Vornex: Temporada 1 - Capítulo 98
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- Capítulo 98 - 98 Capítulo 98 La chispa y la sombra
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98: Capítulo 98: La chispa y la sombra 98: Capítulo 98: La chispa y la sombra La luz de la mañana apenas se filtraba entre los árboles cuando Eiden, Karl, Ravel, Marla y Suli se despertaron, cada uno sintiendo la tensión de un nuevo día cargado de expectativas.
No había tiempo para distracciones; Orión los esperaba y hoy sería el día en que enfrentarían su siguiente nivel de entrenamiento.
Mientras caminaban hacia el lugar que Orión les había indicado, el silencio entre ellos estaba lleno de pensamientos.
Karl, con su orgullo calmadamente contenido, miraba a Eiden de reojo, consciente de que la rivalidad amistosa entre ambos era un motor que los empujaba a dar lo mejor.
Eiden, por su parte, sentía un respeto silencioso por Karl: aunque antes dudaba de su capacidad de concentración, ahora reconocía que Karl había superado muchas expectativas.
Marla y Ravel se concentraban en su propia respiración, tratando de calmar la mezcla de emoción y nerviosismo que sentían.
Suli, siempre meticulosa, caminaba concentrada en perfeccionar su magia, lista para enfrentar cualquier prueba.
Orión apareció al frente del grupo, su figura imponente recortada contra la luz del bosque.
Sin perder tiempo, les recordó lo aprendido hasta ahora: Sensire, para sentir la energía; Catelion, una técnica versátil que podían usar con cualquier energía; y ahora, un nuevo paso: Pre-First Power, la semilla de su potencial más profundo.
-Recuerden -dijo Orión, con su voz grave resonando entre los árboles-.
No esperan dominar nada por completo hoy.
Esto solo es la base.
Sensire, Catelion y Pre-First Power son herramientas.
Ustedes aprenderán a manejarlas, cada uno a su manera, y con el tiempo las perfeccionarán.
Pero hoy, solo comenzamos a entenderlas.
El grupo asintió, y poco a poco se sumergieron en la práctica.
Eiden cerró los ojos y comenzó a sentir la energía a su alrededor, percibiendo los flujos de la naturaleza y el ambiente.
La habilidad Sensire le permitía notar corrientes de fuerza que antes le eran invisibles, aunque la concentración era exigente y no podía sostenerla por mucho tiempo.
Karl, con su habitual orgullo contenido, se centró en Sensire también, pero su nivel de concentración era tal que superó momentáneamente a Eiden, quien se sorprendió.
Había pensado que Karl nunca lograría mantener la atención tanto tiempo, pero ver cómo su amigo lograba captar corrientes de energía más sutiles le dio un nuevo respeto.
-Nunca lo hubiera esperado -murmuró Eiden, sin dejar de concentrarse-.
Pero está bien…
eso me empuja a esforzarme más.
Ravel y Marla se concentraban cada uno en su energía dominante: Ravel en la Natural, sintiendo la vida que recorría el suelo y los árboles; Marla en la Celestial, percibiendo la atmósfera y la luz que los rodeaba.
Suli trabajaba en perfeccionar su magia, manteniendo la concentración a pesar del cansancio.
Luego vino la práctica con Catelion, que les permitió manipular su energía dominante en ataques y defensas más precisos.
No era fácil, y varios fallos ocurrieron; Eiden intentó un golpe de magia que se dispersó antes de llegar a su objetivo, Ravel se desequilibró usando la fuerza natural, y Marla tuvo que reajustar su control sobre la energía celestial.
Pero Orión observaba, tranquilo, dejando que los errores les enseñaran la importancia de la disciplina.
Finalmente llegó el momento más desafiante: Pre-First Power.
Orión explicó que esta energía estaba presente en todos, pero que era latente, automática e incontrolable al principio.
Solo al sentirla y comprender su flujo podrían empezar a activarla conscientemente.
-No se apresuren -advirtió Orión-.
Pueden sentirlo, pero controlar esta energía requiere paciencia.
