Vornex: Temporada 1 - Capítulo 97
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97: Capítulo 97: Antes del combate 97: Capítulo 97: Antes del combate …
La noche cayó suave sobre el claro donde entrenaban.
Las brasas de una fogata chispeaban en el centro del campamento, lanzando destellos anaranjados que bailaban sobre los rostros cansados del grupo.
Orión estaba sentado con las piernas cruzadas, mirando el fuego sin decir palabra, como si estuviera calculando cada chispa que se apagaba.
Eiden se dejó caer en el suelo, con la respiración aún pesada después de las últimas prácticas.
-Nunca pensé que aprender algo como Sensire te drenara tanto -dijo, limpiándose el sudor del cuello-.
Es como intentar escuchar un pensamiento que no te pertenece.
Karl, recostado con los brazos detrás de la cabeza, soltó una risa entre dientes.
-Y eso que tú lo aprendiste primero.
Pero admití que yo ya te superé en concentración.
Eiden lo miró de reojo, sin molestarse.
-Sí…
y la verdad me alegra.
No eras tan bueno concentrándote antes.
Karl sonrió apenas, saboreando el reconocimiento.
-Supongo que tenía que mejorar.
No pienso quedarme atrás otra vez.
Suli se acercó con una manta sobre los hombros, su mirada más tranquila.
-Ambos lo hicieron bien.
Y si seguimos así, Liam va a tener motivos para sentirse orgulloso.
El nombre de Liam cambió el aire por un momento.
El silencio se extendió, pesado pero sincero.
Marla rompió la tensión con voz suave.
-¿Creen que esté bien?
Orión levantó la vista del fuego, observando las llamas reflejarse en sus ojos.
-Está vivo.
Puedo sentirlo.
Pero su energía…
está siendo forzada.
Alguien está empujando su poder interior más allá de su límite.
Ravel apretó el puño.
-Entonces tenemos que apurarnos.
Orión negó despacio.
-No.
Tienen que fortalecerse.
Si van ahora, caerán antes de llegar.
No basta con tener poder, deben entenderlo.
El grupo guardó silencio.
El fuego crepitó.
Eiden bajó la mirada al suelo, donde las hojas secas parecían dibujar pequeñas corrientes de energía que respondían a su respiración.
Por un instante, pensó en la Tierra.
En cómo allá nada de esto existía, ni el poder, ni el Sensire, ni las energías.
Todo era tan…
vacío en comparación.
-Es raro -murmuró-.
Venimos de un lugar sin magia, sin energía.
Y ahora estamos aprendiendo a sentirla, a moldearla…
a creer que todo esto es real.
Marla lo miró con ternura.
-Tal vez por eso la dominás tan bien.
Cuando algo te parece imposible, lo valorás más.
Orión asintió, casi sonriendo.
-Y ese pensamiento es más poderoso de lo que creen.
La energía responde a la mente, pero también al propósito.
El viento sopló con un murmullo helado.
Suli se abrazó a sí misma.
-¿Qué es eso?
-preguntó, mirando al norte.
Orión se levantó lentamente, girando hacia la oscuridad del bosque.
Durante unos segundos no dijo nada, pero el fuego parpadeó con violencia, y todos sintieron un escalofrío recorrerles la piel.
-Una perturbación…
-murmuró Orión, casi para sí mismo-.
Una vibración de energía oscura, lejana, pero viva.
Eiden cerró los ojos e intentó usar la habilidad Sensire.
Sintió una pulsación, un eco débil, como un corazón latiendo bajo la tierra.
-Lo sentí también…
al norte, ¿verdad?
Orión asintió, sin apartar la vista.
-Sí.
Algo se mueve allá.
Pero no es su momento de enfrentarlo aún.
Descansen.
Mañana tendrán su última prueba.
Karl lo miró intrigado.
-¿Qué clase de prueba?
-Una que no pueden superar con fuerza ni voluntad -respondió Orión, volviendo al fuego-.
Solo con comprensión.
Suli arqueó una ceja.
-¿Y eso qué significa?
Orión sonrió apenas, misterioso.
-Lo entenderán cuando vean el amanecer.
El grupo guardó silencio.
