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Vornex: Temporada 1 - Capítulo 99

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  4. Capítulo 99 - 99 Capítulo 99 El inicio de la alianza
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99: Capítulo 99: El inicio de la alianza 99: Capítulo 99: El inicio de la alianza El viento soplaba sobre las ruinas del viejo torreón de Beinever.

Las nubes se movían pesadas, presagio de una tormenta que aún no caía.

En lo alto, Paul observaba el horizonte con los brazos cruzados, la mirada fija en las montañas del norte.

A su lado, Alis revisaba un mapa lleno de marcas, símbolos y notas hechas con tinta azul y negra.

—Ahí —dijo ella, señalando un punto al este—.

Suli y los demás siguen entrenando con Orión.

Si logramos contactar con ellos antes de que se muevan, podríamos ganar tiempo.

Paul asintió, aunque su expresión seguía seria.

—No será fácil.

Si lo que contó Yon es cierto, Dark no está quieto.

Ya ha movido piezas.

Alis dobló el mapa con cuidado.

—Entonces nosotros también deberíamos hacerlo.

No podemos esperar a que nos arrase uno por uno.

El silencio se alargó, interrumpido solo por el eco del viento.

Paul giró la cabeza, observando a los que esperaban detrás: Yon, Marc, Warquer y Richeld.

El grupo de los rebeldes.

Rostros curtidos, manos marcadas por la guerra.

Habían sobrevivido a demasiado como para volver a dudar.

—Los rebeldes ya estamos listos —dijo Marc, con voz firme—.

Pero si lo que se viene es tan grande como dicen, no bastamos solo nosotros.

—Exacto —respondió Alis—.

Por eso necesitamos al grupo de Suli.

Richeld soltó una carcajada amarga.

—¿La chica del rayo?

La última vez que la vimos casi parte en dos un campo entero solo para calmarse.

—Por eso mismo —dijo Paul, con una media sonrisa—.

Si hay alguien que puede reunir a otros poderosos, es ella.

Y no, no lo hará sola.

Pasaron unas horas antes de que llegaran al punto de encuentro: un viejo templo cubierto por raíces y enredaderas, donde los del grupo de Suli ya esperaban.

Varka fue la primera en recibirlos, siempre impaciente, con una sonrisa nerviosa.

—¡Por fin llegan!

Pensé que se habían echado atrás.

—Con esa energía no hace falta un ejército, vos sola podrías asustar a medio continente —bromeó Paul.

Drosk, el corpulento guerrero de mirada tranquila, saludó con un leve movimiento de cabeza.

—¿Qué se traen entre manos?

Alis dio un paso al frente.

—Queremos formar una alianza.

Una que pueda hacerle frente a Dark, o al menos detenerlo antes de que cruce el límite.

El grupo intercambió miradas.

Selanne, apoyada contra una columna, fue la primera en hablar.

Su tono, aunque sereno, estaba cargado de realismo.

—¿Una alianza?

Suena bonito… pero inútil.

—¿Inútil?

—preguntó Warquer, frunciendo el ceño.

—Sí —continuó ella, mirando directamente a Alis—.

Porque ya lo vimos.

Suli… es más fuerte que todos nosotros juntos, y aun así, ni ella podría hacerle frente a Dark como está ahora.

Si lo enfrentamos con nuestro nivel actual, no duraríamos ni un segundo.

El silencio cayó sobre todos.

Incluso Varka, que siempre tenía algo que decir, bajó la mirada.

Teneb, el más callado del grupo, finalmente habló.

Su voz era grave, firme, como si pesara toneladas.

—Entonces hay que hacerlo diferente.

No se trata solo de pelear.

Si queremos tener una oportunidad, necesitamos a los más fuertes.

Todos.

Paul asintió.

—Exactamente.

No podemos depender de un solo poder.

Necesitamos reunir a los mejores, los más hábiles, los que todavía creen que vale la pena luchar.

Marc dio un paso adelante, con su habitual tono desafiante.

—¿Y cómo piensan convencer a esa gente?

La mayoría ni siquiera cree que Dark exista.

Alis lo miró con una media sonrisa.

—Por eso nos tienen a nosotros.

