin perder el aire de calma que lo caracterizaba.

-Y funciona bastante bien.

La desconfianza es el arma favorita de esta gente.

Eiden lo miró con cansancio.

-Hablas como si conocieras el sistema por dentro.

Cael levantó una ceja y sonrió apenas.

-Digamos que he tenido tiempo para observar.

Antes de que Marla pudiera responder, dos figuras se acercaron desde el extremo del comedor.

Uno de ellos caminaba con paso torpe y respiración entrecortada, el otro mantenía la espalda recta a pesar de los años.

-Vaya, míralos -dijo el mayor, dejando caer su bandeja sobre la mesa-.

No pensé que los vería tan pronto fuera del bloque.

Marla levantó la vista y sonrió apenas.

-Ostic.

Dorian.

Creí que los habían mandado al ala este.

Ostic, el más joven de los dos, soltó una risa áspera.

-Casi.

Pero parece que ya no tienen espacio allá.

-Miró a Eiden-.

¿Y este?

-Eiden -respondió Marla-.

Es…

nuevo.

Dorian, el de cabello gris y rostro curtido, los observó con atención.

-Nadie sobrevive tanto en este lugar siendo nuevo -dijo con voz grave-.

Así que o eres rápido…

o muy afortunado.

Eiden bajó la mirada, incómodo.

-Supongo que lo segundo.

Cael, desde el otro lado de la mesa, intervino.

-Y un poco de lo primero.

No lo subestimes, Dorian.

Aguantó más de lo que muchos podrían.

El viejo lo miró, intrigado.

-¿Y tú quién eres?

-Solo alguien que se mete donde no lo llaman -contestó Cael con su media sonrisa.

Marla se cruzó de brazos.

-Nos sacaron del bloque y los demás se quedaron.

No sabemos por qué.

Ostic soltó un bufido.

-Tal vez querían probarlos.

A veces lo hacen.

Ven quién se descompone primero.

Eiden miró a Marla, inquieto.

-¿Y Karl?

¿Liam?

¿Ravel?

Dorian meneó la cabeza.

-Si los mandaron al gris, los aislarán.

Nadie sale de ahí hasta que ellos decidan.

El grupo quedó en silencio.

Afuera, los guardias conversaban entre sí, y el sonido lejano de una sirena llenaba el aire de tensión.

— En el otro extremo del comedor, los del grupo de los corpulentos observaban desde su mesa.

Uno de ellos, el del labio roto, masticaba con furia mientras hablaba en voz baja.

-Se creen intocables ahora…

-dijo con tono cargado-.

Pero no va a durar.

El que parecía el líder del grupo se inclinó hacia él.

-Tranquilo.

Dejémoslos disfrutar.

Pronto les tocará su turno.

Y cuando llegue, nadie va a poder intervenir.

El resto del grupo rió entre dientes.

Uno de ellos, con una cicatriz en el cuello, asintió.

-Sí, pronto.

Muy pronto.

La cámara de seguridad en la esquina giró lentamente, registrando cada gesto, cada palabra.

Nadie parecía notarlo…

excepto Cael, que había levantado la vista en ese instante.

Sus ojos se cruzaron con el lente apenas un segundo, pero fue suficiente para enviar el mensaje.

Estoy aquí.

Los vigilo.

— …

Horas más tarde, en el piso superior del complejo, el general caminaba por el pasillo con paso firme.

Su abrigo negro se movía con el aire frío que salía de las rejillas del techo.

Llevaba una carpeta gruesa en la mano, con los nombres y registros de los prisioneros recién ingresados.

Se detuvo frente a una puerta con una placa metálica que decía Departamento de Control Experimental.

Entró sin anunciarse.

Senner estaba de pie, observando las pantallas donde se proyectaban distintas celdas del bloque gris.

-¿Resultados?

-preguntó sin girarse.

El general dejó la carpeta sobre la mesa.

-Tres del grupo original fueron trasladados.

Dos permanecen en observación.

Hay un tercero…

Cael.

Su grupo sigue activo.

Senner asintió lentamente.

-Perfecto.

Entonces formaremos un nuevo equipo para la siguiente prueba.

Los que sobrevivieron al altercado deben demostrar si realmente valen el riesgo.

Abrió la carpeta y repasó los nombres.

-Eiden.

Marla.

Ostic.

-¿Y Dorian?

-preguntó el general.

-Demasiado inestable para esta ronda.

Que descanse.

-Senner cerró la carpeta-.

Prepárenlos para mañana.

El general asintió y dio media vuelta.

Cuando la puerta se cerró, Senner se quedó mirando una de las pantallas donde aparecía Cael, aparentemente hablando con los prisioneros como uno más.

Una sonrisa casi imperceptible cruzó su rostro.

-Sigue jugando tu papel, agente Cael.

-Susurró-.

Aún no saben lo que viene.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo