Vornex: Temporada 1 - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 Más allá del limite
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9: Capítulo 9: Más allá del limite 9: Capítulo 9: Más allá del limite La tensión apenas se había disipado cuando Hilson ayudó a Karl a incorporarse.
El ambiente continuaba denso, como si el mismo bosque contuviera el aliento, expectante ante lo que estaba por suceder.
-Siguiente…
-murmuró Selanne, su voz era suave, casi dulce, pero cargada de una amenaza sutil.
Sus pasos eran ligeros, pero cada uno parecía presagiar peligro.
Se movía como si flotara, con una gracia tan letal como enigmática.
Eiden dio un paso al frente.
No titubeó.
Sentía aún la adrenalina agolpada en su pecho, pero la canalizó en determinación.
No podía ni quería retroceder.
-Así que tú eres Eiden -dijo Selanne con una sonrisa irónica-.
Escuché tu nombre muchas veces durante los entrenamientos.
Al parecer, tu maestro no podía dejar de mencionarte.
-¿Y qué si lo hacía?
-respondió él, firme, sin perderle la mirada-.
Hablar de mí no significa que me conozca.
-No hace falta conocer a alguien para saber de lo que es capaz -replicó ella, dando un paso más-.
Hoy lo voy a descubrir por mí misma.
Eiden vs.
Selanne El claro quedó en completo silencio cuando ambos se lanzaron hacia el centro.
Eiden activó lo poco que había logrado dominar de su control de energía, concentrándose en la velocidad.
Sus movimientos eran más pulidos que los de Karl, más conscientes.
Pero Selanne no se parecía en nada a Varka.
Ella no dudaba.
Atacaba sin pausa.
Los primeros choques fueron tan rápidos que apenas se pudieron seguir: ráfagas de luz azul y púrpura estallaban cada vez que se encontraban.
Selanne parecía danzar con cada golpe.
Había en ella una elegancia peligrosa, como si el combate fuera una coreografía precisa diseñada para eliminar.
Eiden retrocedió tras recibir un golpe que apenas le rozó el hombro, pero le dejó una marca ardiente.
-No eres malo, Eiden -comentó ella, con una sonrisa que mezclaba respeto y burla-.
Pero aún te falta algo…
ese tipo de coraje que solo se revela cuando sabes que puedes perderlo todo.
Las palabras de Hilson regresaron a su mente: “Tu energía no depende solo de lo que sabes, sino de lo que sientes.” Entonces ocurrió.
Eiden dejó de pensar.
Su cuerpo comenzó a moverse solo, impulsado por algo más profundo que la técnica.
Golpeó con precisión, giró con agilidad, bloqueó ataques con una naturalidad que no había sentido antes.
Una ráfaga de energía estalló en su brazo derecho y empujó a Selanne varios metros hacia atrás.
Ella se detuvo, con una mezcla de sorpresa y admiración.
-Ah…
ahí estás -murmuró, con una chispa de entusiasmo renovado.
Volvió a lanzarse al ataque, esta vez con una intensidad demoledora.
El suelo tembló levemente bajo sus pies.
Eiden resistió como pudo, pero terminó derribado, jadeando, su camisa desgarrada y los brazos marcados.
Selanne lo observó desde arriba, aún sin aliento, pero sonriendo.
-No estás listo -dijo finalmente-.
Pero ya no eres el mismo chico de hace unos minutos.
Hilson apareció junto a ella en silencio, y con un gesto firme, detuvo la pelea.
-Es suficiente -declaró-.
Está herido, pero no derrotado.
Selanne se alejó, satisfecha.
Su expresión había cambiado: ya no era arrogancia lo que se reflejaba en sus ojos, sino respeto.
-Por ahora -susurró mientras volvía a su lugar.
Liam vs.
Drosk Antes de que el polvo se asentara por completo tras el combate de Eiden, un rugido grave sacudió el silencio.
Drosk, el más grande y corpulento del grupo, se adelantó.
Tenía los brazos cruzados y una expresión de superioridad en el rostro.
-Ahora es mi turno -gruñó, con voz grave.
Liam se adelantó sin vacilar.
No dijo nada.
Había estado observando todo en silencio, analizando.
Su mirada era fría, enfocada.
Tenía la costumbre de guardar sus emociones para cuando realmente importaban.
-Vamos, pequeño sabueso -provocó Drosk-.
Quiero ver si muerdes tan fuerte como pareces.
Liam respondió alzando ligeramente su energía, que se manifestó en un resplandor dorado sutil, casi imperceptible.
No era llamativo, pero dejaba claro que estaba preparado.
Drosk cargó con fuerza, haciendo temblar el suelo.
Pero Liam esquivó cada embestida con una precisión quirúrgica.
No era más fuerte ni más grande, pero su control era absoluto.
Cada movimiento estaba perfectamente calculado, como si supiera exactamente cuándo y dónde moverse.
Los primeros golpes de Liam apenas hicieron daño, pero lograron algo crucial: respeto.
-¿Te estás burlando de mí?
-gritó Drosk, furioso, al ver que no podía tocarlo.
Liam no contestó.
Esperó el momento justo y lanzó un golpe preciso con la palma, concentrando su energía en un solo punto: un lugar débil que Hilson le había señalado durante el entrenamiento.
El impacto no fue visualmente impresionante, pero sí devastador.
Drosk cayó de rodillas, sin poder disimular el dolor.
Gruñó, sorprendido y humillado.
-¡Maldito…!
-Basta -intervino Hilson una vez más, con voz autoritaria-.
Este chico no vino aquí para morir.
Pero tampoco vino a perder.
Drosk retrocedió lentamente, con el orgullo herido y la respiración agitada.
La pandilla de Suli no había ganado.
Pero tampoco habían sido derrotados por completo.
Era solo el primer asalto de una confrontación que estaba lejos de terminar.
Mientras el sol se filtraba entre las copas de los árboles, una certeza se asentaba en el corazón de cada uno de ellos: la verdadera batalla apenas comenzaba.
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