Selanne suspiró, aunque una chispa de interés cruzó su rostro.

—Diez miembros… tal vez más.

Cualquiera que tenga el nivel suficiente como para no morir en el primer ataque.

—Hizo una pausa, bajando la mirada—.

Suli podría ser la clave, pero incluso ella necesitaría aliados con poder similar o superior.

—Entonces los encontraremos —respondió Teneb con convicción—.

No importa cuánto tardemos.

Paul los observó a todos y asintió con decisión.

—Esto no es una simple misión.

Es el comienzo de algo más grande.

Lo que hagamos hoy puede decidir si el mundo sigue existiendo mañana.

La frase resonó como un golpe.

Nadie habló por unos segundos.

Solo el murmullo del viento y el eco distante de un trueno rompían el silencio.

Alis extendió el mapa sobre una roca, y los puntos marcados se iluminaron con un leve resplandor mágico.

—Aquí —dijo— hay nombres.

Algunos los conocemos, otros son rumores.

Cada uno podría cambiar el destino de esta guerra.

Pero hay que convencerlos… y rápido.

Varka golpeó su puño contra la palma.

—Entonces, ¿qué esperamos?

¡Vamos a traerlos!

Drosk sonrió apenas.

—Tu entusiasmo podría ser lo único que nos mantenga vivos.

Selanne suspiró, resignada pero sin perder la compostura.

—De acuerdo.

Haré mi parte.

Pero no prometo milagros.

—No los necesitamos —dijo Paul con una media sonrisa—.

Solo necesitamos que crean.

La tormenta finalmente comenzó a caer, gotas gruesas golpeando las piedras del templo.

Nadie se movió.

Todos miraban el mapa, conscientes de que lo que estaban por hacer cambiaría todo.

Era el nacimiento de la Alianza.

No sabían si lograrían vencer… Pero al menos, estaban listos para intentarlo.

— —Podríamos llamar a alguien más —dijo Alis de pronto, rompiendo el silencio.

Todos la miraron.

—¿A quién?

—preguntó Paul.

—A Hilson —respondió sin dudar.

El grupo de Suli se miró entre ellos, y casi al mismo tiempo soltaron un suspiro de incomodidad.

—¿Hilson?

—repitió Suli, con una mueca entre risa y resignación—.

No me digas que vas en serio.

—Totalmente —afirmó Alis—.

Él fue uno de los pocos que enfrentó a los ejércitos de Valtar y salió vivo.

Además, enseñó a generaciones enteras de guerreros.

—Sí, eso nadie lo discute —intervino Teneb, cruzando los brazos—, pero tiene una lengua más filosa que su espada.

La última vez que entrenamos con él casi nos hace renunciar a los golpes.

—Y no por su fuerza —añadió Varka con una sonrisa nerviosa—, sino porque te desarma con palabras.

Alis sonrió apenas.

—Precisamente por eso lo necesitamos.

Si queremos formar un grupo capaz de enfrentar a Dark, no basta con fuerza.

Necesitamos disciplina, estrategia y alguien que entienda cómo canalizar la energía de los distintos tipos de luchadores.

Y nadie sabe hacerlo mejor que Hilson.

Hubo un silencio.

Suli la observó con atención, luego asintió despacio.

—Bueno… no me cae bien, pero sí lo respeto.

Si él acepta ayudarnos, podríamos tener una oportunidad.

—Entonces está decidido —dijo Paul—.

Hilson será el primero en unirse a esta nueva alianza.

—Sí —afirmó Alis, con una determinación serena en la voz—.

Y si todo sale bien, él nos ayudará a reunir a los demás… y a prepararlos para lo que viene.

— Tras tomar agua y comer algo ligero, el grupo se reunió frente a Orión, sus cuerpos aún con la sensación vibrante del Pre-First Power.

El aire estaba cargado de expectación; sabían que lo que venía no sería sencillo.

—Hoy —dijo Orión con voz firme— vamos a la última prueba de este entrenamiento.

No es un combate común.

No es contra otro.

Primero deben enfrentarse a ustedes mismos.

El claro del bosque se transformó lentamente: Orión levantó su bastón y trazó símbolos en el aire.