Cada uno se acomodó como pudo, observando las brasas extinguirse lentamente.
El cielo se tornó violeta, surcado por una brisa extraña que venía del norte.
Las hojas se mecían con un sonido casi melódico, y en el aire se percibía algo más que cansancio…
era expectativa.
Eiden, antes de cerrar los ojos, pensó en Liam.
En cómo estaría.
En qué habría más allá de esas sombras.
Y juró en silencio que, sin importar qué tan difícil fuera, lo rescatarían.
— (Unas horas antes…) En la tranquila pero vasta sala del palacio en Beinever, el Rey Gimson caminaba lentamente frente a la ventana.
Los rayos del sol atravesaban los vitrales, iluminando parcialmente los antiguos mapas y pergaminos sobre la mesa de reuniones.
Sin embargo, la luz no lograba disipar la inquietud que lo atormentaba desde hacía días.
Desde que comenzaron a llegar noticias de movimientos extraños de energía oscura en su reino y en los reinos vecinos, Gimson había tenido noches de insomnio.
Se despertaba varias veces, sintiendo un frío extraño que no provenía de la brisa, sino de la vibración de una fuerza que apenas lograba percibir, algo que lo hacía recordar al temido Dark y a la última guerra que había azotado a su mundo.
Finalmente, decidió usar la gema de comunicación que mantenía con los otros reyes.
Concentró su energía y pronunció las palabras que activaban la proyección.
Ante él apareció la figura seria del Rey Decona, del Sur, con su capa azul oscuro ondeando levemente como si el viento de su reino lo acompañara.
—Gimson —dijo Decona con un tono grave—, recibiste las cartas, ¿verdad?
—Sí —respondió Gimson, con voz firme, pero sin poder ocultar la tensión—.
Las recibí hace unos días.
También he sentido… movimientos extraños aquí, algo que recuerda al poder de Dark.
No solo en tu reino, sino en varias zonas cercanas.
Decona asintió, con una mueca de preocupación.
—Rigel ha decidido que debemos reunirnos.
El Rey del Centro convocará a todos los líderes en unos días.
Quiere evaluar la situación y determinar cómo proceder ante la presencia de este poder.
La energía oscura de Dark se mueve de nuevo, aunque todavía de manera dispersa.
Gimson apretó los puños, sintiendo un nudo en el estómago.
—El sello… se está debilitando otra vez.
Y sin el Rey I, no sabemos cuánto tiempo tendremos para actuar antes de que algo grave suceda.
—Hizo una pausa, mirando el cielo a través de los vitrales—.
No puedo dormir bien desde que esto comenzó.
Cada noche siento como si el aire se cargara de un peso invisible… como si Dark estuviera acercándose.
Decona bajó la mirada, comprendiendo la gravedad del asunto.
—Es por eso que el Rey del Centro quiere actuar rápido.
Necesitamos coordinar a todos los reinos antes de que la situación se nos salga de las manos.
—Lo entiendo —dijo Gimson—.
Les informaré a mis consejeros y prepararemos la logística para la reunión.
Debemos estar listos, y no solo eso… también necesitamos preparar a nuestros aliados y defensores.
Lo que se aproxima no será como la última vez.
—Así es —respondió Decona—.
Rigel quiere que todos lleguemos con la información completa sobre nuestras tierras y los movimientos de energía oscura.
Esta vez, debemos actuar con estrategia y cautela.
La comunicación terminó, y Gimson quedó solo de nuevo en su sala.
Se apoyó sobre la ventana, mirando hacia el horizonte de Beinever.
La ciudad seguía su rutina, ignorante del peligro que se aproximaba, mientras él sentía un hormigueo extraño en el pecho: la energía de Dark estaba allí, y aunque apenas perceptible, no podía negarla.
Con un suspiro pesado, se giró hacia los mapas y pergaminos, recordando la última guerra y cómo los reinos habían unido fuerzas para sellar a Dark.
Sabía que Rigel, desde el Centro, sería quien coordinaría los movimientos, pero también comprendía que esta vez la situación era diferente: la energía de Dark ya no estaba confinada.
Había dejado fragmentos de su poder por el universo, y algunos habían llegado incluso hasta Velthar y Beinever, afectando los lugares y los sueños de muchos.
