Vornex: Temporada 1 - Capítulo 90
- Inicio
- Todas las novelas
- Vornex: Temporada 1
- Capítulo 90 - 90 Capítulo 90 Conspiraciones
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
90: Capítulo 90: Conspiraciones 90: Capítulo 90: Conspiraciones Eiden abrió los ojos con dificultad.
La fatiga todavía se pegaba a su cuerpo, pero el silencio de la celda y el leve olor a metal y humedad lo alertaron: habían regresado.
Marla y Ostic estaban ya sentados sobre los bancos, intentando estirar músculos tensos y recuperar algo de aliento.
Dorian, en el extremo opuesto, observaba con calma, como si el tiempo en aquel lugar no le afectara.
-¿Cómo te sientes?
-preguntó Marla a Eiden, mientras él se incorporaba con cuidado.
-Cansado…
pero…
-respondió, mirando a los demás-.
Pero vivo.
Eso es…
algo.
Ostic se inclinó para tocar la runa en su cadena, notando que aún vibraba levemente con energía residual.
-Hoy fue…
intenso -murmuró-.
No sabía que un juego podía doler tanto…
sin usar armas.
Eiden asintió, mientras su mirada se dirigía al fondo de la celda, casi sin darse cuenta.
Allí, entre las sombras, un par de prisioneros parecían simplemente…
observar.
No era nada explícito, pero había algo extraño en cómo se movían, cómo se cambiaban miradas con pequeños gestos coordinados.
-¿Viste eso?
-susurró Marla, siguiendo con los ojos a los dos prisioneros-.
¿Por qué parecen sincronizados?
Eiden frunció el ceño.
Había algo que no encajaba: los movimientos no eran naturales, y el modo en que algunos se posicionaban cerca de las runas parecía demasiado calculado para ser casual.
-Algo me dice que no todos aquí son lo que parecen -dijo Ostic con voz baja, mirando alrededor.
Dorian suspiró.
-No subestimen este lugar.
Nada es por casualidad.
Lo que vieron…
puede ser más importante de lo que creen.
Los tres intercambiaron miradas.
La sensación de ser observados incluso dentro de la celda se intensificó, y un escalofrío recorrió sus espaldas.
…
Desde la otra punta del bloque, Cael se movía sin ser detectado.
Entre los prisioneros, sus ojos analíticos registraban cada reacción: respiraciones, miradas, pequeños gestos.
Tenía un grupo de guardias infiltrados que hacían lo mismo, manteniendo el control silencioso de cada movimiento de los prisioneros.
Mientras Eiden, Marla y Ostic discutían sobre los prisioneros extraños, Cael anotaba mentalmente cada detalle: quién parecía nervioso, quién evitaba mirar a quién, qué prisioneros podrían formar parte de algo más.
Sus informes serían entregados a Senner, y con ellos el patrón completo de la celda comenzaba a dibujarse.
— -¡Todos en fila!
¡Tiempo de higiene!
Los prisioneros se pusieron de pie, aún adoloridos por las pruebas anteriores.
Formaron filas mientras los guardias los guiaban por un pasillo iluminado por cristales azulados que reflejaban luces parpadeantes sobre las paredes húmedas.
El sonido de pasos resonando en fila creaba un ritmo extraño, casi hipnótico.
Dorian caminaba junto a Eiden, Marla y Ostic, observando con atención.
Su mirada se detuvo en un prisionero que parecía distinto: tenía una forma segura de moverse, pero sus ojos brillaban con inteligencia y cautela.
-Eiden…
Marla…
-susurró Dorian-.
Creo que encontré algo.
El prisionero, al notar que Dorian lo miraba, le hizo un leve gesto para acercarse.
Cuando estuvieron un poco apartados del grupo, habló en voz baja: -Me llamo Yon -dijo-.
Y sé que ustedes no son parte del juego que aquí montan.
Dorian arqueó una ceja.
-¿Qué quieres decir?
-Hay un grupo de prisioneros que…
-Yon hizo un gesto con la cabeza hacia un lado, señalando discretamente-.
Ellos no están aquí solo por castigo.
Nosotros nos llamamos los rebeldes.
Mi grupo está tratando de…
sobrevivir y encontrar una manera de salir de este lugar.
-¿Quién más?
-preguntó Dorian, intrigado.
-Warquer, Richeld y yo.
Yo soy Yon, ellos son los otros.
-Yon le hizo un pequeño gesto con la cabeza, y Dorian asintió, comprendiendo la seriedad del asunto.
