Vornex: Temporada 1 - Capítulo 96
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- Capítulo 96 - 96 Capítulo 96 Latido Primario
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96: Capítulo 96: Latido Primario 96: Capítulo 96: Latido Primario “El aire vibraba distinto aquella mañana.
No era solo energía… era algo más profundo, un pulso que nacía dentro de cada uno, como si el universo les hablara por primera vez.” …
El aire vibraba distinto aquella mañana.
No era solo energía… era un pulso que nacía dentro de cada uno, como si el universo les hablara por primera vez.
El claro estaba silencioso, salvo por el crujido de las hojas y el susurro del viento que se colaba entre los troncos.
Eiden respiró hondo, sintiendo cómo el flujo de la energía recorría cada fibra de su ser.
Un pulso cálido le recorría el pecho… y de repente, desapareció.
—No puedo mantenerlo —murmuró, frustrado.
—Fue como si algo se rompiera en medio del salto.
Orión lo observó con media sonrisa.
—Es normal.
El primer contacto con Sensire es puro instinto.
Mantenerlo es la verdadera prueba.
Karl lo miró, bufando entre dientes.
—Así que no era tan perfecto después de todo.
Eiden arqueó una ceja.
—¿Querés intentarlo, campeón?
Karl cerró los ojos, concentrándose.
Su aura mágica comenzó a vibrar como relámpagos en miniatura.
Dio un paso… luego otro… y desapareció por un instante.
Cuando volvió, estaba a medio camino del claro, tambaleándose.
—¡Casi!
—rió Suli desde atrás.
—“Casi” no sirve —murmuró Karl, respirando con fuerza—.
Pero ahora entiendo lo que decías… Se siente como flotar entre relámpagos.
Orión asintió con gravedad.
—Hasta que logren controlar ese relámpago, seguirán caminando de vuelta cada vez que fallen.
Eiden sonrió irónico.
—Parece que no hay atajos.
Suli cerró los ojos y se concentró.
Su cuerpo se volvió una esfera translúcida azulada; un instante de pura energía que se deshizo en el aire.
Cayó de rodillas, jadeando.
—Uff… es como si me chupara el alma.
Marla, serena, levantó las manos hacia el cielo.
Su aura celestial brilló como un río de luz blanca, constante, contenida.
—Puedo sentir el punto —susurró—, pero no logro moverme hacia él.
Es como si el aire se cerrara.
Ravel, concentrando la energía natural, provocó que el suelo vibrara bajo sus pies.
Un destello verde rodeó su cuerpo y terminó con la cara llena de tierra.
—Al menos lo intenté —bromeó, levantándose.
Orión los miró con orgullo y severidad a la vez.
—Están haciendo lo que antes ni siquiera imaginaban posible.
Ninguno lo dominará del todo todavía, pero todos sienten algo nuevo: la energía no es solo poder… es un latido.
Eiden y Karl intercambiaron una mirada sincera.
—En nuestro mundo… no existían poderes —dijo Eiden, casi nostálgico.
—Y ahora miranos… intentando teletransportarnos en un bosque mágico —respondió Karl con una media sonrisa.
Orión alzó la voz.
—No se trata de perfección.
Se trata de sentir el flujo, adaptarse, y dejar que la energía los guíe.
Cuanto más practiquen, más fácil será localizar el punto exacto sin perder la conexión.
El sol caía mientras el grupo continuaba, a veces flotando, a veces vibrando, a veces cayendo.
Cada intento dejaba una huella invisible: un ritmo más firme, un pulso más claro, un flujo más armonioso.
—Apenas han abierto la puerta —dijo Orión—.
Lo que viene ahora es cruzarla.
— Orión caminó entre ellos, levantando su mano.
Una esfera de energía temblaba como un corazón vivo.
—El siguiente paso es Catelion.
No crea energía; la toma, la comprime y la devuelve multiplicada.
Es fuego, y fuego que puede quemar.
La esfera explotó en una onda expansiva que levantó hojas y polvo.
Eiden retrocedió, jadeando, sintiendo el poder que se desataba ante él.
—Puede amplificar tu ataque tres veces… o diez —dijo Orión—, si sobrevivís al intento.
El grupo respiró profundo.
Cada uno sintió miedo, respeto y una chispa de emoción.
El entrenamiento comenzó.
El aire vibraba, pesado, electrificado.
Eiden cerró los ojos.
El corazón le golpeaba.
Intentó sincronizarse… y por fin, lo sintió: un pulso que fluía dentro y fuera de él, un ritmo perfecto.
El suelo tembló levemente, y una luz azul brotó de su pecho.
—…Lo sentí —susurró, maravillado.
Karl, al ver esto, cerró los ojos y dejó que el orgullo se disolviera.
Un destello rojo vibrante lo rodeó, doblando el aire a su alrededor.
Ravel fluyó con la energía natural.
Raíces, viento, tierra… todo giraba a su alrededor en un espiral verde-ámbar.
—Ahí está… —dijo, exhausto pero sonriente.
Marla logró la sincronía con su energía celestial; un estallido de luz blanca iluminó el claro.
Suli, cansada, cerró los ojos una vez más.
Respiró, se calmó y el aire a su alrededor se estabilizó.
Una esfera azul brillante la envolvió.
—Lo logré —susurró, riendo entre lágrimas.
Orión los observó, orgulloso.
—No lo dominan aún, pero lo despertaron.
El Catelion es fuego y promesa.
Cómo lo usen dependerá solo de ustedes.
El claro quedó en silencio, roto solo por el viento y las respiraciones agitadas.
—Nunca pensé… que algo así fuera posible —dijo Eiden.
—Sí… y allá lo más peligroso eran exámenes —respondió Karl.
—Ahora los exámenes te pueden matar —rió Marla.
—Mejor —dijo Karl—, al menos sirven de algo.
Y el maestro sonrió, sabiendo que aquel era solo el comienzo.
— “Cuando el silencio regresó, cada uno sintió el mismo latido resonar en su interior.
El Catelion había despertado… y con él, algo que ya no podrían detener, si no mejorar”
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