Mientras tanto, en Beinever, la noticia de la reunión inminente llenaba a los consejeros de expectación y preocupación.
Gimson, aunque cansado y con insomnio, debía prepararse y planear con rapidez.
Cada decisión, cada movimiento, podría marcar la diferencia entre la supervivencia y la destrucción, y él lo sabía muy bien.
Un nuevo capítulo de la historia estaba por comenzar, y aunque sus héroes entrenaban lejos para rescatar a Liam y dominar su poder, el tablero de los reinos ya se movía, y la sombra de Dark, aunque fragmentada, comenzaba a esparcirse de nuevo.
— El salón real en Beinever estaba silencioso, apenas roto por el crepitar del fuego en la chimenea.
El rey Gimson II caminaba de un lado a otro, frotándose la frente mientras intentaba concentrarse.
Últimamente no podía dormir; las ondas de energía oscura que recorrían Velthar lo mantenían inquieto, y aunque aún no comprendía del todo su origen, sentía su peso sobre el reino y sus habitantes.
Alis y Paul, que lo acompañaban, intercambiaron una mirada preocupada.
—Padre… —dijo Alis con suavidad—, ¿qué está pasando?
Esas… ondas oscuras… se sienten en todo Velthar.
¿Qué es eso?
Gimson detuvo su andar y suspiró, mirando la llama de la chimenea.
Sus ojos reflejaban la tensión de años de vigilancia y batallas que su familia había librado contra Dark.
—No se preocupen demasiado —respondió con voz firme, aunque cargada de preocupación—.
Es algo que se solucionará.
Alis frunció el ceño, sin poder ocultar la inquietud.
—¿Es… es ese tal Dark, que estaba causando todo esto?
Gimson asintió con lentitud, sin poder mentirle a su hija.
—Sí, hija… es él.
Pero no teman.
Los reinos, incluido este, se encargarán de eliminarlo de una vez por todas.
Desde que fue sellado, nos prometió que volvería, y desde aquel día hemos vivido bajo su sombra.
Hasta ahora.
Paul puso una mano en el hombro de Alis y asintió, con el ceño fruncido en señal de determinación.
—Si quieren… podemos ayudar.
Podríamos armar un equipo.
Ustedes dos junto con los aliados adecuados podrían enfrentarse a esto y ayudar a su padre y a los otros reinos a vencer a Dark.
Alis parpadeó, sorprendida ante la propuesta, y una chispa de decisión brilló en sus ojos.
—Es una buena idea… —dijo—, pero… ¿a quiénes podríamos unir?
No sabemos en quién confiar ni quiénes serían efectivos.
Paul sonrió levemente, confiado.
—Podemos empezar con lo que conocemos.
Suli y su grupo, los rebeldes… ellos ya demostraron su valor.
Podemos formar un equipo sólido y entrenarlos, unir fuerzas.
Con eso, tendríamos una base para enfrentar a Dark cuando llegue el momento.
Gimson observó a su hija y a Paul, un rayo de orgullo cruzando su expresión.
Aunque la amenaza era grande y el peligro real, verlos planear y tomar iniciativa lo tranquilizaba un poco.
Sabía que su reino estaba en manos de personas que entendían la gravedad de la situación y estaban dispuestas a actuar.
—Bien —dijo finalmente—.
Entonces dejemos que este plan se ponga en marcha.
Pero tengan cuidado; esto no será fácil, y no todos sobrevivirán sin entrenamiento ni preparación.
Alis y Paul intercambiaron una mirada decidida.
Sabían que estaban dando el primer paso hacia algo mucho más grande de lo que habían imaginado, y que su destino, y el de todo Velthar, estaba a punto de cambiar para siempre.
Gimson II se quedó mirando la llama, pensativo.
Su mente volvía una y otra vez a su padre, Gimson I, el rey que había sellado a Dark años atrás.
La pregunta lo atormentaba: “¿Qué es lo que haría mi padre?” No tenía una respuesta clara, solo la certeza de que tendría que actuar con cuidado, inteligencia y fuerza… para no fallar donde él quizá hubiera tenido éxito.
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