Mientras tanto, Eiden y Marla se movían más adelante con Ostic, pero notaron a un grupo diferente de prisioneros.
Sus movimientos eran calculados, sus gestos discretos.
Algo en ellos no cuadraba con el resto de los apresados.
Uno de ellos, un hombre de mirada firme y serena, los observó y se acercó con cuidado.
-Ustedes…
-dijo, bajando la voz-.
Puedo ver que notaron algo.
Este grupo trabaja para los guardias.
No son prisioneros reales.
Eiden frunció el ceño, intercambiando una mirada con Marla.
-¿Cómo lo sabes?
-preguntó Marla.
-Porque yo los sigo -contestó el hombre-.
Y porque hay alguien más aquí que tampoco es lo que parece.
-Alzó ligeramente la mano hacia un extremo del pasillo, donde un prisionero se mantenía en sombra-.
Ese de allí, el que dirige un poco al grupo…
está observando todo, pero no es uno de nosotros.
Eiden y Marla entendieron al instante.
Las piezas empezaban a encajar: Cael no era un prisionero, y su grupo tampoco.
El prisionero los dejó con esa información y se retiró con discreción.
Eiden y Marla se quedaron en silencio, procesando lo que habían descubierto mientras el grupo continuaba su camino hacia las áreas de baño.
Cuando Dorian terminó de hablar con Yon, los rebeldes se reunieron al final del pasillo, mezclándose con cuidado entre los demás prisioneros.
Sus miradas eran decididas, y aunque permanecían en las sombras, era evidente que tenían un plan propio.
Dorian los observó y asintió internamente: finalmente sabía con quién podía contar.
El baño y las necesidades básicas eran la rutina, pero esos pequeños descubrimientos alteraban la percepción de todos.
Eiden y Marla no podían dejar de mirar a los prisioneros sospechosos; Yon y su grupo habían confirmado algo: había más que simples reglas y castigos en aquella prisión.
Mientras los guardias vigilaban y las filas avanzaban, los ojos de Cael permanecían atentos.
Observaba cada gesto de los prisioneros, cada reacción de Eiden y Marla.
Sabía más de lo que dejaba ver, y aunque parecía un prisionero más, era quien controlaba y monitoreaba, preparando el terreno para lo que vendría después.
— Después de la rutina de baño y necesidades, los prisioneros comenzaron a regresar a sus celdas en filas ordenadas.
Dorian caminaba junto a Yon, quien le había mostrado el grupo de rebeldes, susurrándole información que podía cambiarlo todo.
-Escucha -dijo Dorian mientras caminaban-.
Si realmente quieres salir de aquí, creo que podríamos trabajar juntos.
Yo puedo ayudarte, y tú también a los tuyos.
Pero necesitamos planear bien un escape.
Yon asintió, sus ojos brillando con determinación: -Estoy de acuerdo.
Pero no podemos confiar en nadie más.
Solo nosotros, hasta que estemos seguros de quién es quién.
Dorian asintió, y en silencio, comenzaron a intercambiar detalles sobre posibles rutas, puntos de vigilancia y patrones de los guardias.
Cada palabra era medida, cada gesto observando a los demás para que nadie sospechara.
Mientras tanto, Eiden y Marla caminaban un poco más atrás, intercambiando impresiones sobre el grupo que habían identificado como el de Cael.
-No me sorprende -susurró Marla-.
Estaba claro que alguien estaba observando todo.
Esos tipos no son prisioneros.
-Lo sé -respondió Eiden-.
Pero ahora tenemos ventaja: sabemos quiénes podrían traicionarnos, y quiénes realmente podrían ayudarnos.
Finalmente, todos regresaron a su celda.
La puerta se cerró con un chasquido metálico, y el silencio volvió a reinar entre las piedras húmedas y los ecos lejanos.
Dorian se acercó al grupo: -Escuchen -comenzó-.
Les voy a contar todo lo que descubrí.
No es mucho, pero es suficiente para empezar a hacer un plan.
Eiden y Marla lo miraron expectantes, mientras Dorian relataba lo que Yon le había mostrado: la existencia del grupo rebelde, sus nombres, sus capacidades y sus intenciones de escapar algún día.
-Y ustedes -continuó-, ¿qué descubrieron?
Eiden y Marla compartieron lo que habían visto: el grupo de Cael, la forma en que vigilaban todo, y la sospecha de que Cael no era un prisionero.