Algunos de ustedes la percibirán más rápido; otros necesitarán tiempo.
No todos dominarán lo mismo, y eso está bien.
La idea es aprender a reconocer su potencial, no usarlo al máximo todavía.
El ejercicio era exigente.
Eiden sintió una vibración en su interior que lo hizo tambalear; Karl tuvo que concentrarse más que nunca para mantener su forma mientras percibía la energía latente; Ravel y Marla lograron sentir cómo fluía la semilla de poder dentro de ellos, aunque todavía sin control total.
Suli comenzó a ajustar su magia, tratando de incorporarla a este potencial latente.
Entre fallos, risas nerviosas y esfuerzos concentrados, cada uno empezó a percibir su propio Pre-First Power.
Comprendieron que, aunque la técnica aún no estaba bajo control completo, podían sentir el potencial de lo que serían capaces de hacer más adelante.
Eiden y Karl, sobre todo, intercambiaban miradas competitivas y asentían con respeto mutuo, reconociendo que este entrenamiento les enseñaba más sobre sí mismos que cualquier batalla previa.
-Recuerden -dijo Orión, mientras observaba los primeros indicios de progreso en cada uno-.
Hoy no estamos creando guerreros completos.
Hoy estamos sembrando las semillas.
El resto depende de ustedes, de su constancia y de cómo utilicen estas herramientas que ya conocen.
Al final de la jornada, todos se sentaron alrededor de un claro, respirando con dificultad pero satisfechos.
Sabían que todavía les quedaba un largo camino para dominar Sensire, Catelion y Pre-First Power, pero la semilla de su futuro potencial ya estaba sembrada.
Eiden miró a Karl y murmuró: -Está bien…
veo que ahora sí eres un buen rival.
Karl sonrió con orgullo, sin arrogancia, solo reconocimiento: -Y tú también.
Esto apenas comienza.
Orión los observó en silencio, satisfecho.
El entrenamiento no había terminado, pero la primera base sólida estaba construida.
Cada uno había dado el primer paso hacia su poder completo, y el verdadero desafío aún estaba por venir.
— La brisa de la mañana era más fría que de costumbre.
El aire parecía contener algo invisible, una presión suave que vibraba entre los árboles.
Eiden abrió los ojos lentamente; su cuerpo pedía descanso, pero su mente seguía encendida, llena de ecos del entrenamiento del día anterior.
Los demás despertaban poco a poco.
Karl estiró los brazos con un gruñido, Suli se pasó la mano por el rostro con una sonrisa perezosa, y Marla y Ravel ya estaban sentados, observando el bosque en silencio.
Orión los esperó a todos frente al claro, apoyado en su bastón.
La mirada firme, pero tranquila.
—Bien —dijo finalmente—.
Ya dominan lo básico del Sensire y conocen la esencia del Catelion.
Pero eso… solo fue el principio.
Eiden, todavía medio dormido, se frotó la nuca.
—¿El principio?
Pensé que eso ya era bastante.
Orión sonrió, con ese gesto que mezclaba ironía y respeto.
—Si eso te pareció difícil, entonces vas a odiar lo que viene.
Suli levantó una ceja.
—¿Nos vas a enseñar otra técnica?
—No exactamente —respondió él—.
Lo que aprenderán ahora no es una técnica, sino una verdad.
Algo que todos los seres vivos poseen, incluso los que ya no están vivos.
El grupo se miró confundido.
Orión alzó su mano, y en el aire comenzó a formarse un leve resplandor transparente, una vibración más que una luz.
—Esto —dijo— es la energía vital.
La palabra resonó con un eco extraño, casi cálido.
—No es un tipo de energía como las ocho que ya conocen.
No sirve para lanzar ataques ni crear defensas.
Es la raíz de toda existencia.
Si estás vivo… o simplemente existís, la tenés.
Es lo que mantiene en movimiento toda la energía que hay en vos.
Marla frunció el ceño.
—¿Incluso un espíritu o un demonio?
—Exacto —asintió Orión—.
No importa si estás vivo o no.
Mientras existas, hay una chispa en vos.