Una bruma densa los envolvió y, en un parpadeo, se encontraron dentro de un salón de piedra, un espacio amplio con paredes talladas con inscripciones antiguas.

El ambiente estaba silencioso, pero parecía vibrar con cada uno de sus pasos.

Este lugar no era nuevo para Orión: lo usaba para meditar, pero también era un campo de entrenamiento para quienes podían enfrentar su propio potencial sin perderse en él.

—Este salón —explicó Orión— no solo amplifica su energía vital, también refleja lo que son en su interior.

Cada uno de ustedes luchará contra su propia sombra.

Lo que enfrenten no son trucos ni ilusiones: son ustedes mismos, sus miedos, impulsos y límites.

Eiden dio un paso adelante, apretando los puños.

—¿Sombra?

¿Como un clon de nosotros?

—Exactamente —asintió Orión—.

Cada sombra posee lo que ustedes sienten pero todavía no controlan.

Sus movimientos, instintos, fuerza… incluso sus impulsos más descontrolados.

Solo enfrentándolos podrán comprender su Pre-First Power y acercarse al First Power.

Uno por uno, Orión extendió la palma y un leve resplandor surgió del centro del salón.

Primero apareció la sombra de Eiden: idéntico en apariencia, pero con un aura oscura y vibrante que emanaba ansiedad y rabia contenida.

Eiden dio un paso atrás, notando cómo su reflejo ya se movía con independencia, imitando sus gestos, pero con fuerza y velocidad amplificadas.

—Recuerden —dijo Orión mientras las sombras se materializaban frente a cada uno—: no intenten solo atacar.

Sientan.

Analicen.

Cada golpe que reciban, cada movimiento que vean… es un reflejo de ustedes.

Aprenderán mucho más de su sombra que de cualquier oponente.

Karl observó cómo su sombra emergía.

Era imponente, musculosa, con la misma mirada calculadora que él, pero con una intensidad que lo intimidó.

Respiró hondo y se preparó.

Su primera reacción fue embestir, pero su sombra lo anticipó con precisión.

Karl retrocedió, reconociendo que su reflejo no era solo un adversario, sino un maestro silencioso.

Suli, Marla y Ravel también enfrentaban sus sombras: Suli vio su propio perfeccionismo y exceso de control reflejado en cada movimiento de su clon; Marla se enfrentaba a su impaciencia y a la tendencia a sobreestimar su fuerza; Ravel a su temperamento y a cómo su energía natural podía desequilibrarlo si no se contenía.

Orión caminaba entre ellos, observando cada enfrentamiento, evaluando cómo controlaban la energía vital y el Pre-First Power.

—No se trata de vencerlos por fuerza —les dijo—.

Vencerlos significa entenderlos.

Cada golpe que esquiven, cada contraataque que logren, les enseñará algo sobre sí mismos: sus límites, sus fortalezas, sus puntos ciegos.

El salón resonaba con impactos, chispas de energía, gritos y jadeos.

Pero entre todo eso había un patrón: poco a poco, cada uno empezaba a anticipar los movimientos de su sombra, a sentir la energía que emanaba y a ajustar su propio flujo.

Sus multiplicadores fluctuaban: algunas veces buscaban fuerza bruta, otras estrategia y percepción.

La danza del Pre-First Power empezaba a cobrar sentido en sus cuerpos.

Eiden fue el primero en notar el cambio.

Cerró los ojos un instante, respiró hondo y dejó que el impulso de proteger a los demás fluyera por él.

Su sombra atacó con rapidez, y él logró esquivar justo a tiempo, sintiendo cómo cada reflejo duplicaba la potencia de sus movimientos.

El x2 del Pre-First Power se activaba plenamente, pero todavía con oscilaciones incontroladas.

Cada golpe que daba era más fuerte, más preciso, pero su corazón latía como un tambor, recordándole que aún no dominaba la energía.

Karl, por su parte, se lanzó al ataque con determinación, mezclando rabia y estrategia.

Su sombra era feroz, pero él aprendía a leer cada movimiento como si fuera un libro abierto.