Cada detalle que compartían hacía que la imagen de la prisión se volviera más clara, y al mismo tiempo, más peligrosa.
-Entonces -dijo Dorian, con voz firme-, tenemos información, aliados y sospechas confirmadas.
Esto significa que podemos empezar a planear en serio.
Pero necesitamos paciencia y cuidado.
Ostic asintió, aún algo agotado: -Paciencia y cuidado…
y suerte -murmuró, mirando las cadenas que aún llevaban en sus muñecas.
El grupo se quedó en silencio un momento, procesando todo.
El ambiente estaba cargado de tensión, pero también de una chispa de esperanza.
Por primera vez en mucho tiempo, sentían que podían tener un poco de control sobre lo que ocurría en aquella prisión.
-Mañana -concluyó Eiden-, empezamos a observar y a movernos con más cuidado.
Si hacemos esto bien, tal vez tengamos una oportunidad de escapar.
Y así, mientras las luces mágicas parpadeaban suavemente y las paredes húmedas de la celda parecían respirar con ellos, cada prisionero comprendió que, aunque todavía estaban atrapados, ahora había un plan, y con él, una esperanza.
— El comedor olía a sopa rancia y metal oxidado.
Eiden, Marla y Ostic se sentaron en una de las mesas del fondo, donde las sombras de las lámparas parpadeaban sobre las bandejas de comida.
Apenas quedaban unos pocos prisioneros terminando de comer; los demás ya estaban en sus celdas.
-Por fin un momento de silencio -murmuró Ostic, echándose hacia atrás-.
Casi olvido lo que es respirar sin que un guardia te grite encima.
Marla dio un trago al agua turbia de su vaso.
-Silencio no siempre significa paz -susurró-.
En este lugar, cuando todo está tranquilo…
es porque algo se está moviendo detrás.
Eiden no respondía.
Tenía la mirada fija en la puerta del comedor, donde un grupo de prisioneros hablaba en voz baja.
Entre ellos, reconoció a uno de los hombres que había visto junto a Dorian más temprano: Yon.
Eiden lo llamó con una seña discreta.
Yon se acercó, mirando alrededor antes de sentarse frente a ellos.
-¿Qué pasa?
-preguntó en voz baja.
Eiden apoyó los codos sobre la mesa, hablando apenas por encima de un susurro.
-Dorian me habló de ustedes…
el grupo rebelde.
Sé lo que intentan hacer, y quiero ayudar.
Yon lo miró con cautela.
-¿Ayudar cómo?
-Tengo amigos en el bloque gris -dijo Eiden, directo-.
Están atrapados ahí desde el primer día.
Si hay un escape, ellos también deben salir.
Entre ellos está Karl, Liam y Ravel, este último es aliado nuestro y de Marla.
No pienso dejarlos atrás.
Yon lo observó por un momento, evaluando si podía confiar.
Luego asintió lentamente.
-Lo hablaré con los demás.
Si tus amigos pueden cooperar, los incluiremos en el plan.
Pero hay que hacerlo con cuidado, Cael y su grupo están observando cada movimiento.
Marla intervino: -Ya lo notamos.
Ese tipo no se comporta como un prisionero…
más bien como alguien que da órdenes.
Yon bajó la voz aún más.
-No se equivocan.
Tiene gente infiltrada entre los guardias.
Son los ojos del alcaide dentro de las celdas.
Eiden apretó el puño sobre la mesa.
-Entonces no solo debemos escapar, también tenemos que hacerlo antes de que ellos se adelanten.
Yon asintió, luego se levantó despacio.
-Voy a hablar con Marc.
Ya teníamos un plan en marcha, pero les diré que sumen a tus compañeros.
Tenemos también un plan B por si algo falla.
Mañana, antes del mediodía, les contaremos todo.
Marla lo miró irse con una mezcla de desconfianza y esperanza.
-Parece que esto finalmente se está moviendo.
Eiden asintió.
-Sí…
y más nos vale que funcione.
Si Cael descubre algo, estamos muertos.
Yon salió del comedor sin volverse, mezclándose entre los pocos que quedaban en la fila para entregar las bandejas.
Al pasar por la puerta, alzó una mirada rápida hacia el pasillo: uno de los hombres del grupo de Cael lo observaba con una sonrisa apenas visible, los brazos cruzados, como si ya supiera exactamente lo que estaban planeando.
La trampa estaba puesta.
Y ninguno de ellos lo sabía todavía.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com