Esa es tu energía vital.
Y de ella nace algo que muy pocos logran liberar de forma consciente: el Pre-First Power.
Karl se cruzó de brazos, pensativo.
—¿Y qué es eso exactamente?
Orión dio unos pasos hacia adelante, con la voz grave y tranquila.
—El Pre-First Power es el primer despertar de la energía vital.
Es algo latente dentro de todos los seres, pero se manifiesta solo en momentos de impulso, rabia o desesperación.
Por eso se llama “pre”: no está completo.
Cuando alguien logra liberarlo, sus sentidos y capacidades se duplican por un corto tiempo, pero el usuario no tiene control.
Actúa por instinto, sin pensar.
Eiden tragó saliva, recordando las veces que había sentido algo similar en los combates anteriores: esa sensación de perder el control, pero al mismo tiempo sentir que podía con todo.
—Entonces… ¿yo ya lo sentí antes?
Orión lo miró y asintió con calma.
—Probablemente sí.
Pero sentirlo no es dominarlo.
Liberarlo a voluntad… eso es lo que diferencia a un guerrero común de uno que entiende quién es realmente.
Ravel levantó la mano, curioso.
—¿Y se puede dominar?
—Sí —dijo Orión—, pero lleva tiempo, entrenamiento y sobre todo control emocional.
Cuando lográs que esa energía responda a tu voluntad, deja de ser Pre-First Power y se convierte en First Power: la manifestación completa de tu energía vital.
En ese estado, tu cuerpo, tu mente y tu energía están sincronizados.
Sos lo que debías ser desde el principio.
Suli apoyó el mentón en la rodilla.
—¿Y todos podemos hacerlo?
—Todos pueden intentarlo —respondió Orión—.
Pero no todos lo logran.
Depende de la raza, de la afinidad con las energías y, sobre todo, de la fuerza de tu energía vital.
Los místics, por ejemplo, nacen con una conexión natural a esta energía.
Por eso su proceso es más rápido.
Karl lo miró de reojo.
—Entonces nosotros… —Ustedes la tienen, pero a medias —interrumpió Orión—.
Son mitad místics, mitad humanos.
Su energía vital es fuerte, pero inestable.
No es imposible liberarla, solo más difícil.
Si lo logran, tendrán un potencial incluso superior, pero el riesgo también será mayor.
Un silencio se extendió entre todos.
Nadie hablaba, pero todos sentían lo mismo: una mezcla de miedo y emoción.
Era como si una puerta invisible se hubiera abierto frente a ellos.
Eiden rompió el silencio.
—¿Y cómo se libera?
Orión sonrió con una calma casi paternal.
—No hay truco.
Solo necesitás conocerte, entender qué te mueve.
Tu rabia, tu esperanza, tus pérdidas.
Todo lo que te hace ser quien sos.
Cuando tu cuerpo y tu mente reaccionen al unísono… tu energía vital fluirá sola.
Marla bajó la mirada, pensativa.
—Entonces, no es cuestión de fuerza.
Es cuestión de sentir.
—Exactamente —dijo Orión—.
Pero por ahora no intenten forzarlo.
Hoy descansen, de verdad.
Mañana será la última etapa del entrenamiento.
Y ahí veremos quién logra liberar su Pre-First Power.
Karl soltó una sonrisa ladeada.
—Suena como una amenaza.
—No —respondió Orión—.
Suena como una oportunidad.
El grupo se dispersó, cada uno buscando un rincón del claro para relajarse.
Nadie decía nada, pero todos pensaban lo mismo: algo dentro de ellos empezaba a vibrar distinto, como si esa energía vital de la que hablaba Orión hubiera despertado solo por ser nombrada.
Eiden, mirando el cielo, murmuró casi para sí mismo: —Si todo ser tiene una chispa… entonces la mía ya empezó a arder.
Orión lo escuchó desde lejos y sonrió en silencio.
Porque sabía que al día siguiente, cuando intentaran liberar esa chispa, más de uno vería por primera vez lo que realmente podía llegar a ser.