Sintió su fuerza multiplicada, el x2 amplificando su velocidad y precisión, y por primera vez comprendió que no se trataba solo de golpear más fuerte, sino de golpear con conciencia.

Cada esquiva, cada contraataque, era un aprendizaje constante.

Ravel y Marla se enfocaron en canalizar su energía interna.

Ravel, acostumbrado a dejar que sus emociones guiaran su fuerza, empezó a controlar cada explosión de poder, a medir sus golpes.

Marla, aunque impaciente, comenzó a sincronizar su velocidad con la energía que la rodeaba, logrando movimientos fluidos que casi parecían coreografiados.

Cada uno sentía cómo el x2 abría una puerta dentro de ellos, un espacio donde su fuerza ya no era un accidente, sino algo que podía moldear.

Suli fue la más retadora.

Su magia fluyó como un río salvaje, chispeante y poderosa.

Cada conjuro se multiplicaba, pero su mente debía mantenerse firme para no dejar que el poder la arrastrara.

Su sombra reflejaba perfección y control absoluto, y cada vez que Suli intentaba igualarla, sentía el límite de su concentración.

Pero incluso en esos momentos, una chispa de avance era visible: pequeñas aperturas en la sincronización, anticipación de movimientos, control de la energía.

El x2 era solo el inicio, pero era un inicio prometedor.

Orión observaba en silencio, su bastón brillando con una luz tenue que parecía medir cada vibración de energía.

—Esto es solo el primer paso —dijo finalmente—.

El Pre-First Power puede llegar hasta x15, pero no esperen avanzar de inmediato.

Cada escalón requiere entrenamiento, concentración y equilibrio.

Hoy sienten el x2.

Mañana trabajaremos para estabilizarlo y luego intentaremos el x3.

Cada paso es más exigente que el anterior.

Los cinco intercambiaron miradas.

La comprensión era evidente: el camino sería largo, doloroso y agotador, pero también liberador.

Cada uno comenzaba a entender que el verdadero enemigo no era solo Dark, ni su sombra, sino la incapacidad de dominar su propio poder.

Eiden, con los puños cerrados y el sudor recorriendo su frente, murmuró: —Esto… es solo el principio.

—Exacto —respondió Orión—.

Mientras más alto el multiplicador, más conciencia y estrategia necesitarán.

Si no logran el equilibrio, incluso un salto pequeño puede fallar.

Pero si entrenan y entienden, poco a poco podrán subir hasta niveles que ni imaginan, hasta el x15 del Pre-First Power.

El salón de piedra parecía vibrar con cada palabra, como si anticipara lo que estaba por venir.

Los cinco respiraron profundo, conscientes de que este entrenamiento no solo los había cambiado físicamente: había despertado una parte de ellos que jamás creyeron posible.

Una chispa de poder latía en sus pechos, ansiosa por ser moldeada y controlada.

Orión, finalmente, bajando su bastón y adoptando una postura de calma, añadió: —Hoy no han terminado el Pre-First Power.

Apenas han empezado a sentirlo.

Mañana, cuando intenten controlar el x3, verán lo complicado que es.

Y solo cuando dominen cada multiplicador podrán acercarse al First Power.

Recuerden: no es fuerza lo que los hará invencibles, sino el dominio sobre ustedes mismos.

Eiden miró a Karl y Suli, respirando con esfuerzo, pero con una chispa de emoción en los ojos.

—Esto… recién empieza.

Karl asintió, con una sonrisa contenida, mezclada de orgullo y agotamiento.

—Sí.

Y vamos a tener que trabajar mucho para llegar lejos.

Suli, con la mirada brillante, susurró: —Pero lo vamos a lograr.

El salón quedó en silencio.

Las sombras habían desaparecido, pero su enseñanza permanecía.

Cada uno llevaba consigo la sensación eléctrica de un poder que apenas empezaban a comprender.

Era un poder que crecería, paso a paso, multiplicador a multiplicador, hasta convertirlos en algo más que guerreros: en la primera línea de defensa contra Dark.

Y así, mientras la tormenta rugía afuera, ellos comprendieron que este era solo el primer capítulo de un viaje que cambiaría todo lo que conocían.

El verdadero desafío apenas comenzaba.

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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