— Mientras tanto, en algún punto perdido del subsuelo, la prisión de Senner mantenía su lúgubre rutina.
Las luces amarillentas del bloque gris apenas titilaban, dejando ver las celdas oxidadas, los pasillos manchados y el aire denso que olía a hierro, sudor y desesperanza.
En una de esas celdas, Liam permanecía sentado, las manos esposadas, la mirada fija en el suelo.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que fue capturado, solo que el silencio se sentía más pesado cada día.
La puerta del bloque se abrió con un chirrido seco.
Senner entró, con su habitual capa raída y una caja de metal en la mano.
Caminó con calma, el sonido de sus botas resonando en el eco del pasillo.
—No creas que disfruto esto —dijo, sin mirarlo directamente—.
Pero hay cosas que uno tiene que hacer… aunque no quiera.
Liam levantó la cabeza.
Tenía el rostro sucio, los ojos cansados, pero todavía había fuego en su mirada.
—¿Y qué es lo que tienes que hacer, Senner?
¿Vivir de encerrar gente?
—le soltó con un tono que mezclaba sarcasmo y rabia contenida.
Senner sonrió, pero fue una sonrisa triste.
—Si fuera tan simple…
—respondió mientras sacaba frascos de la caja—.
¿Ves esto?
Pociones de salud.
Las mejores que hay.
Carísimas y de la mejor calidad.
Me costaron más de lo que gano en un mes.
—Entonces… ¿por qué las compraste?
—preguntó Liam con desconfianza.
Senner se agachó frente a él, sin mostrar amenaza, solo cansancio.
—Porque tengo que mantenerlos vivos.
A ti y a los demás.
—Suspiró y añadió—.
Si mueren, pierdo lo único que mantiene a este lugar funcionando.
No los torturo por gusto, Liam.
Es solo… negocio.
—Negocio.
Claro.
—Liam bufó—.
Y las vidas son tu moneda.
—No me juzgues tan rápido.
—Su tono se volvió más grave—.
Le debo una fortuna a Roger, y si no cumplo, me borra del mapa.
Así de simple.
No tengo salida.
Guardó silencio unos segundos, luego miró las celdas vecinas.
Los pocos prisioneros que quedaban jadeaban, temblando.
—Ya casi no quedan.
Selindra sigue trayendo más… pero cada vez cuesta más mantenerlos con vida.
—Agitó una de las pociones y comenzó a dárselas de tomar a la boca de los prisioneros—.
Estas cosas los curan al instante, incluso el daño mental.
Es como si despertaran de una pesadilla… solo para caer en otra.
Liam lo observó en silencio.
Había algo en Senner que le resultaba confuso.
No era crueldad pura, había resignación.
Una sombra que pesaba más que el hierro de esas paredes.
—No todos elegimos ser lo que somos —dijo Senner finalmente, poniéndose de pie—.
Algunos solo seguimos vivos porque el destino no nos deja morir.
Y con eso, se marchó, dejando la puerta rechinar tras de sí.
El silencio volvió.
Solo se oía el zumbido eléctrico del sistema de vigilancia.
Pasó un rato… y de pronto, una luz comenzó a brillar en el pecho de Liam.
Una “V” perfectamente marcada se encendió sobre su piel, pulsando al ritmo de su corazón.
Las cámaras lo captaron al instante, y Senner, desde la sala de control, se congeló frente a las pantallas.
—No puede ser… —murmuró, con la mirada fija—.
Esa marca… yo ya la vi antes.
La “V” brilló con más fuerza, proyectando un leve resplandor que llenó la celda por unos segundos, y luego, como si nunca hubiese existido, se desvaneció lentamente, dejando solo el eco de su resplandor.
Senner se reclinó en su silla, con el ceño fruncido y un escalofrío recorriéndole el cuerpo.
—¿Qué demonios eres, chico…?
—susurró.
Liam, por su parte, permaneció en silencio, mirando sus manos.
No sabía qué había pasado, pero en el fondo, una sensación distinta lo recorrió.
Como si algo dormido… hubiera empezado a despertar.
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